Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Hay algo profundamente injusto en que el futuro de un bebé pueda depender de un mapa. Un mapa administrativo. El cribado neonatal es, en teoría, uno de los mayores actos de equidad de nuestro sistema sanitario. Una gota de sangre del talón. Un análisis. Una oportunidad de adelantarse a enfermedades que, sin tratamiento precoz, dejan secuelas irreversibles. Así de simple. Así de determinante.

En 1968, el profesor Federico Mayor Zaragoza entendió algo que sigue siendo revolucionario: detectar antes es proteger mejor. Aquella primera prueba no fue solo un avance científico. Fue una decisión moral. Hoy la tecnología permite detectar decenas de enfermedades metabólicas y genéticas en esa misma muestra. No hablamos de hipótesis futuristas. Hablamos de evidencia sólida, de tratamientos disponibles, de intervenciones que cambian pronósticos. Y, sin embargo, no todos los recién nacidos en España acceden al mismo número de enfermedades cribadas. No todos parten del mismo punto de salida.

Hay comunidades que amplían su cartera. Otras que se quedan atrás. Hay bebés que tienen más oportunidades simplemente por el lugar en el que nacen. Y cuando hablamos de enfermedades raras, esa diferencia no es un detalle técnico: es la frontera entre una vida autónoma y una discapacidad evitable.

Una cobertura que no es igualitaria

Decimos que la cobertura es universal. Y es verdad? pero no es igualitaria. Y cuando no es igualitaria, deja de ser justa. El retraso diagnóstico no es un concepto abstracto. Tiene consecuencias reales. Tiene nombres propios. Tiene familias que, tiempo después, descubren que la enfermedad de su hijo podría haberse detectado antes. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿por qué no se hizo?

Si me tocara a mí, si mi hijo no hubiera recibido un diagnóstico a tiempo porque en mi comunidad no se incluía esa enfermedad en el cribado, no lo asumiría como una simple ?limitación del sistema?. No me bastaría una explicación técnica. No me conformaría con un reparto competencial. Buscaría responsables. Porque cuando existe evidencia científica, cuando existe capacidad tecnológica, cuando existen tratamientos, no ampliar es una decisión. Y las decisiones tienen consecuencias. Y responsables.

El propio Anales de Pediatría ha documentado el impacto del cribado neonatal en estos más de cincuenta años: menos discapacidad, menos mortalidad, mejor calidad de vida. Sabemos que funciona. Sabemos que el tiempo es pronóstico. Sabemos que cada semana cuenta.

Iniciativa Legislativa Popular

Entonces la pregunta ya no es si podemos hacerlo. La pregunta es por qué no lo hacemos igual en todo el país. Una gota de sangre no puede depender del código postal.

Por eso hoy no basta con señalar el problema. Hay que actuar. Desde la plataforma Más Visibles hemos impulsado una Iniciativa Legislativa Popular para ampliar y homogeneizar el cribado neonatal en toda España. No es una propuesta simbólica. Es una herramienta democrática para convertir la equidad en ley. Para garantizar que todos los recién nacidos, nazcan donde nazcan, tengan las mismas oportunidades desde el primer día.

Si sabemos prevenir sufrimiento y no lo hacemos, estamos fallando. Ahora es el momento de decidir qué país queremos ser. Puedes apoyar esta iniciativa firmando (antes del 26 de junio) en www.masvisibles.com. Porque el diagnóstico precoz no puede depender de una frontera administrativa.

Y porque cuando hablamos de bebés, la equidad no es opcional.

Autor:

Pedro Lendínez Ortega
Presidente de la Asociación Enfermedades Raras Más Visibles

El lenguaje importa. Y en el caso de la obesidad, puede marcar la diferencia entre favorecer el abordaje terapéutico o reforzar la culpa y el aislamiento. Por ejemplo, calificar a alguien por su peso o utilizar términos peyorativos no solo contribuye a la estigmatización, sino que impacta directamente en la autoestima, la salud mental y la adherencia al tratamiento. También influye el hecho de presentar la obesidad como una cuestión de falta de voluntad o se atribuyen estereotipos erróneos como pereza o dejadez. Así lo advierte la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Una de las principales advertencias de la SEEN es que el estigma asociado a esta enfermedad afecta hasta al 88% de las personas con obesidad. Así, los expertos consideran fundamental que la sociedad vincule la obesidad con su verdadera naturaleza: una enfermedad crónica, compleja y multifactorial.

Conscientes del papel clave que desempeñan los medios en la construcción del discurso social, la SEEN ha organizado, junto a la Asociación Nacional de Personas que Viven con Obesidad (ANPO) y el Foro Español de Pacientes (FEP), la jornada formativa ?Las palabras también pesan: mejorando el abordaje de la obesidad?, celebrada en el marco del Día Mundial de la Obesidad. El objetivo ha sido analizar la prevalencia, la desigualdad y el coste económico de la enfermedad, así como promover estrategias para mejorar su abordaje informativo y sanitario.

