Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La falta de perspectiva de género en la investigación sanitaria continúa teniendo consecuencias directas en la salud de las mujeres. Así lo han advertido expertos, profesionales sanitarios y representantes de pacientes durante una jornada de trabajo en la que se ha denunciado que estos sesgos siguen presentes en todo el sistema, desde la investigación básica hasta el diagnóstico y el tratamiento.

El evento fue organizado por la Asociación Plataforma española de la academia europea de pacientes para la innovación terapéutica (Eupati España), con la colaboración de la Asociación Nacional de Comités de Ética (ANCEI), la Plataforma SCReN del Instituto de Salud Carlos III (Isciii), IDIS Santiago, Farmaindustria y la Asociación Española de Cáncer de Mama Metastásico (AECMM), con el apoyo de GSK. Gracias a ello, se puso de manifiesto que esta desigualdad no es solo una cuestión teórica, sino un problema que afecta a la vida real de las pacientes, retrasando diagnósticos y condicionando su atención sanitaria.

Los datos expuestos evidencian la magnitud del problema. Según explicó Celia García Menéndez, directora general de Humanización, Atención y Seguridad del Paciente de la Comunidad de Madrid, las mujeres reciben hasta un 50% menos de angiografías coronarias, a pesar de presentar síntomas compatibles con enfermedad cardiovascular. Además, patologías como la endometriosis o el TDAH continúan diagnosticándose más tarde que en hombres.

A esto se suma que enfermedades con alta prevalencia femenina, como el alzheimer ?que afecta mayoritariamente a mujeres (un 70% del total de los casos)?, no siempre se estudian con un enfoque específico. También persiste una tendencia a atribuir determinados síntomas a causas psicológicas, lo que retrasa la identificación de enfermedades físicas.

Un problema estructural

Los expertos coinciden en que la raíz de esta desigualdad es histórica. Durante décadas, el cuerpo masculino se ha utilizado como modelo de referencia en la investigación, lo que ha generado vacíos de conocimiento sobre cómo afectan las enfermedades a las mujeres.

Este sesgo se mantiene en distintas fases del proceso científico. En los ensayos clínicos, aunque ha mejorado la inclusión de mujeres, sigue sin garantizarse una representación proporcional ni un análisis diferenciado de resultados. En investigación básica, incluso se utilizan líneas celulares sin identificar el sexo de origen.

Además, persisten barreras prácticas que dificultan la participación femenina en estudios, como criterios de selección restrictivos o dificultades para conciliar.

El papel de las pacientes en el cambio

Las asociaciones de pacientes están desempeñando un papel clave en la visibilización de estas desigualdades. En muchos casos lideradas por mujeres, estas organizaciones aportan una visión más cercana a la realidad y reclaman que la investigación tenga en cuenta aspectos como la calidad de vida, la salud emocional o la carga social.

Como señaló David Trigos, presidente de Eupati España, ?la calidad científica no sólo depende del método, depende de la mirada?, una idea que resume la necesidad de incorporar diferentes perspectivas para mejorar los resultados. Desde el ámbito asociativo se insiste en que no basta con incluir mujeres en los estudios, sino que es necesario analizar los datos de forma específica y adaptar las conclusiones a sus necesidades.

Los sesgos de género en medicina no son un fenómeno reciente. Especialistas recuerdan que llevan más de tres décadas documentados, con ejemplos como el llamado ?síndrome de Yentl?, que describe cómo las mujeres tienen más probabilidades de ser diagnosticadas correctamente cuando presentan síntomas similares a los de los hombres.

A pesar de esta evidencia, los avances han sido limitados. La falta de formación específica, los sesgos cognitivos y una narrativa médica tradicional siguen dificultando el cambio.

La Asociación de Cáncer de Mama y Ovario hereditario (AMOH), con la colaboración del Comité Olímpico Español (COE), ha celebrado la gala ?Mujer-Deporte-Cáncer?, un encuentro que ha reunido a pacientes, profesionales sanitarios, deportistas e instituciones con un objetivo común: promover el ejercicio físico como herramienta esencial en la prevención y el abordaje del cáncer. En el marco del evento se han entregado los ?Premios Salud y Deporte 2026?, que reconocen a personas y entidades que están impulsando iniciativas transformadoras en el ámbito del deporte y la salud.

