Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

El Grupo Cooperativo Español de Tratamiento de los Tumores Digestivos (TTD) ha presentado una comunicación oral en el congreso americano ASCO con los resultados del estudio CR-SEQUENCE, un ensayo clínico fase III, multicéntrico, aleatorizado y abierto que aporta nuevas evidencias sobre el orden más adecuado de administración de terapias dirigidas en pacientes con cáncer colorrectal metastásico (CCRm) de lado izquierdo, sin mutaciones en RAS y no tratados previamente.

El perfil de pacientes analizado en el estudio CR-SEQUENCE —cáncer colorrectal metastásico de lado izquierdo y sin mutaciones RAS— representa uno de los subtipos más frecuentes de esta enfermedad avanzada. En España, se diagnostican alrededor de 44.000 nuevos casos de cáncer colorrectal cada año y, de ellos, entre un 20% y un 25% ya presentan metástasis en el momento del diagnóstico, mientras que otros las desarrollan posteriormente. En concreto, con el subtipo concreto abordado en este ensayo, se estima que se podría beneficiar cada año a entre 3.000 y 5.000 pacientes en España.

Hasta ahora, la evidencia científica no había definido con rotundidad qué tratamientos podían utilizarse en primera línea, y existía una mayor variabilidad en la elección de la segunda línea, lo que dejaba un amplio margen a la práctica clínica individual de cada especialista. El objetivo del estudio CR-SEQUENCE ha sido precisamente responder a esta cuestión: si es más eficaz comenzar con un tratamiento anti-EGFR seguido de un anti-VEGF, o hacerlo en el orden inverso, siempre en combinación con quimioterapia estándar.

“CR-SEQUENCE aborda una pregunta muy práctica: no solo qué tratamiento utilizar, sino en qué orden utilizarlo. En este tipo de pacientes, el orden puede ser importante para conseguir un control más precoz de la enfermedad”, explica el Dr. Ramón Salazar, jefe del Servicio de Oncología del Institut Català d’Oncologia, e investigador principal del estudio. “Estos datos ayudan a ordenar mejor la práctica clínica y a maximizar el control precoz de la enfermedad en un perfil muy concreto de pacientes”, señala Salazar.

Mayor control precoz de la enfermedad

El ensayo, en el que han participado más de 400 pacientes, comparó dos estrategias terapéuticas. La primera secuencia consistía en administrar un anti-EGFR, panitumumab, junto con FOLFOX en primera línea, seguido de bevacizumab, un antiangiogénico, junto con FOLFIRI en segunda línea. La segunda secuencia invertía este orden: bevacizumab con FOLFOX en primera línea y panitumumab con FOLFIRI en segunda línea.

Los resultados muestran que no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre ambas secuencias en la variable principal del estudio, que era la tasa de supervivencia libre de progresión a los 36 meses. Sin embargo, iniciar el tratamiento con la estrategia anti-EGFR mostró beneficios relevantes en el control precoz de la enfermedad, con una mayor tasa de respuesta objetiva y una mejor supervivencia libre de progresión en primera línea, junto con un potencial de mayor posibilidad de cirugía de rescate.

“Es importante trasladar el mensaje con precisión: el estudio no alcanzó su objetivo primario, pero sí nos ofrece información clínicamente valiosa. Comenzar con anti-EGFR permite reducir antes y en mayor profundidad el volumen tumoral en determinados pacientes, algo que puede tener implicaciones en la evolución posterior de la enfermedad”, apunta el Dr. Salazar.

Esta mayor respuesta inicial puede resultar especialmente relevante en aquellos casos en los que una reducción significativa del tumor y de las metástasis abre la puerta a valorar tratamientos locales o cirugía de rescate con intención curativa.

