Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Un riñón de cerdo modificado genéticamente ha permitido a un paciente con enfermedad renal avanzada permanecer 271 días sin diálisis hasta recibir un riñón humano. El caso, publicado en The Lancet por investigadores del Mass General Brigham, supone un nuevo avance en el desarrollo de los xenotrasplantes, es decir, trasplantes de órganos de animales a personas, y aporta por primera vez evidencia de que un riñón porcino podría funcionar durante varios meses como solución de transición mientras el paciente espera un órgano humano.

El protagonista del procedimiento fue Tim Andrews, que tenía 66 años en el momento del trasplante. Tras nueve meses con el riñón porcino, recibió en enero de este año un órgano procedente de un donante fallecido, sin complicaciones destacables. Según los investigadores, se trata del periodo más prolongado documentado hasta ahora de funcionamiento de un riñón porcino trasplantado a una persona viva y de una transición posterior a un riñón humano.

Solución temporal

La principal dificultad que pretende abordar esta línea de investigación es la escasez de órganos disponibles para trasplante. Para los pacientes con enfermedad renal terminal, el trasplante de un riñón humano constituye la mejor opción terapéutica, pero no siempre llega a tiempo.

«Los pacientes son los verdaderos pioneros aquí», ha señalado Leonardo Riella, autor principal del estudio y especialista del Centro de Ciencias del Trasplante y de la División de Nefrología de Mass General Brigham. El investigador considera que la participación de personas dispuestas a someterse a estos procedimientos experimentales es esencial para avanzar en el conocimiento de los xenotrasplantes.

La estrategia que estudia el equipo contempla inicialmente estos órganos como un puente que permita a los pacientes dejar temporalmente la diálisis mientras esperan un riñón humano. A más largo plazo, los investigadores plantean la posibilidad de convertirlos en una alternativa definitiva, pero únicamente si futuros estudios consiguen demostrar que son suficientemente seguros y duraderos.

De inmediato

El órgano trasplantado a Andrews comenzó a funcionar inmediatamente después de la intervención. Durante los 271 días siguientes, el paciente fue sometido a un seguimiento especialmente estrecho para detectar rechazo, formación de anticuerpos o posibles infecciones asociadas al origen porcino del órgano. No se detectó transmisión de patógenos porcinos.

El paciente sufrió, no obstante, un episodio temprano de rechazo mediado por células T, que pudo controlarse mediante tratamiento. Más adelante, aproximadamente seis meses después del trasplante, los médicos redujeron la inmunosupresión debido a una infección. Posteriormente apareció una lesión microvascular acompañada de inflamación que terminó provocando el fallo del xenoinjerto. Poco después, Andrews pudo recibir el riñón humano que esperaba.

Estos acontecimientos muestran tanto las posibilidades como las dificultades que todavía deben resolverse antes de que los xenotrasplantes puedan incorporarse de forma generalizada. El seguimiento del caso ha permitido además estudiar mecanismos relacionados con el rechazo tardío, uno de los grandes obstáculos para conseguir que estos órganos permanezcan funcionales durante largos periodos.

Procedimiento experimental

La directora de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Beatriz Domínguez-Gil, considera que el caso confirma el avance que se está produciendo en este campo, aunque recalca que se trata todavía de un procedimiento «absolutamente experimental» y que «queda mucho camino por recorrer». A su juicio, uno de los elementos especialmente relevantes del nuevo caso es precisamente la duración de nueve meses de funcionamiento del riñón porcino.

El primer xenotrasplante de un riñón porcino a una persona viva se realizó en 2024 en el Hospital General de Massachusetts. En aquel caso, el paciente sobrevivió 52 días antes de fallecer por causas cardíacas no relacionadas con el trasplante. Hasta ahora, ningún estudio había documentado una supervivencia del xenoinjerto superior a dos meses ni una utilización tan prolongada como puente hasta un trasplante humano.

Por ello, el caso de Andrews representa un nuevo paso en una investigación que busca responder a uno de los grandes problemas de los pacientes con enfermedad renal avanzada: cómo garantizar un órgano disponible cuando el riñón humano que necesitan no llega a tiempo.

La Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR) reclama una nueva manera de abordar la prevención del suicidio que no se limite a identificar a las personas consideradas en riesgo cuando ya atraviesan una situación crítica. Con motivo del Día Internacional para la Prevención del Suicidio, que se celebra el 10 de septiembre, la organización defiende una estrategia basada en la evidencia científica, la responsabilidad institucional y la humanización, pero también en la capacidad de intervenir sobre las circunstancias que pueden llevar a una persona a experimentar un sufrimiento psicológico extremo.

