Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La percepción de ?ser una carga para los demás? es el principal factor asociado al riesgo de ideación suicida en personas con dolor crónico. Así lo revela un estudio liderado por el profesor Juan José Mora Ascó, del Grado en Psicología de la Universidad Católica de Valencia, que pone el foco en una dimensión emocional frecuentemente invisibilizada en estos pacientes. El hallazgo adquiere especial relevancia en un contexto en el que casi el 26% de la población adulta en España padece dolor crónico, una condición que no solo deteriora la calidad de vida, sino que impacta de forma significativa en la salud mental.

El estudio, realizado con 251 adultos con diagnóstico de dolor crónico procedentes de asociaciones y centros hospitalarios de 14 comunidades autónomas y Ceuta, identifica la carga percibida como el principal predictor transversal del riesgo suicida, incluso por encima de otras variables psicológicas.

Entre los pacientes con altos niveles de esta percepción, el 50,4% manifestó pensamientos suicidas. A este factor le siguen la desesperanza (50%), la desregulación emocional, especialmente cuando se acompaña de ansiedad (31,6%) y las experiencias traumáticas en la infancia, que incrementan la vulnerabilidad

Dolor crónico y pensamientos relacionados con la muerte

Además, la investigación evidencia una elevada presencia de pensamientos relacionados con la muerte:

  • El 44,6 % de los participantes reconoció haberlos experimentado
  • El 39,4 % presentó ideación suicida pasiva
  • El 9,6 % refirió intentos de suicidio

Según Mora, muchos de estos pensamientos no son explícitos ni estructurados, lo que dificulta su detección si no se exploran en profundidad en la consulta.

Un enfoque integral del riesgo suicida

El trabajo, desarrollado en el marco de una tesis doctoral con la colaboración de la profesora Blanca Gallego, propone un enfoque innovador al analizar el riesgo suicida desde múltiples dimensiones: interpersonal, cognitiva, afectiva y espiritual. Para ello, integra distintos modelos teóricos ?como la teoría interpersonal del suicidio, el modelo de apego o el modelo diátesis-estrés? que hasta ahora se habían estudiado por separado.

Este enfoque permite comprender que el riesgo no depende de un único factor, sino de la interacción entre cómo la persona piensa, siente, se relaciona y encuentra sentido a su vida. De este modo, se identifican diferentes vías hacia la ideación suicida: en algunos casos predomina la ansiedad y la dificultad para regular emociones, mientras que en otros el factor determinante es la pérdida de esperanza o la sensación de inutilidad.

Frente a estos factores de riesgo, el estudio destaca un elemento clave de protección: el sentido de vida. Mantener un propósito vital ?tener metas, dirección y razones para seguir implicado en la vida? actúa como un amortiguador frente a la desesperanza y reduce la intensidad de la percepción de ser una carga. Según Mora, no se trata simplemente de fomentar pensamientos positivos, sino de ayudar a la persona a reconectar con su valor personal más allá de la enfermedad. Aunque esto no elimina el dolor, sí transforma la forma en que se vive y se integra en la propia historia.

La importancia de anticiparse desde el ámbito sanitario

Desde el punto de vista asistencial, el estudio subraya la necesidad de incorporar de forma sistemática la evaluación de estos factores en las unidades de dolor. El objetivo no es solo detectar la ideación suicida, sino identificar las variables que configuran la vulnerabilidad de cada paciente para intervenir de manera precoz.

En este sentido, el investigador defiende reforzar la presencia de profesionales de Psicología en estos dispositivos y recuerda la importancia de abordar el suicidio de forma directa cuando exista sospecha, ya que preguntar de manera clara no incrementa el riesgo, sino que facilita la detección y la intervención.

El trabajo pone así de relieve la necesidad de un enfoque más integral del dolor crónico, en el que la dimensión emocional y psicológica tenga un papel central para prevenir consecuencias graves y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Joaquín Dopazo, director de la Plataforma de Medicina Computacional del Hospital Virgen del Rocío

“Pasaremos de un sistema reactivo a uno que te llame antes de que estés enfermo”

El uso de datos de salud de los pacientes está marcando un punto de inflexión en la innovación biomédica. Así lo defiende Joaquín Dopazo, director de la Plataforma de Medicina Computacional del Hospital Virgen del Rocío, en una entrevista con Somos Pacientes. Éste subraya que estos datos permiten ?hacer todo tipo de estudios retrospectivos? con un potencial hasta ahora inalcanzable.

En su análisis, Dopazo explica que trabajar con datos del mundo real posibilita comprobar ?cuál es el efecto de los fármacos en la vida real?, algo clave para evaluar la eficacia de los tratamientos más allá de los ensayos clínicos tradicionales. Este enfoque, basado en grandes volúmenes de información, permite desarrollar estudios ?de unas dimensiones muy grandes y potentes?, lo que redunda en un conocimiento más preciso y aplicable a la práctica clínica.

Pero el impacto va mucho más allá del análisis de tratamientos. El experto destaca que estos datos también abren la puerta a identificar ?predictores tempranos?, es decir, señales que permiten anticipar la evolución de una enfermedad o incluso su aparición. En este sentido, apunta a la capacidad de determinar distintos desenlaces clínicos, como ?tener un diagnóstico? o prever si un paciente ?va a tener un pronóstico mejor o peor?.

Anticiparse a la enfermedad antes de los síntomas

Uno de los aspectos más transformadores, según Dopazo, reside en la integración de técnicas de inteligencia artificial para analizar estos datos. Gracias a estas herramientas, ya es posible ?tratar de predecir que un paciente esté en riesgo de padecer alguna enfermedad antes de que la tenga, incluso antes de que tenga síntomas?.