Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Cuando un cáncer hematológico irrumpe en la vida de una persona, no solo empieza una andadura médica. El diagnóstico supone un proceso vital que afecta a la identidad, a los vínculos, al trabajo y a la manera de estar en el mundo. Por eso, cada vez más voces insisten en que la atención a las personas con enfermedades oncohematológicas debe ir mucho más allá del tratamiento. Cuidar también es acompañar, prevenir, escuchar y sostener en el tiempo.

Así lo defiende la presidenta de la Asociación Española de Afectados por Linfoma, Leucemia y Mieloma (AELCLÉS), Ascensión Hernández. En esta entrevista, narra primera mano el impacto que supone recibir un diagnóstico de este tipo. ?Cuando a una persona nos diagnostican una enfermedad de este tipo, es un shock, es un cambio total?, explica. El miedo a la muerte, la incertidumbre sobre el futuro y la pérdida de control se instalan desde el primer momento.

A esto se suma, en muchos casos, el aislamiento necesario para evitar infecciones, especialmente durante los tratamientos más agresivos. ?Es un cambio tan radical: no puedes salir, no puedes ir a tomar una copa porque no puedes relacionarte con gente, tienes que tener cuidado con las infecciones?. La vida social se reduce al mínimo y el entorno, aunque bienintencionado, no siempre sabe cómo acompañar.