Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Para miles de personas en España, sentarse a la mesa no siempre es un momento de disfrute. Comer puede convertirse en una situación de ansiedad, miedo o incluso riesgo físico. Esa es la realidad de quienes conviven con la esofagitis eosinofílica (EoE), una enfermedad inflamatoria crónica del esófago que continúa creciendo en prevalencia y que todavía sigue siendo poco conocida socialmente.

Con motivo del II Día Mundial de la Esofagitis Eosinofílica, que se celebra el 22 de mayo, la Asociación Española de Esofagitis Eosinofílica (Aedeseo) ha puesto en marcha una amplia movilización social en toda España para dar visibilidad a esta patología bajo el lema internacional Food Shouldn’t Hurt (“Comer no debería doler”).

La campaña impulsada por la asociación contará este año con la participación de 55 restaurantes, 20 hospitales y centros sociosanitarios, tres universidades y 45 edificios y espacios emblemáticos que se iluminarán para visibilizar la enfermedad, y que utilizarán los llamados ‘manteles solidarios’, con los que se busca explicar cómo la enfermedad afecta a la vida diaria de quienes la padecen.

Además, Aedeseo anima a la población a participar activamente compartiendo contenidos en redes sociales con los hashtags #EoEDay y #FoodShouldntHurt, y a localizar materiales divulgativos distribuidos por distintos puntos del país dentro de la iniciativa “Encuentra la EoE”.

Una enfermedad en aumento

La esofagitis eosinofílica es una enfermedad inmunomediada que provoca una inflamación persistente del esófago, generalmente desencadenada por determinados alimentos. Actualmente se estima que existen alrededor de 55.000 casos en España, aunque los especialistas advierten de que sigue siendo una enfermedad muy infradiagnosticada y que el número de diagnósticos no deja de aumentar.

La EoE afecta especialmente a niños y adultos jóvenes y se ha convertido ya en la principal causa de disfagia o dificultad para tragar, así como de impactación alimentaria. Entre los síntomas más frecuentes figuran la sensación de que la comida se queda atascada, dolor, reflujo, episodios de atragantamiento o dificultad para tragar.

Sin embargo, desde Aedeseo insisten en que el impacto va mucho más allá de los síntomas físicos. Muchas personas desarrollan ansiedad durante las comidas, evitan situaciones sociales relacionadas con la alimentación o modifican completamente sus rutinas por miedo a sufrir un episodio de impactación alimentaria.

“La EoE es una enfermedad invisible, pero con un enorme impacto en la calidad de vida. Muchas personas normalizan síntomas durante años sin saber que detrás hay una enfermedad crónica que necesita seguimiento y tratamiento especializado”, señala Zoraida Gómez, presidenta de la asociación.

Diagnósticos que llegan tarde

Uno de los grandes problemas que denuncia la asociación es, precisamente, el retraso diagnóstico. Muchos pacientes pasan años siendo tratados de otras patologías digestivas antes de recibir un diagnóstico correcto. Por eso, Aedeseo reclama mejorar el conocimiento de la enfermedad, especialmente en atención primaria, para favorecer una detección más precoz.

Ese es uno de los objetivos de la campaña de este año. De hecho, dentro de las actividades organizadas para el Día Mundial figura un webinar internacional impulsado por Eureos, Aedeseo y Gaapp, que tendrá lugar el 22 de mayo a las 13.00 horas y que reunirá a especialistas de España, Italia y Estados Unidos para abordar aspectos relacionados con el diagnóstico, los tratamientos y las manifestaciones alérgicas asociadas a la enfermedad.

Además, la asociación participa en campañas audiovisuales internacionales como Life Narrows y Knots, centradas en mostrar el recorrido asistencial de los pacientes y el impacto cotidiano de la enfermedad.

Entre los materiales divulgativos presentados este año destaca también la guía internacional EoE Care Pathway for Patients and Caregivers, diseñada para ayudar a pacientes y cuidadores a comprender mejor el proceso diagnóstico, el seguimiento clínico y las opciones terapéuticas disponibles.

