La infección por VIH continúa teniendo un impacto relevante en la salud de las mujeres y plantea retos específicos que requieren incorporar una perspectiva de género en las estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento. Aunque en España la mayoría de los nuevos diagnósticos se registran en hombres, las mujeres presentan diferencias epidemiológicas, biológicas y sociales que condicionan su vulnerabilidad frente al virus, la evolución clínica de la infección y el acceso a las medidas preventivas.

Ante esta realidad, el Grupo de Estudio del Sida de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica recuerda que el impacto del VIH en las mujeres sigue siendo significativo a nivel global y que es necesario adaptar las políticas sanitarias a estas particularidades. Según los datos más recientes de ONUSIDA, en 2024 se estimaba que 40,8 millones de personas vivían con VIH en el mundo, de las cuales el 53% eran mujeres, lo que refleja el peso de los factores sociales y de género en la evolución de la epidemia.

En España, el patrón epidemiológico presenta una diferencia clara entre hombres y mujeres. Los datos de vigilancia epidemiológica indican que en 2023 se notificaron 2.847 nuevos diagnósticos en hombres frente a 492 en mujeres, lo que supone una ratio cercana a 2,7 hombres por cada mujer diagnosticada. La tasa de nuevos diagnósticos también muestra esta brecha, con 8 casos por cada 100.000 hombres frente a 2,9 por cada 100.000 mujeres.

Diagnóstico tardío

Sin embargo, esta menor incidencia no implica necesariamente un menor impacto sanitario. Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el diagnóstico tardío, que afecta con mayor frecuencia a las mujeres. En España, el 57,5% de las mujeres reciben el diagnóstico en fases avanzadas de la infección, frente al 49,9% de los hombres, lo que retrasa el inicio del tratamiento antirretroviral y aumenta el riesgo de complicaciones clínicas.

La presidenta de GeSIDA, María Velasco, explica que la epidemia de VIH presenta características diferentes según el sexo y el género, por lo que comprender estas diferencias resulta fundamental para mejorar el abordaje de la infección. A su juicio, aunque en España la incidencia sea menor en mujeres, esto no significa que el impacto sanitario y social del virus sea menos relevante para ellas.

Entre los factores que contribuyen al diagnóstico tardío se encuentran una menor percepción de riesgo, una menor frecuencia de pruebas diagnósticas en determinados contextos asistenciales y la persistencia de desigualdades sociales o culturales que dificultan el acceso a la prevención y a los servicios sanitarios.

Factores biológicos y sociales

Las diferencias entre hombres y mujeres en relación con el VIH no se limitan a la epidemiología. Existen factores biológicos, hormonales y sociales que influyen tanto en la susceptibilidad a la infección como en la respuesta a los tratamientos.

Desde el punto de vista fisiológico, las mujeres presentan características que pueden modificar la farmacocinética de los tratamientos antirretrovirales, es decir, la forma en que los medicamentos se absorben, se distribuyen y se metabolizan en el organismo. Estas variaciones pueden estar condicionadas por distintas etapas del ciclo vital femenino, como el embarazo, el posparto o la menopausia.

Asimismo, algunos efectos adversos asociados a los tratamientos pueden manifestarse de manera diferente en mujeres, incluyendo alteraciones metabólicas, cambios en la densidad mineral ósea o variaciones en el peso corporal. A estos factores se suman aspectos sociales como el estigma, la desigualdad económica o las barreras culturales que siguen condicionando el acceso a la atención sanitaria.

PrEP: una herramienta preventiva infrautilizada

La profilaxis preexposición frente al VIH (PrEP) es una de las estrategias más eficaces para prevenir nuevas infecciones. Sin embargo, su utilización entre mujeres continúa siendo limitada.

En España, las mujeres representan solo una pequeña proporción de las personas que reciben este tratamiento preventivo. Aunque aproximadamente el 14% de los nuevos diagnósticos corresponden a mujeres, su presencia entre quienes utilizan PrEP es inferior al 1% en algunos programas, según datos del Sistema de Información de los Programas de PrEP.

Además, la evidencia científica muestra que la eficacia de la PrEP oral depende especialmente de la adherencia en mujeres. Mientras que en hombres que tienen sexo con hombres dos o tres dosis semanales pueden ofrecer niveles de protección relevantes, en mujeres cisgénero es necesario mantener una adherencia prácticamente diaria para alcanzar niveles protectores adecuados en los tejidos genitales.

La especialista María Jesús Pérez Elías, vocal de la junta directiva de GeSIDA y miembro del grupo europeo Women against virus in Europe, subraya que mejorar el diagnóstico precoz en mujeres debe ser una prioridad, ya que factores socioculturales y la falta de estrategias de cribado adaptadas pueden favorecer que muchas reciban el diagnóstico en fases avanzadas.

Nuevas estrategias preventivas

La investigación reciente ha abierto nuevas vías para mejorar la prevención del VIH en mujeres, especialmente mediante terapias de acción prolongada. Estas formulaciones podrían facilitar la adherencia al tratamiento preventivo y aumentar la protección frente al virus.

Uno de los estudios más relevantes en este ámbito es el ensayo HPTN 084, que evaluó la eficacia del cabotegravir inyectable de larga duración, administrado cada dos meses, frente a la PrEP oral diaria con tenofovir y emtricitabina en más de 3.000 mujeres cisgénero. Los resultados demostraron una reducción muy significativa del riesgo de infección por VIH con el tratamiento inyectable, lo que refuerza el interés por estas estrategias preventivas de larga duración.

Investigación con perspectiva de género

Otro desafío importante señalado por los especialistas es la infrarepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos sobre VIH. En muchos estudios clave sobre nuevos tratamientos, la participación femenina ha sido inferior al 20%, lo que limita la posibilidad de analizar con suficiente detalle las diferencias de eficacia, seguridad o tolerabilidad entre sexos.

Aumentar la presencia de mujeres en la investigación clínica es esencial para generar evidencia específica que permita adaptar mejor las estrategias de prevención y tratamiento a sus necesidades.

Los expertos de GeSIDA subrayan que avanzar hacia el control de la epidemia requiere integrar de forma efectiva la perspectiva de género en todas las políticas de salud pública relacionadas con el VIH. Esto implica actuar desde la prevención y el diagnóstico precoz hasta la investigación y la atención clínica, con el objetivo de reducir las desigualdades y mejorar la respuesta sanitaria frente a la infección.

Visibilizar la realidad del VIH en las mujeres, concluyen los especialistas, es fundamental para seguir avanzando en el control de la epidemia y garantizar que la igualdad en salud incluya también el reconocimiento y la atención de las necesidades específicas de quienes viven con el virus o están en riesgo de adquirirlo.