Las nuevas tecnologías han abierto espacios de comunicación y participación, pero también se han convertido en herramientas para ejercer control, abuso y violencia. Así lo ha denunciado la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), que ha alertado sobre el impacto específico que estas prácticas tienen en mujeres jóvenes sordas. La entidad abordó esta problemática en el seminario online No es broma, es violencia, un encuentro en el que participaron responsables de la Comisión de Juventud Sorda y expertas en políticas de igualdad de género de la organización.
Durante la sesión se analizó cómo las dinámicas tradicionales de violencia machista se trasladan al entorno digital, adoptando nuevas formas pero manteniendo los mismos patrones de desigualdad. Entre las conductas detectadas se encuentran el cibercontrol a través del teléfono móvil, la exigencia de contraseñas, la geolocalización permanente, el envío insistente de mensajes, el ciberacoso, la sextorsión o la difusión no consentida de imágenes íntimas.
A ello se suma el uso de herramientas de inteligencia artificial para manipular imágenes con fines de humillación y amenaza, así como la proliferación de espacios digitales que difunden discursos antifeministas y de odio hacia las mujeres. Desde la CNSE subrayan que no se trata de hechos aislados ni de “bromas” sin consecuencias. “La violencia digital no es una violencia menor. Tiene consecuencias reales en la salud mental, en la autoestima y en la autonomía de las víctimas”, advirtió Vanessa Legrand, vocal de la Comisión de Juventud Sorda.
Accesibilidad, condición imprescindible
Uno de los ejes centrales del encuentro fue la accesibilidad lingüística. La CNSE ha reclamado que cualquier estrategia de sensibilización, prevención y atención frente a la violencia digital debe incorporar de manera transversal la lengua de signos.
“No se puede hablar de erradicación de la violencia si parte de la información no es accesible”, defendieron las ponentes durante la sesión. Incluir la lengua de signos no es una medida complementaria, sino una condición imprescindible para garantizar que las mujeres sordas conozcan sus derechos y los recursos disponibles en igualdad de condiciones.
En este contexto, la CNSE destacó recursos específicos como la Plataforma ALBA, una herramienta digital adaptada a las necesidades comunicativas de las mujeres sordas que ayuda a reconocer e identificar la violencia ejercida en Internet . También presentó la guía de prevención La realidad tras las redes sociales, que incluye códigos QR con vídeos informativos en lengua de signos y orientaciones prácticas sobre seguridad digital y derechos.
Un compromiso colectivo
Cristina López, experta en igualdad de género de la entidad, insistió en la importancia de trabajar la prevención desde edades tempranas y desde un enfoque integral. Desde su punto de vista, no basta con saber utilizar la tecnología; es necesario comprender sus riesgos y aprender a identificar señales de control o abuso.
La principal conclusión de la jornada se centró en que frenar las ciberviolencias exige la implicación conjunta de instituciones, plataformas digitales, comunidad educativa y sociedad civil. Incluyendo en esta labor conjunta a las mujeres sordas, evitando que queden fuera de campañas, recursos y dispositivos de protección. En este sentido, desde la CNSE se recordó que la accesibilidad no es un añadido, sino un derecho.