A los dos años, Temple Grandin no hablaba. Apenas establecía contacto visual y pasaba horas balanceándose. En los años cincuenta, cuando fue diagnosticada de autismo en su Boston natal, el pronóstico habitual para niños como ella era claro y desalentador: institucionalización y pocas expectativas de desarrollo. Pero su madre tomó una decisión poco común para la época: intervenir pronto. Insistió en que su hija recibiera estimulación temprana intensiva, terapia del lenguaje y una escolarización adaptada, cuando todavía el concepto mismo de atención temprana apenas existía. No fue fácil: Temple tenía crisis, dificultades sensoriales y un mundo interior que parecía inaccesible. Sin embargo, su cerebro estaba en pleno desarrollo, y cada intervención contaba.

Décadas después, Temple Grandin se convirtió en doctora en Ciencias Animales, profesora universitaria, autora de referencia mundial y una de las voces más influyentes en la comprensión del autismo. Ella misma ha afirmado en múltiples ocasiones que, sin la intervención temprana que recibió de niña, su vida habría sido radicalmente distinta.

Hoy, su historia no se cita como una excepción milagrosa, sino como una evidencia poderosa de algo que la ciencia confirma una y otra vez: cuando se actúa a tiempo, el desarrollo puede cambiar de rumbo.

Bien lo sabemos en Envera gracias a los más de 250 niños y sus familias que pasan cada semana por nuestro Centro de Atención Temprana y Neurodesarrollo Infantojuvenil, referente en la Comunidad de Madrid, que reciben tratamiento, orientación y apoyo por parte de un equipo multidisciplinar (psicólogas, logopedas, fisioterapeutas, trabajadoras sociales…) que trabajan de manera coordinada para comprender al niño en todas sus dimensiones: física, cognitiva, emocional, comunicativa y social.

La Atención Temprana es un ámbito de intervención que centra su mirada en los niños hasta los seis años, una etapa en la que cualquier experiencia, estimulación o dificultad tiene un impacto especialmente profundo. Durante estos primeros años, el desarrollo avanza a gran velocidad: el cerebro construye conexiones esenciales, se establecen los primeros vínculos afectivos y se sientan las bases de las competencias sociales, comunicativas y motoras que acompañarán a la persona durante toda su vida. Por eso, cuando aparece alguna señal de alerta o existe riesgo de que surja una dificultad en el desarrollo, intervenir de manera temprana y adecuada marca la diferencia.

No se trata de un conjunto de terapias aisladas, sino de un enfoque global que tiene como objetivo apoyar el desarrollo infantil y promover el bienestar familiar.

En servicios como el de Envera realizamos valoraciones, diseñamos planes de intervención personalizados y ofrecemos apoyos específicos según las necesidades detectadas. Lo característico de estos centros no es solo su infraestructura o la presencia de especialistas, sino la capacidad de colaborar estrechamente con otros sistemas que rodean al niño, como el sanitario, el educativo o el social. Una coordinación esencial para que la intervención sea coherente y eficaz, evitando duplicidades y asegurando que todos los profesionales trabajen hacia los mismos objetivos.

Uno de los elementos que distingue a la Atención Temprana de otras formas de intervención es la importancia que concede al contexto. La familia es el núcleo más importante. Donde se aprenden las primeras formas de comunicación, se construye la seguridad afectiva y se desarrollan las primeras experiencias de autonomía.

La participación activa de las familias es un pilar central. Cuando madres, padres o cuidadores entienden qué ocurre, por qué se interviene y cómo pueden acompañar mejor a sus hijos, los avances se multiplican. De hecho, las estrategias que se aplican en casa, en la vida diaria, suelen tener un impacto mayor que cualquier sesión puntual con un profesional. Por eso, la Atención Temprana contemporánea apuesta por modelos centrados en la familia, que proporcionan orientación constante y reconocen su papel fundamental en el desarrollo infantil.

