Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La esofagitis eosinofílica se ha convertido en una de las principales causas de atragantamiento y dificultad para tragar en niños y adultos jóvenes, una realidad clínica que hace apenas dos décadas era excepcional. Con el objetivo de visibilizar esta enfermedad crónica, mejorar su detección precoz y dar voz a quienes conviven con ella, el Hospital Universitari i Politècnic La Fe celebró recientemente una jornada que ha reunido a profesionales sanitarios y pacientes en torno a los retos actuales de esta patología emergente.

La esofagitis eosinofílica es una inflamación persistente del esófago mediada por mecanismos inmunológicos que provoca síntomas como dificultad para tragar, sensación de atasco con los alimentos o episodios de atragantamiento. Aunque no se trata de una enfermedad mortal, su carácter crónico y su impacto sobre la alimentación y la vida social afectan de forma notable a la calidad de vida de quienes la padecen.

Según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, se trata actualmente de la principal causa de este tipo de problemas en población infantil y en adultos jóvenes.

Una enfermedad en claro aumento

El incremento de los diagnósticos de esofagitis eosinofílica es uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas. Tal y como se expuso durante la jornada, este aumento se debe, en parte, a una mayor capacidad diagnóstica, pero también a la influencia de factores ambientales y de estilo de vida. ?Todo apunta a que determinados cambios en el entorno podrían favorecer respuestas inmunológicas anómalas frente a alimentos y alérgenos?, explicó Vicente Pons, jefe de la Sección de Endoscopia Digestiva del hospital.

A pesar de esta mayor concienciación, el retraso diagnóstico sigue siendo frecuente. En menores, la enfermedad puede confundirse con trastornos de la conducta alimentaria cuando existen vómitos recurrentes o rechazo a la comida. En adultos, los síntomas se atribuyen a menudo al reflujo gastroesofágico, lo que retrasa la confirmación del diagnóstico y el inicio del tratamiento adecuado.

Un perfil clínico diverso

Aunque afecta a personas de diferentes edades, es más habitual en hombres de mediana edad y existe una clara predominancia masculina, con una proporción aproximada de tres hombres por cada mujer. Además, es frecuente que las personas afectadas presenten antecedentes de enfermedades alérgicas como asma, rinitis o dermatitis atópica, lo que refuerza la hipótesis de su origen inmunológico.

No obstante, durante el encuentro celebrado en La Fe se abordaron las particularidades de la enfermedad en las distintas etapas de la vida. La doctora Mari Ángeles Calzado, médico adjunto de la Sección de Medicina Digestiva Infantil, analizó los retos específicos en pediatría, mientras que Vicente Ortiz, especialista en Aparato Digestivo, repasó las opciones farmacológicas disponibles. La nutricionista Eva María Gascó Santana expuso la aplicación práctica de las dietas de exclusión empírica, una de las herramientas terapéuticas más utilizadas en el manejo de la enfermedad.

Diagnóstico y abordaje terapéutico

El diagnóstico de la esofagitis eosinofílica se basa en la sospecha clínica y se confirma mediante endoscopia con toma de biopsias del esófago. Este procedimiento permite identificar la presencia de eosinófilos, células inflamatorias que se acumulan en la pared esofágica y desencadenan los síntomas.

En cuanto al tratamiento, las opciones incluyen corticoides deglutidos, fármacos para reducir la producción de ácido gástrico y dietas de eliminación de determinados alimentos, con tasas de respuesta positivas en un alto porcentaje de pacientes. En los casos más avanzados, cuando existe un estrechamiento del esófago que dificulta el paso de los alimentos, puede ser necesaria la dilatación esofágica.

En los últimos años se han producido avances relevantes en este campo. Desde su aprobación por la Agencia Española del Medicamento, La Fe ha comenzado a incorporar el uso de terapias biológicas como el dupilumab, el primer fármaco de este tipo indicado para la esofagitis eosinofílica. Este tratamiento actúa bloqueando interleucinas implicadas en la cascada inflamatoria, impidiendo que los eosinófilos se acumulen en el esófago y reduzcan la inflamación.

