Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Cuando hablamos de enfermedades raras hablamos de personas. De niños y adultos con sueños, miedos y proyectos de vida. De familias que sostienen, acompañan y luchan. De profesionales que investigan contra reloj. Y de una sociedad que todavía tiene el reto de mirar esta realidad de frente, con justicia y empatía.

En Europa, una enfermedad es considerada rara cuando afecta a menos de 5 de cada 10.000 personas. Sin embargo, en conjunto no son una excepción: se estima que alrededor de 300 millones de personas en el mundo conviven con alguna de estas patologías; 3 millones en España. Aun así, más de la mitad de las familias esperan más de seis años para lograr un diagnóstico, y solo un 6% de las más de 6.500 enfermedades raras identificadas cuentan con tratamiento. Estos datos no son sólo cifras: son años de incertidumbre, de peregrinaje médico, de impacto emocional, social y económico.

Los retos actuales son claros, y tienen un nombre común: inequidad. El acceso al diagnóstico, a las pruebas genéticas, a tratamientos, a terapias de rehabilitación, a atención temprana o a apoyos sociales depende todavía demasiado del código postal. Depende de dónde vivas. Incluso de dónde nazcas. La fragmentación de la información, de la investigación y de las políticas sanitarias y sociales genera diferencias injustas entre territorios y deja a muchas personas atrás.

Investigación

A ello se suma otro desafío estructural: el desconocimiento. Las enfermedades raras necesitan más investigación, más datos epidemiológicos, más registros, más transferencia de conocimiento desde el laboratorio hasta la consulta. Necesitamos sistemas que incentiven la investigación, que eviten duplicidades, que conecten lo que ya existe y que apuesten por la medicina personalizada y de precisión.

Porque diagnosticar antes no sólo cambia un pronóstico clínico: cambia una vida, reduce el impacto psicológico y permite a las familias planificar, entender y tomar decisiones. Sin embargo, junto a estos retos, hay un mensaje de esperanza que también debemos contar: la calidad de vida de muchas personas con enfermedades raras ha mejorado de forma notable en los últimos años gracias a los avances científicos y al trabajo conjunto de pacientes, profesionales, entidades e instituciones.

La genética y la genómica han abierto puertas impensables hace apenas una década. Las técnicas de secuenciación han acortado tiempos diagnósticos en muchos casos, y proyectos como Únicas, en colaboración con el Hospital Sant Joan de Déu, que conectan hospitales y equipos expertos en red para aplicar la genómica avanzada a niños con sospecha de enfermedad rara sin diagnóstico, están demostrando que organizar el conocimiento y la tecnología también salva tiempo, sufrimiento e incertidumbre. La medicina personalizada permite tratamientos más ajustados a cada persona. Han surgido nuevas terapias dirigidas, medicamentos huérfanos, ensayos clínicos específicos y modelos de atención más integrales.

Atención

También ha evolucionado la mirada. Hoy hablamos más de atención integral, de salud mental, de cuidados paliativos pediátricos cuando son necesarios, de coordinación sociosanitaria, de inclusión educativa y laboral. Sabemos que no basta con tratar una enfermedad: hay que acompañar a la persona en todas las dimensiones de su vida.

Pero estos avances no pueden ser un privilegio para unos pocos. Deben convertirse en derechos efectivos para todos. Por eso, desde FEDER impulsamos una transformación social basada en tres grandes ejes: más investigación y conocimiento; acceso rápido y en equidad al diagnóstico; y acceso en tiempo y condiciones justas a tratamientos y terapias. Todo ello con la participación activa de los pacientes y sus entidades, y con una visión transversal.

El Día Mundial de las Enfermedades Raras nos recuerda algo esencial: nadie debería sentirse solo ante una enfermedad poco frecuente. Porque cada pERsona importa no es solo un lema. Es una forma de construir políticas públicas, sistemas sanitarios y comunidades más humanas. Es entender que cada historia suma, que cada paso cuenta y que detrás de cada diagnóstico hay una vida que merece ser vista, escuchada y comprendida.

Autor:

Juan Carrión
Presidente de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) y de su fundación

La Fundación Pasqual Maragall ha dado a conocer uno de los proyectos seleccionados en la cuarta edición del Pasqual Maragall Researchers Programme (PMRP), su programa de becas de investigación destinado a impulsar estudios innovadores sobre el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas asociadas a la edad. En esta edición, cofinanciada por la Fundación Adey, el programa de becas destinará un total de 1,6 millones de euros para impulsar proyectos de investigación clínica o traslacional. 

En este caso, la beca ha sido concedida a la Dra. Amayra Hernández-Vega, investigadora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), por su proyecto centrado en el estudio de las fases más tempranas de la enfermedad de Alzheimer. La investigación analiza los cambios iniciales de la proteína tau, clave en la estructura neuronal, cuando empieza a modificar su comportamiento y a formar agregados patológicos, con el objetivo de identificar los mecanismos que desencadenan la enfermedad y abrir la puerta a futuras estrategias de intervención precoz antes de la aparición de los síntomas clínicos. 

«El objetivo del proyecto es generar nuevo conocimiento sobre los mecanismos que desencadenan la enfermedad en sus fases iniciales mediante modelos experimentales complementarios, con la finalidad de contribuir a mejorar el pronóstico y la calidad de vida de las personas afectadas», aseguró la Dra Hernández-Vega. 

