La participación activa de las asociaciones de pacientes en la investigación clínica se ha convertido en una pieza clave para avanzar hacia procesos de I+D más eficaces y éticos. Así lo defiende Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), en esta vídeoentrevista con Somos Pacientes, en la que reflexiona sobre el papel del paciente en las estrategias actuales de investigación clínica y, especialmente, en el uso de los datos en salud.
Barragán parte de una premisa irrebatible: el mundo del dato ha llegado para quedarse y no es algo a lo que los pacientes deban o quieran oponerse. Al contrario, considera que la explotación de datos puede resultar beneficiosa si se orienta adecuadamente. Desde su experiencia como representante del movimiento asociativo, las personas con enfermedades están cada vez más predispuestas a colaborar en la recogida y análisis de datos porque comprenden que esa información acumulada permitirá mejorar la investigación y beneficiar a los pacientes, sobre todo a los del futuro.
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Sin embargo, advierte de que ese avance tecnológico y científico no puede hacerse de espaldas a las personas a las que se supone que debe servir. Para Barragán, uno de los grandes déficits actuales es que los pacientes no siempre conocen qué se va a hacer con sus datos ni reciben información sobre los resultados de las investigaciones en las que han colaborado. ?Ya está bien de hablar de que todo es por y para el paciente, pero sin el paciente?, viene a resumir su postura.
Del discurso a la participación real
En su intervención, la presidenta de GEPAC insiste en que la participación de los pacientes no debe limitarse a un consentimiento informado al final del proceso. Defiende que las personas afectadas deberían formar parte activa desde el diseño de los estudios, tanto en la definición de los objetivos como en la manera en que se recogen los datos. A su juicio, esta implicación temprana permitiría que la información obtenida refleje de forma mucho más fiel la realidad cotidiana de quienes conviven con una enfermedad.
Barragán subraya que los pacientes aportan un valor diferencial que no puede sustituirse por otros perfiles: la vivencia directa de la enfermedad. Esa experiencia incluye aspectos físicos, emocionales y sociales que a menudo quedan fuera de los indicadores tradicionales, pero que son fundamentales para evaluar el impacto real de los tratamientos y de las intervenciones sanitarias.
Desde esta perspectiva, considera que cuando los datos los diseñan y recogen únicamente terceros, existe el riesgo de que se pierdan matices esenciales. En cambio, si los pacientes colaboran en ese diseño, los resultados pueden ser más útiles y aplicables a la práctica clínica real.
Transparencia y retorno de la información
Otro de los mensajes centrales de Barragán es la necesidad de garantizar un retorno de la información a quienes participan en los estudios. Para la presidenta de GEPAC, no es aceptable que los pacientes cedan sus datos sin saber qué conclusiones se extraen ni cómo esas conclusiones pueden repercutir en la mejora de la atención sanitaria.
La transparencia, señala, debe abarcar todo el proceso: desde explicar de forma comprensible por qué se recogen determinados datos y con qué finalidad, hasta comunicar los resultados obtenidos y su posible aplicación. Este retorno es una herramienta para generar confianza y fomentar una mayor implicación del colectivo paciente en futuros proyectos de investigación.
Datos sí, pero con garantías
Barragán se muestra claramente a favor de la recogida y el uso de datos en salud, pero establece condiciones muy concretas. En su opinión, la participación de los pacientes debe ir acompañada de rigor metodológico, información clara, seguridad en el manejo de los datos y garantías de confidencialidad. Estos elementos son, a su juicio, imprescindibles para que el uso de datos sea ético y aceptable desde el punto de vista de las personas afectadas.
La presidenta de GEPAC recuerda que los datos de salud son especialmente sensibles y que su mal uso puede generar desconfianza y rechazo. Por ello, insiste en que las estrategias de investigación clínica deben incorporar mecanismos sólidos de protección y explicar de forma accesible cómo se preserva la privacidad de los participantes.
Las reflexiones de Barragán apuntan a un cambio de paradigma en la investigación clínica: pasar de modelos en los que el paciente es un sujeto pasivo a otros en los que se convierte en un agente activo y corresponsable. Incorporar la voz de los pacientes desde el inicio, utilizar los datos para responder a preguntas relevantes para su vida diaria y devolverles la información generada son pasos fundamentales para avanzar hacia una investigación verdaderamente centrada en las personas.