La enfermedad renal crónica (ERC) continúa siendo una patología infradiagnosticada en España, a pesar de su elevada frecuencia y de su impacto clínico y económico sobre el sistema sanitario. Así lo muestra un programa de investigación basado en datos de vida real, que ha estimado que hasta el 30% de las personas con analíticas registradas en los sistemas de salud presentan algún grado de ERC. Una cifra muy superior a la reflejada en estudios previos y que apunta a una magnitud del problema mayor de la que se percibe en la práctica clínica habitual.

Los resultados proceden de un conjunto de estudios desarrollados en España y publicados en la revista Nefrología, además de presentados en el 55º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología. La investigación analizó datos anonimizados de más de 70.000 personas atendidas en atención primaria y hospitales de referencia de siete comunidades autónomas, incluidos en la base de datos BIG-PAC, con al menos una medición de la tasa de filtrado glomerular estimada y de albuminuria.

Según explica el doctor Rafael Santamaría, del servicio de Nefrología del Hospital Universitario Reina Sofía y autor principal de los trabajos, ?alrededor de un 30% de los pacientes con pruebas de sangre y orina registradas tenía enfermedad renal crónica?. Este porcentaje supera claramente las estimaciones anteriores y refuerza la idea de que la ERC podría estar infracodificada y, en consecuencia, infradiagnosticada en los sistemas de salud.

Más riesgo cardiovascular y renal

La clasificación empleada en el estudio se basa en las guías KDIGO, que establecen cinco estadios según la función renal y tres categorías de albuminuria. El análisis muestra que, incluso en fases iniciales, la ERC se asocia ya a un riesgo cardiovascular alto o muy alto, que aumenta de forma progresiva a medida que empeora la función renal o se elevan los niveles de albúmina en orina.

Los datos de vida real confirman que el riesgo de eventos cardiovasculares adversos mayores, como infarto, ictus o muerte cardiovascular, así como de eventos renales graves ?empeoramiento acelerado de la función renal, hospitalización por ERC o progresión a diálisis o trasplante?, se incrementa en todos los estadios de la enfermedad conforme empeoran los parámetros renales.

Entre los eventos cardiovasculares, la insuficiencia cardíaca fue el más frecuente, mientras que, en el ámbito renal, las hospitalizaciones relacionadas con la ERC destacaron como el principal problema clínico. Además, la presencia de comorbilidades como la diabetes o la enfermedad cardiovascular fue mayor en los estadios más avanzados, lo que refleja la complejidad clínica de estos pacientes.

El coste de no intervenir a tiempo

Más allá del impacto en la salud, el estudio también analizó el uso de recursos sanitarios y los costes asociados a la enfermedad renal crónica. Los resultados muestran que el gasto sanitario anual por paciente puede oscilar entre 1.500 y más de 20.000 euros durante el primer año, dependiendo del estadio de la enfermedad y del grado de albuminuria .

Las hospitalizaciones se identifican como el principal impulsor del coste total. En las fases iniciales, el mayor peso recae sobre la farmacia y las urgencias, mientras que en los estadios más avanzados los ingresos hospitalarios superan ampliamente al resto de partidas. ?Cada hospitalización que se evita mediante una detección precoz y un tratamiento adecuado supone un beneficio claro para el sistema y para el paciente?, subraya Santamaría.

Las proyecciones nacionales apuntan a que la ERC podría representar más del 5% del gasto sanitario público en los próximos años, con una parte muy significativa vinculada al tratamiento renal sustitutivo. Estos datos refuerzan la idea de que prevenir la progresión de la enfermedad es más coste-efectivo que afrontar sus fases finales.

Diagnóstico precoz y coordinación asistencial

Uno de los mensajes clave del estudio es la necesidad de mejorar el cribado y el diagnóstico precoz, especialmente en atención primaria. La enfermedad renal crónica puede no dar síntomas en sus primeras fases, por lo que identificarla a tiempo en grupos de riesgo ?personas con diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, obesidad o edad avanzada? resulta fundamental para frenar su progresión.

