Un estudio clínico reciente ha puesto el foco en los cambios neurofisiológicos que subyacen al estrés crónico y al síndrome de burnout, aportando nuevas evidencias sobre la necesidad de abordar este problema de salud desde una perspectiva más profunda que la meramente sintomática. El trabajo, publicado en la revista científica Cureus, analiza cómo determinadas alteraciones en la conectividad cerebral pueden explicar la persistencia del malestar psicológico y funcional en personas sometidas a estrés laboral prolongado, así como el potencial de una intervención de neuromodulación no invasiva para revertir parcialmente estos patrones .
Los autores parten de una premisa clave: el estrés crónico no es sólo una reacción emocional, sino un estado que se consolida a nivel neurofisiológico. Cuando la exposición a factores estresantes se mantiene en el tiempo, el cerebro tiende a reorganizar su funcionamiento, generando patrones de actividad y conectividad que dificultan la regulación emocional, el descanso adecuado y la claridad cognitiva.
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Esta fijación del patrón de estrés ayuda a comprender por qué muchas personas con burnout no logran recuperarse de forma sostenida, incluso tras periodos de baja laboral o intervenciones psicológicas convencionales.
Alteraciones asociadas al estrés prolongado
El estudio analiza específicamente cómo el estrés laboral crónico se asocia a disfunciones en redes cerebrales implicadas en la gestión de las emociones y los procesos cognitivos. Estas alteraciones, según describen los investigadores, se reflejan en una menor simetría y coherencia de la actividad eléctrica cerebral, observable mediante técnicas avanzadas de análisis electroencefalográfico.
La consecuencia práctica es una mayor vulnerabilidad emocional, dificultades de concentración, problemas de sueño y una sensación persistente de agotamiento que limita la capacidad de la persona para reincorporarse plenamente a su vida laboral y personal.
Desde esta perspectiva, los autores señalan que muchas intervenciones habituales, centradas en el afrontamiento psicológico o en la reducción puntual del estrés, pueden resultar insuficientes cuando el problema se ha cronificado. En estos casos sería necesario actuar directamente sobre la disfunción neurofisiológica subyacente.
Protocolo de neuromodulación
Con este objetivo, el estudio evalúa los efectos del protocolo de neuromodulación no invasiva Radio Electric Asymmetric Conveyer Brain Wave Optimization Gamma (REAC BWO-G). Se trata de una intervención diseñada para modular la actividad bioeléctrica cerebral sin estimulación forzada ni efectos secundarios conocidos.
El trabajo, de carácter retrospectivo, incluyó a cinco personas con una exposición prolongada a estrés laboral. Antes y después de 18 sesiones de tratamiento, se evaluó su actividad cerebral mediante electroencefalografía cuantitativa y otras herramientas de análisis neurofisiológico avanzadas. Los resultados mostraron tendencias consistentes hacia una mayor simetría en bandas clave del electroencefalograma ?delta, theta y alfa? y una reorganización de la actividad cortical hacia redes funcionales asociadas con una mejor regulación emocional y cognitiva.
Mejoras clínicas observadas
Más allá de los datos neurofisiológicos, el estudio recoge mejoras clínicas reportadas por los propios participantes. Tras el tratamiento, las personas incluidas señalaron una mayor estabilidad emocional, una mejora en la calidad del sueño y una mayor claridad mental. Los autores destacan que estos cambios se alinean con patrones cerebrales descritos previamente en personas con mayor resiliencia frente al estrés, lo que refuerza la relevancia clínica de los hallazgos .
No obstante, el propio trabajo reconoce sus limitaciones, especialmente el reducido tamaño de la muestra y la ausencia de un grupo control. Por ello, los investigadores insisten en la necesidad de desarrollar estudios más amplios y controlados que permitan confirmar y ampliar estos resultados.
A pesar de estas limitaciones, el estudio abre una vía de reflexión relevante para pacientes, profesionales sanitarios y responsables de salud laboral. El estrés crónico y el burnout se encuentran entre las principales causas de incapacidad temporal prolongada, y su abordaje sigue siendo uno de los grandes retos de los sistemas sanitarios. La posibilidad de contar con intervenciones no invasivas, seguras y basadas en evidencias neurofisiológicas podría suponer un complemento importante a las estrategias actuales.