Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La participación de los pacientes en las decisiones sobre qué medicamentos y tecnologías sanitarias se incorporan al Sistema Nacional de Salud (SNS) dará un paso adelante con el nuevo Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS). La norma ha sido presentada oficialmente por el Ministerio de Sanidad, e incorpora por primera vez de forma estructurada la participación de pacientes y profesionales sanitarios en estos procesos.

Durante el acto de presentación, la ministra de Sanidad, Mónica García, defendió que la experiencia de quienes conviven con una enfermedad debe formar parte de las decisiones sobre innovación sanitaria. «Se acabó el hablar de las tecnologías sanitarias sin escuchar a aquellos que conviven con ellas cada día», afirmó, al tiempo que destacó que combinar el conocimiento científico con la experiencia de pacientes y profesionales permitirá adoptar decisiones «más sólidas» y ajustadas a la realidad asistencial.

Las organizaciones de pacientes llevan años reclamando una participación efectiva en este ámbito. En este sentido, el nuevo real decreto da respuesta, al menos parcialmente, a esta demanda al establecer mecanismos para incorporar esa perspectiva en las evaluaciones que servirán de apoyo a las decisiones sobre financiación pública, precio, incorporación a la cartera común de servicios o modificación de las condiciones de uso de las tecnologías sanitarias.

Aunque los informes tendrán carácter preceptivo, pero no vinculante, constituirán una herramienta fundamental para orientar las decisiones posteriores de la Administración.

Sistema más transparente

El Consejo de Ministros aprobó el pasado 29 de mayo este real decreto, que establece por primera vez un marco reglamentario común para evaluar medicamentos, productos sanitarios y otras tecnologías empleadas en el Sistema Nacional de Salud.

Según explicó Mónica García, disponer de procedimientos claros, homogéneos e independientes permitirá reforzar la confianza de todos los agentes implicados y favorecer que la innovación llegue a los pacientes «antes y con mayores garantías». La ministra insistió en que innovar no consiste en incorporar cualquier novedad, sino aquellas tecnologías que realmente aporten valor a la salud de las personas desde criterios de equidad, sostenibilidad y evidencia científica.

El nuevo sistema también adapta el modelo español al Reglamento Europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, armonizando los procedimientos con el resto de países de la Unión Europea.

Independencia y rigor científico

En la presentación oficial participó también el director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia, César Hernández, que destacó que el decreto dota por primera vez al sistema de una estructura estable que permitirá realizar evaluaciones independientes y fundamentadas en el valor clínico de las tecnologías.

En la misma línea, la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), María Jesús Lamas, subrayó que el objetivo de estas evaluaciones no es elaborar informes científicos para su publicación, sino proporcionar a quienes deben tomar las decisiones —incluidos los propios pacientes— la seguridad de que estas se sustentan en la mejor evidencia disponible en cada momento.

El nuevo modelo estará integrado por un Consejo de Gobernanza y dos oficinas independientes: una dedicada a la evaluación de medicamentos y otra centrada en las tecnologías sanitarias no farmacológicas, cuya puesta en marcha comenzará durante los próximos meses.

El decreto fija además tiempos máximos para completar las evaluaciones, con el propósito de hacer más predecibles los procedimientos. Los informes sobre los aspectos clínicos de los medicamentos deberán finalizarse en 70 días, mientras que la evaluación de los aspectos no clínicos dispondrá de otros 70 días adicionales. En el caso de las tecnologías sanitarias no farmacológicas, el plazo máximo será de 140 días, con posibilidad de ampliarlo hasta 25 días cuando resulte necesario solicitar información complementaria.

Los bebés que nacen de forma extremadamente prematura se enfrentan a uno de los mayores desafíos de la medicina. Antes de las 24 semanas de gestación, órganos como los pulmones, el intestino o el cerebro todavía no están preparados para funcionar fuera del útero, lo que reduce de forma importante las posibilidades de supervivencia y aumenta el riesgo de secuelas graves para toda la vida. Ahora, un equipo español ha dado un paso decisivo para cambiar este escenario con el desarrollo de una placenta artificial capaz de mantener con vida durante 21 días a prematuros extremos.

