Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Fundación Endesa y Fundación Integra han presentado una nueva edición del programa Cambiando Vidas, una iniciativa que tiene como objetivo mejorar la empleabilidad. Este año, el programa beneficiará a más de 350 personas en situación de exclusión social severa.

Desde su inicio en 2016, el proyecto ha acompañado a 3.890 personas en las provincias de Barcelona, Sevilla, Madrid, Zaragoza, Palma de mallorca y Tenerife, ofreciéndoles acompañamiento y herramientas para mejorar su empleabilidad. En el caso de Canarias, en las dos ediciones que se ha desarrollado el programa, ha beneficiado a un centenar de personas, ayudándoles a mejorar su formación y avanzar en su proceso de reincorporación mercado laboral, contribuyendo así a mejorar su situación económica y su calidad de vida.

Estas cifras reflejan no solo un aumento en la empleabilidad, sino un avance significativo en términos de autonomía, estabilidad y calidad de vida de los participantes y sus familias.

Voluntariado corporativo

Cambiando Vidas se apoya en la implicación de empleados voluntarios de Endesa, que participan impartiendo talleres dirigidos a mejorar las competencias laborales de los participantes. En Canarias, 20 empleados voluntarios han participado en las dos ediciones desarrolladas en la región, compartiendo su experiencia profesional y trabajando junto a los candidatos en procesos clave para su inserción laboral, como la preparación de entrevistas de trabajo, el conocimiento del mercado laboral o el desarrollo de habilidades profesionales.

Además de la formación, los participantes reciben orientación individualizada, que les permite identificar sus fortalezas, mejorar su autoestima y afrontar con mayor confianza los procesos de selección.

Diez años generando oportunidades

El programa forma parte de la colaboración que Fundación Endesa y Fundación Integra mantienen desde hace una década, una alianza que ha permitido generar oportunidades de empleo para miles de personas en situación de exclusión social.

En ese sentido, Fernando Endeiza ha puesto en valor los resultados alcanzados, destacando el impacto positivo que la iniciativa ha tenido en la vida de los participantes. Ha señalado ?la enorme colaboración de los voluntarios quienes compartiendo parte de su tiempo en esta iniciativa consiguen el objetivo del programa ?cambiando la vida? de los beneficiarios ayudándoles a encontrar un empleo y así perder el riesgo de exclusión social?

El director de Relaciones Institucionales de Endesa en Canarias, José Manuel Valle, ha señalado ?es fundamental trabajar desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades, procurando que no se pierda ningún talento por el camino y que nadie se sienta excluido del ámbito laboral. Por ello surge ?Cambiando Vidas? y estamos encantados de seguir avanzando con este proyecto en Canarias?. 

La directora de Empleo Ciudades de Fundación Integra, Carmen Gómez-Coronado, ha agradecido a Endesa y a su Fundación su compromiso con este proyecto. ?Programas como este demuestran que las alianzas entre organizaciones generan oportunidades reales para quienes más lo necesitan. Un empleo les cambia la vida, a ellos y a sus familias. Les permite retomar las riendas de su futuro y afrontar con seguridad su nuevo proyecto vital lejos de la exclusión?.

Las dificultades a las que se enfrentan las personas con baja visión en su vida cotidiana han dado lugar a una iniciativa pionera en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. El centro cántabro, en colaboración con Roche y la Fundación Marqués de Valdecilla, ha puesto en marcha Escalón a la vista, un proyecto orientado a mejorar la accesibilidad y la seguridad dentro del entorno hospitalario.

La iniciativa parte de la necesidad de muchos pacientes de identificar con mayor claridad los obstáculos físicos, especialmente los escalones, que pueden provocar caídas o accidentes. En este sentido, el proyecto busca responder a situaciones habituales que afectan a su autonomía, como desplazarse por espacios desconocidos o con escasa señalización.

El eje central del proyecto consiste en la señalización de peldaños mediante bandas de cinco centímetros en sus bordes. Estas franjas incorporan contraste cromático y táctil respecto al pavimento, lo que facilita su identificación por parte de personas con baja visión.

