Volver a ponerse unos vaqueros puede parecer un gesto sin importancia. Para Iris Torrente Córcoles, de 33 años, ha supuesto recuperar una parte de sí misma. Desde que fue intervenida en diciembre del 2025 y comenzó a vivir con una ileostomía irreversible, su manera de vestir cambió por completo. “Siempre vestía con vaqueros, y hace solo un mes que conseguí sentirme cómoda con unos. Diez meses después de la operación siento que vuelvo a ser un poquito más yo con el tema de la vestimenta”, explica.
Su experiencia nos ayuda a comprender una parte de la ostomía que pocas veces se cuenta. La cirugía suele ser imprescindible para salvar la vida o mejorar la salud, pero el proceso de adaptación continúa mucho después del alta hospitalaria. No se trata solo de aprender a manejar una bolsa. También hay que volver a salir, trabajar, comer fuera, viajar, ir a la playa o recuperar los momentos más íntimos. Y para todo ello, siempre hay una prenda de ropa que acompaña.
Y no son muchas las firmas de moda que se preocupan por mejorar la vida de estos pacientes. Entre ellas encontramos SIIL Ostomy, una marca española de la que Iris es clienta, que opera de manera digital. Somos Pacientes ha podido hablar también con Santiago Collado, cofundador y CEO de la compañía. «La idea fue de Elena Gea, cofundadora también. Nos dimos cuenta de que quien sale del hospital con una bolsa recibe mucha información sobre el dispositivo y casi ninguna sobre algo tan cotidiano como vestirse«, explica.

El cuerpo cambia
Iris llegó a la cirugía para su ileostomía después de una colitis refractaria a todos los tratamientos. Recuerda que la estomaterapeuta intentó que el marcaje del estoma se realizara de la forma más cómoda posible. Sin embargo, la adaptación posterior no fue tan fácil. “Se da por hecho y se cuenta que te puedes vestir con todo, como antes, pero en la práctica no es así. Los primeros meses es muy complicado estar a gusto”, señala.
Como nos contaba al inicio, los vaqueros, su prenda habitual antes de la operación, fueron su principal obstáculo. «Luego llegó el verano y los vestidos se convirtieron en mis mejores amigos». Por otra parte, reconoce que no dejó de utilizar determinadas prendas por miedo a que la bolsa se notara ni por temor constante a una fuga, sino porque muchas dejaron de resultarle cómodas.
Ese tipo de dificultades son las que escucha Collado habitualmente entre sus clientes. “Por estas cosas mucha gente termina quedándose metida en casa», asegura. Entre las preocupaciones más frecuentes que reciben aparecen la necesidad de sentirse seguras al moverse, volver a hacer deporte o bañarse y recuperar la sensación de atractivo, también en el entorno sexual.
Seguridad
Como nos explica el CEO de la compañía, una prenda aparentemente normal puede resultar incómoda para quien lleva un estoma. La cintura de unos pantalones o una falda puede quedar justo sobre la zona, los tejidos finos pueden marcar la bolsa y algunos bañadores o prendas interiores no ofrecen suficiente sujeción. “Al final la gente acaba vistiéndose para esconder, no para gustarse”, resume.
Para solucionar muchos de estos problemas, son habituales prendas específicas que ayudan a reducir esas sensaciones. Iris explica que las fajas de algodón especializadas le han permitido volver a utilizar ropa con la que se encontraba menos segura. “El sentir la sujeción ayuda muchísimo a que prendas como los vaqueros sean mucho más cómodas”, señala.
Desde la compañía explican que es la experiencia de los propios pacientes la que ha ido marcando la evolución de las prendas. «Las reseñas, los mensajes y las devoluciones nos dicen qué funciona y qué no, y muchas de las mejoras de tallas y tejidos han salido de ahí», comenta Collado. Entre las carencias que se han identificado están la poca variedad para personas jóvenes y para hombres, las tallas grandes o prendas específicas para quienes realizan deporte. «Lo que se busca no es un producto médico más, sino ropa que parezca ropa», añade.
Un baño adecuado
La autonomía no termina en la ropa. Desde la Federación de Asociaciones de Personas Ostomizadas de España (FAPOE) se lleva reivindicando desde hace años que se fomente la creación de aseos adaptados para personas ostomizadas en espacios públicos. Según sus cálculos, actualmente existen alrededor de 800 en España, una cifra insuficiente y distribuida de forma desigual para los más de 200.000 pacientes que hay en nuestro país. Estos espacios facilitan el vaciado, el cambio y la limpieza de la bolsa en mejores condiciones de seguridad e higiene.
Así lo explica Yolanda Fernández, presidenta de la organización, que considera que contar con estos aseos permite afrontar con más tranquilidad actividades tan habituales como trabajar, estudiar, hacer la compra, acudir a un restaurante o viajar. También destaca que la reforma del Código Técnico de la Edificación prevé incorporar este tipo de baños, una reivindicación que las asociaciones llevan años planteando.
Otra necesidad menos visible es el cuidado de la piel que rodea el estoma. FAPOE advierte de que algunas personas desarrollan irritaciones, lesiones u otras complicaciones que requieren productos específicos para proteger la zona o mejorar la adherencia de la bolsa. Productos que suponen un gasto continuado. Por eso, la federación reclama que se reconozcan como parte esencial del cuidado y que existan mecanismos que garanticen su acceso y financiación, especialmente para las personas con menos recursos.
Adaptación emocional
Conocer todas estas realidades ayuda a empatizar con el colectivo. Así lo ve Santiago Collado, que asegura que una de las mayores lecciones recibidas de los propios usuarios ha sido descubrir que la dimensión emocional pesa incluso más que la funcional. “Pensábamos en sujeción y comodidad, y lo que más nos cuentan es que han podido volver a la piscina, a ponerse un vestido o a sentirse atractivos delante de su pareja”, explica.
Por todo ello están dando a conocer sus soluciones en las consultas de estomaterapia de los hospitales. «Las enfermeras de estas áreas han de saber que existimos, porque son quienes acompañan los primeros días y a quienes el paciente pregunta en primera instancia», apunta.
Gracias a estos apoyos, la recuperación de la confianza va llegando de forma progresiva. Para Iris, la vuelta a unos vaqueros ha representado precisamente eso: un gesto pequeño que vemos desde fuera, pero que para ella es importante dentro de un proceso mucho más amplio de adaptación a una nueva forma de vivir.