El avance corresponde al proyecto fetaLife, liderado por el doctor Eduard Gratacós en BCNatal —centro de medicina fetal y neonatal del Hospital Sant Joan de Déu, el Hospital Clínic de Barcelona y la Universitat de Barcelona— y financiado por la Fundación «la Caixa». Tras más de cinco años de investigación y una inversión de 7,65 millones de euros, el equipo ha desarrollado un prototipo funcional de incubadora líquida que también ha conseguido más de 13 meses de supervivencia posnatal con un neurodesarrollo normal en un modelo experimental.

La denominada incubadora líquida pretende reproducir las condiciones del útero materno para que el desarrollo fetal continúe durante unas semanas más. En lugar de obligar al recién nacido extremadamente prematuro a adaptarse de forma inmediata al medio externo, el sistema mantiene al bebé en un entorno líquido conectado a un circuito extracorpóreo a través del cordón umbilical, simulando el funcionamiento de la placenta.

Según explican los investigadores, el prototipo incorpora un avanzado sistema de oxigenación, monitorización continua y protocolos específicos de nutrición, administración de hormonas y soporte médico que han permitido aumentar progresivamente la supervivencia dentro del dispositivo y completar con éxito la transición posterior a una incubadora convencional.

Un paso más cerca de los ensayos en humanos

Uno de los hitos más relevantes del proyecto ha sido demostrar que los animales pueden completar con éxito la transición desde la placenta artificial hasta la vida extrauterina. El caso más destacado es el de Gaia, una oveja que permaneció en el sistema y que, más de un año después de su nacimiento, presenta un desarrollo neurológico considerado normal por los investigadores.

Tras estos resultados, el equipo ha iniciado una nueva etapa orientada a adaptar la tecnología para su uso clínico. Para ello, en 2025 se creó la empresa derivada fetaLife Technologies, cuyo objetivo es acelerar la transferencia de esta innovación al ámbito asistencial. Si el desarrollo continúa según lo previsto y se obtiene la financiación necesaria, los primeros estudios en humanos podrían comenzar entre 2028 y 2029.

La placenta artificial no pretende sustituir a las unidades de cuidados intensivos neonatales, sino ofrecer unas semanas adicionales de desarrollo fetal en un entorno mucho más parecido al útero materno. De confirmarse su eficacia en humanos, podría transformar el pronóstico de miles de recién nacidos extremadamente prematuros y mejorar tanto su supervivencia como su calidad de vida futura.

Cuando nos topamos cara cara con la Esclerosis Lateral Amiotrófica, miramos directamente a la persona diagnosticada. Hablamos de evolución clínica, pérdida progresiva de autonomía, ventilación mecánica… y una vez tenemos la sensación de que hemos podido trasladar esa durísima realidad, añadimos a la conversación la adaptación del domicilio, la comunicación, la movilidad, la alimentación o toma de decisiones. Sin embargo, alrededor de cada paciente con ELA hay otra figura que permanece en segundo plano: la persona que cuida.

Esa persona sostiene la rutina cuando la enfermedad la desordena, aprende a anticipar síntomas, interpreta señales, coordina citas, acompaña decisiones difíciles y también (crucial) adapta espacios, maneja dispositivos, contiene emocionalmente al paciente y, con frecuencia, intenta que nadie note hasta qué punto está agotada.

El pasado 28 de mayo, en Alicante, participé en una jornada dirigida a cuidadores de pacientes con ELA. No fue solo un encuentro formativo. Fue una constatación: en enfermedades altamente complejas, cuidar al paciente exige también mirar de frente a quien cuida. Una persona cuidadora invisible, exhausta y emocionalmente desbordada, ¿realmente puede afrontar todos los cuidados necesarios?

La ELA no transforma únicamente el cuerpo de quien la padece, acaba transformando una casa, una pareja, una familia, una forma de comunicarse y la forma de planificar el futuro. La enfermedad impone un nuevo calendario, marcado por pérdidas progresivas, adaptaciones constantes y decisiones que muchas veces llegan antes de que la familia haya tenido tiempo de asumir la anterior.