Según explica Jesús Delgado, coordinador de la Asociación Es Retina en Cantabria, el objetivo es ?hacer más visibles los escalones potencialmente peligrosos?, una medida que no solo beneficia a este colectivo, sino también a personas mayores. Además, subraya que este tipo de soluciones podrían extenderse a otros edificios públicos, ya que ayudan a prevenir caídas que pueden derivar en ?fracturas óseas? y en la pérdida de independencia funcional.

Problema de salud pública

La iniciativa se enmarca en un contexto en el que la discapacidad visual se ha convertido en un problema creciente de salud pública, especialmente por el envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades oculares crónicas.

Aunque no existen datos completamente actualizados, se estima que cerca de un millón de personas en España viven con discapacidad visual, lo que refleja la magnitud del reto. Para muchas de ellas, actividades cotidianas como leer, orientarse o desplazarse con seguridad suponen una dificultad constante.

En este escenario, adaptar los entornos sanitarios se convierte en una prioridad, no sólo desde el punto de vista asistencial, sino también en términos de accesibilidad universal y calidad de vida. En este sentido, los impulsores del proyecto consideran que esta medida podría extenderse a otros entornos públicos.

Presentación pública

Escalón a la vista se ha presentado en el marco de una jornada, celebrada en el hospital cántabro, centrada en el abordaje de la baja visión, en la que han participado profesionales sanitarios, entidades sociales y representantes de pacientes. Este enfoque multidisciplinar busca integrar diferentes perspectivas para mejorar la atención.

Desde la Fundación Marqués de Valdecilla destacan la importancia de promover iniciativas que tengan en cuenta no sólo la enfermedad, sino también su impacto en la vida diaria. Apuestan por una atención más personalizada, en la que las necesidades de los pacientes tengan un papel relevante.

La campaña se presenta así como una experiencia piloto que pone el foco en la adaptación de los espacios a las necesidades reales de los pacientes. La iniciativa evidencia que pequeñas modificaciones en el entorno pueden tener un impacto significativo en la seguridad, la autonomía y la calidad de vida.

El estrés no solo afecta al estado emocional o al descanso, también puede tener un impacto directo en la visión. De hecho, unido a que vivimos un día a día marcado por el uso intensivo de pantallas, el ritmo acelerado de vida y la sobrecarga mental, cada vez más personas experimentan molestias oculares relacionadas con el estrés. Según explican los especialistas de Clínica Baviera, el sistema visual está estrechamente conectado con el sistema nervioso, por lo que situaciones de estrés prolongado pueden desencadenar o agravar distintos problemas oculares.

El oftalmólogo Fernando Llovet advierte de que muchas personas no son conscientes de esta relación. Aunque en la mayoría de los casos los síntomas son reversibles, ignorarlos puede hacer que se cronifiquen o evolucionen hacia problemas mayores.

Cómo afecta el estrés a la visión

El estrés sostenido puede alterar la función visual a través de distintos mecanismos, principalmente por la tensión muscular, la fatiga y la hiperactivación del sistema nervioso. Entre las manifestaciones más frecuentes destacan:

  • Visión borrosa temporal, especialmente tras periodos prolongados de concentración
  • Fatiga ocular, con sensación de cansancio o pesadez en los ojos
  • Espasmos en el párpado (tics), relacionados con la tensión acumulada
  • Ojo seco, debido a una menor frecuencia de parpadeo, sobre todo frente a pantallas
  • Mayor sensibilidad a la luz, al aumentar la reactividad del sistema nervioso

Estas molestias pueden afectar al rendimiento diario, dificultando tareas como leer, trabajar o conducir, y en algunos casos generar un círculo vicioso de estrés y malestar.