En el contexto actual, en el que se prevén más de 300.000 nuevos casos de cáncer en España para 2026, y con una tendencia al alza en las próximas décadas, la promoción de hábitos saludables se presenta como una estrategia clave. Según estimaciones científicas, recogidas en el ?Informe Las Cifras del Cáncer en España 2026? de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el ejercicio físico podría ayudar a reducir en hasta un 30% el riesgo de cáncer de mama, colon, vejiga, endometrio, esófago y estómago, y reducir en casi el 20% el riesgo de mortalidad específica por cáncer.

Además, el ejercicio físico también ha demostrado mejorar la condición física y calidad de vida y reducir los efectos secundarios derivados de los tratamientos oncológicos, al mejorar la capacidad cardiorrespiratoria de los pacientes, reducir la fatiga y mejorar la percepción de salud por parte del paciente, lo que se traduce en una mejor gestión de la enfermedad y mejora en los efectos secundarios de los tratamientos y, sobre todo, una mayor supervivencia.

?Nuestro objetivo principal es integrar el ejercicio físico como parte esencial en la prevención y el tratamiento del cáncer, uniendo e involucrando el ámbito sanitario y el deportivo. La celebración de esta gala en el Comité Olímpico Español representa la puesta en marcha de esta nueva etapa institucional a través de la ?Alianza El Deporte Es Vida? (EDEV) en la que a partir de ahora se enmarca el programa Mujer-Deporte-Cáncer junto con otros programas dirigidos a distintos perfiles de la sociedad, y simboliza el reconocimiento público a profesionales, entidades y proyectos que están impulsando el ejercicio físico como herramienta clave en oncología?, ha explicado Marisa Cots, presidenta de la Asociación Cáncer de Mama y Ovario Hereditario (AMOH).

La iniciativa forma parte de ?Mujer-Deporte-Cáncer?, un programa impulsado hace cuatro años por la Asociación de Cáncer de Mama y Ovario Hereditario (AMOH), junto con la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el Consejo Superior de Deportes (CSD) y la colaboración de la compañía biofarmacéutica GSK?.

Así, Javier de Castro, presidente de SEOM, ha asegurado que ?la evidencia científica disponible demuestra que la actividad física ejerce efectos biológicos directos sobre el cáncer, modulando procesos clave como la inflamación, la función inmune o incluso el crecimiento tumoral. Desde SEOM, a través de nuestro Grupo de Trabajo de Ejercicio y Cáncer, llevamos años impulsando la generación de conocimiento en este ámbito para integrar el ejercicio de forma segura y eficaz en la práctica clínica?.

?Sabemos que el ejercicio físico no solo contribuye a la prevención de varios tumores, sino que también mejora la calidad de vida, reduce efectos secundarios y puede influir positivamente en la supervivencia. Por ello, es fundamental avanzar hacia un modelo asistencial en el que la actividad física forme parte del abordaje oncológico antes, durante y después del cáncer?.

?El proyecto ?Mujer, Deporte y Cáncer? se alinea plenamente con las líneas estratégicas del Consejo Superior de Deportes (CSD) de promoción de la salud a través de la actividad física, especialmente en el ámbito de mujer. Nuestro objetivo es claro: fomentar un cambio real en los hábitos de vida de mujeres y niñas, incrementando su participación deportiva y visibilizando sus beneficios?, ha explicado el subdirector general de Ciencias del Deporte del CSD, Iñaki Melendro. ?Sabemos que el deporte mejora el estado de ánimo, el descanso, la condición física y la salud general, además de desempeñar un papel fundamental como elemento socializador. A través del apoyo a proyectos de este tipo estamos reforzando nuestro compromiso con una sociedad más activa y saludable y ampliamos el alcance de la ?Estrategia Nacional de fomento del deporte contra el sedentarismo y la inactividad física? que el Gobierno de España ha aprobado para el periodo 2025-2030?, ha abundado.

Por su parte, Florencia Davel, presidenta de GSK en España, ha subrayado que ?el abordaje del cáncer exige un enfoque integral: la innovación científica debe ir acompañada de prevención y de la promoción de hábitos saludables. En GSK mantenemos un firme compromiso en Oncohematología, impulsando la investigación y el desarrollo de nuevos tratamientos que mejoren la vida de las pacientes; pero también vamos más allá: trabajamos para adelantarnos a la enfermedad de la mano de profesionales sanitarios y asociaciones de pacientes. Estoy convencida de que iniciativas como ?Mujer?Deporte?Cáncer? son clave para visibilizar el impacto positivo del ejercicio físico en la salud y en la calidad de vida de las pacientes?.

