La nueva pirámide nutricional publicada recientemente en Estados Unidos ha abierto un debate entre profesionales sanitarios por la distancia existente entre algunos de sus mensajes gráficos y la evidencia científica actual. Desde el Grupo de Trabajo de Nutrición de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), el análisis es claro: aunque el texto de la guía incorpora recomendaciones acertadas, su representación visual puede inducir a interpretaciones confusas o incluso contrarias a la prevención de enfermedades crónicas.
Los representantes de la sociedad médica subrayan que el documento estadounidense acierta al poner el foco en la comida real y en la necesidad de reducir el consumo de ultraprocesados, azúcares añadidos, sal y alcohol. Sin embargo, consideran que estos mensajes no quedan suficientemente reflejados en la iconografía de la pirámide, un elemento clave para la educación nutricional de la población general.
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“La forma en la que se transmite la información importa tanto como el contenido”, señalan desde Semergen a través de un comunicado, alertando del riesgo de simplificaciones que pueden derivar en hábitos poco saludables.

La carne roja, en el centro de la polémica
Uno de los puntos más controvertidos es la posición destacada que la pirámide otorga a la carne roja en su base. Para el grupo de expertos de Semergen, esta ubicación puede interpretarse como una invitación a aumentar su consumo, un mensaje que no se corresponde con la evidencia científica disponible. Numerosos estudios han asociado una ingesta elevada de carne roja con un mayor riesgo cardiovascular y de cáncer colorrectal.
Aunque el texto de la guía limita las grasas saturadas al 10% del aporte energético total, los médicos consideran que el mensaje visual no transmite con claridad esa restricción. “La población se queda con la imagen, no con el matiz”, advierten, recordando que la educación en salud debe evitar ambigüedades, especialmente en un contexto de elevada prevalencia de enfermedades cardiovasculares.
Grasas saludables: un mensaje que se diluye
Otra de las críticas se centra en el tratamiento de las grasas. Desde Semergen consideran llamativo que la guía equipare grasas insaturadas con sólidos beneficios demostrados, como el aceite de oliva virgen extra, con otras grasas culinarias de perfil claramente aterogénico, como la mantequilla o el sebo de res. Esta equiparación, señalan, resta fuerza a un mensaje clave en prevención cardiovascular.
La evidencia que respalda el papel del aceite de oliva virgen extra como grasa de referencia es sólida y está avalada por grandes estudios realizados en España, como Predimed o Cordioprev. Para los profesionales de atención primaria, diluir este mensaje supone una oportunidad perdida para reforzar patrones dietéticos protectores.
Por otra parte, la escasa representación de las fuentes proteicas de origen vegetal es otro de los aspectos que preocupa a la organización médica. Las legumbres, pese a su amplio respaldo científico y a su papel central en patrones alimentarios saludables y sostenibles, ocupan un lugar secundario en la pirámide estadounidense.
Los expertos recuerdan que promover el consumo de legumbres tiene beneficios demostrados para la salud cardiovascular y metabólica, y también contribuye a modelos de alimentación más respetuosos con el medio ambiente. “Infrarrepresentarlas es desaprovechar una herramienta clave de salud pública”, apuntan.
Un avance conceptual que necesita contexto
Entre los elementos positivos, Semergen valora que la nueva guía incorpore por primera vez un enfoque que va más allá del simple recuento calórico y de macronutrientes. Poner el acento en el grado de procesamiento de los alimentos y en la limitación de aditivos, colorantes y edulcorantes es, a juicio de los médicos, un paso en la buena dirección.
No obstante, alertan de que la diferenciación entre “snacks saludables” y no saludables puede generar una falsa sensación de seguridad si no va acompañada de una educación nutricional adecuada. “El riesgo es que se siga consumiendo producto innecesario bajo una etiqueta de saludable”, advierten.
Frente a estas dudas, la sociedad reitera su posicionamiento firme a favor de la dieta mediterránea como patrón alimentario de referencia. Se trata de un modelo ampliamente avalado por la evidencia científica en la prevención cardiovascular y en el abordaje integral de múltiples patologías crónicas.
Este patrón se basa en el predominio de alimentos de origen vegetal —verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y frutos secos—, el uso del aceite de oliva virgen extra como grasa principal y un consumo moderado de alimentos de origen animal, especialmente de carnes rojas. Por otra parte, desde Semergen insisten en que las guías alimentarias deben ser herramientas útiles, comprensibles y coherentes con la ciencia, y transmitir mensajes claros y alineados con la evidencia.