En ese contexto, la persona cuidadora vive en un estado de vigilancia permanente. Está pendiente de la respiración, del sueño, de la alimentación, de la movilidad, del ánimo, de los tratamientos, de las citas y de los cambios que pueden anticipar una nueva fase de la enfermedad. Su vida empieza a organizarse en torno al: “¿qué puede pasar ahora?”.

Esa disponibilidad continua tiene un coste doble: físico, porque el cuerpo acusa la falta de descanso, la tensión y la sobrecarga y emocional, porque aparecen miedo, tristeza, irritabilidad, culpa o sensación de soledad. Ahí asistimos también al coste psicológico: la creencia de que no se puede fallar, de que todo depende de una misma persona, de que descansar es abandonar.

Este punto es delicado. Muchos cuidadores no se permiten decir que están cansados, les parece injusto, incluso egoísta, expresar su malestar cuando la persona enferma está atravesando una situación tan dura. Reconocer el agotamiento no resta amor, pedir ayuda no significa cuidar peor. Al contrario: muchas veces es la única forma de poder seguir cuidando sin quebrarse.

En la ELA aparece una dimensión emocional más: el duelo anticipado. La persona cuidadora empieza a despedirse antes de la pérdida definitiva. Se despide de capacidades que desaparecen, de planes que ya no podrán hacerse, de una vida que se va modificando poco a poco. Todo ello ocurre mientras sigue organizando medicación, aprendiendo nuevas rutinas, respondiendo a urgencias… Es una paradoja intensamente humana: quien cuida también sufre, pero no siempre encuentra permiso para sufrir.

Por eso el apoyo psicológico hay que entenderlo como un recurso accesorio ni como una intervención reservada para situaciones límite, debe formar parte del abordaje integral desde etapas tempranas. Para acompañar el sufrimiento, para ser una ayuda que ordena emociones, reduce la culpa, reconoce los límites y es capaz de activar redes de apoyo que están ahí para anticipar decisiones difíciles.

La atención a la ELA no puede reducirse a la tecnología, aunque la tecnología sea imprescindible. La ventilación mecánica, la asistencia para la tos, la oxigenoterapia u otros dispositivos pueden ser esenciales para el paciente, pero no es lo único. En el domicilio conviven equipos, rutinas, miedos, dudas, familias, profesionales sanitarios y empresas de terapias respiratorias. En ese escenario, la coordinación es una forma de cuidado.

Cuando los equipos trabajan de manera multidisciplinar, la familia no siente que tiene que traducir sola cada indicación ni anticipar sola cada dificultad. Neumología, neurología, enfermería, rehabilitación, nutrición, trabajo social, psicología, asociaciones de pacientes y profesionales de terapias respiratorias domiciliarias deben formar parte de una red capaz de acompañar la evolución clínica y el impacto real de la enfermedad.

La figura de la enfermería gestora de casos es especialmente relevante en este proceso porque ofrece continuidad, cercanía, orientación y confianza. También lo son las asociaciones de pacientes, que aportan apoyo social, grupos de ayuda mutua, respiro, formación y recursos prácticos. Todo suma cuando el objetivo es evitar que la familia viva la enfermedad como una responsabilidad solitaria.

Necesitamos dar un paso más y cuidar al cuidador. Debemos entenderlo como una condición de calidad asistencial. Desde la psicología, acompañar a cuidadores implica validar lo que sienten, ayudarles a reconocer señales de sobrecarga y trabajar estrategias de afrontamiento realistas. A veces se trata de aprender a pedir ayuda, otras, de aceptar que no todo puede controlarse. También de generar espacios sin culpa en los que hablar de la enfermedad con honestidad, revisar expectativas imposibles y recordar que la persona cuidadora sigue siendo alguien más allá de ese rol.

La ELA nos obliga a hablar de dependencia, vulnerabilidad, límites y final de vida, pero también de dignidad, vínculos y comunidad. En esa conversación, la persona cuidadora debe ocupar un lugar central.

Una atención verdaderamente integral no puede dejar fuera a quien vive el día a día del paciente. Cuidar al cuidador no desplaza el foco de la persona con ELA; amplía la mirada y reconoce que la salud emocional de quien acompaña influye en la calidad del cuidado, en la convivencia, en la toma de decisiones y en el bienestar de toda la familia.