Una estrategia que ayuda a homogeneizar

Uno de los principales valores del estudio es que analiza de forma prospectiva las dos primeras líneas de tratamiento, algo especialmente relevante en un escenario en el que, históricamente, la segunda línea nunca había sido protocolizada. “Este estudio contribuye a homogeneizar la práctica clínica porque obliga a pensar desde el inicio en toda la estrategia terapéutica del paciente, no solo en el primer paso”, señala el Dr. Alfredo Carrato, oncólogo médico del TTD, Catedrático Emérito de la Universidad de Alcalá e investigador principal del estudio.

En este sentido, CR-SEQUENCE permite avanzar hacia una medicina más planificada, en la que la elección del primer tratamiento tenga en cuenta también cuál será la mejor opción posterior si la enfermedad progresa. “En cáncer colorrectal metastásico, cada decisión condiciona la siguiente. Por eso es tan importante disponer de estudios prospectivos que comparen secuencias completas y no únicamente tratamientos aislados”, añade Alfredo Carrato.

Medicina de precisión y biopsia líquida

El estudio incorpora, además, un componente relevante de investigación traslacional. Durante el ensayo se han recogido muestras de sangre en diferentes momentos del proceso para analizar ADN tumoral circulante mediante biopsia líquida.

Este enfoque permitirá estudiar la evolución molecular de la enfermedad y avanzar en la identificación de biomarcadores que ayuden a seleccionar mejor qué pacientes pueden beneficiarse más de cada secuencia terapéutica. “El siguiente paso será profundizar en la hiperselección molecular mediante ctDNA. Es decir, entender mejor qué características biológicas de cada tumor pueden ayudarnos a decidir la mejor secuencia para cada paciente”, explica el Dr. Salazar.

Estudio cooperativo

CR-SEQUENCE es un estudio promovido por el TTD, con la participación de más de 20 centros de España y Portugal, que refleja la capacidad de los grupos cooperativos para impulsar ensayos clínicos independientes orientados a resolver preguntas relevantes para la práctica asistencial.

“El TTD vuelve a demostrar que la investigación cooperativa es fundamental para avanzar en áreas donde todavía existen dudas clínicas y variabilidad terapéutica importantes. Este estudio tendrá un impacto directo en la forma en la que tratemos en un futuro a nuestros pacientes”, destaca el Dr. Carrato.

Aunque el seguimiento continúa en marcha, los datos actuales apuntan a una tendencia favorable en supervivencia global para la secuencia iniciada con anti-EGFR, por lo que será necesario esperar a un análisis más maduro para confirmar su posible impacto a largo plazo.

“Hoy podemos decir que ambas estrategias son viables, pero comenzar con anti-EGFR parece una opción especialmente eficaz para conseguir un control rápido de la enfermedad en pacientes seleccionados”, concluye el Dr. Salazar.

Los gliomas de bajo grado con mutación IDH representan el 80% de los gliomas de bajo grado y afectan principalmente a personas entre 36 y 45 años, en plena etapa laboral, reproductiva y de mayor potencial económico. Aunque su incidencia en España es baja, aproximadamente 0,51 casos por 100.000 habitantes, su impacto es profundo: los pacientes sufren recaídas y secuelas que alteran tanto su vida como la de su entorno.

Los datos muestran un punto de inflexión claro: durante la vigilancia activa inicial, los pacientes cursan una media de 45 días de baja al año y el 80% mantiene la autonomía. Durante la primera radio y quimioterapia, la situación cambia drásticamente: los pacientes acumulan 332 días de baja anuales y la dependencia funcional se vuelve severa, manteniéndose incluso tras el tratamiento.

El informe económico describe un ciclo asistencial de una década, con etapas que combinan cirugía, vigilancia activa, radioterapia y quimioterapia. Cada fase implica cambios en la autonomía del paciente, días de baja laboral y una carga creciente para los cuidadores. En términos económicos, las diferencias son contundentes: las pérdidas de productividad, que afectan tanto a los pacientes como a sus familiares, ascienden a 4.327€ anuales tras la cirugía inicial, y se multiplican por cuatro, alcanzado los 16.036€, tras el tratamiento con quimioterapia y radioterapia, incremento debido a la pérdida de productividad y al aumento de la dependencia funcional.

