Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La esofagitis eosinofílica sigue siendo una gran desconocida para buena parte de la población, a pesar de su creciente impacto en la calidad de vida de quienes la padecen. Con el objetivo de cambiar esta realidad, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y la Asociación Española de Esofagitis Eosinofílica (AEDESEO) han firmado un convenio de colaboración que pone el foco en la formación, la sensibilización y el uso adecuado de los medicamentos.

Este acuerdo marca un paso importante para reforzar el papel del farmacéutico comunitario en el manejo de una enfermedad crónica que, aunque silenciosa en muchos casos, puede condicionar de forma significativa el día a día de los pacientes.

La esofagitis eosinofílica es una patología crónica de origen inmunomediado, en la que los alimentos actúan como desencadenantes en la mayoría de los casos. Se caracteriza por la inflamación del esófago y tiene como síntoma más frecuente la dificultad para tragar, lo que puede derivar en complicaciones importantes si no se diagnostica y trata adecuadamente. Aunque puede aparecer a cualquier edad, afecta principalmente a niños y adultos jóvenes, lo que incrementa su impacto social y sanitario. Según datos de la Asociación Española de Gastroenterología, su prevalencia en España se sitúa en 46 casos por cada 100.000 habitantes, una cifra que refleja que, pese a no ser una enfermedad rara, sigue infraidentificada.

Mejorar el abordaje

El abordaje de esta patología implica con frecuencia la realización de múltiples endoscopias, lo que no solo repercute en la calidad de vida del paciente, sino también en la carga asistencial del sistema sanitario. Ante este escenario, el convenio firmado entre ambas entidades busca mejorar el conocimiento de la enfermedad tanto en la población general como entre los profesionales farmacéuticos, con especial atención al uso racional de los medicamentos.

Una de las claves del acuerdo será la puesta en marcha de programas formativos dirigidos a farmacéuticos comunitarios, que les permitirán realizar un seguimiento más estrecho de los pacientes. El objetivo es claro: mejorar la adherencia a los tratamientos y controlar los posibles efectos secundarios. Esta formación no se limitará al ámbito estrictamente farmacológico, sino que también abordará actuaciones asistenciales y sociales que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas con esofagitis eosinofílica.

La farmacia comunitaria, un pilar para el seguimiento

El convenio, suscrito por Jesús Aguilar, presidente del Consejo General, y Zoraida Gómez, presidenta de AEDESEO, pone en valor el potencial de la red de farmacias comunitarias como agentes clave en la prevención, detección precoz y manejo de la enfermedad. En este sentido, se diseñarán iniciativas específicas dirigidas tanto a la ciudadanía como a los profesionales, centradas en la prevención primaria y secundaria, con el objetivo de mejorar el diagnóstico temprano y evitar complicaciones.

Jesús Aguilar ha subrayado que el farmacéutico comunitario es mucho más que un experto en medicamentos: “Puede explicar cómo tomar la medicación, reforzar la importancia de cumplir el tratamiento y ayudar a resolver dudas, siempre en colaboración con el médico”. Además, ha destacado su papel en la promoción de hábitos de vida saludables que contribuyan a un mejor control de la enfermedad.

Por su parte, Zoraida Gómez ha puesto el acento en la relevancia social del acuerdo, destacando que genera una “ilusión profunda” porque nace del compromiso con los pacientes. “Este paso conjunto supone un impulso decisivo para dar visibilidad a una patología silenciosa que afecta a tantas personas”, ha señalado. Y es que uno de los grandes retos de la esofagitis eosinofílica es precisamente ese: su falta de visibilidad. Muchos pacientes tardan años en recibir un diagnóstico, conviviendo con síntomas que afectan a su alimentación, su vida social e incluso su bienestar emocional.

