Los expertos en obesidad reconocen el significativo progreso alcanzado en los últimos años en el fenotipado, diagnóstico, valoración y tratamiento farmacológico de esta enfermedad, pero alertan sobre algunas limitaciones. Así se ha puesto de relieve en el XVII Curso Avanzado en Obesidad, organizado por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) bajo el lema “Continúa el debate en obesidad”. El encuentro ha reunido a unos 200 especialistas de referencia en el ámbito de la endocrinología, la nutrición, la investigación traslacional, la medicina clínica, el ejercicio físico, la cirugía y el abordaje multidisciplinar de la obesidad.
Como ha destacado el presidente de la SEEDO, el Dr. Diego Bellido, “la obesidad exige una respuesta sanitaria y social a la altura de su complejidad. Los avances terapéuticos son muy relevantes, pero deben acompañarse de formación profesional, diagnóstico adecuado, seguimiento a largo plazo, trabajo multidisciplinar y una mirada libre de estigma”. Y es que, según ha recalcado, “el tratamiento de la obesidad no puede plantearse como una intervención puntual, sino como un proceso continuado que exige acompañamiento, evaluación periódica y adaptación individualizada”.
En la misma línea se han manifestado las doctoras Sharona Azriel y Mª Luisa Seoane, coordinadoras del comité organizador de este curso, quienes ponen en valor la trascendencia de esta formación, “en la que se han debatido y confrontado los temas más relevantes del momento, combinando actualización científica, controversia clínica, participación activa y orientación práctica para los profesionales”. Además, han destacado que “el curso consolida el compromiso de la SEEDO con la formación continuada de los profesionales sanitarios y con la actualización científica en torno a una enfermedad crónica, compleja, multifactorial y recidivante, que requiere una atención integral, personalizada y basada en la evidencia”. A su juicio, “es fundamental generar espacios de debate que permitan avanzar hacia una atención de mayor calidad para las personas con obesidad”.
Lo más actual y controvertido
Durante el curso se han abordado algunas de las principales controversias actuales en obesidad, desde el fenotipado molecular hasta las nuevas herramientas diagnósticas, pasando por el papel de la prevención, las estrategias terapéuticas basadas en incretinas, el seguimiento a largo plazo, la preservación de la masa muscular y la necesidad de modificar la percepción social de la enfermedad.
En lo que respecta al fenotipado molecular en obesidad, se ha destacado el papel de la biopsia tisular, la biopsia líquida y la epigenética, que permiten avanzar hacia una medicina más personalizada, capaz de identificar mejor los diferentes perfiles biológicos, clínicos y metabólicos de los pacientes. “Son tres formas de estudiar el tejido adiposo en obesidad, pero con una misma meta: combinar biopsia tisular, biopsia líquida y análisis epigenético para un fenotipado preciso de la obesidad”, afirma la Dra. Seoane, vocal de SEEDO y co-coordinadora del Área de Endocrinología, Nutrición y Metabolismo del IDIS en Santiago de Compostela.
Se ha consensuado que no existe una única técnica ‘estrella’ para estudiar la obesidad a nivel molecular, sino que la fuerza está en la combinación de la biopsia de tejido, la biopsia líquida y el empleo de marcadores epigenéticos. “Juntas permiten dibujar un ‘mapa’ muy detallado del tipo de obesidad que tiene cada persona, identificando subtipos con perfiles biológicos distintos”, aclara la Dra. Seoane. Con estos datos de investigación básica, tal y como vaticina, “en el futuro se podrá diseñar una herramienta diagnóstica que ayude a seleccionar el tratamiento más eficaz para cada caso, avanzando de forma clara hacia una medicina verdaderamente personalizada en obesidad”.
