La terapia con fagos vuelve a situarse en el centro del debate científico como una posible respuesta frente a uno de los mayores retos actuales de la salud pública: las resistencias a los antibióticos. Este enfoque terapéutico, basado en el uso de virus capaces de infectar y destruir bacterias de forma selectiva, está siendo reevaluado por la comunidad científica ante el aumento sostenido de infecciones causadas por bacterias multirresistentes, responsables de más de 24.000 muertes anuales en España, una cifra muy superior a la registrada por los accidentes de tráfico .
El potencial de la fagoterapia fue uno de los ejes centrales del IV Encuentro de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) con comunicadores sanitarios. La iniciativa, desarrollada junto a la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS), sirvió para analizar los últimos avances en medicina de precisión aplicada a las enfermedades infecciosas y para reflexionar sobre los cambios necesarios en el abordaje diagnóstico y terapéutico de estas patologías.
Un enfoque antiguo con nuevas oportunidades
Aunque pueda parecer una innovación reciente, la terapia con fagos se utilizaba ya a principios del siglo XX para tratar infecciones bacterianas en humanos y animales. Su desarrollo quedó relegado en muchos países occidentales a partir de la década de 1940, coincidiendo con la expansión de los antibióticos, más fáciles de producir y administrar. Sin embargo, el aumento de las resistencias ha devuelto el interés a esta estrategia, que destaca por su alta especificidad: cada fago actúa sobre bacterias concretas, sin dañar al resto de la microbiota.
Según explicaron los expertos reunidos en el encuentro, esta capacidad abre la puerta a tratamientos personalizados y a combinaciones terapéuticas con antibióticos convencionales. De hecho, uno de los aspectos más prometedores es la posibilidad de que el uso conjunto de fagos y antibióticos permita que bacterias resistentes recuperen su sensibilidad a estos fármacos, ampliando así las opciones terapéuticas disponibles.
“La fagoterapia representa la frontera entre una crisis sanitaria y una oportunidad científica”, señaló María del Mar Tomás, vocal de comunicación de SEIMC. En su opinión, el rescate de este enfoque puede contribuir a un cambio de paradigma en el tratamiento de las infecciones, aunque todavía existen barreras importantes para su implantación a gran escala.
Retos regulatorios y científicos
Entre los principales obstáculos identificados se encuentra la necesidad de impulsar ensayos clínicos robustos que permitan definir con claridad en qué pacientes y en qué situaciones la fagoterapia ofrece mayores beneficios. A nivel europeo, la Agencia Europea de Medicamentos ya ha publicado una guía regulatoria para la producción industrial de fagos, pero en España aún no existe un marco normativo específico que facilite su desarrollo estandarizado como medicamentos.
En la actualidad, el uso de fagos se limita mayoritariamente a contextos experimentales y a tratamientos individualizados autorizados caso por caso. Estos trabajos suelen apoyarse en proyectos de investigación coordinados entre sociedades científicas, hospitales y organismos públicos, lo que refleja tanto el interés creciente como la complejidad de trasladar este enfoque a la práctica clínica habitual.
Diagnóstico rápido y atención continuada
El encuentro también puso de relieve la importancia del diagnóstico precoz y preciso como pilar de la medicina de precisión en enfermedades infecciosas. En los últimos años, las técnicas de diagnóstico rápido en microbiología clínica han permitido identificar el microorganismo causante de una infección en pocas horas, facilitando la elección del tratamiento más adecuado desde fases muy tempranas.
Para aprovechar todo su potencial, los especialistas insistieron en la necesidad de reforzar los servicios de microbiología clínica con atención continuada 24 horas al día, siete días a la semana. “Las infecciones no esperan”, advirtió Patricia Ruiz, vicepresidenta de SEIMC. En procesos graves como la sepsis, cada hora de retraso en la administración del tratamiento óptimo incrementa de forma significativa la mortalidad, lo que subraya la relevancia de contar con estructuras asistenciales preparadas para actuar con rapidez.
Formación especializada
Otro de los temas abordados fue la necesidad de avanzar en la formación de especialistas en enfermedades infecciosas. Desde SEIMC se defendió la creación de una especialidad MIR propia, frente a otras fórmulas formativas, como las áreas de capacitación específica, que podrían resultar insuficientes ante la complejidad creciente de este campo.
El presidente de la sociedad científica, el doctor Javier Membrillo, subrayó que la aparición de nuevas amenazas infecciosas, el aumento de las resistencias antimicrobianas y el desarrollo de terapias personalizadas requieren profesionales altamente cualificados desde el inicio de su carrera. La evidencia disponible muestra que la atención por especialistas en enfermedades infecciosas se asocia con una reducción de la mortalidad hospitalaria y de los costes de la estancia.