El anuncio sobre la creación de una Mesa para la Participación de Pacientes por parte del Ministerio de Sanidad ha generado las reacciones por parte de las principales organizaciones del ámbito asociativo en España. Tanto el Foro Español de Pacientes (FEP) como la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) coinciden en reconocer la voluntad política que subyace a esta iniciativa, pero difieren en su interpretación y en el alcance que le atribuyen, especialmente al producirse antes de que vea la luz la esperada Ley de Organizaciones de Pacientes, llamada a convertirse en el eje normativo de referencia.

Desde el Foro Español de Pacientes, la respuesta ha sido especialmente crítica. A través de un comunicado, la organización ha subrayado: “Lo que necesitamos es una Ley, no una mesa sin capacidad efectiva que convierta la participación en un ejercicio dilatorio”. En esta línea, el FEP muestra su “preocupación” ante lo que considera una herramienta con una “aparente falta de aplicabilidad”, al entender que se pretende regular un espacio de participación sin que exista aún un marco legal que delimite sus funciones, competencias y alcance real. La entidad insiste en que la participación solo es útil cuando se traduce en decisiones vinculantes y en capacidad de influir en políticas públicas.

Por su parte, la Plataforma de Organizaciones de Pacientes adopta una posición más matizada. Para esta entidad, la orden ministerial “debe leerse en el marco del desarrollo normativo más amplio en materia de participación de pacientes”. Desde esta perspectiva, consideran que el verdadero impacto de la medida dependerá en gran medida del contenido de la futura ley, “especialmente en lo relativo a su definición, derechos y deberes”, así como del diseño del registro estatal de organizaciones, “que será clave para determinar quién participa y en qué condiciones”. Además, la plataforma recuerda que lleva años defendiendo “que la participación no puede depender de iniciativas puntuales, sino que debe articularse a través de estructuras estables, con capacidad de interlocución y continuidad en el tiempo”.

Ambas organizaciones coinciden en una preocupación de fondo: la falta de un marco normativo claro puede comprometer la eficacia de cualquier intento de reforzar la voz de los pacientes en la toma de decisiones sanitarias. En este sentido, advierten de que poner en marcha una mesa de participación sin haber definido previamente qué se entiende por organización de pacientes o qué requisitos deben cumplir estas entidades puede generar dudas sobre la legitimidad de quienes formen parte de este órgano.

El Foro Español de Pacientes ya puso sobre la mesa, durante la reciente celebración de su décimo encuentro nacional de pacientes, la necesidad de reconocer al paciente como un sujeto con identidad propia dentro del sistema sanitario, diferenciándolo de otras categorías como consumidores o usuarios. Un planteamiento que vuelve a reiterar ahora, en el contexto de esta nueva iniciativa ministerial. Además, desde el FEP advierten de que la proliferación de estructuras sin competencias claras podría tener un efecto contraproducente. Lejos de fortalecer la participación, sostienen que podría debilitarla si no se traduce en una capacidad real de influencia en la toma de decisiones.

En términos generales, tanto el Foro como la Plataforma coinciden en interpretar esta medida como un avance, aunque claramente insuficiente si no se acompaña de reformas más profundas. La Plataforma de Organizaciones de Pacientes lo define como un “primer paso”, que debería evolucionar “hacia un espacio de participación efectiva, con capacidad de influencia real, que contribuya a avanzar hacia un modelo sanitario más centrado en las personas, más coordinado y más alineado con las necesidades de quienes conviven con necesidades crónicas de salud”.

La directora general de Salud Pública de Islas Baleares, Antònia Elena Esteban Ramis, ha anunciado que el Gobierno regional está trabajando en una normativa específica para regular la prevención, detección y atención de la anafilaxia en los centros educativos. Así lo ha asegurado en una jornada organizada por la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (Aepnaa) en el Congreso de los Diputados, bajo el lema Cada minuto cuenta, en la que se ha presentado un manifiesto para reclamar una normativa similar a nivel nacional.

La futura regulación balear tiene como fin garantizar la seguridad de los menores con alergias graves en sus colegios e institutos, y se convertiría con ella en la primera comunidad autónoma en legislar en este ámbito. Entre las medidas que incluirá están la formación del profesorado, la integración de protocolos de actuación y la disponibilidad de autoinyectores de adrenalina.