Más del 90% experimenta recurrencia del tumor a largo plazo, el 70% no puede volver a trabajar a tiempo completo un año después del diagnóstico y hasta el 20% desarrolla depresión grave. Una gran parte de los pacientes desarrollan problemas de salud mental, especialmente estrés, incluyendo trastorno de estrés postraumático (>60%) y ansiedad (35-50%). Los pacientes requieren sesiones de fisioterapia, psicoterapia, neurorrehabilitación y logopedia, así como dispositivos para la movilidad, cuyos costes deben afrontar directamente el paciente y sus familiares. 

glioma

Un documento de consenso

Según Santiago García, paciente con glioma de bajo grado, aportó la perspectiva humana del recorrido asistencial: “Cuando te diagnostican, tu vida se detiene, pero todo lo demás sigue: el trabajo, los hijos, las facturas. Lo que más necesitamos es tiempo: tiempo para seguir investigando y poder seguir siendo nosotros mismos”.

Para resolver los retos que enfrentan estos pacientes, se ha presentado el Documento de Consenso Multidisciplinar para el Abordaje del Glioma de Bajo Grado con Mutación IDH y el Informe Económico y Social Servier–Fundación Weber, dos trabajos que combinan evidencia clínica, impacto económico y propuestas de política sanitaria para el glioma de bajo grado, enfermedad poco frecuente, pero de enorme carga social.

El Documento de Consenso, elaborado por Servier con el aval de SEAP-IAP, SEHOP, SEN, SENR, SEOR y el impulso de ASTUCE Spain, GEINO, GEPAC y GETTHI, propone una transformación del abordaje del glioma de bajo grado en España. El texto subraya la necesidad de mejorar la detección temprana, garantizar un diagnóstico molecular homogéneo, reforzar la coordinación multidisciplinar, crear una red nacional de tumores cerebrales complejos, acelerar el acceso a la innovación y fortalecer el Registro Nacional de Tumores del SNC.

El consenso pone de relieve la necesidad urgente de mejorar la detección temprana y el acceso al diagnóstico molecular de precisión, reforzar la coordinación multidisciplinar mediante redes colaborativas, garantizar un acceso equitativo a terapias innovadoras y ensayos clínicos, incorporar de forma sistemática la atención psicosocial y de soporte, y reconocer el impacto laboral y económico que la enfermedad supone para pacientes y cuidadores.

“El glioma con mutación IDH mutado ilustra cómo la elección del momento terapéutico tiene repercusiones más allá del ámbito clínico. Posponer la radio y la quimioterapia, siempre que la situación del paciente lo permita, ayuda a minimizar la carga social asociada a la enfermedad”, comenta Jorge Mestre-Ferrándiz, economista de la salud, coautor del análisis socioeconómico y profesor de la Universidad Carlos III.

Con motivo del Día Mundial de Concienciación del Síndrome de Tourette, que se conmemora el 7 de junio, la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) ha querido poner el foco en la necesidad de mejorar el conocimiento sobre esta enfermedad tanto entre la población general como en los ámbitos sanitario y educativo.

Aunque se trata del trastorno del movimiento más frecuente en la infancia, el síndrome de Tourette continúa siendo una enfermedad rodeada de falsos mitos y desconocimiento social. Una realidad que puede dificultar el diagnóstico, aumentar el estigma y empeorar la calidad de vida de muchos niños y adolescentes que conviven con esta alteración neurológica, especialmente en su entorno social y escolar.

El síndrome de Tourette se caracteriza por la presencia de tics motores y vocales que aparecen de forma involuntaria y espontánea. Suele comenzar en los primeros años de vida y el diagnóstico acostumbra a realizarse entre los 6 y los 8 años, aunque los especialistas reconocen que en muchos casos sigue llegando más tarde de lo deseable.