Premios Salud y Deporte 2026

Las categorías de los Premios Salud y Deporte destacan la colaboración entre entidades deportivas y sanitarias, iniciativas comprometidas con el cáncer, medios de comunicación y un premio especial ?Mujer-Deporte-Cáncer?, que pone en valor el impulso de esta causa desde diferentes ámbitos.

Los ganadores han sido: el Dr. Alejandro de Lucía de la Universidad Europea en la categoría de ?Figura Médica con impacto en la promoción del ejercicio y la salud?;  Jennifer Pareja, directora del programa ADO como ?Figura Deportiva con impacto en la promoción del ejercicio y la salud?; «Ejercicio y Cáncer, Asociación de Pacientes? para la Asociación Española de Afectados de Cáncer de Pulmón (AEACaP); «Ejercicio y Cáncer, Fomento del Ejercicio Físico durante el Tratamiento? otorgado a la Fundación UAPO;   Fundación Real Sporting y al Servicio de Hematología del Hospital de Cabueñes de Gijón, liderado por la Dra. Esther González, con el premio ?Colaboración entre Entidad Deportiva y Entidad Salud?; el premio para la «Iniciativa Deportiva Comprometida con el Cáncer y Salud» ha sido otorgado aReto Pelayo Vida; en la categoría «Medios de Comunicación Deportivos y Salud», el premio ha sido paraTelemadrid; y el?Premio Especial Mujer-Deporte-Cáncer 2026? ha sido otorgado a Alejandro Blanco y al COE en reconocimiento por su compromiso por fomentar acciones a favor de la salud pública.

?Las iniciativas y personas galardonadas comparten algo muy poderoso: la voluntad de dar un paso al frente. Algunos han trabajado durante años integrando el ejercicio físico en el ámbito sanitario y otros provienen del entorno deportivo. Pero todos comparten una misma convicción: el movimiento puede cambiar la vida de las personas?, ha comentado Marcelo Ruz, director de la Asociación El Deporte Es Vida (EDEV) quien además ha incidido en que ?con estos premios no solo estamos otorgando reconocimientos sino también consolidando una alianza nacional entre la oncología y el deporte. Porque el ejercicio físico ya no es una recomendación secundaria: es parte de la solución?.

La salud metabólica de la mujer presenta características específicas que obligan a un abordaje diferenciado en la práctica clínica. Así lo advierten los médicos internistas, que señalan que, además de los factores de riesgo clásicos, existen condicionantes propios ?como la historia ginecológica, los cambios hormonales o el contexto social? que influyen de forma directa en el riesgo cardiovascular.

Esta cuestión se ha puesto de relieve en la reunión del Grupo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), donde los especialistas han insistido en la necesidad de mejorar tanto la prevención como la identificación precoz de estos factores.

La salud metabólica se define como el correcto funcionamiento de procesos como el control de la glucosa, el colesterol, la presión arterial o la distribución de la grasa corporal. Tradicionalmente, estos indicadores se han analizado de forma similar en hombres y mujeres, pero los expertos advierten de que este enfoque resulta incompleto.

En el caso de las mujeres, a los factores clásicos ?como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo o la obesidad? se suman otros específicos. Entre ellos, destacan los antecedentes gineco-obstétricos, como la preeclampsia, la diabetes gestacional, el parto prematuro o el síndrome de ovario poliquístico.

Además, existen enfermedades más frecuentes en mujeres, como las patologías autoinmunes, así como trastornos como la ansiedad o la depresión, que también influyen en el riesgo cardiovascular.

El impacto de las etapas vitales

Uno de los elementos clave en la salud metabólica femenina son los cambios hormonales a lo largo de la vida. Durante la adolescencia, pueden aparecer alteraciones como el síndrome de ovario poliquístico, mientras que el embarazo actúa como una ?prueba de esfuerzo? que puede revelar problemas metabólicos.

María Dolores García de Lucas, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Regional Universitario de Málaga y moderadora del encuentro, explica que complicaciones como la preeclampsia o la diabetes gestacional, incluso cuando se resuelven tras el parto, deben ser monitorizadas a largo plazo, ya que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro.