Unas medidas que se repiten en el manifiesto de Aepnaa, que incluye reivindicaciones de pacientes y familias. También plantea la necesidad de planes individualizados para los menores en riesgo y una mejor coordinación entre los sistemas sanitario y educativo.

Para Aepnaa, el compromiso anunciado por Baleares supone “la mejor noticia posible”, al traducir en medidas concretas años de trabajo del movimiento asociativo. El objetivo es garantizar la seguridad de miles de menores independientemente del centro en el que estudien.

Actuar ante la anafilaxia

La anafilaxia es una reacción alérgica grave que puede poner en riesgo la vida en cuestión de minutos. Así lo ha expresado Cristina Ortega, de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap), y ha insistido en que una respuesta rápida es fundamental, lo que hace imprescindible que el entorno escolar esté preparado.

Sin embargo, la realidad actual evidencia importantes carencias. Según Ignacio Dávila, de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), menos del 15% de los docentes reconoce un autoinyector de adrenalina, lo que pone de relieve la necesidad urgente de formación y de un marco normativo claro.

Ambos especialistas han respaldado el manifiesto junto con Mª José Torres, presidenta de la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI). Esta última ha señalado que países como Reino Unido ya han implantado medidas obligatorias en los centros educativos, incluyendo formación y disponibilidad de autoinyectores.

Familias que viven con incertidumbre

El acto también dio voz a familias de menores con alergias alimentarias, que relataron las dificultades a las que se enfrentan en el día a día. La incertidumbre, el miedo a reacciones graves y las barreras en actividades escolares forman parte de una realidad cotidiana.

En muchos casos, esta situación se traduce en exclusión en excursiones o celebraciones, así como en una carga emocional constante para los menores y sus cuidadores.

Además, el impacto social es significativo: cerca del 40% de los menores con alergias alimentarias afirma haber sufrido acoso relacionado con su condición, lo que añade una dimensión más al problema.

Cambio de cultura

Más allá de la normativa, el reto pasa por transformar la forma en la que se abordan las alergias alimentarias en el entorno escolar. “El objetivo es construir una nueva cultura en los centros educativos” en la que esta condición deje de ser invisible y se trate con responsabilidad, señaló el presidente de Aepnaa, Ángel Sánchez.

Éste ha destacado que el manifiesto supone un nuevo paso tras años de trabajo con administraciones y comunidades autónomas, y ha subrayado la necesidad de avanzar hacia una legislación que garantice la igualdad de derechos con independencia de en qué comunidad autónoma esté escolarizado el alumno con alergia alimentaria.

Las personas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas han puesto en marcha un proyecto para mejorar su atención y sus derechos: un cuestionario estatal que busca identificar las barreras sociosanitarias a las que se enfrentan en su día a día. La iniciativa parte de la Asociación de Personas con Acondroplasia y otras Displasias Esqueléticas (ADEE), que ha puesto en marcha el proyecto CABA: Conocimiento y Autonomía para el Bienestar.

El objetivo es recoger experiencias reales del colectivo para transformarlas en propuestas concretas de mejora. Para ello, la asociación ha activado una encuesta online que permitirá recopilar datos, testimonios y necesidades directamente de las personas afectadas.

Desde ADEE subrayan que uno de los principales problemas es la falta de datos estructurados sobre la realidad del colectivo. “Sin datos, muchas barreras siguen fuera del foco público. Y sin evidencia, resulta mucho más difícil hacer incidencia y exigir cambios reales”, explica Carolina Puente, presidenta de la entidad.

El cuestionario constituye la primera fase de un diagnóstico participativo más amplio que incluirá también grupos focales y espacios de trabajo con profesionales y entidades. Todo para construir una radiografía rigurosa sobre las dificultades en ámbitos como el acceso a la sanidad, la información, los recursos o el trato digno.

