El ayuno intermitente, las dietas cetogénicas o las denominadas low carb, que limitan de forma severa el consumo de hidratos de carbono, son algunas de las conocidas como “modas nutricionales” que están ganando terreno en la alimentación infantil y familiar, impulsadas en gran parte por las redes sociales y la rápida difusión de contenidos en internet. Sin embargo, los pediatras de Atención Primaria advierten de que muchas de estas tendencias carecen de evidencia científica sólida y pueden suponer riesgos para la salud de niños y adolescentes.
Así lo han señalado especialistas reunidos en el 22º Congreso de Actualización en Pediatría, organizado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), donde han analizado el impacto de estas prácticas en el desarrollo infantil.
Entre las tendencias más preocupantes destacan la exclusión injustificada de determinados alimentos, la adopción de dietas restrictivas o la popularización de supuestos “superalimentos” sin respaldo clínico. Estas prácticas pueden provocar déficits nutricionales, alteraciones del crecimiento o favorecer una relación poco saludable con la comida, especialmente en etapas clave del desarrollo.
La pediatra Marta Castell, del Centro de Salud Campanar de Valencia y coordinadora del grupo de Gastroenterología, Nutrición y Endocrinología Infantil de AEPap, explica que cada vez más familias acuden a consulta con interés por mejorar la alimentación de sus hijos, pero también con una gran confusión entre información científica y modas pasajeras. Según señala, la enorme cantidad de contenidos sobre nutrición que circula en redes sociales resulta a menudo contradictoria y puede generar decisiones alimentarias basadas en la desinformación.
Por ello, los especialistas destacan el papel fundamental del pediatra de Atención Primaria como referencia para orientar a las familias, desmontar mitos y promover hábitos saludables desde las primeras etapas de la vida. La consulta pediátrica, ya sea presencial o telemática, sigue siendo el espacio adecuado para plantear dudas y recibir asesoramiento basado en la evidencia científica.
Riesgos diferentes según la edad
Las modas nutricionales afectan a todas las etapas de la infancia y adolescencia, aunque los riesgos cambian según la edad. En los lactantes, las dudas suelen centrarse en la alimentación complementaria, el uso de fórmulas infantiles o prácticas como el baby led weaning. Durante la etapa preescolar y escolar, son frecuentes las decisiones de retirar lactosa o gluten sin diagnóstico médico, así como las dudas sobre dietas vegetarianas o la necesidad de suplementación nutricional.
Sin embargo, el grupo más vulnerable a estas tendencias es el de los adolescentes, ya que los mensajes difundidos por influencers o personajes públicos pueden influir de manera importante en sus hábitos alimentarios. En esta etapa se popularizan dietas para perder peso, regímenes restrictivos como la dieta cetogénica o keto, el ayuno intermitente y el consumo de suplementos deportivos, a menudo sin supervisión médica.
Según los pediatras, estas prácticas pueden generar déficits de micronutrientes o de aporte energético, especialmente en un periodo de crecimiento acelerado. Además, en algunos casos pueden ocultar problemas relacionados con la autoestima o el peso corporal y favorecer conductas alimentarias de riesgo o incluso el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.
El auge de dietas restrictivas entre jóvenes
Las dietas cetogénicas, por ejemplo, implican un consumo muy elevado de grasas —hasta el 70 % de la ingesta diaria— y una fuerte restricción de carbohidratos, lo que provoca un estado metabólico conocido como cetosis. Aunque en adultos pueden tener ciertos beneficios en contextos específicos, en adolescentes pueden provocar alteraciones del perfil lipídico, déficits vitamínicos y minerales, fatiga o dificultades de concentración si no se planifican correctamente.
Los especialistas insisten en que, en jóvenes con sobrepeso u obesidad, algunas estrategias dietéticas pueden ser seguras, pero siempre bajo supervisión profesional y dentro de un enfoque integral de salud.
“Re-mediterranizar” la alimentación infantil
Durante el congreso también se ha abordado la obesidad infantil, que continúa siendo uno de los principales retos de salud pública. Según el informe Aladino 2023, el 36,1 % de los niños españoles de entre 6 y 9 años tiene exceso de peso, con un 20,2 % de sobrepeso y un 15,9 % de obesidad. Además, los datos de la iniciativa europea COSI sitúan a España entre los países con mayores tasas de exceso de peso infantil.
Los expertos consideran que esta situación refleja una paradoja: España cuenta con uno de los patrones alimentarios más saludables del mundo sobre el papel, pero presenta una de las tasas más elevadas de obesidad infantil en Europa. Por ello, los pediatras defienden la necesidad de “re-mediterranizar” la mesa familiar, recuperando los principios de la dieta mediterránea como base de la alimentación infantil.
Leche y bebidas vegetales: dudas frecuentes
Otro de los temas analizados ha sido el crecimiento del consumo de bebidas vegetales en la dieta infantil, que ha aumentado más de un 75 % en la última década. Muchas familias optan por estas alternativas debido a la percepción de que la leche puede provocar problemas digestivos, especialmente relacionados con la lactosa.
Sin embargo, los pediatras recuerdan que en los menores de tres años entre el 25 % y el 30 % de la ingesta calórica diaria procede de productos lácteos, por lo que la elección del tipo de leche o bebida sustitutiva resulta clave para garantizar un desarrollo nutricional adecuado.
La leche de vaca entera continúa siendo una de las opciones más habituales, ya que aporta proteínas, grasas, calcio y vitamina D, aunque no contiene hierro ni vitamina C. Las fórmulas infantiles de continuación y crecimiento presentan un contenido proteico menor y suelen incluir grasas vegetales enriquecidas con ácidos grasos esenciales como DHA y EPA, lo que puede aportar beneficios en determinados casos.
En cuanto a las bebidas vegetales, los especialistas advierten de que no todas tienen el mismo valor nutricional. Las bebidas de arroz, por ejemplo, no se recomiendan en menores de tres años debido a su contenido en arsénico y su bajo aporte de proteínas, calcio y hierro. Otras alternativas como soja, avena o almendra pueden resultar útiles en casos de intolerancia a la lactosa, pero deben evaluarse dentro del conjunto de la dieta.
En cualquier caso, los pediatras subrayan que la elección del tipo de bebida debe basarse en las necesidades nutricionales del niño, su patrón alimentario global y su situación clínica, siempre con el asesoramiento de profesionales sanitarios.