La participación de los pacientes en los procesos de innovación biomédica ha dejado de ser una aspiración para convertirse en una realidad cada vez más consolidada en Europa. Así lo explica Rosalía Ruano, miembro del Scientific Advice Working Party de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), quien destaca que esta incorporación está transformando la forma en la que se desarrollan y evalúan los nuevos tratamientos.
“La representación de los pacientes es cada vez más importante”, afirma, subrayando que ya existen estructuras dentro de la EMA que integran esta perspectiva de manera formal. “A nivel regulatorio se está reconociendo el trabajo en forma de grupos que representan la visión de los pacientes”, añade.
Este avance supone un cambio relevante en un ámbito tradicionalmente dominado por criterios técnicos y científicos. Para Ruano, la aportación de los pacientes permite identificar aspectos que, en ocasiones, pasan desapercibidos para los reguladores. “Genera un punto de vista muy relevante para identificar lo que para los pacientes es importante, que a veces a los reguladores se nos escapa”, reconoce.
Una perspectiva que cambia decisiones
La presencia de los pacientes aporta información adicional, y puede influir en la toma de decisiones. Según Ruano, “tenerlos cerca para que te recuerden qué es importante está muy bien”, ya que ayuda a mantener el foco en las necesidades reales.
Este enfoque se alinea con una tendencia creciente en el ámbito sanitario: avanzar hacia modelos más participativos, en los que los pacientes no solo son receptores de tratamientos, sino también actores implicados en su desarrollo.
En este contexto, la colaboración entre reguladores, investigadores y pacientes se presenta como un elemento clave para mejorar la calidad y la aplicabilidad de la innovación biomédica.
Terapias avanzadas
En cuanto a los avances que marcarán el futuro, Ruano señala que las terapias avanzadas tendrán un papel protagonista. “Las terapias génicas, las terapias celulares somáticas y la ingeniería de tejidos van a revolucionar la innovación biomédica”, explica.
Estas tecnologías permiten desarrollar tratamientos altamente personalizados, adaptados a las características específicas de cada paciente. “El nivel de individualización de los tratamientos va a ser máximo”, destaca, lo que abre la puerta a una medicina más precisa.
Sin embargo, este avance también plantea nuevos retos regulatorios y éticos, en los que la participación de los pacientes será igualmente relevante. Su experiencia puede contribuir a evaluar no solo la eficacia de los tratamientos, sino también su impacto en la vida diaria.