Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Una infección en el torrente sanguíneo puede convertirse rápidamente en una emergencia médica. Identificar qué bacteria la está provocando y conocer qué antibiótico puede combatirla resulta fundamental, pero los procedimientos actuales pueden necesitar varios días para ofrecer una respuesta completa. Hasta ahora. Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State) ha desarrollado un método que pretende reducir este proceso a apenas siete horas.

La nueva tecnología, denominada STREAM, combina el cultivo acelerado de las bacterias presentes en la sangre con técnicas de análisis molecular, imágenes microscópicas y algoritmos informáticos. Los resultados del trabajo han sido publicados en la revista ‘Science Advances’.

“Estamos desarrollando una plataforma de diagnóstico integral que permite a los médicos identificar rápidamente tanto la bacteria específica que causa la infección como el antibiótico ideal para tratarla, antes de que se desarrolle la sepsis”, explica Pak Kin Wong, autor principal del estudio y profesor de ingeniería biomédica e ingeniería mecánica.

Cada hora cuenta ante una infección sanguínea

Las infecciones del torrente sanguíneo son responsables de alrededor del 40% de los casos de sepsis que requieren hospitalización. Uno de los grandes problemas para su diagnóstico es que cantidades muy pequeñas de microorganismos pueden provocar una infección grave, mientras que la propia complejidad de la sangre dificulta su detección.

“Los médicos no solo deben detectar la presencia de bacterias, sino también identificar los patógenos específicos y el mejor antibiótico para el tratamiento”, señala Wong, quien recuerda que las consecuencias de obtener un falso positivo o un falso negativo pueden ser graves porque “cada hora cuenta al tratar una infección del torrente sanguíneo”.

El investigador señala que el diagnóstico exige analizar diferentes posibilidades. “Esto no es como una prueba de COVID, donde se verifica la presencia de un virus específico. Muchas bacterias diferentes pueden causar sepsis y pueden responder de manera distinta al tratamiento”, explica.

De varios días a unas horas

Los procedimientos convencionales requieren cultivar una muestra de sangre para conseguir que las bacterias presentes se multipliquen hasta alcanzar niveles que permitan detectarlas. Este proceso puede prolongarse durante varios días. Una vez confirmado el crecimiento bacteriano, todavía es necesario identificar el microorganismo responsable, lo que puede añadir uno o dos días al diagnóstico.

Aunque ya existen sistemas comerciales que permiten acelerar algunas partes del proceso, los investigadores señalan que reducir los tiempos puede implicar obtener información menos completa o perder sensibilidad.

El equipo de Penn State buscó una alternativa que permitiera ganar velocidad sin renunciar a la información necesaria para orientar el tratamiento. Así, la principal diferencia de STREAM está en la forma de abordar el cultivo bacteriano. Las muestras de sangre se mezclan con un medio especializado que favorece el crecimiento rápido de las bacterias y, al mismo tiempo, permite separarlas de las células sanguíneas.

En lugar de esperar a que todo el cultivo haya finalizado para analizarlo, los investigadores extraen pequeñas muestras en diferentes momentos. “En lugar de tomar una muestra en un momento determinado una vez finalizado el cultivo, recogemos muestras en distintos momentos a lo largo de todo el proceso”, explica Wong.

Posteriormente, se utiliza una técnica de codificación molecular que permite detectar pequeños fragmentos de información genética de las bacterias aisladas e identificar las especies presentes.

A ello se suman técnicas de análisis de células individuales mediante imágenes microscópicas. Los algoritmos desarrollados por los investigadores procesan estas imágenes y eliminan elementos visuales que pueden dificultar su interpretación.

También busca orientar la elección del antibiótico

Una de las características relevantes del sistema es que no se limita a identificar el microorganismo. Los análisis también permiten estimar a qué antibióticos puede ser susceptible la bacteria y detectar posibles resistencias. Esta información podría resultar especialmente útil para orientar antes el tratamiento y reducir el uso inadecuado de antibióticos, una cuestión relevante ante el avance de las resistencias antimicrobianas.

Para comprobar el funcionamiento de STREAM, los investigadores analizaron alrededor de 100 muestras positivas de infecciones del torrente sanguíneo procedentes de pacientes y almacenadas en el laboratorio de microbiología clínica del Penn State Hershey Medical Center.