Los últimos datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que 3.953 personas murieron por suicidio en España durante 2024, un 4% menos que en 2023. Sin embargo, la SEPC advierte de que un descenso anual no significa que el problema esté resuelto. Entre esas muertes se contabilizaron además 90 menores de 20 años y 120 jóvenes de entre 20 y 24 años.

Para la sociedad científica, estas cifras no deben interpretarse únicamente desde la perspectiva de la mortalidad. La conducta suicida comprende un espectro mucho más amplio que incluye pensamientos, planificación, intentos, autolesiones, crisis y también las consecuencias que estas experiencias tienen sobre familiares, allegados y profesionales.

Por ello, su Grupo de Trabajo de Prevención, Intervención y Posvención de la Conducta Suicida considera necesario superar un modelo excesivamente centrado en calcular el nivel de riesgo. «La prevención comienza cuando somos capaces de transformar la información sobre el riesgo en decisiones de cuidado, acompañamiento y tratamiento», sostienen desde la sociedad científica.

Circunstancias

La propuesta parte de entender que el suicidio es un fenómeno complejo en el que interactúan factores psicológicos, biográficos, sociales y relacionales, pero también elementos políticos, tecnológicos y contextuales. Entre las circunstancias que pueden incrementar la vulnerabilidad se encuentran la soledad y la desconexión social, las pérdidas, las experiencias adversas, la violencia, la exclusión, las desigualdades o las dificultades para acceder a recursos de apoyo.

De ahí que la organización considere insuficiente intervenir exclusivamente cuando aparecen pensamientos o conductas suicidas. La prevención, a su juicio, debe comenzar antes, fortaleciendo los factores que ayudan a construir una vida sostenible y facilitando que las personas puedan pedir ayuda cuando comienzan a experimentar un sufrimiento intenso.

La SEPC insiste además en que no debe reducirse la conducta suicida a la existencia de un trastorno mental concreto ni a una suma de factores de riesgo. «Hay que ocuparse de las condiciones que favorecen el sufrimiento, de los vínculos que se pierden, de los apoyos que no están disponibles y de las barreras que dificultan que una persona pueda pedir ayuda», señala el grupo de trabajo.

Prevención

Esta mirada implica reforzar la prevención universal mediante la promoción de la salud mental y física, el fortalecimiento de las relaciones sociales y comunitarias, las campañas de sensibilización, la lucha contra el estigma y la promoción de la búsqueda de ayuda.

En el ámbito sanitario, la organización defiende una atención accesible, flexible, especializada y continuada, capaz de intervenir en los periodos de mayor vulnerabilidad y de ofrecer posteriormente tratamientos psicológicos específicos. Para ello considera necesario que la psicología clínica esté presente en todas las fases de la prevención, desde las actuaciones dirigidas a la población general hasta la intervención en crisis y la posvención.

De esta manera, desde la sociedad se reclama reforzar el Sistema Nacional de Salud con más profesionales de esta especialidad, con tiempo suficiente para atender a cada persona, fomentando la continuidad asistencial y aportando dispositivos capaces de responder con flexibilidad cuando la situación lo requiera.

En definitiva, la sociedad científica propone pasar «de una cultura centrada en la estimación del riesgo a otra orientada a la estimación de cuidados: no predecir, sino prevenir«. La prevención del suicidio, añade, no puede recaer exclusivamente en el sistema sanitario, sino que requiere la implicación coordinada de las políticas públicas, los servicios sociales, la educación, la comunidad y otros agentes sociales.

  • Ante pensamientos o conductas suicidas, el documento recuerda que es importante buscar ayuda y no afrontar la situación en soledad. En España está disponible el 024, línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Ante una emergencia inmediata, recomienda llamar al 112 o acudir a un servicio de urgencias hospitalarias.

El cáncer de mama continúa siendo el tumor más diagnosticado entre las mujeres en España y este 2026 se prevé que se contabilicen más de 38.000 nuevos casos1 que transformarán la vida y el entorno de las afectadas. Afortunadamente, gracias a los avances diagnósticos y terapéuticos, la supervivencia ha aumentado de forma significativa2. Aunque también persiste un desafío que muchas veces pasa desapercibido: conseguir que las pacientes mantengan su tratamiento oral tras cirugía, radioterapia, quimioterapia.