Sin embargo, este enfoque no debe idealizarse: acompañar a un niño con dificultades en su desarrollo supone un reto emocional, organizativo y económico. Las familias, especialmente las más jóvenes, suelen enfrentarse a una auténtica carrera de obstáculos. La búsqueda de recursos, la burocracia, los tiempos de espera, la falta de información o la escasa coordinación entre servicios pueden añadir angustia a una situación compleja. Por ello, mejorar los sistemas de acceso, simplificar trámites y ofrecer una atención más humana y cercana son aspectos clave para garantizar que todos los niños y sus familias reciban lo que necesitan sin desgastes innecesarios.

Es importante recordar que la Atención Temprana no se basa únicamente en criterios técnicos o clínicos: es, ante todo, una cuestión de derechos. Documentos esenciales como la Convención sobre los Derechos del Niño o la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, reconocen el derecho a recibir apoyos que favorezcan su pleno desarrollo y garanticen una vida digna, que cada niño pueda alcanzar su potencial y que cada familia sea acompañada de manera respetuosa y justa.

En definitiva, la Atención Temprana combina conocimiento técnico, sensibilidad humana y compromiso social. No se limita a intervenir en las dificultades del niño: acompaña a las familias, refuerza su bienestar y mejora su calidad de vida. Es una alianza que busca que cada niño crezca rodeado de apoyo y que cada familia se sienta capaz, informada y acompañada.

En Envera, tras 49 años de historia en el apoyo y atención a la discapacidad, también sabemos que no todos los niños llegarán a ser Temple Gardin. Pero su ejemplo es uno entre millones de realidades que ilustran cómo intervenir pronto es apostar por un futuro en el que los niños y niñas puedan desarrollarse plenamente y las familias vivan su crianza con mayor tranquilidad, confianza y esperanza.

Por Cristina Sánchez, coordinadora del Centro de Atención Temprana y Neurodesarrollo Infantojuvenil de Envera

La Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA) ha mostrado su rechazo a la reciente decisión de la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos de no financiar un segundo tratamiento innovador para el alzhéimer, una medida que la entidad considera un nuevo freno al acceso de los pacientes a la innovación terapéutica.

A través del comunicado Tiempo perdido. Oportunidad perdida’ la organización lamenta esta segunda negativa, que se ha sumado a otro rechazo previo sobre un medicamento de características similares, ambos orientados a ralentizar la progresión de la enfermedad y prolongar el tiempo de autonomía y calidad de vida de las personas afectadas.

Desde CEAFA consideran que las administraciones siguen abordando estas terapias desde una perspectiva centrada únicamente en el gasto económico, sin valorar adecuadamente su impacto sanitario y social. “La financiación de estos tratamientos debe entenderse como una inversión y no como un gasto”, defiende la entidad, que reclama un cambio de enfoque por parte de los responsables públicos.

La organización insiste en que estos medicamentos representan las primeras alternativas terapéuticas innovadoras en más de dos décadas para una enfermedad que afecta a cientos de miles de personas en España.

El debate sobre riesgos y costes

Los argumentos utilizados para justificar los rechazos incluyen los posibles efectos secundarios asociados a estos tratamientos, las controversias científicas todavía abiertas y la necesidad de racionalizar el gasto sanitario.

CEAFA también critica el tratamiento mediático que ha acompañado al debate, denunciando la difusión de “informaciones absolutamente sesgadas” sobre estos medicamentos. Aunque reconoce que toda innovación debe evaluarse con rigor, la entidad considera que el debate no puede limitarse exclusivamente al coste económico inmediato.

De hecho, uno de los aspectos que más preocupa a la organización es el temor expresado desde algunos sectores a un posible colapso del sistema sanitario si se aprueba la financiación pública de estos tratamientos. Desde el punto de vista de sus responsables, ese escenario está sobredimensionado. “Hay que huir del alarmismo, de la incertidumbre y del miedo”, señala el comunicado.

La entidad recuerda además que estos fármacos están dirigidos únicamente a perfiles concretos de pacientes en fases iniciales de la enfermedad, por lo que el número potencial de beneficiarios sería limitado.