La menopausia representa otro punto de inflexión. La disminución de estrógenos ?hormonas con efecto protector sobre el sistema vascular? incrementa la vulnerabilidad de la mujer. Según los expertos, este cambio favorece la inflamación y el daño arterial, elevando el riesgo de infarto o ictus.

Factores psicosociales y rol de cuidadora

Junto a los aspectos biológicos, la doctora destaca la influencia de factores psicosociales. El rol de cuidadora, que asumen muchas mujeres, así como la presión por compatibilizar responsabilidades familiares, laborales y personales, pueden generar estrés crónico.

Este contexto favorece la aparición o el empeoramiento de problemas como la ansiedad o la depresión, que a su vez incrementan el riesgo metabólico y cardiovascular. Además, los especialistas señalan que las mujeres tienden a minimizar estos síntomas, lo que retrasa su abordaje.

Otro de los problemas identificados es la falta de representación de las mujeres en estudios clínicos. Aunque la situación está mejorando, su participación aún no alcanza el 50% en comparación con los hombres, y en muchos casos no se tienen en cuenta variables específicas como el ciclo menstrual, la menopausia o los antecedentes obstétricos. Esta falta de evidencia dificulta el desarrollo de estrategias preventivas y terapéuticas adaptadas a la realidad de las mujeres.

La importancia de la prevención y la información

Ante esta situación, García de Lucas insiste en el papel clave de la atención primaria. Los profesionales sanitarios deben incorporar de forma sistemática preguntas sobre la historia gineco-obstétrica, el estilo de vida y los factores psicosociales, además de los indicadores clínicos habituales.

También subraya la necesidad de implicar a las propias pacientes. Mantener hábitos saludables ?como seguir una dieta equilibrada, practicar ejercicio regular o evitar el tabaco? resulta fundamental para preservar la salud metabólica. Asimismo, recomiendan realizar revisiones periódicas que incluyan control de la presión arterial, análisis de sangre y seguimiento de posibles factores de riesgo a lo largo de toda la vida.

Según la portavoz de la SEMA, mejorar la salud metabólica de la mujer requiere un enfoque integral que tenga en cuenta tanto los factores biológicos como los sociales. La prevención, la formación de los profesionales y la información a las pacientes son elementos clave para reducir el riesgo cardiovascular.

La generación Z y los milenial han crecido con la idea de que la tecnología les haría la vida más fácil. Y, en muchos aspectos, así es. Pero como oftalmólogo veo a diario la otra cara del progreso: estamos normalizando un estilo de vida que exige a los ojos un esfuerzo sostenido y poco compatible con su fisiología. No se trata de culpar las pantallas, sino de asumir que la suma de hábitos cotidianos puede traducirse en una carga para nuestra salud visual sobre la que ya estamos viendo ciertos efectos negativos.

Según datos publicados en The Lancet, en 2050 cerca de 895 millones de personas en el mundo podrían desarrollar enfermedades oculares, un 150% más que en la actualidad. Cuando uno pone este dato en contexto, debemos preguntarnos qué parte de ese futuro podemos evitar con pequeños cambios en nuestros hábitos. Y la respuesta es clara: una parte importante es prevenible o, al menos, modulable.

Los jóvenes de hoy pasan muchas horas frente a móviles y ordenadores por trabajo, estudios y ocio; hacen menos actividades al aire libre; y esto puede estar combinado con el sedentarismo o malos hábitos alimenticios. Además, la esperanza de vida es mayor, lo que significa más años de exposición acumulada a factores de riesgo. Los ojos no son una excepción al desgaste del tiempo; lo que cambia es la velocidad a la que estamos acelerándolo.

Los síntomas aparecen antes

En la consulta, se repiten síntomas que hace dos décadas eran menos habituales en personas jóvenes: fatiga visual, ojo seco, visión borrosa. A ello se añade la miopía. La exposición prolongada a tareas de cerca y el esfuerzo acomodativo sostenido podrían incluso aumentar hasta un 30% el riesgo de desarrollarla, de acuerdo con un estudio publicado en The Lancet. La miopía no es un simple ?necesitar gafas?, ya que en grados altos se asocia a más riesgo de complicaciones en la retina o en el nervio óptico. Y aquí aparece un punto clave: los hábitos que hoy parecen inofensivos pueden convertirse en aceleradores de otras patologías a largo plazo.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar, aceptar que ?pantallas sí, pero con reglas?. La regla más sencilla y eficaz: 20-20-20 (cada 20 minutos, 20 segundos mirando a unos 6 metros). Mantener una distancia aproximada de un brazo respecto a la pantalla principal, ajustar brillo y contraste para que resulten cómodos, y priorizar luz natural cuando sea posible.