Los autores también señalan que el manejo de la ERC y la aplicación de las recomendaciones de las guías clínicas no están plenamente optimizados. La infracodificación diagnóstica y la falta de identificación clara de la causa de la enfermedad dificultan la planificación del seguimiento y del tratamiento más adecuado para cada paciente.

Desde la perspectiva de la investigación en vida real, estos trabajos aportan una visión complementaria a la de los ensayos clínicos. ?Los datos de vida real nos dicen qué ocurre con nuestros pacientes en la práctica diaria y nos permiten identificar áreas de mejora donde debemos actuar ya?, afirma Santamaría.

La soledad no deseada y los problemas de sueño mantienen una relación estrecha y bidireccional que puede agravar de forma significativa la salud física y mental de quienes la padecen. Así lo advierten especialistas en medicina del sueño, que subrayan que dormir mal es una consecuencia frecuente del aislamiento social, pero también un factor que favorece conductas de retraimiento, ansiedad y dificultades en la regulación emocional, generando un círculo vicioso difícil de romper .

Desde la Sociedad Española de Sueño (SES) recuerdan que el descanso es uno de los pilares de la salud más sensibles a las condiciones emocionales y sociales. La evidencia científica acumulada en los últimos años muestra que las personas que se sienten solas tienden a percibir su sueño como menos reparador, aunque no necesariamente duerman menos horas. Esta peor calidad del descanso se relaciona con un estado de hiperalerta que impide una recuperación adecuada durante la noche.

Dormir mal también aísla

La relación entre soledad y sueño no funciona en un solo sentido. Diversos estudios han demostrado que la privación de sueño, incluso cuando es leve o mantenida en el tiempo de forma intermitente, favorece comportamientos de aislamiento social y aumenta los niveles de ansiedad. Las personas con falta de descanso pueden mostrarse menos accesibles emocionalmente y con menor capacidad para interactuar, lo que dificulta las relaciones sociales y refuerza el sentimiento de soledad.

Según explica Francesca Cañellas, miembro del grupo de trabajo de Insomnio de la SES, un documento publicado en 2020 ya confirmó que la soledad se asocia de forma clara con una peor calidad subjetiva del sueño. ?La soledad incrementa los niveles de vigilancia y hace que el descanso sea menos profundo y menos reparador?, señala. Este fenómeno podría tener raíces evolutivas, ya que históricamente estar solo fuera del grupo suponía una situación de peligro, activando el sistema del estrés.

Esa activación se traduce en cambios neuroendocrinos, como alteraciones en el eje hipotálamo-hipofisario y en los ritmos de cortisol, que favorecen un sueño fragmentado y poco eficiente. A su vez, dormir mal intensifica las emociones negativas y dificulta la regulación emocional, cerrando un bucle que perjudica tanto al bienestar psicológico como a la salud general.

Múltiples enfermedades

La preocupación de los especialistas no se limita al impacto emocional de esta relación. Soledad no deseada y falta de sueño comparten un papel como factores de riesgo en numerosas enfermedades. Ambas se han vinculado con un mayor deterioro cognitivo, problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión, y un incremento del riesgo cardiovascular. Cuando estos dos factores coinciden, el riesgo de desarrollar distintas patologías y de aumentar la mortalidad se multiplica.

Desde la SES insisten en que esta interacción convierte al sueño en un elemento clave para las estrategias de prevención y promoción de la salud. ?Mejorar el descanso puede contribuir a reducir el estrés y las emociones negativas, y con ello mejorar el bienestar emocional?, afirma Cañellas. En este sentido, intervenir sobre los hábitos de sueño ayudaría a dormir mejor y podría tener un efecto positivo en la forma en que las personas se relacionan con su entorno.

Colectivos especialmente vulnerables

La relación entre soledad y sueño adquiere especial relevancia en determinados grupos de población. En la adolescencia, por ejemplo, aumentan las necesidades de descanso y se trata de una etapa crucial para la socialización. Sin embargo, el uso intensivo de pantallas durante la noche y los horarios irregulares de sueño son cada vez más frecuentes. Numerosos estudios relacionan esta privación de sueño con un deterioro de la salud mental, un mayor riesgo de depresión y un aumento de las conductas suicidas en jóvenes.