“Cada vez se va conociendo un poco más, pero se aprecia en algunas ocasiones un retraso en la diagnosis al buscar otras causas a los movimientos”, explica María Concepción Miranda Herrero, neuropediatra y miembro del Grupo de Trabajo de Trastornos del Movimiento de la SENEP. La especialista pone como ejemplo algunos tics vocales que pueden confundirse inicialmente con problemas respiratorios o infecciones recurrentes de garganta.

Los tics no son voluntarios

Uno de los errores más frecuentes es pensar que los niños pueden controlar completamente los tics o que los realizan de forma voluntaria. Según explica Miranda, muchas personas con síndrome de Tourette son capaces de contener temporalmente los tics durante determinados periodos, pero hacerlo supone un gran esfuerzo emocional y suele provocar una posterior aparición más intensa de los mismos.

“Este trastorno del movimiento tiene la particularidad de que puede controlarse de forma voluntaria por un corto periodo de tiempo en determinados momentos, aunque a costa de generar en el paciente una gran ansiedad secundaria”, señala.

Entre los aspectos que pueden intensificar los tics están la presión social, el nerviosismo o la ansiedad. Por ello, los especialistas alertan de que determinadas respuestas del entorno, como llamar constantemente la atención al menor o exigirle que deje de hacer movimientos o sonidos involuntarios, pueden resultar contraproducentes. “Hay mucho desconocimiento, y son movimientos o sonidos que no se pueden controlar al 100%”, recuerda la neuropediatra.

Otras alteraciones

Los expertos insisten además en que el síndrome de Tourette no se limita únicamente a la presencia de tics. Con frecuencia aparecen otras alteraciones asociadas que pueden llegar a resultar tan incapacitantes o incluso más que los propios síntomas motores.

Entre las comorbilidades más habituales se encuentran el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), los problemas de aprendizaje, las alteraciones del sueño, los trastornos del estado de ánimo o la ansiedad. Todo ello puede afectar al rendimiento académico, las relaciones sociales y el bienestar emocional de los menores.

Por otra parte, los especialistas alertan del estigma que todavía rodea a esta enfermedad. Muchas personas siguen asociando el síndrome de Tourette exclusivamente con la coprolalia, es decir, la emisión involuntaria de palabras malsonantes, o con la realización de gestos obscenos. Sin embargo, estas manifestaciones aparecen únicamente en una minoría de pacientes.

“La mayoría de los casos no presentan estos síntomas, pero siguen condicionando enormemente la imagen pública de la enfermedad”, advierten desde la SENEP.

No siempre se necesita medicación

Otra idea errónea es pensar que todas las personas diagnosticadas requieren tratamiento farmacológico. Los especialistas explican que muchos pacientes presentan formas leves o moderadas que pueden manejarse sin necesidad de medicación específica.

El tratamiento se reserva generalmente para aquellos casos en los que los tics o las alteraciones asociadas generan una repercusión importante en la calidad de vida. De hecho,, debido a la complejidad de la enfermedad, los expertos defienden la necesidad de una atención coordinada entre diferentes profesionales.

Neuropediatras, psiquiatras, psicólogos, logopedas, orientadores escolares y otros especialistas pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a los pacientes y a sus familias.

Además, recuerdan que aproximadamente el 80% de los afectados experimenta una mejoría significativa de los síntomas al llegar a la edad adulta, aunque alrededor de un 20% mantiene manifestaciones persistentes, generalmente en los casos más graves.

Con la llegada del verano, aumentan las actividades al aire libre, los baños en piscinas y playas y la exposición prolongada al sol. Sin embargo, esta época del año también trae consigo un incremento de los problemas de salud ocular. Los especialistas advierten de que factores como la radiación ultravioleta, el cloro, la arena, el agua salada, el aire acondicionado o el uso inadecuado de lentes de contacto pueden provocar desde molestias leves hasta lesiones que requieren atención médica.

“Los ojos sufren especialmente en verano. El sol, el viento, la sal, el cloro o incluso el abuso del aire acondicionado pueden provocar desde molestias leves hasta lesiones graves si no se toman medidas preventivas”, explica el doctor Javier Hurtado, oftalmólogo del Instituto Nacional de la Visión de Madrid.