Enfoque de derechos

El proyecto CABA se desarrolla con un enfoque centrado en la persona y basado en los derechos, incorporando además una perspectiva de género interseccional. Esto permite abordar las desigualdades desde una visión más amplia, teniendo en cuenta factores sociales, sanitarios y estructurales.

La iniciativa se articula en dos grandes líneas: por un lado, la elaboración de un informe estatal sobre barreras sociosanitarias; por otro, una campaña de sensibilización e incidencia que permita trasladar los resultados a la sociedad y a las instituciones.

El objetivo final es mejorar la autonomía y la calidad de vida de las personas adultas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas. Para ello, ADEE busca identificar no sólo las dificultades existentes, sino también las posibles soluciones desde la experiencia directa de los pacientes.

Llamada a la participación

Desde la asociación hacen un llamamiento a las personas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas para que participen en el cuestionario, así como a profesionales y entidades del ámbito sociosanitario para colaborar en las siguientes fases del proyecto.

La información recopilada dará lugar a un informe técnico estatal accesible, que incluirá evidencias, testimonios y propuestas de mejora. Este documento servirá como base para acciones de incidencia social e institucional orientadas a promover cambios concretos.

Mientras nuestro sistema sanitario avanza en el desarrollo y acceso a terapias de precisión y medicina personalizada, miles de personas siguen atrapadas en un punto anterior: no saben qué enfermedad tienen. Son personas sin diagnóstico. Son pacientes y familiares que habitan en los márgenes del sistema sanitario, en una zona gris donde lo que duele es real, pero los informes arrojan resultados ambiguos.

Las cifras ayudan a dimensionar el problema, pero no alcanzan a explicarlo. Se estima que alrededor de tres millones de personas en España viven con enfermedades raras, y que más de un 20% ha tardado entre seis y diez años en lograr un diagnóstico. Sin embargo, hay quienes ni siquiera llegan a esa meta. Personas que acumulan consultas, pruebas y especialistas sin obtener una respuesta clara. Personas que viven en una espera indefinida y que arrastran invisibilidad, desprotección y, en muchos casos, incredulidad.

«Llegamos a vivir durante años con síntomas incapacitantes sin que nadie sea capaz de ponerles un diagnóstico», lamenta Carmen Sáez, presidenta de Objetivo Diagnóstico. Pero lo peor es que, en un alto porcentaje de casos, la sospecha cubre el lugar que debería tener ese diagnóstico. «En el 90% de los casos, consideran que te lo estás inventando o que estás somatizando”, explica la experta. Y ocurre tanto en el entorno social como en el propio sistema sanitario. Así, las personas sin diagnóstico conviven con una doble carga: la del propio sufrimiento físico y la de tener que justificar constantemente que ese sufrimiento es real.

A esto se suma, en la práctica, no contar con un pronóstico claro y, por tanto, ver reducidas o directamente denegadas prestaciones, ayudas o grados de discapacidad. «No entras en ningún hueco de la sociedad. No entras en ninguna asociación, no entras en ninguna ayuda, no entras en ningún sitio, porque no tienes diagnóstico”, subraya la presidenta de Objetivo Diagnóstico.

Sentirse comprendidas, la clave para Objetivo Diagnóstico

Ante este vacío, asociaciones como Objetivo Diagnóstico han decidido crear espacios donde estas personas puedan, al menos, sentirse comprendidas. Lugares donde compartir experiencias similares y expresar el cansancio sin filtros. “Es un sitio de total libertad para decir ‘estoy hasta las narices de no tener diagnóstico’”, señala Sáez. En estos entornos, el apoyo psicológico cobra un papel central, especialmente en un momento en el que el propio sistema sanitario no contempla de forma específica a este colectivo.

De hecho, uno de los focos actuales de la asociación es precisamente ese acompañamiento emocional, tanto para pacientes como para sus familias. Porque la falta de diagnóstico no afecta solo a quien presenta los síntomas. “Siempre hay alguien que se queda sin esa ayuda”, advierte. En el caso de los menores, la atención suele centrarse en ellos, dejando a los padres sin recursos. En adultos, ocurre algo similar con los cuidadores principales, que asumen la carga sin contar con apoyo suficiente.