También se ha expuesto una cuestión central para los sistemas sanitarios: si en obesidad se debe priorizar la inversión en prevención primaria o en prevención secundaria. Se concluye que ambas estrategias son necesarias y complementarias. “La prevención primaria resulta imprescindible para actuar sobre los determinantes sociales, ambientales y conductuales que favorecen el desarrollo de la obesidad, mientras que la prevención secundaria permite detectar precozmente la enfermedad, reducir complicaciones y mejorar el pronóstico de quienes ya presentan exceso de adiposidad o alteraciones metabólicas asociadas”, indica el Dr. Bellido.
Complementado esta idea, la Dra. Azriel, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Infanta Sofía de Madrid y secretaria general de SEEDO, asegura que “la inversión más efectiva es aquella que combina la prevención primaria para evitar nuevos casos con una prevención secundaria intensiva, temprana, mediante los fármacos de nueva generación para minimizar la morbimortalidad y los costes derivados de las complicaciones crónicas de la obesidad”.
De la terapia conductual a las dietas más adecuadas
Uno de los ejes principales de la jornada ha sido el análisis del ecosistema terapéutico de los agonistas del receptor GLP-1 y de las nuevas terapias incretínicas. En concreto, se ha profundizado sobre las sinergias y posibles antagonismos entre el tratamiento farmacológico, la intervención nutricional, la terapia conductual y el ejercicio físico. Entre otras conclusiones, como apunta el presidente de SEEDO, “se considera que los nuevos fármacos han supuesto un cambio relevante en el tratamiento de la obesidad, pero su uso debe integrarse siempre en un modelo clínico estructurado, con seguimiento profesional y con intervenciones sobre alimentación, actividad física, conducta y salud metabólica”. Como sintetiza la Dra. Seoane, “los fármacos incretínicos abren la puerta, y la terapia conductual consolida la pérdida de peso”.
Los nuevos fármacos que imitan a las incretinas actúan reduciendo el apetito y facilitando que la persona pueda perder peso, venciendo parte de la ‘resistencia biológica’ que se produce en la obesidad. Al disminuir esa presión biológica, el profesional puede centrarse mejor en la terapia conductual: cambio de hábitos, relación con la comida, manejo de emociones y prevención de recaídas. De este modo, como indicaMª Luisa Seoane, “los fármacos no sustituyen a la intervención conductual, sino que la refuerzan y la hacen más eficaz a largo plazo, mejorando las probabilidades de mantener el peso perdido”.
En cuanto a la ‘mejor aliada nutricional’ frente a la obesidad, el debate se ha centrado tanto en la dieta cetogénica como la mediterránea, aclarando que ambas pueden ser efectivas para bajar peso, pero con perfiles muy diferentes. La dieta cetogénica suele producir descensos de peso más rápidos, aunque no es adecuada para todos los pacientes y requiere una supervisión muy estrecha por parte de clínicos y nutricionistas, dada su complejidad y posibles efectos secundarios. Por su parte, la dieta mediterránea tiene mejor adherencia y es válida prácticamente para cualquier persona, por lo que resulta más sostenible a largo plazo. La novedad en este ámbito, a juicio de la Dra. Seoane, “es el desarrollo de propuestas dietéticas mixtas, que intentan integrar lo mejor de ambos enfoques, buscando una pauta nutricional efectiva, segura y personalizada”.
Pero no se debe olvidar el otro pilar fundamental para hacer frente a la obesidad: el ejercicio, pero no de cualquier tipo y forma. El mensaje principal es que “en lo que respecta al ejercicio, lo primero es la calidad, luego la cantidad, es decir, se debe apostar por un entrenamiento inteligente para personas con obesidad”, aconseja el profesor David Jiménez Pavón, vocal de SEEDO y miembro del Grupo de Ejercicio Físico y Obesidad. En su opinión, “no se trata sólo de ‘hacer más’, sino de ‘hacer mejor’”: un programa de ejercicio debe empezar por una buena calidad del estímulo, adaptado al perfil clínico y a las capacidades de cada paciente. A partir de esa base, la cantidad (volumen, frecuencia, duración) se incrementa de forma progresiva, evitando lesiones y abandono. La calidad no se reduce a la intensidad, sino a la organización inteligente del entrenamiento: planificación de sesiones, variación de ejercicios y combinación equilibrada de trabajo de fuerza, resistencia y movilidad. “Este enfoque permite mejorar la condición física de forma segura y sostenible”, apostilla.