El proyecto se desarrollará en colaboración con la Dra. Natalia Rodríguez-Muela, del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas (DZNE), y combinará modelos in vitro y modelos humanos de Alzheimer familiar para detectar factores asociados a la edad y posibles inhibidores que permitan frenar esta transición patológica en las primeras etapas de la enfermedad. 

Una beca para hacer ciencia

Durante la entrega de la beca, el Dr. Arcadi Navarro, director de la Fundación Pasqual Maragall, señaló que «la Fundación tiene por objetivo hacer ciencia, pero también reforzar la ciencia de todo el país, porque sabemos que tenemos el talento, la capacidad y la experiencia necesarios. Es imprescindible nutrir este talento, ya que las soluciones definitivas que nos permitirán erradicar el Alzheimer sólo pueden venir de la generación de más y mejor investigación.» 

El proyecto galardonado fue presentado durante una charla divulgativa sobre el sueño y la salud cerebral, titulada «Impacto del sueño en la salud cerebral», a cargo de la Dra. Ana Fernández Arcos, neuróloga y coordinadora médica de Operaciones Clínicas e investigadora en el Grupo de Investigación Clínica y en Factores de Riesgo por Enfermedades Neurodegenerativas del Barcelona?eta Brain Research Center (BBRC).  

«Dormir de manera insuficiente o con una calidad deficiente tiene un impacto directo sobre las funciones cognitivas y puede contribuir al deterioro cerebral a largo plazo, especialmente en personas con factores de riesgo asociados al Alzheimer», aseguró la Dra. Fernández Arcos. 

La transformación digital del sistema sanitario avanza con rapidez, pero su impacto real en la mejora de la atención y la equidad depende de una cuestión esencial: la calidad y la gobernanza de los datos. Esta fue una de las principales conclusiones del último encuentro de los Desayunos POP, organizado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes con el apoyo de Servimedia, bajo el título Inteligencia Artificial y datos en salud: el papel de los pacientes en la toma de decisiones.

En el debate participaron representantes del ámbito clínico, jurídico, investigador y del movimiento asociativo, que coincidieron en que la innovación tecnológica sólo tendrá sentido si se orienta a mejorar los resultados en salud y a reducir desigualdades, no a generar más complejidad o desconfianza.

Durante el encuentro se explicó que España cuenta con más de un millar de programas de gestión sanitaria digital, aunque también se puntualizó que la abundancia de información no garantiza su utilidad. Los expertos alertaron de que gran parte de los datos recogidos en el sistema sanitario no reflejan fielmente la situación real de los pacientes ni permiten una explotación eficaz para mejorar diagnósticos o seguimientos.

El director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos, Julio Mayol, advirtió que muchos de los datos disponibles son ?un artefacto social? que dificulta su aplicación clínica, mientras que los generados por dispositivos de monitorización personal pueden resultar, en algunos casos, más representativos del estado de salud de los pacientes. Esta reflexión conecta con una demanda creciente: integrar de forma estructurada los datos generados por los propios pacientes ?experiencia, calidad de vida o resultados percibidos? en la toma de decisiones sanitarias.

La mirada de los pacientes, imprescindible

El director general de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, Pedro Carrascal, subrayó que las personas con enfermedades crónicas ven en la innovación tecnológica una oportunidad para acceder a mejores diagnósticos y tratamientos, siempre que la gestión del dato sea eficiente y esté orientada a resultados.

Sin embargo, también recordó que existen preocupaciones reales: cerca de un 28% de los pacientes sitúan la seguridad y la privacidad de sus datos como una inquietud prioritaria, y alrededor de un 26% teme posibles errores derivados del uso de la inteligencia artificial. A ello se suma el recelo de que la digitalización pueda traducirse en una pérdida de humanización en la relación asistencial.

Para la POP, la gobernanza del dato no puede abordarse únicamente desde una perspectiva técnica o tecnológica, sino que debe incorporar la voz de los pacientes para garantizar transparencia, confianza y equidad.

Consentimiento y anonimización

En el plano legal, el jefe del Servicio Jurídico de la Consejería de Salud de Cantabria, Joaquín Cayón, defendió la seudonimización frente a la anonimización de los datos como fórmula que permitiría realizar estudios prospectivos y hacer seguimiento sin comprometer la protección de la identidad.

Cayón también planteó la necesidad de superar una cultura basada exclusivamente en el consentimiento individual para compartir datos, recordando que la información sanitaria tiene un interés público que puede justificar su uso con fines de investigación e innovación, siempre bajo garantías adecuadas. El debate pone de relieve el delicado equilibrio entre protección de derechos individuales y aprovechamiento colectivo del conocimiento.

Evitar errores del pasado

Los participantes coincidieron en que la regulación europea y las estrategias nacionales son necesarias, pero insuficientes si no se acompañan de una transformación cultural profunda en la gestión del dato. ?Llevamos años clamando por una única historia clínica digital europea. Pero esa historia se ha hecho en base a otros pensamientos y diferentes terminologías, que no se han codificado de una manera homogénea», puntualizó Jaime del Barrio, miembro de la junta directiva de la Asociación de Salud Digital.

Según los datos que aportó durante su intervención, el 40% de las estrategias marcadas en el sistema sanitario español son ineficientes, según la OMS, y el 65% de las pruebas diagnósticas que se realizan se duplican, a veces incluso en un mismo hospital. Y, desde su punto de vista, estos resultados se pueden ir mejorando con una buena arquitectura y gobernanza del dato sanitario.

  • Si te perdiste este #DesayunosPOP, puedes verlo aquí: