La retinopatía diabética, una de las principales causas de pérdida de visión en personas con diabetes, podría empezar a detectarse mucho antes de que aparezcan lesiones visibles en la retina. Un estudio liderado por la Unidad de Investigación Oftalmológica ?Santiago Grisolía? de FISABIO y apoyado por la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI) ha identificado biomarcadores de inflamación y daño vascular en el humor acuoso del ojo en fases iniciales de la enfermedad, cuando todavía no existen signos clínicos detectables en el fondo de ojo.
Este hallazgo supone un paso relevante hacia un modelo más preventivo y personalizado en el abordaje de la retinopatía diabética, una complicación frecuente de la diabetes mellitus tipo 2 que puede avanzar de forma silenciosa durante años antes de provocar síntomas visuales.
El estudio, publicado en la revista International Journal of Molecular Sciences, ha analizado el humor acuoso ?un líquido transparente situado en la parte anterior del ojo? y ha comprobado que las personas con retinopatía diabética no proliferativa en fases iniciales presentan niveles elevados de moléculas asociadas a inflamación crónica y alteraciones vasculares en comparación con pacientes diabéticos sin retinopatía y con personas sanas.
Antes de lo que se ve
Entre los biomarcadores detectados destacan interleucinas como la IL-1? y la IL-6, implicadas en procesos inflamatorios; el VEGF, relacionado con la formación anómala de nuevos vasos sanguíneos; el GM-CSF, que estimula células del sistema inmunitario; y quimiocinas como MCP-1 o IP-10. La presencia aumentada de estas moléculas sugiere que la retina y el entorno ocular ya están sometidos a un proceso inflamatorio incluso antes de que los oftalmólogos puedan observar daños estructurales.
Para las personas con diabetes, esto significa que la enfermedad podría estar avanzando de manera silenciosa durante años, lo que refuerza la importancia de controles periódicos y abre la posibilidad de incorporar en el futuro herramientas moleculares que permitan anticiparse al deterioro visual.
Hacia una estratificación del riesgo más precisa
Los investigadores señalan que esta ?firma inflamatoria y angiogénica? podría utilizarse como herramienta de diagnóstico precoz y de estratificación del riesgo. En la práctica, permitiría identificar a los pacientes con mayor probabilidad de progresión antes de que desarrollen lesiones irreversibles.
Este enfoque encaja con las demandas de muchas asociaciones de personas con diabetes, que reclaman un seguimiento más individualizado y estrategias que prioricen la prevención frente a la intervención tardía. Detectar a tiempo qué pacientes presentan mayor riesgo podría facilitar ajustes en el control metabólico, revisiones más frecuentes o incluso el desarrollo de tratamientos dirigidos específicamente contra los mediadores inflamatorios identificados.
Más que una enfermedad vascular
Tradicionalmente, la retinopatía diabética se ha considerado una complicación derivada del daño vascular provocado por niveles elevados de glucosa en sangre. Sin embargo, los resultados de esta investigación refuerzan la idea de que se trata también de una enfermedad inflamatoria desde sus fases más tempranas.
Este cambio de enfoque no es menor. Si la inflamación desempeña un papel clave desde el inicio, los tratamientos actuales ?centrados principalmente en frenar la proliferación de vasos anómalos en fases más avanzadas? podrían complementarse en el futuro con terapias antiinflamatorias dirigidas a etapas iniciales, cuando todavía es posible preservar la visión.
Un aspecto especialmente relevante para la práctica clínica es que el humor acuoso puede obtenerse de forma segura durante intervenciones habituales, como cirugías de cataratas o glaucoma. Esto abre la puerta a utilizar este fluido como fuente de información biológica para evaluar el riesgo individual de progresión y personalizar el seguimiento.
La investigación se enmarca en el trabajo de la Red de Enfermedades Inflamatorias, una estructura colaborativa financiada por el Instituto de Salud Carlos III que agrupa a 33 grupos de investigación y más de 400 investigadores en España. Su objetivo es impulsar la medicina personalizada y trasladar biomarcadores validados a la práctica clínica.