Se estima que, aproximadamente, una de cada tres mujeres con cáncer de mama abandona el tratamiento o no lo sigue de la forma indicada, y la adherencia disminuye progresivamente entre el primer y el quinto año tras el diagnóstico3. Detrás de estas cifras no hay falta de compromiso o responsabilidad; hay mujeres que conviven con cansancio acumulado, cambios físicos, posibles eventos adversos, incertidumbre, preocupaciones familiares o laborales y un impacto emocional que, en ocasiones, resulta difícil de sostener durante tanto tiempo. Por eso, cuando hablamos de adherencia terapéutica, hablamos también de calidad de vida, de comunicación y de acompañamiento.

Señales de alerta

La guía sobre las ‘Señales de alerta ante la falta de adherencia terapéutica en cáncer de mama es un material para pacientes y familiares que sirve como herramienta práctica para ayudar a identificar esas principales señales de alerta que pueden poner en riesgo la continuidad del tratamiento oral en cáncer de mama, y ofrece recomendaciones sencillas para afrontarlas.

En consulta observo con frecuencia que muchas mujeres quieren seguir su tratamiento oral, pero no siempre encuentran el momento o espacio adecuado en su día a día para expresar cómo se sienten o los problemas que están experimentando. Cuando estas situaciones no se comparten, puede resultar más difícil identificar las soluciones que les ayuden a continuar con el tratamiento. Y, hablar de ello es, precisamente, el primer paso para poder abordarlo.

Porque esta continuidad terapéutica no solo depende de la voluntad individual; es el resultado de múltiples factores que incluyen el bienestar emocional, el apoyo familiar, la información recibida o la relación de confianza con sus profesionales sanitarios. Cuanto antes ayudemos a estas mujeres a identificar estas señales que dificultan su continuidad del tratamiento oral, mayores serán las posibilidades de encontrar soluciones adaptadas a cada una de ellas.

La importancia del entorno

Además, el entorno que las rodea también desempeña un papel esencial. Acompañar no significa resolver todos los problemas, sino escuchar sin juzgar, respetar los tiempos de cada persona y favorecer que la paciente pueda expresar cómo se siente. En muchas ocasiones, una conversación a tiempo puede evitar que una dificultad se convierta en un motivo para abandonar su tratamiento oral.

Desde la psicooncología también tenemos una responsabilidad importante: generar espacios de confianza donde las pacientes puedan plantear cualquier duda sin sentirse cuestionadas. La toma de decisiones compartida y la comunicación abierta contribuyen a fortalecer la adherencia y a mejorar su experiencia asistencial.

Favorecer la adherencia significa entender que detrás de cada tratamiento oral hay una persona con necesidades, emociones y circunstancias propias. Porque acompañar bien esa continuidad no es un extra del tratamiento: es parte de él, y de eso también depende que cada mujer pueda beneficiarse plenamente de los avances en oncología.

Referencias:

  1. SEOM. Sociedad Española de Oncología Médica. Las cifras del cáncer en España. 2026. Disponible en: Las_Cifras_del_Cancer_en_Espanya_2026.pdf. Último acceso julio 2026.
  2. Dilla T, Valladares A, Lizán L, et al. Adherencia y persistencia terapéutica: causas, consecuencias y estrategias de mejora [Treatment adherence and persistence: causes, consequences and improvement strategies]. Aten Primaria. 2009;41(6):342 -8. Spanish.
  3. Yussof I, Mohd Tahir NA, Hatah E, et al. Factors influencing five -year adherence to adjuvant endocrine therapy in breast cancer patients: A systematic review. Breast. 2022 Apr;62:22 -35.

Por Marta de la Fuente, psicooncóloga participante en la guía ‘¿Cómo puedo afrontar las posibles dificultades para seguir mi tratamiento de cáncer de mama?

Hablar de prevención del suicidio implica también hablar de quienes quedan atrás. Familiares, amistades y otras personas del entorno de quien muere por suicidio afrontan un proceso de duelo que con frecuencia está acompañado de culpa, vergüenza, incomprensión y soledad. Ese ha sido el tema central del encuentro online organizado por Salud Mental España para conmemorar el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra el 10 de septiembre.