Por David Vilá, psicólogo Sanitario de Linde Médica

La participación de los pacientes en las decisiones que afectan a su salud continúa ganando peso en el Sistema Nacional de Salud y podría dar un paso decisivo en los próximos meses con la posible aprobación de la futura Ley de Organizaciones de Pacientes, ahora en trámite parlamentario. Así lo anunció el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, durante la clausura de la XIII Jornada Somos Pacientes, organizada por Somos Pacientes y Farmaindustria.

Durante su intervención, Padilla mostró su confianza en que la futura normativa pueda aprobarse tras el verano, y recordó que el sistema sanitario está evolucionando hacia un modelo en el que las asociaciones deben formar parte de los espacios de gobernanza de manera estable. Según explicó, el texto legislativo es fruto del trabajo desarrollado junto a un grupo motor integrado por siete organizaciones de pacientes y pretende consolidar un modelo de participación cada vez más profesionalizado e institucionalizado.

Jornada Somos Pacientes
Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad / Fotos: Luis Camacho

El secretario de Estado fue el encargado de cerrar un encuentro que reunió en Madrid a representantes de organizaciones de pacientes, administraciones sanitarias, sociedades científicas, profesionales sanitarios e industria farmacéutica para reflexionar sobre cómo está cambiando la participación de los pacientes en el sistema sanitario.

Bajo el lema Pacientes que cuentan: más participación para un sistema sanitario mejor, se puso de manifiesto que la experiencia de quienes conviven con una enfermedad es determinante para mejorar tanto el diseño de los ensayos clínicos como la toma de decisiones, para favorecer la incorporación de la innovación y avanzar hacia una atención sanitaria más equitativa.

Reconocimiento

La presidenta de Farmaindustria, Fina Lladós Canela, fue la encargada de inaugurar la jornada con un reconocimiento expreso al trabajo que realizan las organizaciones de pacientes para mejorar la vida de las personas que conviven con una enfermedad y a su contribución para mejorar la atención sanitaria. «Durante muchos años el sistema sanitario ha tomado decisiones por los pacientes. Hoy sabemos que las mejores decisiones se toman con los pacientes y las hace más útiles para la sociedad”, señaló.

Durante su intervención defendió que la colaboración con las asociaciones no es un elemento accesorio, sino una forma de entender la innovación basada en la construcción conjunta de soluciones. Además, recordó que los grandes avances en salud siempre han sido fruto del trabajo colectivo y de la suma de perspectivas diferentes, por lo que incorporar la experiencia de quienes conviven con una enfermedad permite comprender mejor sus necesidades y adoptar decisiones más útiles para la sociedad.

Jornada Somos Pacientes
Fina Lladós Canela, presidenta de Farmaindustria / Fotos: Luis Camacho

Innovación para llegar antes

La clausura de la jornada contó también con la intervención del director general de Farmaindustria, Juan Yermo, que vinculó la participación de los pacientes con dos retos actuales del sistema sanitario: mantener el liderazgo en innovación biomédica y garantizar que sus beneficios lleguen de forma rápida y equitativa a quienes los necesitan.

Yermo defendió la necesidad de seguir impulsando la investigación, preservar la capacidad de España para atraer innovación y mejorar el acceso a los nuevos medicamentos en todas las comunidades autónomas. También recordó que la innovación farmacéutica debe entenderse como una inversión que genera beneficios sanitarios, sociales y económicos, y subrayó que todos los agentes comparten un mismo objetivo: mejorar la vida de los pacientes.

Tres debates

Además de las intervenciones institucionales, la XIII Jornada Somos Pacientes acogió tres mesas redondas centradas en el nuevo papel de las organizaciones de pacientes en la toma de decisiones, su participación en la evaluación de las tecnologías sanitarias y su contribución para avanzar hacia una mayor equidad en el acceso a la atención y a la innovación. En ellas participaron representantes de las administraciones sanitarias, organizaciones de pacientes, sociedades científicas e industria farmacéutica, que coincidieron en la necesidad de seguir fortaleciendo modelos de participación estables y efectivos.

En los próximos días podréis encontrar en nuestra sección de ‘Al Día’ un resumen específico de cada una de ellas, con reflexiones sobre cuestiones como la futura participación de los pacientes en la evaluación de tecnologías sanitarias, el valor de los datos de vida real o las estrategias para reducir las desigualdades territoriales en el acceso a la innovación.

No obstante, puedes escuchar a sus protagonistas directamente en el vídeo de la XIII Jornada Somos Pacientes:

Las fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo (LCR) son una enfermedad poco frecuente que puede resultar muy incapacitante para quienes la padecen. Aunque en algunos casos se asocian a trastornos hereditarios del tejido conectivo, en muchos pacientes su origen sigue siendo desconocido. Ahora, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Ciencias de la Salud Cedars-Sinai y la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, ha identificado una posible explicación genética para una parte de estos casos, un hallazgo que podría facilitar tanto el diagnóstico precoz como el desarrollo de nuevos tratamientos.

El estudio, publicado en la revista científica The Lancet Neurology, señala al gen FBN2 como un posible factor implicado en el desarrollo de algunas fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo, al demostrar que determinadas alteraciones en este gen aparecen con mucha mayor frecuencia en las personas afectadas que en la población general.

El líquido cefalorraquídeo rodea y protege el cerebro y la médula espinal. Cuando se produce una rotura en la membrana que contiene este líquido, este puede escapar, provocando síntomas como intensos dolores de cabeza que empeoran al ponerse de pie, náuseas o rigidez de cuello. En los casos más graves, la enfermedad puede afectar de forma importante a la calidad de vida de los pacientes y limitar sus actividades cotidianas.

En la actualidad, el tratamiento consiste principalmente en reparar la fuga una vez que esta se ha producido. Para ello suelen emplearse parches hemáticos epidurales, que consisten en inyectar sangre del propio paciente para favorecer el sellado de la rotura, aunque en algunos casos es necesario recurrir a cirugía especializada.

El papel del gen FBN2

Los investigadores analizaron el exoma completo —la parte del genoma que contiene la información para fabricar proteínas— de 42 pacientes con fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo cuya causa era desconocida y compararon los resultados con los de más de 3.800 personas sin esta enfermedad.

El análisis reveló que uno de cada cinco pacientes presentaba alteraciones en el gen FBN2, una frecuencia significativamente superior a la observada en las personas sin esta patología.

Para comprobar si estas variantes podían explicar la enfermedad, los científicos realizaron experimentos con células humanas y modelos animales. Los resultados mostraron que las mutaciones alteran la capacidad de las células para adherirse al tejido conectivo que rodea la médula espinal, debilitando esta estructura y haciéndola más vulnerable a sufrir desgarros y, por tanto, fugas de líquido cefalorraquídeo.

Medicina más personalizada

Según explica el profesor de Neurocirugía de Cedars-Sinai y coautor principal del estudio, Wouter Schievink, este hallazgo proporciona por primera vez una explicación de los mecanismos celulares que podrían estar detrás de algunas fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo, una enfermedad cuya causa permanecía sin identificar en un número importante de pacientes.

Los investigadores consideran que conocer este origen genético podría facilitar la identificación de personas con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad y favorecer un diagnóstico más temprano, especialmente en aquellos pacientes que presentan signos sutiles de alteraciones del tejido conectivo, pero que no cumplen los criterios para recibir un diagnóstico de una enfermedad hereditaria específica.

Además, el descubrimiento abre nuevas posibilidades para el desarrollo de tratamientos dirigidos a la causa del problema y no únicamente a reparar la fuga una vez que aparece. Entre las estrategias que los autores plantean para el futuro figuran medicamentos capaces de fortalecer el tejido conectivo o actuar sobre las vías biológicas alteradas por las mutaciones del gen FBN2.

La Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), junto a SpotLab y la compañía biofarmacéutica GSK han presentado el proyecto MedulAI, una iniciativa que acercará la inteligencia artificial al diagnóstico hematológico en 14 hospitales de toda España. En concreto, MedulAI es una iniciativa pionera en España que busca mejorar el diagnóstico hematológico mediante inteligencia artificial (IA) aplicada al análisis citológico de médula ósea, y que permite reducir los tiempos de análisis, mejorar la robustez estadística del análisis y reducir el riesgo de errores diagnósticos.