Tiempo de calidad y autonomía

Más allá de los aspectos clínicos, la organización indica en su discurso la importancia de retrasar el deterioro cognitivo sobre la vida diaria de las personas afectadas y sus familias. E insiste en que prolongar la autonomía significa permitir que muchas personas puedan seguir participando activamente en la sociedad durante más tiempo. “Privarles de un tiempo de calidad supone una pérdida de oportunidad para todos”, denuncia el comunicado.

La entidad subraya además que retrasar la evolución de la enfermedad podría contribuir también a aliviar parte de la carga emocional, social y económica que soportan las familias cuidadoras y el propio sistema sociosanitario.

No se puede olvidar que el alzhéimer es la principal causa de demencia actualmente y uno de los grandes retos sanitarios asociados al envejecimiento de la población. Las asociaciones de pacientes llevan años reclamando una estrategia integral que combine investigación, diagnóstico precoz, atención sociosanitaria y acceso a innovación terapéutica.

En este contexto, la llegada de nuevos tratamientos había generado expectativas dentro del movimiento asociativo tras más de veinte años sin avances significativos en el abordaje farmacológico de la enfermedad. En cualquier caso, CEAFA considera que el debate abierto por estos tratamientos debería servir también para adaptar los sistemas sanitarios y prepararlos para una nueva etapa en el abordaje del alzhéimer. Y recuerda que otros países europeos ya están avanzando en la incorporación de este tipo de terapias.

España es actualmente el país europeo con más ensayos clínicos en marcha y uno de los grandes referentes internacionales en investigación biomédica. Sin embargo, para buena parte de la población, el funcionamiento y el impacto real de estos estudios sigue siendo todavía una realidad lejana y poco conocida.

Con ese objetivo nace +ensayos, una nueva plataforma impulsada por Farmaindustria y 18 compañías farmacéuticas, junto a casi una treintena de entidades científicas, sanitarias y de pacientes, que busca acercar los ensayos clínicos a la ciudadanía y poner rostro a las personas que hacen posible la investigación médica y a las que han participado en ella.

La iniciativa arranca en el Día Internacional del Ensayo Clínico, aunque su objetivo es tener mucho más recorrido en el tiempo. Y lo hace con un spot que resume el espíritu del proyecto: un hombre de aspecto mayor celebra su “12 cumpleaños”. En realidad, conmemora el día en el que entró en un ensayo clínico que cambió el rumbo de su enfermedad y le permitió seguir adelante con su vida.

Pacientes participantes

La plataforma pone especialmente el foco en las historias reales de quienes participan en investigación clínica. Entre ellas, la de Esther Martín, paciente de esclerosis múltiple, que relató durante la presentación cómo un ensayo cambió su día a día tras años de brotes y tratamientos difíciles.

“Cuando me propusieron participar, recibí un ‘chute’ de energía, porque me estaban dando una oportunidad que quizás iba a cambiar mi calidad de vida», explicó.

Esther fue diagnosticada en 2015 tras varios episodios neurológicos y reconoce que al principio asoció automáticamente la enfermedad “a una silla de ruedas”. Después llegaron distintos tratamientos, algunos con importantes efectos secundarios físicos y emocionales.

“A las tres semanas de entrar en el ensayo empecé a notar un cambio físico, me sentía más activa, más espabilada”, relató durante el encuentro.

“No somos conejillos de indias”

Uno de los mensajes más repetidos durante la jornada fue la necesidad de desmontar algunos prejuicios todavía asociados a los ensayos clínicos. “No hay que sentirse un conejillo de indias”, defendió Esther, quien asegura haber animado ya a otras personas a participar en investigación clínica.

Los organizadores recuerdan que España cuenta con uno de los sistemas regulatorios más exigentes y garantistas de Europa, con un papel especialmente relevante de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). De hecho, en la actualidad participan unas 170.000 personas en ensayos clínicos en España, que cuentan con el apoyo de multitud de agentes implicados: investigadores, hospitales, comités éticos, administración pública y compañías farmacéuticas.