Entre las consultas más frecuentes durante los meses estivales destacan las conjuntivitis, las irritaciones oculares, las infecciones asociadas al uso de lentillas y los traumatismos oculares relacionados con actividades deportivas y recreativas.

El peligro de las lentillas en piscinas y playas

Uno de los principales focos de preocupación para los especialistas es el uso incorrecto de lentes de contacto durante las vacaciones. Bañarse en el mar o en piscinas sin retirarlas previamente, dormir con ellas o manipularlas sin una adecuada higiene aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar infecciones oculares y queratitis, una inflamación de la córnea que puede comprometer seriamente la visión.

Los oftalmólogos recuerdan que las lentillas pueden actuar como un reservorio de microorganismos presentes en el agua y favorecer infecciones potencialmente graves. Por ello, recomiendan extremar las medidas de higiene y evitar su uso durante el baño.

No todas las gafas de sol protegen igual

La protección frente a la radiación ultravioleta es otro de los aspectos fundamentales para cuidar la salud visual durante el verano. Los expertos insisten en que las gafas de sol deben adquirirse en establecimientos especializados y contar con filtros homologados que garanticen una protección adecuada frente a los rayos UV.

La exposición continuada a la radiación solar puede producir daños acumulativos en estructuras tan sensibles como la córnea, el cristalino o la retina, incrementando el riesgo de desarrollar determinadas patologías oculares a largo plazo.

“Muchas lesiones oculares estivales pueden prevenirse con medidas sencillas. La protección solar ocular y la higiene visual son tan importantes en verano como proteger la piel”, señala el doctor Hurtado.

Arena, sal, cloro y crema solar: una combinación irritante

Las jornadas en la playa y la piscina también pueden pasar factura a los ojos. La combinación de agua salada, cloro, arena y restos de crema solar favorece la aparición de irritaciones y conjuntivitis, especialmente en personas con ojos sensibles.

Los síntomas más habituales son el enrojecimiento ocular, el escozor, el lagrimeo, la sensación de arenilla y el picor. Aunque en la mayoría de los casos se trata de molestias leves, los especialistas recomiendan consultar con un profesional si los síntomas persisten o empeoran.

Mantener una correcta higiene ocular, evitar frotarse los ojos y utilizar gafas de natación cuando sea necesario son algunas de las medidas preventivas más eficaces.

El aire acondicionado también afecta a la salud ocular

Aunque suele asociarse el verano al calor y al sol, los ambientes climatizados también pueden convertirse en un problema para la salud visual.

El uso intensivo de aire acondicionado y ventiladores favorece la evaporación de la lágrima y aumenta el riesgo de sequedad ocular. Esta situación afecta especialmente a las personas mayores, a quienes pasan muchas horas frente a pantallas, a los pacientes con síndrome de ojo seco y a las mujeres tras la menopausia.

Los expertos aconsejan evitar que el flujo de aire incida directamente sobre la cara y utilizar lágrimas artificiales cuando aparezcan síntomas como visión borrosa, escozor o sensación de cuerpo extraño.

Más traumatismos oculares durante las vacaciones

Las vacaciones escolares y el aumento de actividades deportivas y recreativas también se traducen en un mayor número de traumatismos oculares.

Pelotas, palas, deportes acuáticos o accidentes domésticos son algunas de las causas más frecuentes de lesiones en los ojos, especialmente entre niños y jóvenes.

Los especialistas recuerdan que cualquier golpe ocular acompañado de dolor intenso, pérdida de visión, inflamación importante o hemorragia debe ser valorado de forma urgente por un oftalmólogo.

Cómo observar el eclipse solar del 12 de agosto sin dañar la vista

Este verano presenta además una circunstancia especial: el eclipse solar total previsto para el próximo 12 de agosto. Los oftalmólogos alertan de que observar el fenómeno sin protección homologada puede provocar lesiones irreversibles en la retina.

