El uso excesivo de dispositivos digitales en la infancia está empezando a mostrar consecuencias preocupantes en el desarrollo neurológico. La Sociedad Española de Neurología Pediátrica ha alertado del aumento de menores que presentan comportamientos similares a los del Trastorno del Espectro Autista, asociados al abuso de pantallas. Aunque no es un diagnóstico clínico reconocido, el término “autismo digital” se utiliza para describir situaciones en las que el abuso de pantallas interfiere en el desarrollo social y comunicativo del niño.
Así lo advierte la neuropediatra Begoña Huete, cocoordinadora del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP). Según explica, cada vez es más frecuente observar en consulta niños con falta de respuesta al nombre, escaso contacto ocular o tendencia al aislamiento, conductas que pueden confundirse con un TEA, pero que en algunos casos están relacionadas con una exposición excesiva a estímulos digitales.
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Según los especialistas, el problema radica en que el cerebro infantil necesita interacción humana directa (miradas, gestos, lenguaje compartido) para desarrollarse correctamente. Cuando estos estímulos se sustituyen por pantallas, pueden producirse retrasos en áreas clave como: el lenguaje y su uso social, la atención conjunta, la regulación emocional y las habilidades de interacción. “En muchos casos, estos retrasos pueden revertirse si se reduce el uso de pantallas y se introducen programas de estimulación adecuados”, explica Huete.
Uno de los principales retos en consulta es distinguir entre un trastorno del neurodesarrollo de base neurobiológica, como el TEA, y un retraso derivado del entorno digital. El TEA se caracteriza por dificultades persistentes en la comunicación social y patrones de comportamiento repetitivos, y afecta aproximadamente a una de cada 100 personas en España, lo que supone cerca de 500.000 afectados. Sin embargo, no todos los niños con conductas similares presentan este trastorno, por lo que una evaluación especializada es fundamental.
Recomendaciones sobre el uso de pantallas
Los especialistas insisten en que el desarrollo infantil necesita interacción real. El juego compartido, la comunicación cara a cara y el entorno social son esenciales para el aprendizaje y el bienestar emocional. Reducir el tiempo de exposición a pantallas y fomentar estas experiencias no solo ayuda a prevenir retrasos en el desarrollo, sino que puede ser clave para revertir algunos de los síntomas observados. Porque el cerebro infantil no se desarrolla frente a una pantalla, sino en relación con otras personas.
En línea con esta preocupación, la Asociación Española de Pediatría establece límites claros:
- 0 pantallas hasta los 6 años
- Máximo 1 hora al día entre los 7 y 12 años
- Hasta 2 horas diarias entre los 13 y 16 años, incluyendo el uso escolar
Siempre, además, bajo supervisión adulta.
Causas del aumento de diagnósticos
Los expertos recuerdan que el incremento de diagnósticos de TEA en las últimas décadas no responde a una única causa. Factores como la mejora en la detección, los cambios en los criterios diagnósticos (como el paso del DSM-IV al DSM-V) y una mayor concienciación social han influido significativamente. Aun así, el impacto del entorno digital se suma como un elemento a tener en cuenta en el desarrollo infantil.
Más allá del diagnóstico, los especialistas denuncian desigualdades importantes entre comunidades autónomas en el acceso a recursos y tiempos de espera. Además, a partir de los seis años, muchas familias se enfrentan a un vacío asistencial tras finalizar los programas de atención temprana, lo que puede generar situaciones de vulnerabilidad.