Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Zaragoza acogerá la sede de la Agencia Estatal de Salud Pública (Aesap). Así lo ha anunciado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras la reunión del Consejo de Ministros de este martes. De este modo, Zaragoza se impone a Barcelona, Granada, León, Lugo, Murcia, Oviedo y Toledo, que también se habían ofrecido.

La AESAP desempeñará sus funciones en los ámbitos de vigilancia en salud pública, en preparación y respuesta frente a futuras emergencias, en asesoramiento y evaluación, en salud pública internacional y en información y comunicación de riesgos para la salud.

Se configura como una institución de excelencia técnica y científica que tiene como objeto la preparación, prevención, detección y respuesta rápida frente a amenazas y riesgos para la salud de la población.

El Ministerio de Sanidad siempre ha destacado que supone dar un paso decisivo para abordar con garantías las respuestas en el actual contexto de cambio climático y su afección a la salud, así como a nuevas zoonosis o a enfermedades emergentes.

Las funciones de la Aesap

Con respecto a la vigilancia, será el organismo encargado de coordinar y evaluar el funcionamiento de la Red de Vigilancia en Salud Pública, así como el de monitorizar los riesgos y llevar a cabo el sistema de alerta precoz y respuesta rápida.

También será el órgano que contribuya a la preparación y respuesta del sistema sanitario frente a futuras emergencias de salud pública, elaborando planes de preparación y respuesta ante alertas, riesgos, amenazas actuales y emergentes para la salud humana.

En su función de asesoramiento y evaluación, reforzará la coordinación con las instituciones de Salud Pública, impulsando el trabajo en red, y contribuirá al diseño y evaluación de políticas One Health (salud humana, salud animal y medio ambiente).

Además, promoverá el liderazgo de España a nivel internacional en la detección, vigilancia, evaluación y gestión de riesgos para la salud. Por último, será el centro encargado de promover la información y comunicación a la ciudadanía de los riesgos y amenazas para la salud.

Para millones de personas, ponerse las gafas o las lentes de contacto cada mañana forma parte de la rutina. Sin embargo, cada vez son más quienes perciben esta dependencia visual como una limitación que va más allá de corregir un defecto refractivo. Practicar deporte, viajar, disfrutar de la playa o, simplemente, desenvolverse con espontaneidad en el día a día son situaciones en las que muchos usuarios sienten que las gafas o las lentillas condicionan su calidad de vida.

Así lo refleja el informe «La salud visual en España», elaborado por STAAR Surgical y avalado científicamente por la Sociedad Española de Cirugía Ocular Implanto-Refractiva (SECOIR), que analiza cómo viven los españoles su dependencia de sistemas de corrección visual y cuál es su conocimiento sobre las distintas alternativas disponibles.

El estudio recuerda que casi el 80% de la población española presenta algún defecto refractivo, una cifra que pone de manifiesto la magnitud de un problema que, aunque habitualmente se considera menor, puede tener un impacto significativo en el bienestar diario.

«Los defectos refractivos afectan a millones de personas y, aunque a menudo se perciben como un problema menor, pueden tener un impacto importante en la calidad de vida. Hoy contamos con diferentes alternativas para corregir la visión, por lo que es fundamental que cada persona reciba una valoración individualizada y disponga de información rigurosa junto a su oftalmólogo», señalan desde la SECOIR.

El deporte y la playa, los momentos de mayor incomodidad

La investigación pone de manifiesto que la dependencia de gafas y lentillas condiciona especialmente las actividades relacionadas con el ocio y la vida activa. El 34% de los encuestados identifica la práctica deportiva como la situación en la que experimenta mayores molestias, mientras que el 26% señala la playa y la piscina como los escenarios más incómodos debido a las limitaciones que supone utilizar gafas o lentes de contacto. A ello, se suman otras dificultades cotidianas como el empañamiento de los cristales, la necesidad de transportar líquidos de mantenimiento o recambios para las lentillas y las molestias derivadas de su uso prolongado.

El estudio revela además que el cansancio visual se ha convertido en uno de los principales problemas para quienes utilizan lentes de contacto durante muchas horas al día. La sequedad ocular, la fatiga visual y la sensación de incomodidad al final de la jornada hacen que muchas personas perciban la corrección visual no solo como una necesidad funcional, sino también como un factor que afecta directamente a su bienestar.

