Ahora que las fiestas navideñas han quedado atrás, llega el momento clásico de los propósitos: apuntarse al gimnasio, ?hacer mucho ejercicio? o cambiar de golpe de hábitos. Pero la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (Sermef) propone dar la vuelta a ese planteamiento y empezar el año con una idea más sencilla y sostenible: abandonar las metas irreales y apostar por una ?microrevolución? basada en micromovimientos diarios.
El mensaje se resume en el lema Cada movimiento cuenta y parte de una realidad preocupante: en España, alrededor del 80% de la población no cumple las recomendaciones de actividad física de la Organización Mundial de la Salud. Para los especialistas en medicina física y rehabilitación, el problema no es sólo la falta de deporte, sino el sedentarismo cotidiano: demasiadas horas seguidas frente a pantallas, demasiados ratos en el sofá y una rutina que, poco a poco, va restando movilidad y autonomía.
- Te interesa: El sedentarismo acelera el envejecimiento celular
Micromovimientos que sí caben en la vida real
La propuesta de Sermef no se apoya en grandes cambios de agenda, sino en acciones concretas y repetibles que pueden incorporarse sin ?reorganizar? toda la vida. Entre los ejemplos que plantean están levantarse con regularidad si se trabaja sentado, caminar trayectos cortos siempre que sea posible, subir escaleras en lugar de usar el ascensor o dar un poco más de ritmo a tareas domésticas como ordenar, cocinar o limpiar.
Son gestos modestos, pero acumulativos. Según explican los representantes de Sermef, al repetirse con frecuencia contribuyen a aumentar la movilidad, reforzar la musculatura, mejorar la salud cardiovascular y, sobre todo, a preservar la autonomía funcional. En otras palabras, ayudan a llegar a más edad con menos limitaciones y a prevenir un camino silencioso que muchas personas no perciben hasta que ya es tarde: pasar de moverse poco a moverse peor.
Actividad física no es lo mismo que ejercicio
Otro de los mensajes clave de la sociedad médica es diferenciar entre actividad física y ejercicio físico, dos conceptos que a menudo se mezclan y que, sin embargo, cumplen funciones distintas. La actividad física incluye cualquier movimiento que suponga gasto de energía (caminar, subir escaleras, tareas del hogar). El ejercicio, en cambio, es planificado y estructurado, con un objetivo concreto como ganar fuerza o resistencia. Para los especialistas, lo más eficaz es combinar ambos, pero el primer paso para salir del sedentarismo suele ser aumentar la actividad cotidiana.
Este enfoque tiene además un matiz importante para muchas personas con enfermedad crónica, dolor musculoesquelético, discapacidad o fatiga: empezar por micromovimientos permite avanzar sin lesionarse, sin frustración y con mayor probabilidad de continuidad. La rehabilitación, recuerdan, tiene precisamente la misión de prevenir y tratar la discapacidad, y la actividad física es una de sus herramientas terapéuticas y preventivas más potentes.
Para aterrizar la idea en algo práctico, Sermef propone una guía de progresión que puede ayudar a sostener el cambio más allá de la primera semana de entusiasmo: tres días son una motivación, tres semanas son un hábito y a los tres meses se obtienen resultados. La clave, insisten, no está en la intensidad, sino en la regularidad, especialmente para quienes parten de un estilo de vida muy sedentario.