Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Sanitarios, expertos en salud pública y representantes de pacientes han reclamado incorporar el valor social en la evaluación de los medicamentos, un aspecto que actualmente no se tiene en cuenta de forma sistemática debido, entre otros factores, a la falta de datos en los ensayos clínicos y a la ausencia de ministerios como Trabajo o Derechos Sociales en los órganos donde se toman las decisiones clave.

Así lo expuso Jaime Espín, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y vocal de Comunicación de la Asociación de Economía de la Salud (AES), durante la presentación del informe Revalore, celebrada recientemente en el Congreso de los Diputados. Según Espín, los ensayos clínicos actuales no recogen variables clave como la reducción de las bajas laborales, el impacto en la productividad o la carga que soportan los cuidadores. A su juicio, la presencia del Ministerio de Trabajo o del Ministerio de Derechos Sociales en la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM) permitiría una visión más amplia del impacto real de un fármaco, más allá de su repercusión directa en el gasto sanitario.

El informe Revalore, impulsado por Roche, pone de relieve la necesidad de que la evaluación de tecnologías sanitarias refleje la contribución real del medicamento al bienestar colectivo. Con este objetivo, el documento recoge una serie de recomendaciones estratégicas orientadas a facilitar la incorporación del valor social en el futuro Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, actualmente en desarrollo.

Durante la jornada, los miembros del comité elaborador coincidieron en que el valor social no se integra hoy en la evaluación porque resulta más sencillo analizar aspectos objetivos y cuantificables, como la eficacia clínica o el impacto presupuestario.

?Se evalúa si funciona y cuánto cuesta porque eso es relativamente fácil de medir, comparar y estandarizar, pero incorporar el valor social genera resistencias por el miedo a introducir subjetividad?, advirtió Isolina Riaño, vicepresidenta del Comité de Ética de España y especialista del Hospital Universitario Central de Asturias.

Autonomía, dignidad y productividad

Desde la perspectiva de los pacientes, Andoni Lorenzo, presidente del Foro Español de Pacientes, defendió que la evaluación del valor social debería contemplar parámetros como:

  • La autonomía y dignidad del paciente
  • La capacidad funcional y la independencia en la vida diaria
  • El impacto en cuidadores y familias
  • La repercusión en la productividad laboral

No obstante, Lorenzo advirtió de que el reto no es solo incorporar estas variables, sino decidir qué peso tendrán en el proceso de evaluación y quién asumirá la toma de decisiones finales.

No obstante, Lorenzo advirtió de que el reto no es solo incorporar estas variables, sino decidir qué peso tendrán en el proceso de evaluación y quién asumirá la toma de decisiones finales. ?Si incluimos aspectos sociales, pero sigue siendo únicamente la Administración sanitaria la que decide, corremos el riesgo de que el factor económico vuelva a ser el determinante principal en la aprobación de los medicamentos?, señaló.

Del discurso a la práctica

Uno de los principales temores compartidos por los expertos es que el debate sobre el valor social se quede en el plano declarativo. Así lo expresó Alfredo García-Layana, director del Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra. ?El gran miedo es que esto se quede en una declaración de intenciones y no se concrete en el cómo. Necesitamos que se traslade de forma objetiva y cuantificable?, afirmó.

En este sentido, García-Layana defendió el uso de herramientas como el análisis de decisión multicriterio o el retorno social de la inversión (SROI). Aunque reconoció que pueden añadir complejidad al proceso, subrayó que permitirían una evaluación más justa, equitativa y alineada con una sanidad sostenible.

Profesionales y pacientes, piezas clave

La jornada también puso de relieve la importancia de integrar de forma activa a profesionales sanitarios y pacientes en la evaluación de tecnologías. Según Javier de Castro, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), los sanitarios aportan tanto el conocimiento científico como la experiencia directa con los pacientes, lo que les sitúa en una posición clave para valorar el impacto real de los tratamientos.

Para cerrar el encuentro, Jaime Espín propuso comenzar de forma progresiva, midiendo el valor social de medicamentos dirigidos a patologías pediátricas, Alzheimer y Parkinson, ámbitos en los que existe un consenso claro sobre su impacto más allá del sistema sanitario.

Un primer paso, coinciden los expertos, para avanzar hacia un modelo de evaluación que no solo mida costes y eficacia, sino también dignidad, autonomía y bienestar social.

El síndrome de Asperger forma parte de los trastornos del espectro del autismo (TEA) y se caracteriza por dificultades en la interacción social, patrones de comportamiento rígidos y una forma particular de procesar la información. Reconocer estas características desde edades tempranas resulta determinante para favorecer un desarrollo emocional más equilibrado y prevenir dificultades posteriores en el ámbito personal y social.