Los jóvenes buscan soluciones permanentes

Más allá del uso cotidiano de gafas o lentillas, el informe detecta un creciente interés por las alternativas de corrección permanente, especialmente entre la población más joven. En conjunto, el 37% de los participantes afirma plantearse operarse la vista, una cifra que aumenta hasta el 56% entre las personas de 21 a 30 años. Las principales motivaciones no son estéticas, sino prácticas. Poder levantarse viendo correctamente, practicar deporte sin limitaciones o evitar la dependencia diaria de gafas y lentillas aparecen entre las razones más citadas.

Pese a este interés, la cirugía refractiva continúa generando incertidumbre. El 32% de los encuestados reconoce que su principal temor es que la intervención no salga bien o provoque una pérdida de visión. También preocupan la irreversibilidad de algunos procedimientos, los posibles efectos secundarios o el empeoramiento del ojo seco. No obstante, entre quienes ya han optado por una corrección permanente, la percepción cambia con el tiempo. Muchos consideran que el coste inicial termina compensándose gracias a la mejora en calidad de vida y al ahorro acumulado en gafas, lentillas y productos de mantenimiento.

Persisten las dudas sobre las distintas opciones

El informe también pone de relieve un importante desconocimiento sobre las diferentes alternativas disponibles para corregir la visión. Aunque el 98% de los encuestados afirma conocer la cirugía láser, otras técnicas más recientes, como las lentes implantables, siguen siendo poco conocidas entre la población. Al mismo tiempo, crece el interés por soluciones reversibles, elaboradas con materiales biocompatibles y que respeten la estructura natural del ojo.

En cualquier caso, los participantes tienen claro dónde quieren resolver sus dudas: el 77% prefiere recibir información directamente de un oftalmólogo, priorizando una explicación personalizada sobre riesgos, beneficios y las opciones más adecuadas para cada caso.

Los resultados reflejan un cambio en la forma de entender la salud visual. Para muchas personas ya no se trata únicamente de ver bien, sino de disponer de soluciones que les permitan desarrollar su vida cotidiana con mayor comodidad, autonomía y libertad.

Un verano más, España vive inmersa en una sucesión de grandes incendios forestales, algunos de ellos con víctimas mortales, viviendas destruidas y miles de personas afectadas. Pero esta situación también tiene un impacto negativo sobre la salud de las personas con migraña y otras cefaleas. Una investigación publicada en JAMA Network Open concluye que la exposición al humo de los incendios forestales se asocia con un aumento de las visitas a los servicios de urgencias por estos trastornos neurológicos.

Los resultados adquieren especial relevancia en un contexto como el actual, en el que España encadena dos años consecutivos superando las 100.000 hectáreas quemadas y los incendios se han convertido en un problema creciente de salud pública, además de una emergencia ambiental y social.

El trabajo, realizado en Canadá, analizó cerca de un millón de consultas a urgencias registradas entre 2010 y 2023 en las provincias de Alberta y Ontario durante la temporada de incendios. Los investigadores observaron que, a medida que aumentaba la concentración en el aire de partículas finas de menos de 2,5 micras (PM2.5) procedentes del humo, también se incrementaban las consultas por migrañas y otros dolores de cabeza.

Nuevas evidencias

En declaraciones facilitadas por Science Media Centre España, Robert Belvís, jefe clínico de la Unidad de Cefaleas y Neuralgias del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona y coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), considera que el estudio es de «buena calidad» y confirma una relación que ya apuntaban investigaciones realizadas anteriormente en Australia, Estados Unidos y Corea.

Según explica, el humo de los incendios contiene partículas capaces de activar el sistema trigeminovascular, principal mecanismo implicado en la aparición de la migraña y otras cefaleas primarias.

El neurólogo destaca además que la investigación no se limita a comparar los días con y sin incendios, sino que analiza la concentración de partículas PM2.5 presentes en el aire, lo que aporta mayor solidez a los resultados. De hecho, los autores observaron que un incremento de 5 microgramos por metro cúbico de estas partículas se asociaba con un aumento aproximado del 6% en las consultas a urgencias por cefalea.

Un verano especialmente complicado

Para Belvís, las conclusiones del estudio tienen un interés práctico para países como España, donde los incendios forestales forman ya parte del paisaje estival y pueden prolongarse durante semanas, exponiendo a la población al humo incluso a decenas de kilómetros de distancia del fuego.

No obstante, el especialista también recuerda algunas limitaciones de la investigación. Entre ellas, que no se analizó si los pacientes ya sufrían cefaleas previamente, la distancia entre su domicilio y los incendios o las diferencias en la composición del humo, que puede variar en función de la vegetación o de otros materiales que ardan. Aun así, considera que el trabajo constituye una aproximación «muy correcta».