Bajo el título Ni culpa ni silencio: Hablemos del duelo por suicidio, el webinar reunió a más de 300 personas, y contó con la participación de familiares, supervivientes, profesionales de los servicios de emergencia y representantes de la Administración. El objetivo: abordar el duelo por suicidio desde distintas perspectivas. La iniciativa forma parte del trabajo de sensibilización de la organización para romper el estigma que todavía rodea estas experiencias.

Durante la inauguración, el presidente de Salud Mental España, Nel González Zapico, defendió la necesidad de validar las emociones que aparecen durante este proceso, incluidas aquellas que pueden resultar más difíciles de expresar. «Especialmente aquellas vinculadas de forma directa con el duelo por suicidio, como pueden ser la culpa, la vergüenza, el enfado, o la sensación de sentirse juzgado por los demás», señaló.

Nel González Zapico, presidente de Salud Mental España

Más que el duelo

Uno de los testimonios más destacados fue el de Lola Fernández Ochoa, presidenta de la Fundación Blanca y hermana de la deportista olímpica Blanca Fernández Ochoa, que decidió dejarnos hace siete años. Ésta relató cómo tuvo que enfrentarse a la pérdida, pero también a la percepción de que debía encontrar una explicación y a la preocupación por el juicio de los demás. «Lo que más me costó fue lidiar con la vergüenza. Sentía una vergüenza tremenda por lo que había hecho mi hermana, por lo que pensarían los demás. No solo de Blanca, sino qué pensarían de la familia», explicó.

La dimensión pública del caso hizo todavía más complejo ese proceso. «Si a un suicidio de un familiar se le añade que es mediático, es terrible. El duelo familiar se complica», afirmó. Aunque, reconoció que, con el paso del tiempo, pudo comprender mejor el sufrimiento de su hermana, algo que le permitió avanzar junto con el apoyo de su entorno más cercano. También cambió su propia manera de mirar lo ocurrido: «Al principio intentaba disimular, contar a la gente que Blanca había tenido un accidente en la montaña. Ahora siento vergüenza de haber tenido vergüenza, pero son sentimientos que no puedes obviar. Son los que son».

Actualmente, a través de la Fundación Blanca, trabaja para promover el bienestar psicológico en el deporte y considera que ese compromiso forma parte del legado que dejó su hermana.

Después de una tentativa

La jornada permitió además visibilizar la experiencia de las personas que han sobrevivido a una tentativa de suicidio. Adela Montaño Candelario, representante de la Red Estatal de Mujeres de Salud Mental España, subrayó que también en estos casos existe un proceso de duelo, marcado por las miradas ajenas, el miedo y la culpabilidad.

«Es importante visibilizar lo invisible que es el sufrimiento que te lleva a no ver otra salida que dejar de sufrir«, afirmó. En su opinión, comprender esta experiencia exige abandonar las explicaciones basadas en la valentía o la cobardía y atender al sufrimiento que hay detrás. Montaño reclamó además que las personas supervivientes puedan contar con espacios en los que compartir lo vivido sin ser juzgadas.

Desde la perspectiva de los servicios de emergencia, Ander Iturriaga Madariaga, bombero del Ayuntamiento de Bilbao y experto en Suicidología, explicó que la intervención ante una crisis suicida parte de la escucha activa y la empatía, junto con una actitud cercana y respetuosa hacia el sufrimiento de la persona.

Por otra parte, advirtió que en el caso de los profesionales como él, el impacto no termina necesariamente cuando finaliza la intervención. Estas relaciones pueden desembocar en estrés agudo, desgaste profesional o burnout después de una exposición continuada a situaciones traumáticas. Por eso, defendió que su cuidado emocional debe comenzar incluso antes de enfrentarse a estas situaciones.

Recursos

Finalmente, Carlos Zurita Zarco, coordinador técnico del Comisionado de Salud Mental, explicó las medidas que se están desarrollando para reforzar tanto la prevención como la atención a las personas afectadas. Entre ellas destacó la formación especializada de profesionales y el trabajo de la línea 024 de atención a la conducta suicida, cuya trayectoria alcanza ya cuatro años.

Zurita recordó además el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027, el primer plan nacional de estas características en España, que permitió identificar y consolidar medidas específicas de prevención y posvención. «Nuestro objetivo es que ninguna persona tenga que transitar este duelo sola», afirmó.

