Lejos de vivirse en un momento de calma, la menopausia coincide, en muchos casos, con una situación de máxima carga familiar, emocional y mental. Y la evidencia es clara: cuidar de otros no solo agota, también agrava los síntomas de la menopausia. De hecho, un estudio publicado en Mayo Clinic Proceedings, desarrollado con más de 4.200 mujeres de entre 45 y 60 años, demuestra que aquellas que dedican más de 15 horas semanales al cuidado de otras personas tienen hasta un 77% más de probabilidad de sufrir síntomas moderados o severos de menopausia.
Según el mismo análisis, una de cada cinco mujeres en esta franja de edad se identifica como cuidadora activa, un dato que confirma la magnitud del fenómeno. “Muchas mujeres viven la menopausia en una etapa de máxima exigencia vital: siguen sosteniendo la crianza, el trabajo y el cuidado de otros. Cuando no hay margen para el descanso ni para el autocuidado, los síntomas se intensifican y acaban marcando la calidad de vida”, explica Cristina Martínez, cofundadora y co CEO de DOMMA, empresa dedicada al acompañamiento de mujeres en etapa de climaterio.
Cuando la carga mental pasa factura
A esta sobrecarga se suma un factor estructural que sigue recayendo mayoritariamente sobre las madres: la carga mental. Las mujeres asumen más del 70% del trabajo cognitivo invisible del hogar y la crianza, incluso cuando las tareas físicas están repartidas. Este dato, revelado por un estudio de Archives of Women’s Mental Health, supone una presión constante que dificulta el descanso y amplifica el impacto de la menopausia en el día a día.
Los datos propios de DOMMA ponen cifras concretas a esta realidad. El 67,3% de las mujeres afirma tener problemas de sueño y más de la mitad sufre despertares nocturnos recurrentes, una falta de descanso que se prolonga en el tiempo y limita la capacidad de recuperación. No es casual que el 64,4% declare sentirse cansada de forma persistente, incluso sin haber realizado un esfuerzo físico significativo.
El impacto no se queda en lo físico. Casi 6 de cada 10 mujeres reconoce inestabilidad emocional, con cambios de humor, irritabilidad o sensación de desbordamiento, un malestar que se suma a la exigencia diaria de sostener la organización familiar. A ello se añade la baja libido, que afecta al 71,8% de las encuestadas, uno de los síntomas que mejor refleja cómo la falta de descanso y la sobrecarga continuada acaban afectando también a la esfera personal e íntima.
Ante esta realidad, cada vez más voces reclaman un cambio de enfoque en cómo se aborda la menopausia y el cuidado. “Durante años se ha asumido que el agotamiento forma parte de esta etapa, pero no debería ser así. No hablamos solo de síntomas, hablamos de la necesidad de que las mujeres vuelvan a situar su bienestar en el centro”, señala Mireia Roca, también cofundadora y co CEO de DOMMA.
En esta línea, la compañía trabaja para impulsar un cambio de paradigma que pasa por transformar la “deuda de cuidados” en una mayor conciencia sobre el autocuidado, a través de acompañamiento experto, divulgación y soluciones naturales con base científica. El objetivo no es solo aliviar los síntomas, sino proporcionar el soporte necesario para que cada mujer recupere su mejor versión en una de las etapas más potentes y exigentes de su vida.