El papel del estrés

Por su parte, Pablo Irimia, neurólogo de la Clínica Universidad de Navarra especializado en el diagnóstico y tratamiento de las cefaleas, también destaca la calidad metodológica del estudio y considera plausible que la inhalación de las partículas liberadas por los incendios actúe como desencadenante de crisis intensas que requieran atención urgente.

Sin embargo, el especialista plantea que el estrés asociado a vivir un incendio también podría contribuir a explicar parte de los resultados. Recuerda que bajo el término cefaleas primarias se agrupan trastornos con mecanismos diferentes, por lo que un desencadenante común resulta llamativo.

En su opinión, la ansiedad provocada por la proximidad de un incendio, las evacuaciones o la incertidumbre que generan estos episodios podría favorecer la aparición de crisis más intensas o hacer que las personas perciban sus síntomas como más graves y decidan acudir a un servicio de urgencias.

Las olas de calor no afectan por igual a toda la población. Además de la edad o la presencia de enfermedades crónicas, factores como la pobreza energética, las condiciones de la vivienda o la precariedad laboral pueden aumentar de forma considerable el riesgo de sufrir problemas de salud asociados a las altas temperaturas. Así lo advierte la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), que reclama incorporar los determinantes sociales de la salud en las estrategias de prevención frente al calor extremo.

La advertencia llega en un verano que está siendo especialmente cálido y en el que se estima que ha habido un gran crecimiento en el número de fallecimientos atribuibles al calor. Según los datos estadísticos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), durante el mes de junio de 2026 podrían haber fallecido más de 1.000 personas por motivos asociados a las altas temperaturas, frente a los menos de 500 del año pasado. Y en este aumento, según semFYC, están implicados multitud de variables.

«La susceptibilidad de las personas a las temperaturas extremas no depende en exclusiva de factores individuales, sino que tiene una relación muy estrecha con las condiciones en las que vivimos y trabajamos», explica Sandra Robles, médica de familia y coordinadora del Grupo de Trabajo de Inequidades en Salud de la semFYC.

Gasto energético

Uno de los factores que más preocupa a los profesionales es la pobreza energética, que limita la capacidad de muchas familias para mantener una temperatura adecuada en sus hogares durante los episodios de calor intenso. Según los datos que recoge la sociedad científica, alrededor del 17% de los hogares soporta un gasto energético desproporcionado en relación con sus ingresos, aunque algunos estudios elevan esta situación hasta una de cada tres familias.

Esta realidad obliga en muchos casos a reducir el uso de ventiladores o aire acondicionado, restringir el consumo eléctrico o modificar hábitos cotidianos, lo que incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento, golpes de calor o descompensaciones de enfermedades previas.

«La vulnerabilidad energética es una forma más de manifestación de pobreza», señala Robles, quien recuerda además que las familias con menos recursos suelen residir en viviendas más antiguas y con menor eficiencia energética, lo que dificulta aún más protegerse de las altas temperaturas.

Perfiles más vulnerables

La sociedad científica identifica varios perfiles especialmente vulnerables frente al calor. Entre ellos figuran las personas mayores, los menores de cuatro años, quienes presentan situaciones de dependencia y los pacientes con enfermedades crónicas como patologías cardiovasculares, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), insuficiencia renal, demencia u obesidad.

Pero el riesgo también aumenta entre las personas desempleadas o con bajo nivel socioeconómico, la población migrante procedente de países del sur global y quienes viven en edificios construidos antes de la década de 1980, cuando los criterios de eficiencia energética eran mucho menos exigentes.

Además, la semFYC advierte de una mayor afectación en determinadas situaciones familiares, especialmente entre mujeres mayores que viven solas y familias monomarentales, colectivos que pueden encontrar mayores dificultades para afrontar los efectos del calor extremo. A ello se suman otros problemas indirectos relacionados con las altas temperaturas, como el incremento de la siniestralidad laboral, los accidentes de tráfico, los ahogamientos o las intoxicaciones alimentarias.

Medidas estructurales

Como indican desde la sociedad médica, la atención primaria desempeña un papel esencial para identificar a las personas con mayor riesgo, adaptar determinados tratamientos cuando las condiciones climáticas lo requieren y realizar un seguimiento más estrecho de los pacientes vulnerables. También se recurre a herramientas como las alertas meteorológicas sanitarias, el índice Kairós (que aporta previsiones de posibles fallecimientos a futuro) o materiales específicos de prevención elaborados por el Ministerio de Sanidad.