En este ecosistema, quedan aún multitud de retos por resolver, como acercar los ensayos clínicos a más territorios y reducir desigualdades geográficas en el acceso. Como solución, Amelia Martín Uranga, directora de Investigación Clínica y Traslacional de Farmaindustria, insistió en la necesidad de impulsar los ensayos en Atención Primaria, aumentar la diversidad de participantes y llevar la investigación “más cerca de la casa del paciente”.

El investigador también es paciente

Uno de los testimonios más impactantes de la jornada fue el de Marisol Soengas,  jefa del grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y presidenta de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (Aseica). Soengas es paciente de un cáncer de mama especialmente agresivo, y explicó cómo esta situación ha cambiado su punto de vista en relación a los ensayos clínicos.

“A veces, cuando tenemos una muestra que analizar, sólo vemos un código, un número, y se nos olvida que hay un paciente con una historia detrás, que ha viajado desde lejos o que tiene circunstancias que dificultan el proceso”, reconoció.

En su intervención, Soengas defendió la necesidad de incorporar más la experiencia del paciente en el diseño de los ensayos., y de mejorar la información disponible sobre los procedimientos existentes para que las personas afectadas sepan cómo acceder a ellos. «Aunque no olvidemos que la puerta de entrada a un ensayo clínico siempre debe estar en el profesional sanitario», recordó.

Marisol Soengas, presidenta de Aseica / Foto: Luis Camacho

Además de Soengas, también ha aportado su testimonio a la campaña Ana Casas, oncóloga especialista en cáncer de mama en el Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla) y también paciente de esta patología, presidenta de la Fundación Actitud frente al Cáncer. «Cuando actúas puramente como oncóloga buscas únicamente la eficacia en tu labor, pero cuando estás al otro lado, como paciente, quieres curarte pero no quieres que merme tu calidad de vida«, explica en uno de los vídeos asociados a la iniciativa.

Una plataforma abierta y colaborativa

La plataforma +ensayos cuenta ya con el apoyo del Ministerio de Sanidad, el Instituto de Salud Carlos III, la AEMPS, sociedades científicas, organizaciones de pacientes y grupos de investigación oncológica, entre ellos el Foro Español de Pacientes, Gepac, AECC o Eupati España.

El proyecto incluye una web divulgativa, vídeos testimoniales y distintos contenidos destinados a mantener viva la conversación sobre investigación clínica más allá del Día Internacional del Ensayo Clínico, y que España siga manteniéndose como país líder en este ámbito. Así lo reinvindicó el director general de Farmaindustria, Juan Yermo, que destacó el trabajo conjunto que se realiza entre profesionales sanitarios, investigadores, pacientes y reguladores.

Sin embargo, también advirtió de que esta posición no está garantizada. Según explicó durante la presentación de la campaña, mientras Europa pierde peso global en investigación clínica, Estados Unidos y China están creciendo con fuerza, especialmente en terapias avanzadas y medicamentos biológicos. “España puede perder ese liderazgo si no se apuesta claramente por la innovación”, alertó.

Además, recordó que la investigación clínica también representa un importante motor económico y tecnológico para el país. Según el informe I+D en la industria farmacéutica 2025, las compañías farmacéuticas innovadoras invirtieron el pasado año cerca de 1.775 millones de euros en I+D en España, de los cuales más de mil millones se destinaron específicamente a ensayos clínicos.

Por: Gema López Albendea

Convivir con una enfermedad inflamatoria intestinal (EII) supone desarrollar capacidad de adaptación, aprender a gestionar los síntomas y tratamientos, y afrontar el día a día con resiliencia y esperanza. Bajo esta premisa nace Dreamers, una iniciativa de Johnson & Johnson en colaboración con la Confederación de Asociaciones de Enfermos de Crohn y Colitis Ulcerosa (ACCU España), que pone en valor las aspiraciones y proyectos de vida de jóvenes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa.

A través de un encuentro entre un paciente y un referente profesional para él, el proyecto acerca una mirada diferente sobre la enfermedad: centrada en la capacidad de adaptación, resiliencia y la posibilidad de perseguir las metas.