MedulAI constituye una de las iniciativas impulsadas a través de Gate2Health, el programa de innovación abierta de GSK orientado a apoyar proyectos de transformación digital en el ámbito sanitario. Se trata de un sistema clínicamente validado basado en IA, diseñado para digitalizar y analizar muestras de médula ósea.

La solución permite adaptar microscopios convencionales para convertirlos en microscopios digitales inteligentes capaces de capturar imágenes hematológicas de alta calidad y analizarlas mediante algoritmos avanzados de IA.

Su objetivo es ayudar a los especialistas a mejorar la precisión en el diagnóstico de enfermedades de la sangre como el mieloma múltiple, reducir la variabilidad entre observadores y optimizar significativamente los tiempos de análisis. «MedulAI puede ayudar a que el diagnóstico hematológico sea más ágil y homogéneo, pero su valor va más allá de la tecnología: permite que el hematólogo dedique más tiempo a la interpretación clínica, al paciente, a la docencia y a la investigación. Además, facilita la colaboración entre centros y el acceso a segundas valoraciones, algo especialmente relevante para hospitales con menos recursos especializado», ha destacado Leonor Arenillas, hematóloga del Hospital Clínic de Barcelona y miembro de la Junta Directiva de la SEHH.

Ampliar la capacidad de diagnosticar mejor

El sistema aplica algoritmos de ‘deep learning’ y visión por computador sobre imágenes digitalizadas de aspirados de médula ósea, identificando y clasificando automáticamente las células presentes. «MedulAI convierte un microscopio convencional en una herramienta inteligente y conecta a los hematólogos en una misma plataforma, poniendo la inteligencia artificial al servicio de su criterio clínico. No buscamos reemplazar al especialista, sino ampliar su capacidad para diagnosticar mejor y más rápido en toda España», ha indicado Miguel Luengo-Oroz, CEO y cofundador de SpotLab.

La herramienta utilizada en el proyecto ha demostrado capacidad para reducir hasta en un 80 por ciento el tiempo dedicado al análisis morfológico, y la estandarización del proceso diagnóstico independientemente del centro o el profesional hasta en un 62,5 por ciento.

Según sus impulsores, uno de los aspectos diferenciales de MedulAI es su capacidad para homogeneizar el acceso a la digitalización hematológica en centros con diferentes niveles de capacidad tecnológica, favoreciendo una adopción más sencilla y escalable. El sistema se adapta a microscopios ya existentes, evitando grandes inversiones en equipamiento y facilitando su implantación en hospitales de cualquier tamaño y capacidad tecnológica. La plataforma colaborativa permite, además, analizar muestras desde cualquier lugar, compartir entre especialistas, crear repositorios digitales para sesiones clínicas y estandarizar procesos de análisis, entre otras aplicaciones.

Además, el sistema ha sido validado por especialistas en Hematología y desarrollado en colaboración con hospitales y sociedades científicas de referencia. Su desarrollo se sustenta en una base científica sólida que ya acumula más de siete millones de células digitalizadas, más de 40.000 imágenes analizadas, más de 1.000 pacientes incluidos, validación multicéntrica en hospitales de referencia y 17 publicaciones científicas en revistas y congresos especializados.

Los 14 hospitales que participarán en el despliegue e implementación del proyecto son: el Hospital Universitario Ramón y Cajal, el Hospital Universitario La Paz, el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, el Hospital Universitario Infanta Leonor y Hematoclin Médico (Comunidad de Madrid); el Hospital Universitario Virgen del Rocío y el Hospital Universitario Reina Sofía (Andalucía); el Hospital Nuestra Señora de Sonsoles en Ávila (Castilla y León); el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Canarias); el Hospital General Universitario de Elche (Comunidad Valenciana); el Institut Català d’Oncologia (ICO) Badalona, el Hospital Universitari Parc Taulí y el Hospital del Mar (Cataluña) y el Hospital Universitari Son Llàtzer (Islas Baleares).