La semFYC considera igualmente necesario incorporar preguntas relacionadas con la pobreza energética durante la consulta, siempre que existan recursos sociales capaces de dar respuesta a las situaciones detectadas.

No obstante, la sociedad científica insiste en que las actuaciones sanitarias, por sí solas, no son suficientes. A su juicio, el mayor impacto sobre la salud llegará mediante medidas estructurales que mejoren la eficiencia energética de las viviendas, faciliten el acceso a la energía, refuercen la protección de los trabajadores expuestos al calor y promuevan una planificación urbana y arquitectónica con perspectiva de equidad.

La Red Europea de Investigación Pediátrica de la Agencia Europea de Medicamentos (Enpr-EMA) ha abierto una consulta pública sobre un documento de recomendaciones destinado a evitar que las barreras idiomáticas limiten el acceso de niños y adolescentes a ensayos clínicos realizados en otros países europeos. La iniciativa busca garantizar que ningún menor quede excluido de una investigación por no hablar el idioma del país donde se desarrolla el estudio, una situación que afecta especialmente a quienes conviven con enfermedades raras y necesitan acceder a terapias innovadoras.

El borrador, titulado Cross-border access to paediatric clinical trials in Europe: preventing language exclusion, permanecerá en consulta hasta el próximo 31 de agosto y podrá recibir aportaciones de investigadores, comités de ética, autoridades reguladoras, industria farmacéutica y, de forma muy destacada, asociaciones de pacientes y familias, cuya experiencia ha sido clave en la elaboración de la propuesta.

Los autores del documento recuerdan que la legislación europea e internacional prohíbe la discriminación por motivos de idioma o lugar de residencia. Sin embargo, en la práctica siguen existiendo obstáculos lingüísticos que dificultan la participación de muchas familias en ensayos clínicos transfronterizos.

Este problema se agrava en los casos de enfermedades raras y ultrarraras, donde los estudios suelen concentrarse en un número reducido de hospitales altamente especializados. En estos casos, muchas familias se ven obligadas a desplazarse a otro país para acceder a una investigación que puede representar una oportunidad terapéutica, encontrándose con dificultades para comprender la información del estudio, completar la documentación o comunicarse con el equipo investigador.

Mayor inclusión

Con el objetivo de eliminar estas barreras, Enpr-EMA propone una serie de medidas dirigidas a investigadores y promotores de ensayos clínicos. Entre ellas figura evitar que el idioma se utilice como criterio de inclusión o exclusión salvo que exista una justificación científica.

La solución: ofrecer traducciones profesionales e interpretación de los materiales dirigidos a pacientes y familias, incorporar planes específicos de acceso transfronterizo y diversidad en los protocolos de investigación y fomentar el uso de herramientas digitales multilingües y modelos descentralizados que reduzcan la necesidad de desplazamientos.

El texto también recomienda establecer mecanismos que permitan detectar y analizar posibles situaciones de discriminación lingüística durante el desarrollo de los estudios. Todo ello se apoya en diferentes investigaciones realizadas por miembros del grupo de trabajo de Enpr-EMA, que analizaron protocolos de ensayos pediátricos europeos, la experiencia de unidades de investigación clínica de 17 países y las opiniones de familias de niños con enfermedades raras.

Pacientes y familias

El documento destaca además la participación de pacientes, familias y organizaciones de pacientes en el diseño y revisión de los ensayos clínicos. Como indica el texto, su experiencia puede ayudar a identificar barreras que, desde una perspectiva exclusivamente técnica, podrían pasar desapercibidas y contribuir a desarrollar estudios más accesibles e inclusivos.

Por otra parte, los impulsores de la iniciativa subrayan que la inclusión lingüística no constituye únicamente una cuestión organizativa, sino también un requisito ético y un derecho fundamental, en línea con la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

El grupo responsable de elaborar la guía definitiva está liderado por Begonya Nafria, presidenta del grupo de trabajo sobre acceso transfronterizo a ensayos clínicos de Enpr-EMA y responsable de Participación de Pacientes en Investigación del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona. Una vez finalice la consulta pública, las aportaciones recibidas servirán para elaborar la versión definitiva de un documento que aspira a convertirse en una referencia para promover una investigación pediátrica más inclusiva, equitativa y representativa de la diversidad lingüística y cultural existente en Europa.