Precisamente para contribuir a que este mensaje llegue a la sociedad, Salud Mental España difundirá este 10 de septiembre la campaña #NiCulpaNiSilencio, centrada en visibilizar el impacto que tiene el fallecimiento por suicidio de un ser querido y en combatir la culpa y la vergüenza que con frecuencia acompañan a familiares y allegados.

Quedan pocos días para el 15 de septiembre, fecha tope para presentar candidaturas a los XII Premios Somos Pacientes. Así que todas aquellas organizaciones que hayan puesto en marcha un proyecto relacionado con el entorno de las personas con enfermedades crónicas o con alguna discapacidad y de sus cuidadores, están todavía a tiempo para hacernos llegar sus propuestas.

Se pueden presentar tanto asociaciones de pacientes como empresas, fundaciones, administraciones públicas, hospitales, centros de investigación e, incluso, personas individuales que hayan desarrollado una idea a nivel nacional para mejorar la vida de estas personas, o de impulsar su participación en el sistema de salud.

Impulsados por la Fundación Farmaindustria a través de Somos Pacientes, estos galardones reconocen iniciativas que ofrecen servicios de calidad a pacientes, personas con discapacidad, familiares y cuidadores o que contribuyen a mejorar sus condiciones de vida. Las bases de esta edición contemplan además proyectos relacionados con la divulgación, la investigación, la protección sanitaria y social y el impulso del movimiento asociativo.

Tres subcategorías para pacientes

La categoría Pacientes está dirigida a las entidades y organizaciones registradas en Somos Pacientes y contempla tres subcategorías para presentar directamente las iniciativas: Iniciativa de servicio al paciente y/o cuidador; Iniciativa de divulgación y/o concienciación social; e Iniciativa para el fomento de la investigación.

Pueden concurrir proyectos que hayan sido puestos en marcha o completados entre el 1 de enero de 2025 y el 30 de junio de 2026. En cada una de esas tres subcategorías, Somos Pacientes realizará una preselección de un máximo de seis finalistas, que posteriormente serán valorados por el jurado en función de aspectos como los objetivos planteados, los medios empleados, los recursos disponibles y los resultados obtenidos.

Los premios mantienen además la categoría Sociedad, abierta a cualquier institución o entidad pública o privada (exceptuando las iniciativas desarrolladas de forma directa por compañías farmacéuticas), esté o no relacionada directamente con el ámbito de la salud y la discapacidad. En este apartado se reconocen iniciativas de servicio al paciente y/o cuidador, de fomento de la investigación, de impulso de la participación del paciente en el sistema sociosanitario y de protección social.

Al igual que sucede en la categoría Pacientes, se seleccionarán hasta seis finalistas en cada una de estas cuatro subcategorías para que posteriormente sean valorados por el jurado.

Ganadores

El fallo del jurado se hará público oficialmente el 1 de diciembre de 2026, durante la gala de entrega de los Premios Somos Pacientes que se celebrará en Madrid. Como en años anteriores, todos los ganadores recibirán una estatuilla conmemorativa, y los elegidos de la categoría Pacientes se llevarán, además, 3.000 euros para poder dar un mayor impulso a sus proyectos.

El pasado año se concedieron 10 galardones en total, entre los que estaban: la Federación Española de Familias de Cáncer Infantil (FEFCI), con su iniciativa de divulgación Cáncer infantil sin cuentos: Guía para un lenguaje inclusivo y empático en oncología pediátrica; o Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), como personalidad destacada dentro del movimiento asociativo.

También Supercuidadores, para la categoría Sociedad, con la iniciativa Alfabetización digital para mayores y cuidadores: hacia una sociedad más inclusiva y conectada. Y la Fundación Síndrome de Dravet, que se alzó con la victoria como iniciativa preferida por los usuarios de Somos Pacientes con su Laboratorio Síndrome de Dravet, al conseguir más de 3.000 de los 12.350 votos online registrados.

En pocos ámbitos de la medicina, el tratamiento está cambiando tan rápidamente como en las enfermedades oncohematológicas. El conocimiento molecular de los tumores, las terapias dirigidas, los anticuerpos biespecíficos y las terapias celulares están permitiendo seleccionar mejor los tratamientos y modificar el pronóstico de personas con enfermedades oncohematológicas para las que hace apenas unos años existían muchas menos alternativas. De hecho, la innovación está cambiando el pronóstico de algunas leucemias linfoblásticas. El conocimiento biológico y molecular permite avanzar hacia tratamientos más personalizados en LMC, LMA y síndromes mielodisplásicos, y surgen nuevas estrategias frente a la evolución del mieloma múltiple. Pero este progreso científico plantea desafíos tanto para estos ciudadanos como para sus hematólogos. El más urgente radica en conseguir que la investigación y la innovación se traduzcan en mejores resultados y en una atención verdaderamente centrada en las personas.

Este cambio de paradigma y las preocupaciones asociadas han sido los grandes hilos conductores del III Encuentro Nacional de Asociaciones de Enfermedades Oncohematológicas, que GRUPO CERO (antes AELCLÉS) ha celebrado del 4 al 6 de septiembre en Madrid. Por tercer año consecutivo, el encuentro ha reunido a pacientes, familiares, asociaciones y profesionales sanitarios para analizar los avances en leucemias, mieloma múltiple y linfomas, pero también para fortalecer el movimiento asociativo y compartir programas/conocimientos con todos los asociados.

“La investigación y la innovación son fundamentales, pero cobran todo su sentido cuando llegan al paciente. Por eso, necesitamos espacios como este, lugares en los que ciencia, experiencia clínica y voz de quien la tiene se encuentren y avancen juntas”, destaca Ascensión Hernández, presidenta de GRUPO CERO. “Esta edición nos hemos reunido para hacer más fuerte la voz de las personas con enfermedades oncohematológicas y reclamar que los avances científicos se traduzcan en un acceso equitativo a diagnósticos precoces, terapias innovadoras y un seguimiento de calidad, independientemente del lugar de residencia. Pero también para defender una atención verdaderamente integral, que contemple el apoyo psicológico, el acompañamiento a las familias y cuidadores, la rehabilitación, la vida laboral y la calidad de vida después del tratamiento”, indica.

La innovación cambia el pronóstico de las leucemias linfoblásticas

Las leucemias linfoblásticas constituyen uno de los ejemplos más claros de cómo el conocimiento de la biología de la enfermedad está modificando la práctica clínica. Durante años, el tratamiento estuvo sustentado fundamentalmente en esquemas intensivos de quimioterapia y en el trasplante de progenitores hematopoyéticos para determinados pacientes. Hoy, una caracterización cada vez más precisa de la enfermedad permite identificar alteraciones moleculares, medir con mayor sensibilidad la respuesta al tratamiento y seleccionar nuevas estrategias terapéuticas en función del perfil de cada paciente. “En algunas leucemias linfoblásticas hemos pasado de curar con fármacos a curar con células”, explica Dr. Antonio Pérez-Martínez, jefe de Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica y Trasplante Hematopoyético del Hospital Universitario La Paz de Madrid.

El reto actual en el tratamiento de estas patologías pasa por saber cómo integrarlas, en qué momento utilizarlas y para qué pacientes pueden aportar un mayor beneficio. Pero existen otros desafíos. El Dr. Pérez-Martinez traslada tres reivindicaciones: “Los médicos deberíamos poder compatibilizar la asistencia clínica con el desarrollo de proyectos de investigación, pero en España esta dedicación sigue estando penalizada en muchos casos desde el punto de vista retributivo. Además, es necesario avanzar hacia una mayor concentración de la atención y superar una organización excesivamente territorializada. La leucemia linfoblástica infantil, por su complejidad, no debería abordarse de forma dispersa en decenas de hospitales, sino en centros integrales de cáncer infantil con la experiencia y los recursos necesarios. Y, por último, falta el reconocimiento de la hematología pediátrica como especialidad. España sigue siendo una excepción en Europa en este ámbito. Los niños con enfermedades hematológicas necesitan profesionales específicamente formados en estas patologías, no únicamente una atención pediátrica generalista”.

Hacia un tratamiento más personalizado en LMC y LMA

La medicina de precisión está cambiando también el abordaje de la leucemia mieloide crónica (LMC), la leucemia mieloide aguda (LMA) y los síndromes mielodisplásicos. Aunque se trata de enfermedades muy diferentes entre sí, el objetivo de la ciencia converge en lo que respecta a conocer con mayor profundidad las características biológicas, genéticas y moleculares de cada caso para definir mejor el riesgo y seleccionar el tratamiento más adecuado.

“Ya no basta con conocer el nombre de la enfermedad. Necesitamos saber qué características tiene en cada paciente, cómo está respondiendo y qué factores pueden modificar su evolución. Y, para ello, es clave el perfil genético. Esa información es la que permite personalizar de verdad el tratamiento”, señala la Dra. Ana Alfonso, hematóloga de la Clínica Universidad de Navarra.