Para la Dra. Sharona Azriel, “es muy importante tener en cuenta que, a pesar de la auténtica revolución que han supuesto los fármacos indicados para hacer frente a la obesidad, es necesario complementar el tratamiento farmacológico con un cambio cognitivo-conductual, con una dieta individualizada en función de las características del paciente y, por supuesto, acompañado de más y mejor ejercicio físico”.
En este sentido, también se ha puesto el foco en la salud muscular, concluyendo que la combinación de proteína, ejercicio y suplementos bien elegidos son la receta para lograr un músculo que proteja a la salud metabólica. La masa muscular actúa como un auténtico ‘seguro de vida metabólico’, ayudando a controlar la glucosa, el gasto energético y la salud global. Para mantenerla, es clave una alimentación equilibrada con suficiente proteína y, cuando procede, suplementos como leucina, creatina, magnesio o vitamina D, siempre bajo criterio profesional. Por su parte, el ejercicio adaptado y progresivo es esencial; por el contrario, el uso de fármacos para aumentar la masa muscular no ha demostrado ser una estrategia segura ni eficaz para compensar pérdidas de músculo asociadas a dietas de adelgazamiento. Y es que, como subraya el Dr. Bellido, “la pérdida de peso debe ir acompañada de una estrategia de salud global, orientada no solo a reducir grasa corporal, sino también a mantener masa muscular, capacidad funcional y calidad de vida”.
Desafíos y oportunidades del tratamiento
En el curso se ha incluido también una sesión específica sobre GLP-1 y adicciones, un campo emergente de investigación que despierta creciente interés por la posible relación entre estas terapias y los circuitos de recompensa, el apetito, la conducta alimentaria y otros comportamientos adictivos. En base a la evidencia y las líneas de investigación, se advierten algunos progresos en este ámbito. Como indica la Dra. Azriel, “se ha observado un efecto beneficioso de los agonistas receptores de GLP-1 sobre el hábito de alcohol, sobre el trastorno por consumo de alcohol y sobre otros tóxicos y psicoestimulantes”.
Respecto al abordaje de la cronicidad en la era de las incretinas. Se han compartido aspectos especialmente relevantes para la práctica clínica, como el abandono del tratamiento durante el primer año, las estrategias de reducción o ajuste terapéutico, el manejo de los pacientes no respondedores y el papel de la tecnología digital en el seguimiento. En palabras de la Dra. Azriel, “deberíamos replantearnos cuáles son los indicadores de éxito en el 2026 con los tratamientos farmacológicos, es decir, si solamente la pérdida de peso es suficiente o deberíamos incluir biomarcadores específicos que nos indiquen realmente los beneficios que van mucho más allá del peso”.
El curso también ha incidido en el diagnóstico de la adiposidad, efectuándose una comparación entre impedanciometría y ecografía como herramientas de valoración. Este debate refleja la necesidad de superar una visión exclusivamente basada en el índice de masa corporal y avanzar hacia una evaluación más completa de la composición corporal, la distribución de la grasa y la repercusión clínica del exceso de adiposidad.
En este foro también se ha reflexionado sobre la necesidad de cambiar el diálogo en torno a la obesidad, resaltando la importancia de combatir el estigma, evitar mensajes culpabilizadores y promover una comunicación social y sanitaria más respetuosa, rigurosa y centrada en la persona. Para SEEDO, la obesidad no debe entenderse como una simple cuestión de voluntad individual, sino como una enfermedad compleja en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos y ambientales. Con esta XVII edición, el Curso Avanzado en Obesidad de la SEEDO se consolida como un espacio de referencia para la formación, la discusión científica y la mejora del abordaje clínico de una enfermedad que representa uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI.