Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La enfermedad renal crónica (ERC) es una amenaza silenciosa: avanza durante años sin síntomas claros y, cuando se detecta tarde, puede terminar en diálisis o trasplante. A escala global, su prevalencia supera el 10%, y el riesgo se multiplica en presencia de diabetes tipo 2 (DM2) y sobrepeso u obesidad, dos problemas cada vez más frecuentes. En ese cruce de caminos del riñón, el metabolismo y el corazón, se sitúan dos clases terapéuticas que están cambiando el abordaje clínico de estos pacientes con DM2 y ERC y con sobrepeso u obesidad: los inhibidores del cotransportador sodio glucosa tipo 2 (iSGLT2) y los agonistas del receptor GLP-1 (AR-GLP-1).

En este marco se publican dos trabajos consecutivos, ambos impulsados por AstraZeneca: una revisión sistemática y un consenso Delphi que utiliza la síntesis previa como base para estructurar afirmaciones y áreas de acuerdo clínico.

El primero de los trabajos ha revisado toda la evidencia disponible para entender mejor el papel de ambas terapias en adultos con ERC y DM2 con sobrepeso u obesidad. El estudio concluye que los dos tipos de fármacos podrían aportar beneficios clínicamente relevantes, pero lanza un mensaje clave: la evidencia de comparación indirecta es limitada, todavía falta evidencia directa que indique con claridad cuál debería usarse primero, cuándo habría que añadir el otro o si convendría iniciarlos a la vez.

Esa laguna no es menor. En la vida real, médicos de atención primaria, endocrinología, nefrología y cardiología se enfrentan a una pregunta muy concreta: si el objetivo es retrasar el deterioro renal sin descuidar el control de azúcar, el peso y el riesgo cardiovascular, ¿cómo se ordenan las decisiones? Precisamente, por eso, y tomando como punto de partida la revisión sistemática, el equipo responsable de este primer estudio impulsó una segunda investigación: un consenso Delphi internacional con 114 profesionales sanitarios de 10 países, diseñado para acordar pautas prácticas allí donde la ciencia aún no ofrece una respuesta definitiva.

Lo que sabemos (y lo que no) sobre estos tratamientos

La revisión sistemática ofrece una fotografía nítida del estado de la cuestión. Por un lado, reconoce que la evidencia comparativa entre iSGLT2 y AR-GLP-1 es limitada, ya que no se identificaron estudios formales de secuenciación ni comparaciones directas entre ambas clases en el perfil específico de paciente adulto con ERC y DM2. Aun así, el análisis encuentra patrones consistentes: los iSGLT2 aparecen como una herramienta más amplia y aplicable para la protección renal, incluso en adultos con un amplio espectro de estadios de ERC, incluyendo etapas tempranas y niveles más bajos de albuminuria, mientras que los AR-GLP-1 destacan por su impacto en el control de la glucemia, la pérdida de peso y la reducción de eventos ateroscleróticos.

La revisión también señala algo que interesa especialmente a los clínicos: existen indicios de que combinar ambas terapias podría sumar beneficios, pero la información actual no es suficiente para definir la mejor forma de hacerlo. En otras palabras: se vislumbra un potencial “efecto combinado”, pero falta el mapa para aplicarlo de manera uniforme. En consecuencia, subraya la necesidad de un consenso de expertos que traduzca la evidencia disponible y guíe la práctica mientras se generan datos comparativos.

Proteger el riñón cuanto antes

El mensaje más relevante del estudio es, probablemente, el cambio de foco: no esperar a que la enfermedad avance para intensificar la protección renal. Hubo un 96% de acuerdo en que, en adultos con etapas iniciales de ERC, DM2 y sobrepeso u obesidad, la protección renal debe optimizarse incluso cuando ya se hayan alcanzado objetivos de peso o HbA1c. En otras palabras: controlar la glucemia o perder peso es importante, pero no sustituye la necesidad de frenar el daño renal.

Los profesionales identificaron como variables clave para decidir el tratamiento de primera línea la tasa de filtrado glomerular estimada (TFGe), el cociente albúmina/creatinina (CAC) en orina, el índice de masa corporal (IMC) y los antecedentes de insuficiencia cardiaca. Además, subrayaron un detalle de gran valor práctico: más que una cifra aislada, importan las tendencias de TFGe y CAC como indicadores de protección renal a largo plazo.

iSGLT2 como base y AR-GLP-1 como complemento en perfiles concretos

En cuanto al posicionamiento terapéutico, el panel fue claro en varios puntos: un 93% consideró que los iSGLT2 deberían ser considerados una terapia fundacional en adultos con ERC y DM2, independientemente del IMC.

Los AR-GLP-1 se reservaron preferentemente para perfiles con alto riesgo metabólico (IMC y HbA1c elevados) y para quienes presentan enfermedad cardiovascular aterosclerótica establecida, además de como refuerzo en el manejo de la obesidad severa. De hecho, un 95% respaldó su papel como terapia complementaria a los iSGLT2 en personas con IMC igual o superior a 35 kg/m² y comorbilidades graves relacionadas con la obesidad.

La lectura conjunta de ambos trabajos dibuja un marco operativo: los iSGLT2 como parte de la terapia fundacional nefroprotectora y los AR-GLP-1 como tratamiento complementario orientado al control metabólico, la reducción del riesgo cardiovascular y el manejo de la obesidad grave.

Combinarlos sí, pero todavía no hay acuerdo sobre cómo empezar

La combinación de ambos tratamientos fue considerada apropiada por un 96% de los expertos cuando existe progresión persistente de la enfermedad renal, alto riesgo cardiovascular o un control metabólico insuficiente. Sin embargo, aquí vuelve a aparecer la misma brecha que señalaba la revisión sistemática: no hubo consenso sobre si ambos tratamientos deberían iniciarse de forma simultánea o secuencial.

“Estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de futuras investigaciones y de un consenso entre expertos que sirvan de guía para la secuencia de tratamiento y el uso simultáneo, así como para el posicionamiento en la práctica clínica de los inhibidores de SGLT2 y los agonistas selectivos del GLP-1 en el tratamiento de los pacientes con DM2 y ERC con sobrepeso u obesidad”, afirma el doctor Xavier Cos.

Por su parte, Yésica Hernández-Brichis, directora médica de Biofarma y directora de Asuntos Regulatorios de AstraZeneca España, señala que el objetivo de estos proyectos es contribuir a clarificar el posicionamiento de estas opciones terapéuticas en un escenario clínico complejo: “La ERC asociada a DM2 y obesidad exige decisiones clínicas complejas basadas en la mejor evidencia. Al apoyar estos proyectos buscamos promover una conversación científica que ayude a los profesionales a tomar decisiones informadas en contextos reales”.

La clasificación de la selección española para la final de la Copa Mundial de fútbol la FIFA (en su versión masculina absoluta) ha desatado la ilusión de millones de aficionados, pero la intensidad emocional que acompaña a un partido de estas características también puede suponer un riesgo para las personas con enfermedad cardiovascular. Diversos estudios internacionales han constatado que los grandes acontecimientos deportivos, especialmente aquellos que se deciden en los últimos minutos o en una tanda de penaltis, se asocian a un aumento de los eventos cardiovasculares agudos, como infartos de miocardio, arritmias o incluso muerte súbita.

Con motivo de la final que se disputará este domingo, la cardióloga Leticia Fernández Friera, de HM Hospitales recuerda la importancia de que los pacientes coronarios disfruten del encuentro sin descuidar las medidas básicas de prevención y sepan reconocer los síntomas que requieren atención médica urgente.

Hay que tener en cuenta que el estrés emocional intenso provoca una liberación de adrenalina y otras hormonas que incrementan la frecuencia cardiaca, elevan la presión arterial y aumentan la demanda de oxígeno del corazón. En personas sanas estos cambios suelen ser bien tolerados, pero en quienes padecen enfermedad coronaria u otros problemas cardiovasculares pueden favorecer la aparición de complicaciones.

Recomendaciones

Con el fin de poder disfrutar con el menor riesgo posible de la final entre España y Argentina, Fernández Friera ofrece cinco consejos sencillos. Para empezar, recuerda que no se debe modificar la medicación habitual. Aunque el horario del encuentro altere las rutinas del día, es fundamental tomar los tratamientos a la hora indicada y no posponer ni olvidar ninguna dosis.

También es importante prestar atención al denominado «menú de la final». El consumo excesivo de alcohol, embutidos, aperitivos salados, fritos, bebidas energéticas o con cafeína puede favorecer aumentos de la presión arterial o alterar el ritmo cardiaco, por lo que conviene optar por alternativas más saludables y mantener una buena hidratación.

Otro consejo es evitar permanecer sentado durante todo el encuentro. Aprovechar el descanso para levantarse, caminar unos minutos o realizar pequeños movimientos ayuda a activar la circulación y a reducir el tiempo de sedentarismo.

Evitar la tensión y actuar si hay síntomas

La cuarta recomendación se centra en el entorno. Ver el partido en ambientes excesivamente ruidosos, participar en discusiones o vivir el encuentro con un elevado nivel de tensión puede incrementar el estrés. En esos momentos, la especialista aconseja alejarse unos minutos, respirar de forma pausada, beber agua y regresar cuando la situación se haya calmado.

El último consejo, y probablemente el más importante, es saber identificar las señales de alarma. La aparición de una opresión en el pecho, dolor que se irradia hacia el brazo o la mandíbula, dificultad para respirar, sudor frío, mareo o pérdida de conocimiento requiere solicitar asistencia médica inmediata.

Los especialistas insisten en que no debe esperarse a que termine el partido para llamar al 112, ya que una actuación precoz puede resultar determinante para reducir las complicaciones y mejorar el pronóstico.

Casi 6,5 millones de adultos españoles tienen artrosis, una enfermedad articular degenerativa que figura entre las principales causas de discapacidad a nivel global. Además, según el Instituto Nacional de Estadística, (INE), el 69% de los pacientes con artrosis son mujeres, y los estudios señalan que ellas experimentan, de media, mayor intensidad de dolor, peor función articular y un impacto más pronunciado sobre su calidad de vida que los hombres. Con el objetivo de dar visibilidad a esta realidad, Organon ha puesto en marcha la campaña ‘Tía Dura’, centrada en mujeres con artrosis en etapa laboral.

Uno de los principales retos de la artrosis es su largo periodo preclínico. Y es que la enfermedad puede permanecer sin síntomas evidentes hasta 20 años antes del diagnóstico, lo que favorece la progresión silenciosa hacia un daño estructural que, en fases avanzadas, puede ser irreversible. Este retraso en la aparición de síntomas limita las posibilidades de intervención temprana y hace que muchos pacientes lleguen al diagnóstico cuando la enfermedad ya ha comprometido de forma significativa su movilidad y funcionalidad.

La artrosis es especialmente común en mujeres a partir de los 50 años, a quienes afecta predominantemente en manos, rodillas, caderas y columna vertebral. Además, ellas presentan mayor propensión a desarrollar artrosis en las manos, y en la mayoría de los casos, esta manifestación aparece tras la menopausia, lo que sugiere que los cambios hormonales influyen en la progresión de la enfermedad.

En el marco laboral, la artrosis genera una pérdida de productividad significativa: la rigidez articular, el dolor crónico y la fatiga asociada obligan a muchas mujeres a adaptar o reducir su jornada, a solicitar bajas o a abandonar actividades que anteriormente realizaban con normalidad. El coste personal y económico de esta adaptación es, en muchos casos, invisible para el entorno.

«Tía Dura», la fuerza silenciosa de las mujeres con artrosis

Ante esta situación poco conocida, y con el objetivo de visibilizar la realidad cotidiana de las mujeres en edad laboral que conviven con artrosis, Organon ha desarrollado la campaña “Tía Dura”, que pone el foco en el dolor y la rigidez articular con los que muchas mujeres desempeñan sus responsabilidades profesionales y personales, a menudo sin interrumpir su actividad.

Además de destacar la existencia de esta realidad, la campaña tiene un objetivo de salud pública: promover la consulta médica ante los primeros síntomas articulares y reducir el tiempo que transcurre entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico. Dado que la artrosis puede evolucionar durante años sin señales claras3, la identificación precoz es determinante para frenar el daño estructural y mejorar el pronóstico funcional a largo plazo.

“Es fundamental que las mujeres que experimentan los primeros signos de artrosis busquen atención médica, ya que la detección temprana puede marcar la diferencia en el manejo de la enfermedad”, afirma la doctora María Dolores Canela, directora médica de Organon España. “Una intervención adecuada puede frenar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las pacientes”, añade.

La artrosis puede manifestarse con síntomas como dolor, hinchazón, rigidez y dificultad para mover la articulación afectada, que tienen una implicación directa en la movilidad y la autonomía de quienes la padecen. La evidencia científica disponible muestra que determinadas modificaciones en el estilo de vida pueden contribuir a reducir los síntomas y a frenar la progresión de la artrosis. La práctica regular de actividad física de bajo impacto (como caminar, nadar o el ciclismo) ha demostrado reducir el dolor, mejorar la función articular y favorecer el control del peso corporal.

En cuanto a la alimentación, la dieta mediterránea se asocia con una reducción de los marcadores inflamatorios relevantes en la artrosis. El control del peso corporal es también un factor modificable con impacto directo: una reducción de entre el 5 y el 10% del peso en personas con sobrepeso alivia de forma significativa la presión sobre las articulaciones de rodilla y cadera. “Con la campaña ‘Tía Dura’ buscamos romper el silencio que rodea la artrosis en las mujeres en edad laboral activa. A menudo, ellas enfrentan esta enfermedad a costa de su calidad de vida y productividad. Si conseguimos que más mujeres lleguen antes al diagnóstico, tendrán una mejor gestión de su patología y seguir desarrollando su vida profesional y personal sin limitaciones”, concluye la doctora Canela.

Las diferencias entre comunidades autónomas en el acceso al diagnóstico, el cribado neonatal, los tratamientos o la innovación sanitaria siguen siendo uno de los principales retos del Sistema Nacional de Salud. Detectarlas, medirlas y actuar para corregirlas fueron los temas a tratar en la tercera y última mesa redonda de la XIII Jornada Somos Pacientes, organizada por Somos Pacientes y Farmaindustria. Un espacio en el que los ponentes coincidieron en que la participación de los pacientes resulta imprescindible para avanzar hacia una mayor equidad.

De hecho, todos ellos defendieron que las organizaciones de pacientes son, en muchas ocasiones, las primeras en identificar las desigualdades del sistema y reclamaron una mejor utilización de los datos para poder medirlas y corregirlas. Por ejemplo, la directora general de Farmacia de la Comunidad Valenciana, Elena Gras, señaló que resulta fundamental conocer con precisión el recorrido asistencial de los pacientes para identificar dónde aparecen las diferencias. «Tenemos que diseñar el sistema para detectar la inequidad y saber cómo proceder«, afirmó.

Gras defendió además la necesidad de preparar los circuitos asistenciales antes incluso de que una nueva tecnología o tratamiento llegue al sistema sanitario, de forma que su implantación no dependa del territorio o de la iniciativa individual de cada profesional. Esta reflexión fue compartida por la directora de Market Access & Government Affairs de Bristol Myers Squibb en España y Portugal, Mónica Ausejo, que insistió en que los indicadores solo tienen sentido si sirven para impulsar cambios. «Hay que medir con el propósito de mejorar la equidad«, resumió.