El trabajo plantea así la posibilidad de acortar considerablemente los tiempos de diagnóstico de las infecciones sanguíneas. Sin embargo, el desarrollo se encuentra todavía en fase de investigación, por lo que será necesario seguir evaluando su funcionamiento antes de determinar su posible incorporación a la práctica clínica.

La enfermedad de células falciformes continúa provocando muertes y graves complicaciones entre niños y adolescentes pese a que existen tratamientos capaces de modificar su evolución. Para reducir esta brecha, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha impulsado un nuevo paquete de directrices y herramientas dirigido a mejorar el diagnóstico, la atención y el acceso a medicamentos adecuados y asequibles, especialmente en los países con mayor carga de la enfermedad.

“Demasiados niños con enfermedad de células falciformes siguen muriendo o sufriendo complicaciones devastadoras, a pesar de que contamos con tratamientos que pueden ayudarles”, advierte Pascale Allotey, directora del Departamento de Salud Sexual, Reproductiva, Materna, Infantil y Adolescente y Envejecimiento de la OMS.

La responsable de la organización resume el objetivo de la iniciativa en una cuestión de equidad: “Garantizar que el lugar donde nace un niño no determine si puede recibir el tratamiento que necesita para sobrevivir y llevar una vida saludable”.

Más de 81.000 muertes en menores de cinco años

La enfermedad de células falciformes (ECF) es el trastorno sanguíneo hereditario más frecuente en el mundo y continúa siendo una importante causa prevenible de mortalidad y discapacidad infantil, especialmente en países de ingresos bajos y medianos.Según los datos recogidos por la OMS, la enfermedad contribuyó a unas 81.100 muertes de niños menores de cinco años en 2021.

La situación resulta especialmente preocupante en África subsahariana, donde se concentra cerca del 80% de los casos. Sin embargo, la patología también afecta a poblaciones del Mediterráneo Oriental, el Caribe, Asia Meridional y América Latina, además de a comunidades de la diáspora en diferentes partes del mundo.

Uno de los grandes problemas continúa siendo la desigualdad. Aunque existen intervenciones eficaces, muchos niños siguen sin disponer de un diagnóstico precoz, una atención integral o tratamientos capaces de modificar el curso de la enfermedad.

Hidroxiurea para prevenir complicaciones

Entre las principales medidas planteadas por la OMS destaca el impulso al acceso a la hidroxiurea, un medicamento que puede prevenir complicaciones graves de la enfermedad. “Disponer de un medicamento eficaz no es suficiente si los niños no pueden acceder a él, pagarlo o tomarlo en una presentación diseñada para ellos”, señala Meg Doherty, directora del Departamento de Ciencia para la Salud de la OMS.

La organización trabaja junto a sus socios para mejorar esta situación, comenzando precisamente por la hidroxiurea. Además de garantizar su disponibilidad, la estrategia pretende conseguir formulaciones de calidad adaptadas específicamente a las necesidades de los pacientes pediátricos. Esta cuestión resulta especialmente relevante en aquellos países donde la elevada prevalencia de la enfermedad convive con sistemas sanitarios que disponen de menos recursos para diagnosticar, tratar y realizar el seguimiento de los pacientes.

Una guía específica para niños y adolescentes

La estrategia se apoya también en la primera guía normativa de la OMS dedicada específicamente al diagnóstico, prevención y manejo clínico de la enfermedad de células falciformes entre los 0 y los 19 años. El documento contiene 15 recomendaciones distribuidas en siete áreas prioritarias. Entre ellas figura una recomendación firme para utilizar hidroxiurea en todos los niños y adolescentes con anemia de células falciformes desde los nueve meses hasta los 19 años, independientemente de la gravedad clínica.

El objetivo es que los profesionales sanitarios dispongan de criterios comunes basados en la evidencia y que estos puedan traducirse posteriormente en una atención efectiva para los pacientes.

La OMS reconoce, no obstante, que publicar nuevas recomendaciones es solo una parte del camino. El principal reto será conseguir que se apliquen en los países con mayor prevalencia y que los medicamentos lleguen realmente a los niños que los necesitan.

Para ello, la organización reclama la implicación de gobiernos, fabricantes de medicamentos, organismos reguladores, investigadores, profesionales sanitarios y comunidades afectadas.

La red Global Accelerator for Paediatric Formulations (GAP-f) y la futura Alianza Mundial OneSCD tendrán también un papel en este proceso, con el objetivo de transformar las recomendaciones de la OMS en medidas coordinadas que mejoren la prevención, el tratamiento y la calidad de la atención.

El desafío, según plantea la organización, no consiste únicamente en disponer de tratamientos eficaces, sino en evitar que el país en el que nace un niño determine sus posibilidades de acceder a ellos y, en última instancia, sus oportunidades de sobrevivir y convivir en mejores condiciones con la enfermedad.

Después de más de dos décadas sin novedades terapéuticas relevantes, la llegada de nuevos tratamientos contra el Alzheimer ha abierto una puerta a la esperanza para determinados pacientes en fases iniciales. No curan la enfermedad ni están indicados para todas las personas, pero pueden ralentizar su evolución. Para la Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (Ceafa), resulta difícil de aceptar que estos avances existan y no lleguen a quienes podrían beneficiarse de ellos.

Por ello, con motivo del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora el 21 de septiembre, la organización ha elegido un mensaje contundente para su campaña de 2026: “El NO ya no es respuesta”. Ceafa denuncia lo que considera una situación de abandono ante las dificultades para incorporar y facilitar el acceso a tratamientos innovadores desarrollados después de décadas de investigación. La Confederación recuerda que casi cinco millones de personas conviven en España con la enfermedad, sumando a quienes tienen Alzheimer y a sus familiares.

“Las personas con Alzheimer y sus familias llevan años esperando avances que les permitan afrontar la enfermedad en mejores condiciones. Hoy existen nuevas alternativas terapéuticas para algunos pacientes, pero seguimos encontrando barreras que impiden su acceso”, afirma Mariló Almagro, presidenta de Ceafa.

Para la representante de los pacientes, la situación exige un cambio de actitud: “El ‘no’ ya no puede ser la única respuesta. Es momento de escuchar a quienes conviven con la enfermedad y actuar en consecuencia”.

Una oportunidad para preservar durante más tiempo la autonomía

CEAFA insiste en poner las expectativas en su contexto. Los nuevos tratamientos no curan el Alzheimer y tampoco son adecuados para todos los pacientes. Su indicación se dirige a determinados perfiles, especialmente en fases iniciales de la enfermedad.

Sin embargo, para las personas que pueden beneficiarse de ellos, la posibilidad de ralentizar el deterioro adquiere una importancia especial. Significa disponer potencialmente de más tiempo conservando capacidades y autonomía y, por tanto, mantener durante más tiempo determinados aspectos de su vida cotidiana.

De ahí que la Confederación insista en la urgencia de facilitar el acceso a la innovación. En una enfermedad neurodegenerativa, argumenta, los retrasos tienen consecuencias: cada periodo de espera puede traducirse en una mayor pérdida de capacidades y autonomía que posteriormente no se recuperan.

La organización recuerda, además, que el Alzheimer afecta ya a cerca del 11% de la población española, según los datos que maneja la propia Confederación, y considera que su dimensión sanitaria, familiar y social exige una respuesta acorde con uno de los grandes retos sociosanitarios del país.

Las reivindicaciones parten de las propias personas diagnosticadas

Una de las particularidades de la campaña de CEAFA es que sus reivindicaciones han sido planteadas directamente desde la perspectiva de las personas diagnosticadas.

La Confederación quiere que quienes viven con Alzheimer sean escuchados y puedan participar en las decisiones que afectan a su presente y a su futuro, especialmente en un momento en el que la aparición de nuevas opciones terapéuticas está modificando el escenario de la enfermedad.

El mensaje de la organización no se dirige únicamente a las autoridades sanitarias. CEAFA hace también un llamamiento al conjunto de la sociedad para escuchar a las personas diagnosticadas y evitar que su voz quede relegada a medida que avanza la enfermedad.

Para la entidad, el Alzheimer debe abordarse como cualquier otra enfermedad, incorporando la innovación disponible cuando esté indicada y situando las necesidades de los pacientes en el centro de las decisiones sanitarias.