Con respecto al arsenal terapéutico, la doctora asegura que estamos entrando en una nueva etapa en la que tenemos más opciones terapéuticas, incluyendo fármacos orales y tratamientos menos agresivos para todos los perfiles de paciente. Sin embargo, sostiene que el objetivo ya no es solo incorporar nuevos fármacos, sino combinar de forma inteligente distintas estrategias dirigidas. “En leucemia mieloide aguda, los inhibidores de menina representan una de las líneas de investigación más prometedoras, especialmente en pacientes con reordenamientos de KMT2A o NUP98 y mutaciones de NPM1. A ello se suman combinaciones como los tripletes de azacitidina y venetoclax con inhibidores de FLT3 o IDH1, que buscan profundizar y prolongar la respuesta. El siguiente paso será integrar estas terapias de forma más precisa según el perfil molecular de cada paciente y seguir explorando nuevas aproximaciones, como las terapias CAR-T, capaces de modificar genéticamente los linfocitos del propio paciente para que reconozcan y destruyan específicamente las células leucémicas”, explica.

Nuevas estrategias en la evolución del mieloma múltiple

En mieloma múltiple también se ha pasado de disponer un número limitado de líneas de tratamiento a contar con un abanico terapéutico amplio. Sin embargo, sigue siendo una enfermedad que produce recaídas a lo largo del tiempo, por lo que el reto clínico no termina con la primera respuesta al tratamiento. Cada nueva etapa obliga a replantear la estrategia y a valorar las características de la enfermedad, las terapias ya utilizadas y la situación general del paciente. Así, entre los retos pendientes se encuentra seguir mejorando la duración de las respuestas.

“En los dos últimos años hemos visto avances muy relevantes. Destaca, sobre todo, la incorporación en la práctica clínica de nuevos tratamientos en primera línea capaces de ofrecer respuestas más profundas y periodos de control de la enfermedad cada vez más prolongados. Además, contamos con terapias muy eficaces para el momento de la recaída. Estas innovaciones nos permiten, por primera vez, contemplar la opción de una posible curación en algunos casos. Es un escenario que antes era impensable y que hoy empieza a ser un horizonte realista gracias al avance constante de la investigación.”, sostiene la Dra. Cristina Encinas, hematóloga del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y miembro del Grupo Español de Mieloma (GEM).

Linfoma en 2026: personalización, innovación y supervivencia

Hablar de linfoma implica hablar de un grupo muy heterogéneo de enfermedades, con comportamientos, pronósticos y necesidades terapéuticas diferentes. Respondiendo a esta necesidad, en los últimos años se han incorporado nuevas terapias dirigidas, anticuerpos, inmunoterapias y tratamientos celulares. Estos están modificando el abordaje de determinados linfomas, especialmente en pacientes en recaída o con enfermedad refractaria.

“Estamos conociendo mucho mejor qué linfoma tiene cada paciente y qué vulnerabilidades podemos aprovechar terapéuticamente. Eso permite abandonar progresivamente una visión uniforme de la enfermedad y seleccionar tratamientos de una forma mucho más precisa”, explicael Dr. Ramón García Sanz, jefe del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y miembro del Comité Científico de GELTAMO. Y desvela que el siguiente reto consiste en determinar cómo integrar estas innovaciones en las distintas líneas de tratamiento, identificar qué pacientes obtendrán mayor beneficio y continuar reduciendo el impacto de la enfermedad y de las terapias a largo plazo.

El impacto social de las enfermedades oncohematologicas

Ante este avance científico, la perspectiva del paciente adquiere una importancia creciente. Y es que, vivir más obliga también a hablar de calidad de vida, efectos secundarios, reincorporación laboral, salud emocional, seguimiento a largo plazo y recuperación de los proyectos personales después del tratamiento.

GRUPO CERO ha situado esta cuestión entre ejes de trabajo prioritarios, pero también trabaja en conseguir la equidad en el acceso a la innovación, la atención integral de las personas con enfermedades oncohematológicas y la reducción de las desigualdades que pueden existir en función del territorio o del centro en el que son atendidas. “No solo se trata de curar la enfermedad física. Nuestros esfuerzos van destinados a conseguir apoyo psicológico, acompañamiento a familias, rehabilitación, aspectos laborales y calidad de vida tras el tratamiento”, sostiene Hernández.