Otros factores

En segundo lugar, entender que otros factores como dormir poco afectan a nuestro descanso o a nuestro día a día; una dieta basada en ultraprocesados y pobre en frutas, verduras y pescado se asocia a mayor riesgo de enfermedades vasculares y degenerativas que pueden dañar la retina; y el sedentarismo favorece obesidad, hipertensión y diabetes, tres enemigos directos de la visión. A esto se suma el tabaco, que acelera el envejecimiento de los tejidos oculares y aumenta el riesgo de cataratas y degeneración macular.

En tercer lugar, hay factores que multiplican el riesgo. Las mencionadas diabetes, hipertensión, colesterol elevado o sobrepeso pueden afectar a los vasos sanguíneos de la retina si no están bien controlados. Y, muy importante, los antecedentes familiares: si hay casos de glaucoma, degeneración macular u otras enfermedades oculares graves, no vale esperar a ?notar algo? ya que muchas patologías avanzan en silencio.

Por último, está la gran asignatura pendiente de estas generaciones: no esperar para ir a revisiones oftalmológicas. Ver bien no siempre significa estar bien. Algunas enfermedades, como el glaucoma, el queratocono o ciertas alteraciones de la retina, pueden progresar durante años sin síntomas. Por eso es recomendable hacer una primera revisión oftalmológica completa a los 4 años, para descartar ambliopía, y luego en la edad adulta joven, incluso sin molestias.

Y ante señales de alarma como visión borrosa repentina, destellos, sombras en el campo visual o dolor intenso se debe consultar de forma urgente. La medicina preventiva también existe en oftalmología. Integrar pequeñas rutinas de cuidado visual, conocer los factores de riesgo y acudir a revisiones periódicas puede cambiar el pronóstico de una generación entera. 

Autor:

Luis Fernández-Vega Cueto-Felgueroso
Oftalmólogo del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega

El síndrome de Cushing continúa siendo una enfermedad infradiagnosticada cuyo reconocimiento tardío tiene consecuencias directas en la calidad de vida de los pacientes. Según advierten especialistas y asociaciones, el diagnóstico puede demorarse más de un año en la mayoría de los casos, e incluso superar los tres años, lo que agrava las secuelas físicas y emocionales.

Con motivo del Día Mundial del Cushing, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha puesto el foco en la importancia de la detección precoz, subrayando que cuanto antes se trate la enfermedad, mayores son las probabilidades de revertir sus efectos.

El síndrome de Cushing está provocado por un exceso de cortisol en el organismo, habitualmente debido a tumores en la hipófisis o en las glándulas suprarrenales. Aunque en muchos casos es posible tratar la causa ?por ejemplo, mediante cirugía?, los expertos advierten de que las consecuencias pueden prolongarse en el tiempo.

El secretario del Área de Neuroendocrinología de la SEEN, Pablo Jesús Remón Ruiz, explica que, incluso tras controlar la enfermedad, pueden persistir secuelas como hipertensión, diabetes, osteoporosis, pérdida de masa muscular o alteraciones cognitivas. A ello se suman problemas psicológicos como ansiedad, depresión o dificultades de concentración.

El impacto de la enfermedad

Para los pacientes, esto significa que el abordaje no termina con el tratamiento inicial. Es necesario un seguimiento médico continuado para detectar recaídas y minimizar el impacto de estas complicaciones. Por otra parte, y más allá de los síntomas físicos, el síndrome de Cushing tiene un fuerte componente emocional y social. Y es que los cambios visibles en la imagen corporal que lleva asociados pueden afectar a la autoestima y provocar aislamiento.

Desde la Asociación Nacional de Síndrome de Cushing, su presidenta Ana Pacheco señala que la incomprensión del entorno y el retraso en el diagnóstico generan en muchos casos ?frustración y soledad?. Por ello, destaca el papel de las asociaciones de pacientes como espacios de apoyo donde compartir experiencias y acceder a información fiable.

Este acompañamiento resulta clave en una enfermedad que, además de ser poco frecuente, sigue siendo poco conocida tanto por la población general como por algunos profesionales sanitarios.