CEAFA rechaza que las barreras del sistema recaigan sobre los pacientes

La Confederación cuestiona varios de los argumentos que, a su juicio, están retrasando el acceso a los tratamientos innovadores. Entre ellos, se encuentran las dudas en torno a su eficacia, los posibles efectos secundarios y su perfil de seguridad, el reducido número de pacientes que podrían beneficiarse, las dificultades del sistema sanitario para administrar estas terapias y los argumentos centrados en la racionalización del gasto público.

CEAFA considera que estos factores deben analizarse, pero rechaza que terminen convirtiéndose en una barrera que impida acceder a los tratamientos a aquellos pacientes que cumplen los criterios para recibirlos.

Especialmente relevante es, para la organización, la necesidad de preparar al Sistema Nacional de Salud ante un nuevo escenario terapéutico. La llegada de medicamentos que requieren identificar a los pacientes adecuados implica adaptar circuitos asistenciales y disponer de los recursos necesarios para su diagnóstico, selección, administración y seguimiento.

“El NO ya no es respuesta”

Tras décadas en las que las opciones para modificar la evolución del Alzheimer han sido muy limitadas, la aparición de nuevas terapias introduce expectativas, pero también nuevos desafíos para pacientes, familias y profesionales sanitarios.

Para la Confederación, el reto consiste ahora en conseguir que los avances científicos puedan trasladarse a la práctica clínica cuando estén indicados. Y reclama que las decisiones sobre su incorporación tengan en cuenta no solo cuestiones organizativas y económicas, sino también el valor que preservar durante más tiempo la autonomía y las capacidades tiene para una persona con Alzheimer y para su familia.

Ese es el sentido último de la reivindicación elegida por los pacientes para este año: ante una enfermedad que continúa avanzando mientras se toman decisiones, “El NO ya no es respuesta”.

El modelo de cuidados ha ido evolucionando con el paso del tiempo. En este marco, la atención domiciliaria ha pasado de ser una solución aislada a convertirse en un brazo más de la asistencia sanitaria. Cuestiones como el envejecimiento, la cronicidad y, sobre todo, la necesidad de las personas de vivir en su entorno la sitúan en el centro de la transformación de la asistencia sanitaria. Por lo tanto, el foco no está en trasladar al domicilio lo que antes se hacía en el centro sanitario, sino en, rediseñar la atención alrededor de cada usuario del servicio.

Este cambio de contexto llega de la mano de integración de la tecnología. La teleasistencia avanzada, los sensores, los dispositivos móviles, la monitorización remota y el análisis de datos permiten tanto a profesionales sanitarios como a los usuarios del servicio un acceso a una atención personalizada y preventiva. Sin embargo, el hogar no es un entorno controlado. Una incidencia o una alerta mal gestionada tienen consecuencias reales. Y aquí, la innovación solo aporta valor cuando es fiable, comprensible y está respaldada por profesionales preparados.

En este punto es cuando la certificación cobra sentido en la práctica. No como un mero sello o la comprobación documental, sino como una evaluación independiente del funcionamiento real del servicio. Certificar conlleva comprobar que las acciones definidas, en cuento a la seguridad, la continuidad y la atención centrada en las personas, se sostienen en un sistema estructurado de procesos, responsabilidad, recursos y resultados medibles.

La familia de normas UNE 158000 constituye una solución integral que permite un sistema de gestión orientado a facilitar el cumplimiento normativo, asegurar la calidad de los servicio sociales y generar confianza en la sociedad.

Por lo tanto, el beneficio impacta en todos los actores del proceso; las personas usuarias del servicio y sus familias ganan confianza; las administraciones disponen de criterios homogéneos para contratar, supervisar y comparar servicios; y las organizaciones encuentran un mecanismo para ordenar procesos, formar equipos, controlar proveedores, actuar y mejorar sobre la opinión del usuario y tomar decisiones en base a los datos. Así pues, la evaluación por un tercero aporta una mirada que ayuda a identificar oportunidades de mejora que muchas veces normalizados por la rutina.

Otro aspecto importante es que la certificación no debe ser una imagen fija. Su mayor valor recae un impulsar una cultura de mejora continua capaz de acompañar la evolución tecnológica, la interoperabilidad de la información y una coordinación sociosanitaria cada vez más necesaria.