Un impacto relevante a nivel emocional

En España, cerca del 1% de la población convive con EII, un grupo de patologías que incluye principalmente la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU).1 Aunque pueden aparecer en cualquier etapa de la vida, estas enfermedades suelen diagnosticarse en adultos jóvenes, entre los 20 y los 30 años,[i] una etapa clave para estudiar, independizarse, construir relaciones personales o tomar decisiones sobre el futuro. Por ello, más allá de sus síntomas físicos, la EII puede tener un impacto relevante en la esfera emocional, social, académica y laboral de quienes conviven con ella.

Cuando la enfermedad de Crohn irrumpe en la vida del paciente, planificar, viajar o simplemente seguir el ritmo del día a día puede convertirse en un reto. Por ello, iniciativas como Dreamers buscan visibilizar esta realidad desde una perspectiva cercana y humana.

Hugo, un joven de 21 años diagnosticado de enfermedad de Crohn en la adolescencia, comparte su historia con la directora de cine y guionista Carla Simón. Este encuentro que no solo representa una conversación, sino un impulso para seguir proyectando su futuro más allá de la enfermedad. Hugo ha aprendido a convivir con su enfermedad desde muy joven, enfrentándose a periodos de hospitalización, intervenciones quirúrgicas y ajustes de tratamiento. Sin embargo, hay algo que se ha mantenido constante: su sueño de dedicarse a la interpretación. “Participar en Dreamers me ha permitido conocer de cerca una realidad poco visible y entender el impacto que puede tener en la vida de quienes conviven con una enfermedad crónica”, comenta Carla Simón.

“Desde los 11 o 12 años ya no crecía, no comía, tenía anemia, me hicieron pruebas y me diagnosticaron la enfermedad. Al ser pequeño no lo entendía, tenía dolor constantemente, me operaron y, hasta que no dieron con la medicación que se adaptaba a mí, no pude estar bien”, explica Hugo.

El testimonio de Hugo muestra una realidad que a menudo permanece poco visible: la de jóvenes que conviven con una enfermedad crónica. “A veces haces planes para un fin de semana con los amigos o la familia, como un viaje o algo divertido, pero cuando te levantas estás tan cansado que no tienes ganas de hacer nada, o te das cuenta de que no puedes hacer todo lo que habías pensado”, expone Hugo.

La innovación temprana en EII

La EII puede cursar con periodos de actividad y remisión, y son enfermedades muy heterogéneas, lo que supone un reto tanto para los pacientes como para los profesionales sanitarios. En este contexto, la investigación y la innovación terapéutica están permitiendo abordar la enfermedad de forma temprana para mejorar la calidad de vida de quienes conviven con estas patologías, adaptándose a las necesidades de cada paciente.

Así, Dreamers también pone el foco en la importancia de una estrecha relación médico-paciente, y en el acompañamiento desde las asociaciones de pacientes, para que puedan afrontar su día a día con mayor autonomía. “Es esperanzador ver cómo gracias a la innovación, jóvenes como Hugo pueden controlar su enfermedad y afrontar su día a día con más autonomía, calidad de vida y, sobre todo, sin tener que renunciar a sus sueños”, concluye Carla Simón.


[i] Confederación ACCU Crohn y Colitis Ulcerosa, “La enfermedad de Crohn”. Último acceso: mayo 2026. 

Fatiga constante, prurito intenso, cansancio extremo o dificultades cognitivas son algunos de los síntomas físicos con los que conviven muchas personas con enfermedades hepáticas. Sin embargo, al impacto físico se suma otro menos visible, pero igual de duro: el emocional. El miedo, la culpa, el aislamiento social y el estigma asociado a patologías como la cirrosis o el hígado graso forman parte del día a día de los pacientes.

En SOMOS PACIENTES entrevistamos a Elena Arcega, presidenta de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH), quien reclama más educación en salud, prevención y visibilidad para unas patologías que “podrían prevenirse con dieta mediterránea y ejercicio».

Para poder ponernos en la piel de una persona con enfermedad hepática, me gustaría que describiera qué implica, a día de hoy, convivir con una enfermedad hepática.