Mirar directamente al sol, incluso durante pocos segundos, puede causar quemaduras retinianas permanentes y pérdida de visión. Por ello, los especialistas recomiendan adquirir con antelación gafas específicas para la observación de eclipses y asegurarse de que cumplen los estándares de seguridad establecidos.

“Hay empresas que venden por internet gafas específicas para ver eclipses de sol. Pídelas con tiempo para no quedarte sin ellas”, aconseja el doctor Hurtado.

Ante todos estos riesgos, los especialistas recuerdan que la prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger la salud visual durante el verano y disfrutar de las vacaciones sin sobresaltos para los ojos.

Las enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas suelen coexistir en una misma persona y representan una de las principales causas de enfermedad y mortalidad en todo el mundo. Sin embargo, su atención continúa realizándose con frecuencia de forma fragmentada, en función de cada especialidad médica, lo que dificulta una visión global del paciente y puede retrasar el diagnóstico de algunas patologías. Con el objetivo de avanzar hacia un modelo más coordinado, 70 especialistas en Cardiología, Nefrología, Endocrinología, Medicina Interna y Medicina Familiar y Comunitaria han participado en el primer consenso Delphi multidisciplinar sobre el síndrome cardiovascular-renal-metabólico (CRM) desarrollado en España. Los resultados del trabajo han sido publicados en la revista científica Journal of Clinical Medicine.

Según los expertos, el síndrome CRM debe entenderse como una entidad compleja en la que interactúan factores metabólicos, cardiovasculares y renales. Este enfoque resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que más de la mitad de la población española mayor de 15 años convive con al menos una enfermedad crónica y que muchas personas presentan varias patologías al mismo tiempo.

Los especialistas advierten de que el actual modelo asistencial, centrado en enfermedades concretas y especialidades independientes, dificulta una atención verdaderamente integral. Esta situación puede tener consecuencias importantes para los pacientes, especialmente en patologías como la enfermedad renal crónica, que sigue estando infradiagnosticada en una parte importante de los casos. Para responder a este desafío, el consenso alcanzó acuerdo en el 89% de las cuestiones analizadas, lo que se traduce en 61 recomendaciones orientadas a mejorar la evaluación, el seguimiento y el tratamiento de las personas con síndrome CRM.

Entre las principales conclusiones figura la necesidad de adoptar una visión holística de la prevención y del manejo clínico, teniendo en cuenta la estrecha relación existente entre la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y la enfermedad renal.

Atención Primaria, pieza clave

Uno de los aspectos más destacados del documento es el reconocimiento del papel central de la Atención Primaria en el abordaje de estos pacientes. “La atención integrada y coordinada entre las diferentes especialidades es clave para mejorar la salud de los pacientes que presentan factores de riesgo cardiovasculares por la conexión que existe entre los factores metabólicos y la enfermedad cardiovascular y renal”, explica la doctora Teresa Benedito, médica de familia y coordinadora adjunta del Grupo de Trabajo Cardiovascular y Diabetes de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

El consenso identifica a los médicos de familia como el primer punto de contacto con el sistema sanitario y como los profesionales responsables de coordinar la atención y realizar el seguimiento longitudinal de los pacientes con síndrome CRM.

Los expertos subrayan que mejorar la atención de estas patologías pasa no solo por una mayor coordinación entre profesionales, sino también por comprender mejor el impacto que tienen en la vida diaria de quienes las padecen. Y es que, la convivencia simultánea con enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas puede provocar síntomas y limitaciones que afectan a múltiples dimensiones de la calidad de vida, desde la fatiga asociada a la insuficiencia cardíaca hasta las complicaciones derivadas de la diabetes o el impacto físico y emocional de la obesidad.

Por ello, los especialistas defienden que cualquier estrategia de mejora debe incorporar la perspectiva de los pacientes y promover modelos asistenciales capaces de detectar precozmente los riesgos, estratificar adecuadamente a las personas más vulnerables y ofrecer una atención continuada y coordinada.