En la nueva era de la atención domiciliaria no será suficiente con la instalación de más dispositivos. El verdadero avance estará en conseguir que cada solución contribuya a vivir en su entorno con mayor autonomía, seguridad y bienestar.

Por Carolina Soto Mojica, Manager Sanidad y Salud de AENOR

El arranque del curso escolar está a la vuelta de la esquina. En estos días, muchas familias ultiman la compra del material y de libros, y reajustan de nuevo los horarios rutinarios tras el descontrol de las vacaciones de verano. ¿Pero qué pasa con los niños y adolescentes con trastorno del espectro autista (TEA), TDAH, dislexia u otras dificultades del neurodesarrollo? Pues que los primeros días de clase pueden convertirse en una fuente de estrés si no se ha preparado el terreno con tiempo.

Así lo explican muchos de los especialistas de la plataforma Busca & Encuentra, especializada en conectar a las familias de estos alumnos con profesionales y recursos de neurodesarrollo. Desde su punto de vista, el trabajo realizado durante las semanas previas facilita que los primeros días de clase sean más predecibles y seguros para estos alumnos. «Algunas estrategias sencillas, basadas en la anticipación, pueden tener un impacto muy positivo para facilitar la transición y aumentando el bienestar», explica la psicóloga sanitaria y directora de la plataforma, Ana González.

Desde esta organización exponen que recuperar las rutinas de forma progresiva, explicar los cambios que llegarán con el nuevo curso y coordinarse con el centro educativo favorecen una adaptación más tranquila y ayudan a prevenir problemas de conducta o desregulación emocional.

La dificultad del cambio

El inicio del curso implica mucho más que volver a madrugar. Nuevos profesores, compañeros, normas, espacios o exigencias académicas forman parte de una rutina que cambia de forma brusca tras las vacaciones. En los menores neurodivergentes estas modificaciones pueden traducirse en ansiedad, alteraciones del sueño, irritabilidad o dificultades para regular las emociones. Por ello, los especialistas recomiendan que la adaptación continúe durante estos primeros días de septiembre mediante rutinas estables y una comunicación constante entre familias, profesionales y centros educativos.

Una de las recomendaciones consiste en hablar con naturalidad sobre el nuevo curso, recordar quiénes serán los profesores o compañeros cuando sea posible y explicar qué aspectos serán diferentes respecto al año anterior. Si el alumno cambia de centro o de etapa educativa, visitar previamente las instalaciones o repasar fotografías del colegio puede ayudar a reducir la incertidumbre.

Compartir información

También resulta útil utilizar apoyos visuales, calendarios o cuentas atrás que permitan al niño comprender mejor la secuencia de acontecimientos, así como ensayar situaciones cotidianas, desde preparar la mochila hasta realizar el recorrido hasta el colegio o practicar las rutinas matinales antes de salir de casa.

Los especialistas aconsejan además preparar algunas de las situaciones sociales habituales del inicio de curso, como saludar a los compañeros, responder a preguntas sobre las vacaciones o conocer a nuevos alumnos, para que estos momentos resulten menos imprevisibles.

Otra de las medidas que puede facilitar la adaptación es entregar al tutor un breve documento en el que se expliquen las fortalezas del alumno, su forma de comunicarse, las situaciones que pueden generarle malestar y las estrategias que le ayudan a regularse. Esta información permite al profesorado conocer mejor sus necesidades desde el primer día y responder de forma más ajustada cuando aparezcan dificultades.

Apoyo tecnológico

A lo largo de los últimos años se ha observado un aumento del uso de herramientas de inteligencia artificial para organizar horarios, crear apoyos visuales o elaborar materiales adaptados para la vuelta al colegio. Desde la plataforma de especialistas apuntan que este tipo de tecnologías pueden ser útiles para las familias, pero también recuerdan que no deben reemplazar el criterio profesional.

«La inteligencia artificial puede ayudar a las familias a ahorrar tiempo, organizar rutinas o encontrar nuevas formas de explicar determinadas situaciones. Sin embargo, sus respuestas siempre son genéricas y no conocen las necesidades específicas de cada niño, por lo que no deben sustituir la valoración de un profesional especializado», señala Ana González.