El doctor Javier Salvador, profesor emérito de Endocrinología de la Universidad de Navarra y miembro del Área de Obesidad de la SEEN, subraya que adoptar una actitud respetuosa, evitar expresiones como ?persona obesa?, emplear imágenes adecuadas y utilizar una narrativa basada en el rigor científico propio de una enfermedad crónica contribuirá a mejorar la comprensión social de lo que realmente es la obesidad. En esta línea, la SEEN está elaborando un documento específico sobre lenguaje respetuoso para referirse a las personas con esta patología y otras enfermedades endocrinológicas, y publicará próximamente la segunda edición de la guía ?Abordaje de la obesidad en el adulto?, en la que ha participado el nuevo Grupo Desigualdad y Estigma de su Área de Obesidad. Además, la sociedad científica ya cuenta con una guía dirigida a los medios elaborada junto a la Sociedad Española de Obesidad y la Sociedad Española de Medicina Interna para combatir la estigmatización.

El impacto del estigma de la obesidad

Desde la perspectiva de los pacientes, Andoni Lorenzo, presidente del FEP, insiste en que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que continúa siendo una de las más estigmatizadas. Este estigma no es inocuo, ya que impacta directamente en la salud, en la calidad de vida y en el acceso a la atención sanitaria, generando un discurso de culpabilidad que debe ser sustituido por uno basado en la evidencia y el respeto.

Los endocrinólogos alertan también de una doble desigualdad que afecta especialmente a las personas con obesidad en entornos socioeconómicos desfavorecidos. Estas personas no solo presentan mayor prevalencia de la enfermedad, sino que encuentran más barreras para acceder a determinados recursos asistenciales. Las condiciones obesogénicas, como la inseguridad en el entorno, la dificultad para realizar actividad física o el acceso limitado a alimentos saludables, se combinan con un menor acceso a la atención sanitaria especializada, lo que perpetúa la brecha. Los datos reflejan que la prevalencia de obesidad alcanza el 33,1% en los niveles de renta más bajos, frente al 15,5% en los más altos.

En este contexto, Federico Luis Moya, presidente de ANPO, defiende que la obesidad solo puede abordarse con eficacia si se reconoce su complejidad y su carácter transversal, trabajando de forma coordinada con organizaciones de pacientes, asociaciones relacionadas y equipos científicos y clínicos, como ocurre en el proyecto ?Alianza por la Obesidad?. Precisamente para afrontar esta doble desigualdad se ha creado el Grupo Desigualdad y Estigma, cuyo objetivo es contribuir a erradicar la estigmatización y atenuar el impacto de los determinantes sociales de la salud, como la soledad, la pertenencia a poblaciones desfavorecidas o determinados factores socioeconómicos y culturales asociados a mayor prevalencia.

Más educación sanitaria

Los expertos insisten en que las políticas sanitarias desempeñan un papel clave en la prevención y el tratamiento. La educación sanitaria dirigida tanto a la población general como a las personas con obesidad y sus entornos resulta fundamental para garantizar la equidad en el acceso a la prevención y al tratamiento. Asimismo, abogan por incrementar el número de nutricionistas y psicólogos en el sistema sanitario, mejorar el acceso a nuevos tratamientos farmacológicos y facilitar la cirugía bariátrica cuando esté indicada, con el fin de ofrecer una asistencia integral y un seguimiento adecuado.

Reconocer la obesidad como una enfermedad crónica implica asumir que sus causas no dependen exclusivamente de la voluntad individual y que requiere un tratamiento a largo plazo, coordinado y basado en la evidencia científica. En este sentido, los especialistas destacan que el altavoz que representan los medios de comunicación, unido a su credibilidad, constituye una oportunidad para trasladar a la sociedad una visión rigurosa, promover un lenguaje adecuado y contribuir a un abordaje más humano y eficaz de las personas que viven con obesidad.

Hay una frase que lleva años repitiéndose hasta la saciedad en congresos, planes y estrategias: «El paciente en el centro?. Pese a haberse convertido en lema incuestionable de discursos sobre humanización sanitaria y de decisores políticos, pocas veces analizamos lo que realmente implica o nos cuestionamos si responde a lo que sienten las personas que conviven con una patología en su día a día. De hecho, Teresa Regueiro, presidenta de la Comunidad Española de Pacientes de Mieloma Múltiple (Cemmp), la desmonta sin rodeos en una entrevista para Somos Pacientes.

Para ella, esa idea de situar al paciente en el centro no solo es retórica, sino peligrosa si acaba aislando al enfermo en un pedestal simbólico mientras el sistema sigue fragmentado. Su propuesta es otra, más práctica: «Los paciente no queremos estar en el centro. Queremos estar alineado con todos los demás actores allí donde se decide sobre nuestra salud«.