Hábitos para cuidar la salud ocular

Para reducir el impacto del estrés en la visión, los especialistas recomiendan adoptar una serie de medidas sencillas pero efectivas:

  • Aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, descansar 20 segundos mirando a unos 6 metros
  • Mantener una buena higiene visual, con iluminación adecuada y distancia correcta frente a pantallas
  • Parpadear con frecuencia o utilizar lágrimas artificiales para evitar la sequedad ocular
  • Dormir lo suficiente, ya que el descanso es clave para la recuperación visual
  • Realizar ejercicios oculares, como cambios de enfoque o movimientos suaves
  • Practicar técnicas de relajación, como respiración o meditación
  • Reducir el consumo de estimulantes, como cafeína, alcohol o tabaco
  • Incorporar actividad física o actividades placenteras en la rutina

Además de estos hábitos, los expertos subrayan la necesidad de realizar revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente si los síntomas son persistentes. Detectar a tiempo signos como la fatiga ocular, la visión borrosa o los espasmos permite aplicar medidas preventivas y evitar que el problema se agrave.En definitiva, cuidar la salud visual también implica gestionar el estrés. Prestar atención a estos síntomas y adoptar hábitos saludables puede marcar la diferencia para mantener una buena calidad de vida y proteger la visión a largo plazo.

La inteligencia artificial se está consolidando como una herramienta clave en el ámbito de la salud, influyendo tanto en la práctica clínica como en la forma en que los usuarios buscan y acceden a información sanitaria. Cada vez más personas recurren a soluciones basadas en IA para informarse sobre síntomas, tratamientos y hábitos de bienestar. De hecho, el VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon revela que un 18,6% de los encuestados declara haber utilizado alguna herramienta de IA para gestionar su salud.

Pese a esta adopción todavía limitada, el estudio muestra un elevado nivel de rechazo hacia el uso de chatbots para apoyo emocional o terapia digital: el 61,9% afirma no haberlos utilizado ni tener intención de hacerlo, frente a un 27,3% que estaría dispuesto a considerarlo y un 10,9% que sí los ha utilizado.

Siguiendo con el análisis por perfiles, se pone de manifiesto que más allá de los perfiles más jóvenes, un 32,6% de las personas de entre 26 a 40 años afirma haberlas utilizado, mientras que entre los mayores de 55 años el porcentaje desciende de forma pronunciada en algo más del 7%.

El nivel educativo también influye en el grado de adopción. La inteligencia artificial ha sido utilizada por el 21,8% de quienes cuentan con estudios superiores, frente al 13% de las personas con nivel educativo primario o inferior. Además, el uso supera la media entre determinados colectivos, como quienes han seguido una dieta (31,1%), las personas que trabajan (22,4%), los usuarios de aplicaciones de bienestar (20,6%) o aquellos que consideran que su situación económica ha mejorado en el último año (32,5%).

Baleares (26,9%), La Rioja (25,8%) y Madrid (25%) son regiones que más usan la inteligencia artificial para gestionar su salud

El uso de esta herramienta presenta también diferencias notables por comunidades autónomas. Destacan Baleares (26,9?%), La Rioja (25,8?%) y Madrid (25,0?%) como las regiones con mayores niveles de uso. En el otro extremo se sitúa Cantabria, donde solo un 4,3?% de los encuestados afirma haber utilizado estas herramientas, pero también otras regiones como Aragón (11,9%) o País Vasco (13,6%).

Diferencias generacionales y económicas en el uso de chatbots

Aunque la mayoría rechaza el uso de chatbots para apoyo emocional o terapia digital, se observan diferencias claras según el perfil sociodemográfico. Los jóvenes son los más abiertos a utilizar un chatbot para este fin: en los grupos de edad comprendidos entre 18 y 40 años, la suma de quienes ya lo han utilizado o estarían dispuestos a hacerlo supera el 50%. Por el contrario, la falta de predisposición aumenta con la edad, pasando del 60,3 % en personas de 41 a 55 años al 79,7 % en mayores de 65.

La situación económica también influye: entre quienes perciben que su situación ha mejorado, casi la mitad ya ha recurrido a un chatbot o estaría dispuesta a hacerlo, mientras que los porcentajes son considerablemente menores entre quienes consideran que su situación se ha mantenido estable o ha empeorado.

El estatus laboral marca igualmente diferencias: las personas que trabajan muestran mayor apertura que quienes no lo hacen. En conjunto, la predisposición a utilizar inteligencia artificial en este ámbito es mayor entre jóvenes, con estudios superiores, que trabajan y perciben una mejora en su situación económica.