Al mismo tiempo, los especialistas consultados animan a los centros educativos a mantener una comunicación fluida con las familias, facilitar información previa sobre horarios, espacios o profesorado cuando sea posible, permitir incorporaciones progresivas en aquellos casos que lo requieran y coordinarse con los terapeutas que atienden al menor, siempre con autorización familiar.

Dormir mal no siempre significa padecer un único trastorno del sueño. Cada vez existe más evidencia de que muchas personas conviven simultáneamente con insomnio y apnea obstructiva del sueño, una combinación conocida como COMISA que permanece infradiagnosticada pese a su elevada frecuencia y a las importantes consecuencias que puede tener para la salud.

Según diversos estudios internacionales, entre un 9% y un 12% de la población adulta podría presentar ambos trastornos de forma simultánea. Lejos de tratarse de una simple suma de problemas para dormir, la coexistencia de insomnio y apnea del sueño se asocia a un incremento del riesgo de complicaciones cardiovasculares y a un aumento de la mortalidad de entre el 47% y el 71% respecto a las personas que no presentan este trastorno combinado.

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Estas conclusiones han sido puestas sobre la mesa por la Societat Catalana de Pneumologia (SOCAP), cuyos especialistas reclaman un abordaje específico y multidisciplinar para un problema que continúa pasando desapercibido en muchos pacientes.

Dos trastornos que se potencian entre sí

La apnea obstructiva del sueño se caracteriza por la aparición repetida de pausas respiratorias durante el descanso nocturno, que provocan microdespertares continuos y una disminución de la calidad del sueño. Se estima que afecta aproximadamente al 14% de los hombres y al 7% de las mujeres, y se asocia a enfermedades como hipertensión arterial, arritmias, infarto de miocardio o ictus.

Por su parte, el insomnio crónico consiste en la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o en despertarse antes de lo deseado, al menos tres noches por semana durante un mínimo de tres meses. Además del cansancio o la somnolencia diurna, puede provocar problemas de concentración, irritabilidad y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, deterioro cognitivo y trastornos de salud mental, como ansiedad o depresión.

Cuando ambas patologías coinciden, sus efectos no solo se suman, sino que se retroalimentan. Como explica la neumóloga Guadalupe Silveira, del Hospital del Mar de Barcelona, «la apnea provoca microdespertares continuos durante la noche, lo que favorece el desarrollo de insomnio, mientras que el sueño fragmentado y superficial característico del insomnio puede facilitar la aparición o el empeoramiento de las apneas».

Mayor riesgo

La evidencia científica apunta a que esta combinación incrementa notablemente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Uno de los estudios citados por la SOCAP muestra que las personas con COMISA presentan un riesgo cuatro veces superior de hipertensión arterial respecto a quienes no sufren trastornos del sueño, especialmente cuando el insomnio se acompaña de una duración del sueño inferior a seis horas.

Además, tres grandes estudios de seguimiento realizados durante entre diez y veinte años en Estados Unidos han observado un aumento significativo de la mortalidad entre quienes presentan simultáneamente apnea e insomnio.

Los especialistas consideran que uno de los principales problemas es que el abordaje sanitario suele centrarse en la apnea del sueño, mientras que el insomnio recibe menos atención. Esto favorece que muchos pacientes sean tratados únicamente con dispositivos de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP), sin abordar el insomnio que también padecen.

Soluciones

La evidencia disponible muestra que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, considerada el tratamiento de primera elección por las principales guías clínicas internacionales, mejora el descanso nocturno y consigue reducir entre un 15% y un 22% la gravedad de la apnea obstructiva del sueño y favorece una mejor adherencia a la CPAP, el tratamiento habitual para esta enfermedad.

Para mejorar el diagnóstico y el tratamiento, la SOCAP defiende un modelo asistencial multidisciplinar que implique a neumólogos, psicólogos, personal de enfermería formado en terapia cognitivo-conductual y, especialmente, a los médicos de atención primaria. En este sentido, Silveira considera que «es necesario incorporar el sueño como parte de la evaluación rutinaria de los pacientes, incluyendo preguntas sobre la calidad del descanso, la duración del sueño, la presencia de ronquidos o los despertares nocturnos», señala.