Hacia un nuevo modelo asistencial

El consenso Delphi supone un paso más hacia un cambio de paradigma en el abordaje de las enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas. Los autores consideran que reconocer la interconexión entre estas patologías permitirá avanzar hacia una medicina más preventiva y personalizada, centrada en las necesidades reales de las personas.

La detección precoz, la coordinación entre especialidades y el seguimiento integral aparecen así como los principales retos para mejorar los resultados en salud y la calidad de vida de unos pacientes que, en muchas ocasiones, conviven simultáneamente con varias enfermedades crónicas.

Los avances que se han conseguido en los últimos años hacen que el pronóstico de los pacientes de cáncer se haya revertido y, actualmente, haya más número de supervivientes con calidad de vida. De hecho, actualmente, en España este colectivo supera los 2,2 millones de personas y en Europa, 23 millones. Sin embargo, el cuidado y la respuesta a las necesidades de estas personas todavía es deficiente.

Con el objetivo de mejorarlo, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), han unido esfuerzos para trabajar de forma multidisciplinar en una perspectiva más amplia de las dificultades a las que se enfrentan estas personas.

«También hemos empezado por cambiar el concepto, y ya no hablamos de largos supervivientes sino de supervivientes”, explica el Dr. Javier de Castro, presidente de SEOM.

“Son pacientes que continúan necesitando atención sanitaria durante años –añade el Dr. Vicente Martín, vocal de la Junta Directiva Nacional de SEMERGEN- debido a secuelas físicas, emocionales o comorbilidades derivadas del proceso oncológico y de los tratamientos recibidos, como, por ejemplo, problemas cardiovasculares o respiratorios, ansiedad, depresión, fatiga crónica, dolor persistente, osteoporosis, dificultades cognitivas o de memoria”.

La Dra. Ruth Vera, coordinadora del Grupo SEOM de Supervivientes, llama la atención sobre un colectivo con particularidades diferentes: “En adolescentes y adultos jóvenes estas necesidades son aún más específicas ya que hablamos de personas que están construyendo su proyecto vital, académico, laboral, afectivo y familiar. Por eso son claves aspectos como la prevención de la fertilidad, la imagen corporal, la salud mental, la reincorporación a estudios o empleo, las relaciones de pareja y el seguimiento de toxicidades que pueden aparecer décadas después”.

Modelos asistenciales homogéneos

Los representantes de las cinco sociedades científicas consideran esencial construir modelos asistenciales homogéneos con circuitos ágiles en los que participen todos los profesionales implicados para procurar que el paciente, una vez finalizado el tratamiento, se sienta acompañado: “Un modelo de atención compartida, con comunicación bidireccional, entre Oncología y Atención Primaria es imprescindible para mejorar el seguimiento de estos pacientes y poder detectar de manera precoz efectos adversos, recaídas y complicaciones, a la vez que se mejora su calidad de vida desde un enfoque multidisciplinar físico, psicológico y social”, señala la Dra. Cruz Bartolomé, coordinadora del Grupo de Cáncer del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (PAPPS) de la semFYC.

En esta misma línea, el Dr. Raúl Hernanz, de SEOR, incide en que “la estrecha colaboración entre Atención Hospitalaria y Atención Primaria es esencial para el beneficio del paciente. El manejo integral de la enfermedad trae en consecuencia mejores resultados terapéuticos y de calidad de vida. Para ello, es necesario una dotación de sistemas de comunicación que haga más fácil esta colaboración”. Y añade: “El progreso en el éxito de los tratamientos oncológicos nos anima a ver la enfermedad con una perspectiva a largo plazo que requiere la colaboración de todos, tanto a nivel médico como de las administraciones sanitarias y SEOR está plenamente involucrada en este proceso y en la colaboración con todas las sociedades implicadas”.