Los biomarcadores de imagen se están convirtiendo en un elemento importante en el campo de la medicina personalizada. Obtenidos a partir de pruebas como la resonancia magnética (RM), la tomografía axial computarizada (TAC) o la tomografía por emisión de positrones (PET), permiten obtener información objetiva sobre una enfermedad, su evolución o la respuesta al tratamiento. Sin embargo, su incorporación a la práctica clínica continúa encontrando obstáculos, entre ellos la falta de un lenguaje común que permita describirlos, compararlos y reutilizarlos entre hospitales y centros de investigación.

Para superar esta barrera, investigadores españoles han propuesto un catálogo estandarizado e interoperable que permita documentar estos biomarcadores de forma homogénea. La iniciativa, publicada en la revista Insights into Imaging, pretende facilitar tanto la investigación como la práctica clínica y sentar las bases para una medicina de precisión más eficaz.

En este trabajo participan investigadores de la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI) y del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS La Fe). En él se propone crear una especie de «diccionario universal» para que un mismo biomarcador sea descrito de igual manera con independencia del hospital, la especialidad médica o la plataforma tecnológica utilizada.

Dispersión

Los autores hablan que uno de los grandes obstáculos para el desarrollo de estos biomarcadores es la fragmentación de la información: los datos relevantes sobre cada biomarcador suelen encontrarse dispersos entre artículos científicos, bases de datos y documentos técnicos. El resultado es que dos investigadores pueden estar trabajando con el mismo biomarcador utilizando descripciones diferentes, o que un hospital tenga dificultades para reproducir los resultados obtenidos en otro centro.

La solución que se propone en el estudio se basa en los principios FAIR, establecidos en 2016 por un grupo de investigadores biomédicos liderados por el investigador Mark D. Wilkinson. FAIR es el acrónimo de Findable, Accessible, Interoperable and Reusable (localizable, accesible, interoperable y reutilizable). Se trata de un conjunto de criterios diseñados para garantizar que los datos científicos puedan ser localizados con facilidad, compartirse entre distintos sistemas y reutilizarse en nuevas investigaciones.

«La principal ventaja es que permite que los biomarcadores de imagen se describan y documenten de forma homogénea, independientemente del hospital, la plataforma tecnológica o el área clínica en la que se utilicen», explican Pablo Rodríguez Belenguer y Paula Doria Borrell, del Grupo de Investigación Biomédica en Imagen (GIBI2) del IIS La Fe.

Esta estandarización facilitaría la selección del biomarcador más adecuado para cada paciente, mejorando la toma de decisiones clínicas y la generación de evidencia científica sobre nuevos tratamientos. Además, permitiría que los resultados obtenidos en un hospital pudieran reproducirse y validarse en otros centros con mayor facilidad.

Ejemplos

Para demostrar que el sistema funciona, los investigadores catalogaron cuatro biomarcadores muy diferentes. Uno de ellos fue el coeficiente de difusión aparente o ADC (apparent diffusion coefficient), un parámetro obtenido mediante resonancia magnética que refleja cómo se mueven las moléculas de agua dentro de los tejidos. Cuando existe inflamación o alteraciones celulares, ese movimiento cambia, convirtiéndose en una medida indirecta de actividad inflamatoria.

También analizaron el SUV (standardized uptake value) de las exploraciones PET con FDG, una molécula de glucosa marcada radiactivamente. Los tejidos con mayor actividad metabólica consumen más glucosa y acumulan más FDG, permitiendo cuantificar procesos inflamatorios o tumorales.

Los otros dos ejemplos se centran en las firmas radiómicas obtenidas mediante TAC —basadas en la extracción automatizada de cientos de características matemáticas de una imagen— y el índice de vascularización medido mediante ecografía doppler para evaluar la actividad inflamatoria en enfermedades como la artritis reumatoide.

Ejemplo de biomarcadores de imagen proporcionado por Kenko Imalytics

De la investigación a la práctica clínica

El desarrollo de este lenguaje común también facilitará la incorporación a la práctica clínica de nuevas tecnologías basadas en biomarcadores de imagen. Entre ellas se encuentra la plataforma desarrollada por Kenko Imalytics, una spin-off de la Universitat Politècnica de València especializada en biomarcadores de imagen obtenidos mediante resonancia magnética e inteligencia artificial explicable.

Su tecnología transforma la información contenida en las imágenes de resonancia magnética en parámetros cuantitativos que pueden ayudar a los equipos médicos a caracterizar tumores y apoyar la toma de decisiones clínicas. Actualmente, la compañía está a la espera del marcado CE para su plataforma de cáncer de mama, y tiene en desarrollo otras soluciones dirigidas a tumores de próstata, vejiga y lesiones hepáticas.