Durante décadas, la obesidad ha sido tratada como un problema individual, casi moral, reducido al enfoque simplista de ?comer menos y moverse más?. Esa visión, además de injusta, ha demostrado ser insuficiente. Gracias a la evidencia científica se ha demostrado que la obesidad es una enfermedad crónica, recurrente, compleja y multifactorial, influida por la genética, el entorno, la biología del apetito, la microbiota, los determinantes sociales y un largo etcétera. Y es causa de otras enfermedades crónicas graves, como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, enfermedad crónica renal, cáncer, y así una larga lista de más de 200 enfermedades. Y genera un sobrecoste médico directo muy alto.

Sin embargo, y afortunadamente, también sabemos que la ciencia está cambiando radicalmente la vida de quienes padecen esta enfermedad. La evolución en la calidad de vida de los pacientes con obesidad en los últimos años es uno de los avances sanitarios más notables, aunque de los menos reconocidos. Debemos pensar en que no se trata sólo de perder peso, sino de ganar en salud, autonomía y dignidad.

Del estigma al reconocimiento clínico

Uno de los cambios más profundos ha sido conceptual. La obesidad ha pasado de ser vista como un ?fallo personal? o ?un vicio del paciente? a ser reconocida como una enfermedad crónica que requiere tratamiento especializado e individualizado, que es una enfermedad progresiva y, por tanto, que debe ser considerada como tal en todas sus etapas. Este giro ha permitido que muchos pacientes accedan por primera vez a un abordaje integral: endocrinología, nutrición clínica, psicología, actividad física adaptada y, cuando es necesario, farmacoterapia o cirugía bariátrica.

Por suerte, este reconocimiento por parte de la sociedad ha reducido el estigma y ha abierto la puerta a políticas de salud pública más ambiciosas. Sin embargo, aún queda camino por recorrer. Nos encontramos en una sociedad obesogénica, y podemos ver que la obesidad aumenta en entornos más vulnerables, con menor renta y menor nivel educativo. También se sabe que las mujeres presentan mayores riesgos metabólicos en etapas como la menopausia y sufren un mayor estigma social. Y, muy importante, los niños de entornos desfavorecidos tienen muchas más probabilidades de desarrollar obesidad.

Por eso, es importante reconocer que la calidad de vida mejora cuando el paciente deja de sentirse culpable y empieza a sentirse acompañado, sin restricciones de condiciones de vida o niveles de renta.

La revolución de los avances farmacológicos

En los últimos cinco años, la llegada de nuevos fármacos similares a las incretinas ha supuesto un antes y un después. Medicamentos como los agonistas del receptor GLP?1 y, más recientemente, los nuevos agonistas duales y triples, han demostrado reducciones de peso que antes solo se veían con cirugía bariátrica. Pero lo más relevante no es la cifra en la báscula, sino el impacto en la salud global: un mejor control glucémico en personas con diabetes o prediabetes, la reducción del riesgo cardiovascular o la disminución de la apnea del sueño. Paralelamente, también se ha demostrado el menor dolor articular y mayor movilidad, así como la mejoría del estado anímico y de la relación con la comida.

Todas estas mejoras, por primera vez, han hecho que muchos pacientes sientan que su cuerpo ?trabaja a su favor? y no en su contra. Esa sensación de control es, en sí misma, un cambio vital.

Cirugía bariátrica y tecnología

La cirugía bariátrica también ha evolucionado. Las técnicas que se utilizan en la actualidad son más seguras, menos invasivas y mejor personalizadas. Además, se ha consolidado como una herramienta terapéutica eficaz para mejorar la supervivencia y reducir complicaciones metabólicas. La integración de la cirugía bariátrica o la cirugía metabólica en programas multidisciplinares ha permitido que los resultados sean más duraderos y que los pacientes reciban un seguimiento más humano y completo.