En las personas mayores, el problema adopta otra forma. Con la edad, la calidad del sueño tiende a deteriorarse y, al mismo tiempo, aumenta el riesgo de aislamiento social. Mantener rutinas saludables y reforzar los ritmos circadianos se vuelve esencial para preservar tanto el descanso como la conexión social y la autonomía personal.

Los expertos coinciden en que pequeñas medidas en el día a día pueden contribuir de forma significativa a mejorar el sueño y, con ello, el bienestar emocional. Entre las recomendaciones más habituales se encuentran reservar un tiempo suficiente para dormir en un entorno seguro y confortable, mantener horarios regulares de acostarse y levantarse y utilizar la cama solo para dormir.

También resulta fundamental exponerse a la luz solar durante el día, especialmente por la mañana, y reducir la exposición a la luz artificial durante la noche, evitando el uso de pantallas al menos un par de horas antes de ir a la cama. La práctica regular de ejercicio físico completa este conjunto de hábitos que ayudan a consolidar un descanso de calidad.

La pérdida de audición continúa siendo un problema infradiagnosticado y, sobre todo, abordado con retraso, lo que limita de forma notable las posibilidades de tratamiento eficaz. Así lo advierte Manuel Manrique, director del Departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Universidad de Navarra, quien subraya que muchas personas llegan a la consulta especializada cuando el deterioro auditivo ya está avanzado y resulta más difícil revertir sus consecuencias.

Con el objetivo de cambiar esta tendencia, la Clínica ha puesto en marcha una consulta pionera y multidisciplinar orientada a la prevención y al tratamiento precoz de la pérdida de audición. Se trata de una iniciativa asistencial que nace de un proyecto de investigación desarrollado durante seis años y cuyos resultados han confirmado que cuanto antes se actúe ante los primeros signos de deterioro auditivo, mejores son los resultados clínicos y funcionales.

?El problema es que muchos pacientes normalizan la dificultad para oír o la atribuyen únicamente a la edad, y retrasan la visita al otorrinolaringólogo?, explica Manrique. ?Cuando finalmente acuden, los tratamientos ya no son tan eficaces como lo serían en fases iniciales?. Esta demora afecta a la audición y tiene un impacto directo en otros ámbitos de la salud.

Impacto cognitivo y social

Los especialistas insisten en que la pérdida de audición no debe entenderse como un problema aislado. Dejar de escuchar correctamente se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, problemas de memoria, aislamiento social, dependencia y un aumento de las caídas, especialmente en personas mayores. Por este motivo, el nuevo modelo asistencial incorpora una visión integral de la persona, teniendo en cuenta su situación neurológica, funcional y social.

La consulta especializada se estructura en tres grandes áreas de actuación. En una primera fase, un médico y un audiólogo trabajan de forma conjunta para identificar factores de riesgo en personas mayores de 55 años. En estos casos, se establece una recomendación de vigilancia activa con el objetivo de prevenir la aparición de la pérdida auditiva y de los trastornos del equilibrio.

Cuando la pérdida de audición ya ha comenzado o es evidente, se pasa a una segunda línea de intervención centrada en el tratamiento precoz. En esta etapa se aplican medidas dirigidas a estimular el sistema auditivo y frenar la progresión del problema. Además, si se detectan signos de deterioro cognitivo, el paciente es valorado también por especialistas en neurología, reforzando el carácter multidisciplinar de la atención.

La tercera área está destinada a personas que ya utilizan audífonos o implantes cocleares. En estos casos, el objetivo es optimizar los resultados del tratamiento mediante programas de rehabilitación auditiva y vestibular, ajustando las soluciones técnicas a las necesidades reales del paciente y favoreciendo su autonomía.

Tecnología y seguimiento a distancia

Otro de los elementos innovadores de esta consulta es la incorporación de una herramienta digital que facilita el seguimiento de personas con dificultades de movilidad u otras limitaciones para acudir de forma presencial al hospital. Esta plataforma online permite ofrecer apoyo educativo y sanitario tanto al paciente como a su entorno familiar, ayudándoles a comprender mejor la pérdida de audición y a manejar sus consecuencias en la vida diaria.