Las necesidades de los supervivientes de cáncer no son sólo médicas sino también de tipo social, laboral o económico. La Dra. Fátima Sáez, del Grupo de Trabajo de Genética de la SEMG, apunta que “esta enfermedad a menudo obliga a realizar cambios en los proyectos vitales tanto de los pacientes como en sus familias y cuando hablamos de pacientes jóvenes y en edad laboral, es frecuente que, debido a las secuelas de la enfermedad, puedan ver afectada su trayectoria profesional, presentar dificultades para la incorporación a su puesto de trabajo, precisar adaptaciones al mismo, cambios en los horarios o reconocimiento de incapacidades”.

Documentos de consenso

En esta línea, estas cinco sociedades científicas han elaborado un documento de consenso, publicado en formato paper en la revista Clinical & Translational Oncology (CTO) ‘Consensus document between oncology and primary care for the follow up of cancer survivors’. Además, se ha publicado también en CTO otro documento de consenso, ‘Management of late toxicities and specific follow‑up needs of adolescent and young adult cancer survivors: recommendations from scientific societies in Spain’, impulsado por SEOM y en el que han participado también SEOR, SEMERGEN, SEMG, la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (SEHOP) y la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH).

El primero establece el marco general de atención integral a estos pacientes supervivientes en el que se describen recomendaciones generales con las que garantizar una atención continuada que pueda ser adaptada en cada medio y área de salud. Y, hace hincapié en que esta atención compartida entre Oncología y Atención Primaria puede mejorar la calidad de la asistencia que se le presta a este colectivo, optimizar los recursos disponibles y responder con mayor eficacia a sus necesidades. Una implementación exitosa de este modelo requiere un diseño cuidadoso de la ruta de atención, con protocolos consensuados, herramientas de comunicación eficaces, formación específica para los profesionales y una participación activa de los pacientes.

Y, el segundo, pone de manifiesto que los adolescentes y adultos jóvenes (AYA), con edades comprendidas entre los 15 y 39 años, constituyen un grupo específico con múltiples desafíos en la prevención, diagnóstico, tratamiento (incluido el manejo de toxicidades) y secuelas a largo plazo del cáncer. Debido a la mejora constante en la efectividad de los tratamientos y el aumento de la supervivencia también en este colectivo, el número de supervivientes de cáncer AYA a largo plazo está aumentando, con una población creciente de 100 000 casos por año en España.

Estos pacientes presentan problemas de salud crónicos únicos, difíciles de identificar en fases tempranas y reversibles con los protocolos de monitorización estándar. Por ello, este consenso ofrece recomendaciones para el manejo de los AYACS, centrándose en áreas clave como la toxicidad cardíaca, la neurotoxicidad y los trastornos neurocognitivos, el síndrome metabólico, las neoplasias primarias secundarias, la toxicidad ósea, la sexualidad y la fertilidad, los aspectos psicosociales y otras toxicidades relacionadas con el tratamiento.

Trasladar los consensos a la práctica clínica

Los representantes de las cinco sociedades científicas coinciden en señalar que, para trasladar los consensos a la práctica clínica, se requiere una organización bien definida con un modelo que incluya criterios de derivación consensuados que apuesten por la continuidad asistencial y la comunicación continua entre todos los profesionales implicados, para que cada paciente tenga un seguimiento individualizado. “La coordinación no puede depender únicamente de la implicación individual, debe estar basado en un modelo de transición o secuencial”, apunta el Dr. Martín.

La formación específica de los profesionales en este ámbito es una de las necesidades esenciales para trasladar el marco de los consensos a la práctica clínica diaria. En este sentido, ya se ha celebrado un webinar, con participantes de las cinco sociedades, para abordar cómo ir dando pasos en esta línea.

“La formación específica y conjunta de todos los especialistas es fundamental en un campo con evidencias cambiantes día a día y en el que es esencial tanto conocer las prácticas que mejoren la asistencia para integrarlas en la práctica diaria, como detectar las que no aportan valor”, indica la Dra. Cruz Bartolomé.