La obesidad infantil continúa creciendo en España y lo hace de forma especialmente acusada entre las niñas y los entornos más vulnerables. Así lo revela un estudio de la Gasol Foundation, publicado en la revista Obesity Facts, que compara los datos de casi 5.000 niños, niñas y adolescentes de entre 8 y 16 años recogidos en los estudios enKid (1998-2000) y PASOS (2019-2020). Aunque la prevalencia general de obesidad infantil ha pasado del 10% al 12%, el análisis por género revela una tendencia mucho más preocupante: en niñas y adolescentes la obesidad se ha duplicado, pasando del 5% al 10%, mientras que en niños se ha mantenido estable.
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?El hecho de que el aumento global no sea significativo, no debe tranquilizarnos, ya que el incremento tan marcado en las niñas indica que el impacto no es homogéneo y hay factores biológicos, sociales o emocionales que están actuando en este grupo con mayor intensidad?, advierte el Dr. Roberto Domínguez, endocrinólogo.
En palabras del doctor Domínguez, los datos apuntan a un fenómeno más profundo: ?Los datos sugieren un cambio estructural en el patrón de obesidad infantil en las niñas. Parece una tendencia que refleja cambios en estilo de vida, bienestar emocional y entorno social que afectan de forma diferencial a ellas. Cuando un fenómeno aparece tan marcado en un grupo, parece que el problema no solo está en el individuo?.
En cuanto a las causas que explican el incremento tan marcado en la población femenina, el endocrinólogo asociado a Valores de Nuestros Médicos subraya que puede deberse a factores tanto sociales, como biológicos o conductuales. ?Por ejemplo, las niñas suelen realizar menor actividad física intensa que los niños y lo abandonan antes, en parte por estereotipo de género y menor oferta adaptada. Además, los cambios hormonales de la pubertad favorecen de forma fisiológica a un mayor acúmulo de grasa corporal, especialmente si coinciden con sedentarismo y dieta poco saludable. También la mayor presión estética en las niñas puede empeorar la relación con la comida y con su propio cuerpo?, sugiere el experto.
El nivel socioeconómico: otro factor clave
El estudio muestra que las diferencias se acentúan según el nivel socioeconómico. En la población más desfavorecida, la probabilidad de presentar obesidad en 2019 fue 29 veces mayor en el año 2000, mientras que en los grupos con mayor nivel socioeconómico no se observaron variaciones.
Para el doctor Domínguez, el enfoque debe ir más allá de la consulta, ya que la obesidad, aunque se manifiesta en consulta, se origina en el entorno: ?la familia, la escuela y la desigualdad social. Por tanto, es un problema social y político, y las decisiones en estos ámbitos influyen en la alimentación, la publicidad dirigida a menores o las oportunidades de actividad física. Sin cambios estructurales en estos aspectos, el abordaje exclusivamente médico es insuficiente y llega tarde?.
Aumento de la obesidad abdominal
Uno de los datos más preocupantes es el aumento de la obesidad abdominal, un indicador clave de riesgo cardiometabólico, que ha pasado del 16% en el año 2000 al 22,6% en 2019. Entre las niñas, ese incremento es aún más acusado: del 9% al 20%.
Y esto es un dato muy alarmante, ?porque la grasa abdominal se asocia claramente a un mayor riesgo metabólico y cardiovascular. Incluso esto ha aumentado, por ejemplo, la diabetes mellitus tipo 2 en la infancia. Además, aumenta el riesgo de desarrollo de este tipo de enfermedades en la etapa adulta?, explica el doctor Roberto Domínguez. Al respecto, el estudio recomienda incorporar el coeficiente cintura-talla como indicador complementario al IMC para mejorar el diagnóstico y cribado del sobrepeso y la obesidad infantil.
El estudio insta a acelerar la implementación del Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil (PENROI), adaptándolo a las competencias autonómicas y municipales. Desde una perspectiva clínica, el Dr. Roberto Domínguez, endocrinólogo asociado a Valores de Nuestros Médicos, concluye que ?las medidas deben estar destinadas a priorizar entornos escolares saludables con comedores de alta calidad nutricional, limitar la publicidad de los alimentos menos saludables y facilitar el acceso a la realización de actividad física diaria. Estas medidas tienen mucho más impacto que la intervención individual en la consulta médica, la cual, normalmente, llega tarde?.