La necesidad de un abordaje multidisciplinar

Los especialistas insisten en que el tratamiento del síndrome de Cushing debe realizarse en centros especializados y con un enfoque multidisciplinar. La complejidad de la enfermedad requiere la participación de diferentes profesionales para abordar tanto la patología como sus secuelas. Además, recomiendan adoptar hábitos de vida saludables, como una alimentación equilibrada y la práctica de ejercicio físico adaptado, que contribuyen a mejorar el estado general de los pacientes.

En cualquier caso, el retraso diagnóstico del síndrome de Cushing refleja un problema más amplio en el ámbito de las enfermedades raras. Desde la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) recuerdan que la detección temprana mejora el pronóstico clínico y reduce el impacto social, emocional y económico. En este sentido, reclaman reforzar la coordinación entre niveles asistenciales, facilitar la derivación a centros especializados y garantizar un seguimiento integral que incluya atención psicológica.

El uso excesivo de dispositivos digitales en la infancia está empezando a mostrar consecuencias preocupantes en el desarrollo neurológico. La Sociedad Española de Neurología Pediátrica ha alertado del aumento de menores que presentan comportamientos similares a los del Trastorno del Espectro Autista, asociados al abuso de pantallas. Aunque no es un diagnóstico clínico reconocido, el término ?autismo digital? se utiliza para describir situaciones en las que el abuso de pantallas interfiere en el desarrollo social y comunicativo del niño.

Así lo advierte la neuropediatra Begoña Huete, cocoordinadora del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP). Según explica, cada vez es más frecuente observar en consulta niños con falta de respuesta al nombre, escaso contacto ocular o tendencia al aislamiento, conductas que pueden confundirse con un TEA, pero que en algunos casos están relacionadas con una exposición excesiva a estímulos digitales.

Según los especialistas, el problema radica en que el cerebro infantil necesita interacción humana directa (miradas, gestos, lenguaje compartido) para desarrollarse correctamente. Cuando estos estímulos se sustituyen por pantallas, pueden producirse retrasos en áreas clave como: el lenguaje y su uso social, la atención conjunta, la regulación emocional y las habilidades de interacción. ?En muchos casos, estos retrasos pueden revertirse si se reduce el uso de pantallas y se introducen programas de estimulación adecuados?, explica Huete.

Uno de los principales retos en consulta es distinguir entre un trastorno del neurodesarrollo de base neurobiológica, como el TEA, y un retraso derivado del entorno digital. El TEA se caracteriza por dificultades persistentes en la comunicación social y patrones de comportamiento repetitivos, y afecta aproximadamente a una de cada 100 personas en España, lo que supone cerca de 500.000 afectados. Sin embargo, no todos los niños con conductas similares presentan este trastorno, por lo que una evaluación especializada es fundamental.

Recomendaciones sobre el uso de pantallas

Los especialistas insisten en que el desarrollo infantil necesita interacción real. El juego compartido, la comunicación cara a cara y el entorno social son esenciales para el aprendizaje y el bienestar emocional. Reducir el tiempo de exposición a pantallas y fomentar estas experiencias no solo ayuda a prevenir retrasos en el desarrollo, sino que puede ser clave para revertir algunos de los síntomas observados. Porque el cerebro infantil no se desarrolla frente a una pantalla, sino en relación con otras personas.

En línea con esta preocupación, la Asociación Española de Pediatría establece límites claros:

  • 0 pantallas hasta los 6 años
  • Máximo 1 hora al día entre los 7 y 12 años
  • Hasta 2 horas diarias entre los 13 y 16 años, incluyendo el uso escolar

Siempre, además, bajo supervisión adulta.

Causas del aumento de diagnósticos

Los expertos recuerdan que el incremento de diagnósticos de TEA en las últimas décadas no responde a una única causa. Factores como la mejora en la detección, los cambios en los criterios diagnósticos (como el paso del DSM-IV al DSM-V) y una mayor concienciación social han influido significativamente. Aun así, el impacto del entorno digital se suma como un elemento a tener en cuenta en el desarrollo infantil.

Más allá del diagnóstico, los especialistas denuncian desigualdades importantes entre comunidades autónomas en el acceso a recursos y tiempos de espera. Además, a partir de los seis años, muchas familias se enfrentan a un vacío asistencial tras finalizar los programas de atención temprana, lo que puede generar situaciones de vulnerabilidad.

imagen de decoración

AGENDA