Mientras tanto, la investigación sigue avanzando y ofrece pequeñas luces en medio de la incertidumbre. Gracias a estudios genéticos y proyectos específicos, algunos pacientes logran finalmente poner nombre a su enfermedad. “Después de dos años de investigaciones, 13 personas de la asociación han encontrado diagnóstico y estamos súper contentos”, celebra Sáez. Cada caso es una victoria, aunque también evidencia la magnitud del reto pendiente.

Hay proyectos que trascienden el ocio y se convierten en auténticos motores de inclusión, autonomía y esperanza. Es el caso de las Colonias ASEM, una de las iniciativas más emblemáticas de la Federación Española de Enfermedades Neuromusculares (ASEM), que en 2026 celebrará una nueva edición. En concreto, será del 5 al 12 de julio en Vilanova de Sau (Barcelona), en la casa de colonias La Cinglera, un espacio natural completamente adaptado que permite que, por unos días, “las barreras desaparezcan”.

Este proyecto que cuenta con más de 30 años de trayectora, representa una experiencia transformadora tanto para los menores como para sus familias. Durante una semana, niños, niñas y jóvenes con enfermedades neuromusculares conviven en un entorno adaptado, seguro y lleno de actividades diseñadas para potenciar su desarrollo personal, mientras sus familias encuentran un respiro necesario en su día a día. Así, los participantes no solo disfrutan del verano, sino que experimentan algo poco habitual en su rutina: autonomía, independencia y convivencia entre iguales.

Una semana que marca el año para muchas familias

Para quienes conviven con una enfermedad neuromuscular, el acceso a actividades de ocio adaptadas sigue siendo limitado. Las dificultades estructurales (desde instalaciones no accesibles hasta la falta de apoyo asistencial) hacen que muchos menores queden excluidos de experiencias habituales como los campamentos de verano. Precisamente por eso, las Colonias ASEM cubren un vacío clave en el sistema social y sanitario.

Tal y como recoge el proyecto, se trata de una iniciativa única en España, que permite a estos jóvenes participar en actividades lúdicas en igualdad de condiciones, junto a otros compañeros con y sin discapacidad . Esta convivencia inclusiva favorece no solo la integración, sino también el aprendizaje mutuo y la creación de vínculos duraderos.

Pero el impacto no se limita a los participantes. Para las familias, estas colonias suponen una auténtica semana de respiro, un tiempo imprescindible para desconectar de la atención continuada que requieren estas patologías. “Recuperar energía y cuidar su bienestar físico y emocional” es uno de los grandes beneficios que destacan desde la organización.

Autonomía, autoestima y relaciones

El corazón del proyecto está en sus objetivos. Más allá del entretenimiento, las Colonias ASEM buscan potenciar habilidades sociales, autoestima y autonomía personal, aspectos fundamentales para mejorar la calidad de vida de estos jóvenes. Durante la semana, los participantes (un total de 35 jóvenes de entre 8 y 18 años, 25 de ellos con enfermedades neuromusculares) comparten experiencias en un entorno diseñado al detalle.

Las actividades son variadas y adaptadas: desde piscina (un espacio clave donde muchos pueden moverse con mayor libertad) hasta juegos de agua, talleres creativos, ginkanas nocturnas o espectáculos. También hay espacio para propuestas más simbólicas, como el “buzón de la amistad”, donde los participantes intercambian mensajes, fortaleciendo vínculos emocionales que perduran más allá del campamento.

Otro de los aspectos diferenciales de las Colonias ASEM es su apuesta por la inclusión más allá del ámbito lúdico. En los últimos años, el equipo de coordinación ha incorporado a personas con enfermedades neuromusculares que previamente habían sido participantes. Una evolución natural que refuerza el mensaje de integración real en todos los ámbitos de la vida. Este enfoque conecta además con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, especialmente en ámbitos como la salud y el bienestar, la educación inclusiva o la reducción de desigualdades.