Vivir con una enfermedad hepática implica, en primer lugar, enfrentarse a un estigma social muy importante. Todavía hoy, la palabra cirrosis se sigue relacionando de forma casi automática con el consumo de alcohol o incluso con las drogas. Esa asociación provoca que muchas personas no quieran hablar de su enfermedad por miedo a lo que pueda pensar su entorno. Todavía hay esa idea de que eres contagioso o eres una persona vinculada al consumo de alcohol. También hay un estigma hacia el abstemio, que es incomprensible, porque pasamos del estigma del alcohol al estigma del abstemio. Hay gente que no comprende cómo una persona dice: “yo no bebo alcohol para mantener sano mi cuerpo”. Entonces, esto es un arma de doble filo que es muy interesante y tiene mucho de qué hablar.

La esteatosis hepática por alcohol es una enfermedad con un estigma importante y de la que no se habla. La esteatosis por hígado graso es la más desconocida, porque la sociedad no sabe muy bien qué es. Decir “tengo hígado graso” suena como si fuera algo menor, como “tengo una pelota encima del tejado, la paso y continúo viviendo”.

A ello se suma la carga física y emocional de estas enfermedades, que pueden provocar fatiga intensa, cansancio, encefalopatía hepática y prurito, especialmente duro en pacientes infantiles. Aunque empiezan a surgir terapias innovadoras para algunos síntomas, los pacientes siguen conviviendo con incomprensión social, falta de visibilidad y un importante desgaste en su calidad de vida.

Me da la sensación de que, como sociedad, conocemos muy bien el funcionamiento de órganos como el corazón o los pulmones. Sin embargo, sobre el hígado hay desconocimiento. ¿Qué opina usted?

Estoy de acuerdo. Hay un gran desconocimiento por parte de la sociedad sobre el propio órgano. Como decías, conocemos el corazón, los riñones, el cerebro y sus funciones. Pero creo que hay un gran desconocimiento de lo que hace el hígado, de todas las funciones que tiene y de lo importante que es a nivel metabólico para nuestro desarrollo como personas. Todo el mundo tiene un solo hígado y es vital. Entonces, es algo sobre lo que deberíamos tener más conciencia como sociedad.

Este desconocimiento también afecta a las enfermedades del hígado. Todo el mundo conoce muy bien enfermedades como la diabetes, la obesidad o la hipertensión, pero cuando empezamos a hablar de enfermedades del hígado o se asocial al alcoholismo, como hemos dicho antes, o parece que no existen. Esta invisibilidad puede deberse a que el hígado es un órgano muy sufrido, entre comillas. Tú no tienes dolor de hígado hasta que el hígado está muy enfermo. Hablo de hepatitis por virus, una hepatitis autoinmune, una hepatitis alcohólica, una cirrosis alcohólica, un hígado graso previo a trasplante… Entonces, esa invisibilidad que se transmite por la falta de dolor produce problemas de aceptación de la enfermedad.

Si los síntomas avanzan sin estar demasiado claros y los pacientes llegan cuando el hígado está muy enfermo, ¿cuál es la clave para revisarse a tiempo?

Primero, conocer cómo está tu hígado y luego llevar una vida saludable. La clave es prevenir. Si en una analítica tienes una alteración del hígado, es muy probable que se pueda revertir con dieta mediterránea y ejercicio. Esto no es tan sencillo, más ahora, cuando la cesta de la compra se ha encarecido y es más fácil irse a alimentos ultraprocesados.

Pero también debemos tener un conocimiento muy exhaustivo de las cosas que no debemos hacer. Por ejemplo, hay un problema social con la borrachera de la gente joven. El consumo de alcohol se está produciendo cada vez antes y hay un desconocimiento de que una borrachera puntual repetida también puede dañar el hígado. No solo influye beber alcohol todos los días. La gente que se emborracha cada dos semanas también puede sufrir una hepatopatía.

Además del consumo alimenticio y del ejercicio, esta prevención también se consigue con información. Se debe dar a conocer las enfermedades del hígado, el hígado como un órgano fundamental…

¿Qué políticas sanitarias serían prioritarias para avanzar hacia la prevención efectiva?