Ni registros ni indicadores

Por su parte, el vicepresidente de la Federación de Asociaciones Científico-Médicas Españolas (FACME), Andrés Íñiguez, advirtió de que todavía existen importantes limitaciones para lograr esa equidad real. A su juicio, España aún no dispone de registros homogéneos ni de indicadores suficientemente sólidos para conocer el verdadero impacto que las desigualdades tienen sobre la salud de la población.

Algo que corroboró Daniel de Vicente, miembro de la junta directiva de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), que explicó cómo las personas con patologías poco frecuentes conviven desde hace años con estas desigualdades. Comenzando con los programas de cribado neonatal, esenciales para la detección de estas patologías de forma precoz. «Hay comunidades autónomas que superan las 40 enfermedades en sus pruebas del talón para recién nacidos, mientras que otras apenas llegan a 20», comentó durante su intervención.

En este colectivo, las diferencias continúan posteriormente en el acceso a los centros de referencia, a la atención especializada o a los tratamientos. Además, de Vicente lamentó también la falta de indicadores comunes y de registros homogéneos que permitan comparar la situación entre comunidades autónomas.

Andrés Íñiguez y Daniel de Vicente durante un momento del debate / Fotos: Luis Camacho

Participación para la equidad

Los participantes coincidieron en que las asociaciones deben formar parte del diseño de las soluciones desde el inicio y no limitarse a señalar sólo los problemas. Siempre yendo de la mano de las sociedades científico médicas, como apuntó el representante de FACME, que son quienes pueden ofrecer un mejor conocimiento a las asociaciones de pacientes sobre los mecanismos de cada enfermedad.

En esta misma línea, Daniel de Vicente defendió una gobernanza compartida entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas en la que las organizaciones de pacientes participen «desde el principio hasta el final» de los procesos de decisión.

El debate concluyó con una idea compartida por todos los ponentes: avanzar hacia una sanidad más equitativa exige mejorar la coordinación entre administraciones, disponer de indicadores comunes y reforzar la participación de las organizaciones de pacientes.

  • Si quieres escuchar las reflexiones completas de los protagonistas de la mesa, puedes hacerlo aquí:

Después de más de veinte años cuidando de personas con enfermedad renal, sigo convencida de que la mayor parte de lo que he aprendido no estaba en los libros. Me lo han enseñado las personas con las que he compartido una parte de su camino. Me lo han enseñado sus preguntas, sus silencios, sus miedos y también su extraordinaria capacidad para adaptarse a una vida que nunca imaginaron tener.

Con el tiempo comprendí que la enfermedad renal crónica no es solo una enfermedad de los riñones. Es una enfermedad que transforma la vida. Cambia la manera de hacer planes, condiciona decisiones familiares, obliga a reorganizar el día a día y enfrenta a las personas a una incertidumbre para la que nadie está preparado. Es, entonces, cuando descubres que cuidar significa mucho más que tratar una enfermedad, significa cuidar un proyecto de vida.

A menudo hablamos de la enfermedad renal desde la perspectiva del diagnóstico, la diálisis o el trasplante. Todo eso es imprescindible. Pero existe otra realidad, mucho menos visible, que rara vez aparece en una historia clínica. Es la preocupación de una madre que teme no poder cuidar de sus hijos como antes; de un abuelo que se pregunta si seguirá viajando con sus nietos; de un joven que siente que su futuro ha cambiado demasiado pronto.

Quizá por eso nunca he entendido los cuidados como un complemento del tratamiento. Para mí, forman parte del tratamiento. Cuando una persona comprende lo que le está ocurriendo, participa en las decisiones sobre su salud y siente que no está sola, afronta la enfermedad de otra manera. La ciencia nos ofrece respuestas; los cuidados ayudan a transformar el miedo en confianza y la incertidumbre en esperanza.

En ese camino, las enfermeras ocupamos un lugar privilegiado. Tenemos el privilegio de entrar en la vida de las personas en algunos de sus momentos más difíciles, pero también en algunos de los más esperanzadores. Estamos cuando alguien recibe un diagnóstico que cambia su vida, cuando aprende a convivir con la diálisis, cuando espera un trasplante o cuando celebra que puede volver a hacer planes. Permanecemos cuando otras etapas pasan. Y quizá esa continuidad sea uno de los mayores valores de nuestra profesión.

Con frecuencia se dice que las enfermeras educamos, acompañamos o cuidamos. Todo eso es cierto. Pero, con los años, he descubierto que nuestra verdadera responsabilidad va mucho más allá. Nos ocupamos de ayudar a que las personas recuperen la confianza para seguir viviendo. Traducimos la complejidad de la enfermedad en información comprensible, el miedo en tranquilidad y la incertidumbre en decisiones compartidas. Las personas no siempre recuerdan el nombre del tratamiento que recibieron. Sin embargo, rara vez olvidan a quienes les hicieron sentir que no estaban solas.

Con el paso de los años también comprendí que cuidar significa compartir. Compartir el conocimiento, la experiencia y todo aquello que puede ayudar a otras enfermeras a cuidar mejor. Esa convicción fue la que me llevó a aceptar la dirección del libro Atención enfermera a personas con enfermedad renal, publicado por Elsevier. Después de tantos años junto a personas con enfermedad renal, sentía la responsabilidad de devolver a la profesión una pequeña parte de todo lo que ellas y las enfermeras con las que he compartido camino me habían enseñado.

Desde el primer momento tuve claro que no quería coordinar únicamente un manual. Quería construir una obra colectiva, un libro escrito por enfermeras referentes de toda España, con trayectorias diferentes, pero unidas por una misma manera de entender nuestra profesión: cuidar con rigor científico, con evidencia, con humanidad y sin perder nunca de vista que, detrás de cada enfermedad renal, hay una persona con una historia única.

He dedicado una parte importante de mi vida a la investigación porque creo profundamente en la innovación. Pero también he aprendido que innovar solo tiene sentido cuando mejora la vida de las personas.

Cuando pienso en todo lo que las personas con enfermedad renal me han enseñado a lo largo de estos años, siempre llego a la misma conclusión: cuidar es mucho más que prestar una asistencia excelente. Cuidar es escuchar antes de responder, acompañar antes de dirigir y comprender que cada persona vive su enfermedad de una manera única.

Si después de más de veinte años pudiera resumir en una sola frase todo lo que las personas con enfermedad renal me han enseñado, diría que la ciencia nos ayuda a vivir más, pero son los cuidados los que dan vida a esos años. Al final, ese es el verdadero sentido de nuestra profesión. No cuidar una enfermedad, sino acompañar y sostener un proyecto de vida.

Por María Ángeles Gómez González, directora de Enfermería del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Madrid y directora del libro Atención enfermera a personas con enfermedad renal

Las personas con discapacidad o en situación de dependencia contarán en breve con un sistema de apoyos más flexible, personalizado y orientado a favorecer su autonomía, tras la aprobación en el Congreso de los Diputados de la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad. La norma, que continuará ahora su tramitación en el Senado, incorpora nuevos servicios, reduce trabas administrativas y refuerza el derecho a recibir cuidados en el entorno habitual de las personas, una de las principales demandas del movimiento asociativo.

La reforma ha salido adelante junto a un paquete de financiación extraordinario que movilizará 6.200 millones de euros adicionales entre 2026 y 2027, una inversión con la que el Gobierno espera reducir de forma significativa las listas de espera y ampliar el número de personas atendidas por el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia.

Uno de los principales objetivos de la reforma es adaptar el sistema a una realidad marcada por el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas y las situaciones de dependencia. Para ello, el nuevo texto apuesta por que sean los recursos y servicios los que se adapten a las necesidades de cada persona, y no al contrario.

Accesibilidad

Entre las novedades figura el reconocimiento de la accesibilidad universal como un derecho, la creación de nuevos servicios de apoyo en viviendas, la posibilidad de prestar ayuda a domicilio también fuera del hogar —por ejemplo, para acompañar a una consulta médica o realizar gestiones— y la incorporación de un sistema de préstamo de productos de apoyo para la autonomía personal, como sillas de ruedas eléctricas, grúas o andadores.

La reforma también elimina algunas limitaciones que existían hasta ahora en la compatibilidad entre prestaciones y abre la puerta a que personas del entorno cercano, aunque no mantengan un vínculo familiar, puedan recibir una prestación económica por asumir los cuidados cuando así lo requiera la persona dependiente.

Menos burocracia

Otro de los cambios más relevantes afecta a la simplificación de los procedimientos administrativos. La nueva norma establece una pasarela que permitirá reconocer automáticamente un grado de discapacidad a las personas que ya tengan reconocida una situación de dependencia, evitando duplicar valoraciones.

Así, quienes obtengan un grado I de dependencia accederán directamente a un reconocimiento del 33% de discapacidad, mientras que los grados II y III equivaldrán a un 65%, reduciendo tiempos de espera y trámites para acceder a derechos, prestaciones y recursos.

La reforma también incorpora el compromiso de reducir progresivamente los plazos de resolución de los expedientes y consolida el objetivo de que la Administración General del Estado financie el 50% del coste del sistema, una reivindicación histórica de las comunidades autónomas y de numerosas entidades sociales.

Respuesta favorable

Muchas organizaciones vinculadas a la discapacidad y la dependencia han recibido de forma favorable el contenido de la reforma. Como la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe), desde donde se aplaude especialmente la eliminación de incompatibilidades entre prestaciones y servicios de dependencia, para que las personas puedan acceder a apoyos que hasta ahora no podían compatibilizar.

La organización también destaca: la ampliación del catálogo de servicios, incorporando nuevos modelos de apoyo para la vida independiente; el impulso de la asistencia personal como prestación para favorecer la autonomía; el reconocimiento de la teleasistencia como un derecho; la incorporación de productos de apoyo mediante préstamo o cesión temporal y la simplificación de numerosos procedimientos administrativos para reducir la burocracia que dificultaba el acceso al sistema.

«Valoramos positivamente que esta reforma avance hacia un modelo que reconoce el derecho de las personas con discapacidad a decidir cómo quieren vivir y qué apoyos necesitan para desarrollar su proyecto de vida. Ahora es necesario que todos estos avances lleguen realmente a las personas«, señala el presidente de Cocemfe, Anxo Queiruga.

También el presidente del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), Luis Cayo Pérez Bueno, se ha mostrado favorable al considerar que «no hay nada en el proyecto de ley que no sea un avance o que no mejore el punto de partida», si bien ha señalado que todavía existen aspectos susceptibles de seguir desarrollándose durante la tramitación parlamentaria.

Reducir las listas de espera

La inyección económica de 6.200 euros adicionales en el campo de la discapacidad y la dependencia también ha sido aplaudida desde las organizaciones que representan al colectivo. Sobre todo porque, con estos recursos, se pretende reducir las listas de espera, mejorar las condiciones laborales del sector y ampliar la cobertura de los servicios. Según las previsiones del Ministerio de Derechos Sociales, la inversión permitirá atender a cientos de miles de personas más y reducir de forma notable el número de ciudadanos pendientes de recibir una prestación o servicio.

Cocemfe recuerda que la falta de accesibilidad continúa siendo una de las principales barreras para la vida independiente. Una de cada cuatro personas con discapacidad ha tenido que cambiar de vivienda por problemas de accesibilidad; alrededor de 100.000 personas no pueden salir nunca de casa y 1,8 millones solo pueden hacerlo con ayuda de otra persona. Esta situación limita el acceso al empleo, la educación, la atención sanitaria o la participación social.