Por otra parte, la digitalización ha abierto un abanico de posibilidades que hace una década parecían ciencia ficción. Aplicaciones que monitorizan hábitos, dispositivos que registran actividad y sueño, plataformas que conectan a pacientes con profesionales en tiempo real?Todo ello permite un acompañamiento continuo de los pacientes, reduce abandonos y mejora la adherencia terapéutica.

Además, la investigación en biomarcadores, desde la microbiota, epigenética hasta perfiles metabólicos individuales y reprogramación metabólica, está acercándonos a una medicina verdaderamente personalizada y de precisión. No todos los pacientes responden igual: algunos pacientes recuperan peso y otros no, y la ciencia empieza a entender por qué y cómo.

Una mejora real en la vida cotidiana

Cuando hablamos de calidad de vida, nos referimos a cosas tan concretas como poder subir escaleras sin ahogarse, dormir mejor, jugar con los hijos o los nietos sin dolor, vestirse sin dificultad o sentirse mirado con respeto, no con juicio.

Los avances científicos y el abordaje y manejo de la obesidad de forma holística, con ayuda de nuevos recursos, como la Guía Giro coordinada por la SEEDO, no sólo han mejorado parámetros clínicos sino que también han devuelto posibilidades. Y eso, para muchos pacientes que presentan obesidad, es una forma de tener libertad.

Sin embargo, esta revolución tanto farmacológica como científica corre el riesgo de no llegar a todos. El acceso desigual a tratamientos, la falta de financiación pública en muchos países y la persistencia del estigma siguen siendo barreras importantes. La ciencia ha avanzado más rápido que las políticas sanitarias, y esa brecha amenaza con crear una nueva desigualdad: la de quienes pueden tratar su obesidad y quienes no.

La obesidad seguirá siendo un desafío global, pero hoy podemos afirmar que la ciencia está cambiando vidas de manera profunda. No se trata sólo de perder peso, sino de ganar salud, bienestar y nuevas oportunidades. El reto que se nos presenta ahora es garantizar que estos avances lleguen a todos los pacientes con obesidad y a todos los lugares, sin excepción. Porque la obesidad no es una elección, pero el acceso a la salud sí debería serlo.

Autora:

Gema Medina
Vicepresidenta de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO)

Plena Inclusión Madrid ha puesto en marcha la campaña Lo que no se ve con el objetivo de visibilizar la diversidad y las necesidades de las personas con trastorno del espectro del autismo (TEA), coincidiendo con el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se celebra el 2 de abril.

La iniciativa se articula a través de dos vídeos en los que se recogen testimonios directos de personas con TEA y familiares. En concreto, la influencer Noemí Navarro conversa con Adriana Sánchez, madre de una joven con grandes necesidades de apoyo, y con Daniel Ergueta, un joven con autismo, quienes describen distintas situaciones de su vida cotidiana.

Durante los encuentros, los participantes abordan aspectos relacionados con la vida diaria que, según explican, no siempre son visibles para la sociedad. Entre ellos, se incluyen las necesidades de apoyo, las dificultades en determinados entornos y la forma en que desean ser tratados en su entorno social.

El objetivo de estos testimonios es trasladar información concreta sobre la realidad del autismo desde la experiencia directa, mostrando la heterogeneidad del espectro y las diferencias en las necesidades de cada persona.

Metáfora visual

Uno de los elementos centrales de la campaña es el uso de una metáfora basada en la cocina. En los vídeos, los participantes elaboran recetas que incluyen un ?ingrediente invisible?, un recurso que se utiliza para representar aquellos aspectos del autismo que no se perciben a simple vista.

Esta fórmula permite explicar de manera accesible que existen factores que influyen en la vida de las personas con TEA ?como apoyos, barreras o características individuales? que no siempre son evidentes, pero que resultan determinantes en su día a día.

La campaña ha empezado ya a difundirse y culminará con la publicación de un manifiesto elaborado por las entidades de autismo que forman parte de Plena Inclusión Madrid. En su desarrollo han participado también personas con TEA, incluidas aquellas con mayores necesidades de apoyo. Además de en redes sociales, estos contenidos audiovisuales estarán visibles en pantallas de Metro de Madrid y en autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT).

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