La educación en salud es una de las herramientas más importantes para prevenir las enfermedades hepáticas. Pero, además, sería fundamental reforzar la prevención mediante controles periódicos, como analíticas de sangre realizadas tanto en el ámbito laboral como a través del médico de familia o la Atención Primaria, que permitan detectar alteraciones hepáticas de forma precoz.

También son necesarias políticas sanitarias dirigidas a controlar el consumo de alcohol, especialmente entre los jóvenes, así como una mayor educación nutricional y medidas que faciliten el acceso a una alimentación saludable. En este sentido, iniciativas como reducir los impuestos de los alimentos saludables podrían contribuir a mejorar los hábitos de vida, ya que hoy en día comer sano resulta, en muchos casos, demasiado caro.

Además, no debería haber ninguna persona completamente alejada de la actividad física en su día a día. Desde la Atención Primaria, las políticas públicas y la propia sociedad se debería fomentar el ejercicio, aunque sea caminar una hora diaria. Tenemos que volver a conectar con hábitos saludables, con el aire libre, con la actividad física y con el autocuidado.

En cuanto a la investigación, ¿qué papel puede jugar para cambiar el futuro de estas patologías?

Cada vez existe una mayor conciencia entre los investigadores de que patologías como la esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD), conocida comúnmente como hígado graso, representan un importante problema de salud pública. En países como Estados Unidos esta realidad está mucho más avanzada y ya se considera una de las enfermedades evitables con mayor impacto sanitario. En Europa y en España la incidencia es algo menor, probablemente por factores relacionados con la alimentación, pero aun así preocupa cada vez más. En el caso del hígado graso, ya existen terapias prometedoras que pueden marcar un antes y un después.

¿Qué papel juegan las asociaciones de pacientes para promover esta prevención en un momento en el, quizá, no sea el más propicio para la sanidad, la cual enfrenta tantos retos?

El cansancio, la fatiga o el impacto emocional de la enfermedad hacen que poco a poco dejen de ver gente o de realizar actividades cotidianas. Así, la soledad no deseada es una realidad muy importante en estas enfermedades. Y aquí, las asociaciones de pacientes cumplen un papel fundamental. Son espacios de escucha, apoyo y acompañamiento, donde las personas encuentran a alguien que ya ha pasado por la misma situación y puede comprenderlas y orientarlas.

Además, las asociaciones desempeñan una labor clave en educación sanitaria, prevención y lucha contra el estigma. Ayudan a que los pacientes entiendan mejor su enfermedad y aprendan a gestionarla sin miedo, pero también sin banalizarla. Cuando una persona recibe un diagnóstico de hígado graso, por ejemplo, tiene que ser consciente de que necesita cambiar hábitos y cuidar su salud. No se trata de alarmar, pero tampoco de restarle importancia. Las asociaciones ayudan precisamente en ese proceso: ofrecen información, apoyo emocional, terapias grupales y recursos que pueden contribuir a revertir la enfermedad si se actúa a tiempo. Existe margen para mejorar y evitar que la patología avance. Y ahí el acompañamiento entre iguales resulta esencial.

¿Qué mensaje lanzaría a las personas que acaban de recibir un diagnóstico de una patología relacionada con el hígado y se sienten perdidas?

Lo primero es pedir ayuda y no afrontar la enfermedad en soledad. Mi recomendación es llamar a una asociación de pacientes, ya sea específica de una patología hepática concreta o a cualquier entidad relacionada con las enfermedades del hígado. Y, si no saben dónde acudir, desde las federaciones podemos orientarles y ayudarles a encontrar el recurso adecuado. Es muy importante informarse bien y hablar con personas que ya hayan pasado por la misma situación, porque compartir experiencias con alguien que entiende realmente lo que estás viviendo puede marcar una gran diferencia.

No hay que vivir esta enfermedad solo. Contar con apoyo, información y acompañamiento ayuda no solo a afrontar mejor el diagnóstico, sino también a recuperar el control sobre la propia vida y la salud.