La falta de perspectiva de género en la investigación sanitaria continúa teniendo consecuencias directas en la salud de las mujeres. Así lo han advertido expertos, profesionales sanitarios y representantes de pacientes durante una jornada de trabajo en la que se ha denunciado que estos sesgos siguen presentes en todo el sistema, desde la investigación básica hasta el diagnóstico y el tratamiento.
El evento fue organizado por la Asociación Plataforma española de la academia europea de pacientes para la innovación terapéutica (Eupati España), con la colaboración de la Asociación Nacional de Comités de Ética (ANCEI), la Plataforma SCReN del Instituto de Salud Carlos III (Isciii), IDIS Santiago, Farmaindustria y la Asociación Española de Cáncer de Mama Metastásico (AECMM), con el apoyo de GSK. Gracias a ello, se puso de manifiesto que esta desigualdad no es solo una cuestión teórica, sino un problema que afecta a la vida real de las pacientes, retrasando diagnósticos y condicionando su atención sanitaria.
Los datos expuestos evidencian la magnitud del problema. Según explicó Celia García Menéndez, directora general de Humanización, Atención y Seguridad del Paciente de la Comunidad de Madrid, las mujeres reciben hasta un 50% menos de angiografías coronarias, a pesar de presentar síntomas compatibles con enfermedad cardiovascular. Además, patologías como la endometriosis o el TDAH continúan diagnosticándose más tarde que en hombres.
A esto se suma que enfermedades con alta prevalencia femenina, como el alzheimer ?que afecta mayoritariamente a mujeres (un 70% del total de los casos)?, no siempre se estudian con un enfoque específico. También persiste una tendencia a atribuir determinados síntomas a causas psicológicas, lo que retrasa la identificación de enfermedades físicas.
Un problema estructural
Los expertos coinciden en que la raíz de esta desigualdad es histórica. Durante décadas, el cuerpo masculino se ha utilizado como modelo de referencia en la investigación, lo que ha generado vacíos de conocimiento sobre cómo afectan las enfermedades a las mujeres.
Este sesgo se mantiene en distintas fases del proceso científico. En los ensayos clínicos, aunque ha mejorado la inclusión de mujeres, sigue sin garantizarse una representación proporcional ni un análisis diferenciado de resultados. En investigación básica, incluso se utilizan líneas celulares sin identificar el sexo de origen.
Además, persisten barreras prácticas que dificultan la participación femenina en estudios, como criterios de selección restrictivos o dificultades para conciliar.
El papel de las pacientes en el cambio
Las asociaciones de pacientes están desempeñando un papel clave en la visibilización de estas desigualdades. En muchos casos lideradas por mujeres, estas organizaciones aportan una visión más cercana a la realidad y reclaman que la investigación tenga en cuenta aspectos como la calidad de vida, la salud emocional o la carga social.
Como señaló David Trigos, presidente de Eupati España, ?la calidad científica no sólo depende del método, depende de la mirada?, una idea que resume la necesidad de incorporar diferentes perspectivas para mejorar los resultados. Desde el ámbito asociativo se insiste en que no basta con incluir mujeres en los estudios, sino que es necesario analizar los datos de forma específica y adaptar las conclusiones a sus necesidades.
Los sesgos de género en medicina no son un fenómeno reciente. Especialistas recuerdan que llevan más de tres décadas documentados, con ejemplos como el llamado ?síndrome de Yentl?, que describe cómo las mujeres tienen más probabilidades de ser diagnosticadas correctamente cuando presentan síntomas similares a los de los hombres.
A pesar de esta evidencia, los avances han sido limitados. La falta de formación específica, los sesgos cognitivos y una narrativa médica tradicional siguen dificultando el cambio.