El uso de datos de salud de los pacientes está marcando un punto de inflexión en la innovación biomédica. Así lo defiende Joaquín Dopazo, director de la Plataforma de Medicina Computacional del Hospital Virgen del Rocío, en una entrevista con Somos Pacientes. Éste subraya que estos datos permiten “hacer todo tipo de estudios retrospectivos” con un potencial hasta ahora inalcanzable.
En su análisis, Dopazo explica que trabajar con datos del mundo real posibilita comprobar “cuál es el efecto de los fármacos en la vida real”, algo clave para evaluar la eficacia de los tratamientos más allá de los ensayos clínicos tradicionales. Este enfoque, basado en grandes volúmenes de información, permite desarrollar estudios “de unas dimensiones muy grandes y potentes”, lo que redunda en un conocimiento más preciso y aplicable a la práctica clínica.
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Pero el impacto va mucho más allá del análisis de tratamientos. El experto destaca que estos datos también abren la puerta a identificar “predictores tempranos”, es decir, señales que permiten anticipar la evolución de una enfermedad o incluso su aparición. En este sentido, apunta a la capacidad de determinar distintos desenlaces clínicos, como “tener un diagnóstico” o prever si un paciente “va a tener un pronóstico mejor o peor”.
Anticiparse a la enfermedad antes de los síntomas
Uno de los aspectos más transformadores, según Dopazo, reside en la integración de técnicas de inteligencia artificial para analizar estos datos. Gracias a estas herramientas, ya es posible “tratar de predecir que un paciente esté en riesgo de padecer alguna enfermedad antes de que la tenga, incluso antes de que tenga síntomas”.
Esta capacidad predictiva supone un cambio radical en la forma de entender la atención sanitaria. Tal y como señala, se trata de pasar de un modelo en el que se actúa cuando la enfermedad ya se ha desarrollado a otro en el que se puede intervenir de forma anticipada. “Este es uno de los aspectos más transformadores del dato”, insiste, al tiempo que recalca que este avance “cambiaría el concepto de sistema de salud que tenemos”.
En la actualidad, el sistema sanitario es fundamentalmente reactivo: los pacientes acuden cuando los síntomas ya son evidentes y, en muchos casos, cuando la enfermedad se encuentra en fases avanzadas. Esto implica intervenciones “más dolorosas para el paciente y más costosas para el sistema de salud”, tal y como advierte el especialista.
Hacia un modelo proactivo
Frente a este modelo, Dopazo plantea un escenario en el que la sanidad sea capaz de adelantarse a la enfermedad. “Pasaríamos a un sistema de salud proactivo que te puede llamar antes de que estés enfermo”, afirma, describiendo un cambio que tendría profundas implicaciones tanto para los pacientes como para la sostenibilidad del sistema.
En este nuevo paradigma, las intervenciones se realizarían en fases más tempranas, lo que se traduciría en tratamientos “más baratos para el sistema” y, sobre todo, en una mayor probabilidad de éxito. Desde la perspectiva del paciente, esto significaría también “más calidad de vida”, al evitar procedimientos invasivos o el deterioro asociado a enfermedades avanzadas.
El especialista sitúa este horizonte en un plazo relativamente cercano, asegurando que “esto es lo más transformador que veremos en los próximos 10 años”. De hecho, apunta que ya existen “muchos estudios que van en esta dirección”, lo que indica que el cambio de modelo no es una hipótesis lejana, sino una tendencia en marcha.
El papel activo de los pacientes
Aunque el foco suele ponerse en la tecnología, Dopazo deja claro que el verdadero motor de esta transformación son los propios pacientes y sus datos. Sin su participación, sería imposible generar el conocimiento necesario para avanzar hacia una medicina más personalizada y preventiva.
En este sentido, el uso responsable y seguro de la información sanitaria se convierte en un elemento clave para garantizar que estos avances reviertan en beneficios reales. La posibilidad de anticipar enfermedades, mejorar los tratamientos y optimizar los recursos sanitarios depende, en gran medida, de la capacidad de integrar y analizar estos datos de forma ética y eficiente.
Así, la medicina del futuro se perfila como un modelo en el que los pacientes no sólo reciben atención, sino que también contribuyen activamente a mejorarla. Un cambio de paradigma que, como subraya Dopazo, tiene el potencial de transformar profundamente la relación entre la ciudadanía y el sistema sanitario.