?Los primeros indicios suelen manifestarse en la infancia, aunque en muchos casos pasan desapercibidos durante años, sobre todo cuando existe una buena adaptación socio-familiar y rendimiento académico. Algunas señales precoces que pueden sugerir este trastorno pueden ser la dificultad para interpretar normas sociales o para comprender los dobles sentidos (como el lenguaje figurado, los dobles sentidos, las metáforas, bromas o chistes?) o la rigidez y dificultad adaptarse a cambios imprevistos; y en ocasiones también las dificultades para establecer vínculos cercanos. Cuando estas características no se identifican de forma precoz, pueden generar incomprensión y un malestar emocional progresivo?, declara Carlos Atef Harkous, jefe de servicio de Salud Mental del Hospital Blua Sanitas Valdebebas.

El diagnóstico en las primeras etapas de la vida permite la intervención precoz en los servicios de atención temprana o en dispositivos sanitarios especializados lo cual puede prevenir dificultades posteriores en todos los ámbitos. ?El objetivo no consiste en etiquetar, sino en ofrecer apoyos ajustados desde el principio para ayudar a un desarrollo óptimo?, añade Carlos Atef Harkous.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la potencial repercusión asociada al síndrome de Asperger no se limita a la infancia. Durante la adolescencia y la edad adulta, las particularidades en la gestión emocional o la interacción social de estas personas pueden convertir determinadas situaciones cotidianas en especialmente complejas y generar un impacto directo sobre la autoestima y la salud mental de estos individuos.

Bajo esta perspectiva, Carlos Atef Harkous indica que ?un diagnóstico temprano abre la posibilidad de trabajar de manera progresiva las habilidades sociales y las estrategias de regulación emocional, lo que contribuye a mitigar el malestar asociado a situaciones reiteradas de incomprensión en la relación con otras personas?.

Pautas para mejorar el bienestar emocional.

Se estima que, de las 470.000 personas que hay con TEA en España, entre un 18% y un 25% presentarían síndrome de Asperger, según la Confederación Asperger España. Para mejorar el día a día e impulsar el bienestar emocional los expertos recomiendan a las familias una serie de pautas:

·       Favorecer rutinas estables y previsibles, con una adecuada anticipación de cambios y una explicación previa de las situaciones nuevas. Esta organización reduce la ansiedad y aporta una mayor sensación de control.

·       Utilizar una comunicación clara y directa, sin ironías, dobles sentidos ni mensajes ambiguos. Explicar las normas sociales de forma explícita ayuda a prevenir malentendidos y frustración.

·       Respetar las particularidades sensoriales, con ajustes, cuando sea posible, en estímulos como el ruido, la iluminación o los espacios, principalmente en momentos de mayor sobrecarga emocional.

·       Reforzar la autoestima mediante el reconocimiento cotidiano, con atención a los logros diarios, como participar en una actividad social, y a la validación de las emociones, incluso cuando resultan difíciles de expresar.

·       Mantener una coordinación continua con profesionales sanitarios, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta, así como con el entorno educativo, con el fin de ajustar las estrategias de apoyo a cada etapa y evitar respuestas desalineadas.

Alberto Borobia, responsable de Investigación Clínica del Hospital Universitario La Paz

«Los ensayos clínicos deben ser representativos, contar con la población que va a recibir esos tratamientos»

La investigación clínica no puede avanzar sin la participación activa de los pacientes. Así lo defiende Alberto Borobia, responsable de Investigación Clínica del Hospital Universitario La Paz de Madrid, en una entrevista concedida a Somos Pacientes, en la que subraya el papel determinante que desempeñan las asociaciones de pacientes para reforzar la confianza en los ensayos clínicos y garantizar que los resultados sean realmente representativos de la población.

Borobia destaca que la investigación clínica es el paso imprescindible para que nuevos tratamientos lleguen a la práctica asistencial. Sin embargo, advierte de que la participación no siempre es homogénea. Determinadas poblaciones pueden quedar infrarepresentadas, lo que compromete la aplicabilidad de los resultados en la vida real. ?Es muy importante que los ensayos clínicos reflejen a la población que finalmente va a recibir esos tratamientos?, explica.

En este contexto, las asociaciones de pacientes actúan como puente entre el sistema sanitario y la ciudadanía, facilitando información, despejando dudas y contribuyendo a generar una cultura de participación basada en la transparencia y la confianza.

Asociaciones que generan confianza y participación

Uno de los grandes retos de la investigación clínica es combatir la desinformación y el miedo que todavía rodean a los ensayos. Borobia considera que las organizaciones de pacientes cumplen una función estratégica: mejorar la percepción social de la investigación y promover una participación informada y voluntaria.