Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las motoneuronas, las células nerviosas responsables de controlar el movimiento muscular voluntario. Su avance provoca una pérdida progresiva de la movilidad, el habla, la deglución y la capacidad respiratoria, mientras que, en la mayoría de los casos, las capacidades cognitivas permanecen preservadas. A pesar de los avances logrados en el conocimiento de la enfermedad, las opciones terapéuticas continúan siendo limitadas y no existe todavía una cura capaz de detener o revertir su progresión. Sin embargo, la biotecnología está impulsando nuevas aproximaciones para abordar las causas moleculares de la enfermedad.

Una de las líneas de investigación más prometedoras se centra en la proteína TDP-43, cuya alteración está presente en la mayoría de los pacientes con ELA y desempeña un papel clave en la degeneración neuronal. Con el objetivo de restaurar la función de TDP-43 se está trabajando en el desarrollo de la molécula AP-2, la cual ha obtenido la designación de medicamento huérfano de la Agencia Europea del Medicamento y la autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios para iniciar ensayos clínicos en humanos.

Según Alfonso de Egaña Barrenechea, CEO de Molefy Pharma, la proteína TDP-43 desempeña un papel esencial en el funcionamiento de las células del sistema nervioso y presenta alteraciones en más del 97% de los casos de ELA. «La ELA hoy se puede definir como una TDP-43-patia, es decir como una enfermedad de la proteína TDP-43«, señala. La formación de agregados tóxicos y la pérdida de función de esta proteína alteran procesos celulares fundamentales y contribuyen a la muerte neuronal característica de la enfermedad.

A partir de esta evidencia, Molefy Pharma trabaja en el desarrollo de AP-2, una molécula diseñada para restaurar la función de TDP-43. Los estudios realizados hasta el momento muestran una reducción de los agregados patológicos y una recuperación de la función normal de la proteína en modelos preclínicos. «Si los efectos observados en modelos celulares y animales se reprodujeran en humanos, AP-2 podría constituir un tratamiento capaz de modificar el curso de la enfermedad«, explica el CEO de la compañía.

La reciente autorización para iniciar ensayos clínicos en humanos representa, en este contexto, un paso decisivo para evaluar la seguridad y eficacia de esta aproximación terapéutica en pacientes con ELA esporádica.

De cara a los próximos años, Molefy Pharma prevé que el abordaje de la ELA evolucione hacia estrategias terapéuticas cada vez más complejas y personalizadas. Entre ellas, destaca la combinación de diferentes fármacos con mecanismos de acción complementarios, el desarrollo de tratamientos multidiana y el avance de la medicina de precisión. La compañía también pone el foco en el desarrollo de biomarcadores y tecnologías ómicas, herramientas que permitirán realizar diagnósticos más tempranos, mejorar la selección de pacientes y optimizar el diseño de los ensayos clínicos.

Reforzar la atención integral

Junto al avance de la investigación, el CEO de Molefy Pharma señala la importancia de reforzar la atención integral a las personas afectadas. En este sentido, considera prioritaria la implantación de unidades específicas de ELA en todos los centros hospitalarios de referencia, integradas por equipos multidisciplinares capaces de abordar de forma coordinada las distintas necesidades de los pacientes y sus familias.

Asimismo, insiste en la necesidad de mantener una inversión sostenida en investigación que permita desarrollar proyectos de largo recorrido, especialmente aquellos orientados al descubrimiento de nuevos tratamientos.

La Coalición Nacional de Fibromialgia, Síndrome de Fatiga Crónica, Sensibilidad Química Múltiple y Electrohipersensibilidad (CONFESQ), junto con la Asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS), reclama un reconocimiento específico de la electrohipersensibilidad (EHS) en España. Las entidades advierten de que la falta de un marco institucional claro genera barreras en ámbitos como el empleo, la asistencia sanitaria, la vivienda, la educación y la participación social.

Según sostiene CONFESQ, la exposición a determinados entornos con productos químicos o tecnologías inalámbricas puede condicionar de forma importante la vida cotidiana de las personas que se identifican como electrohipersensibles. La organización cita un estudio que sitúa la prevalencia diagnosticada de esta condición entre el 5% y el 14,9%, dependiendo del país.

“Es necesario poner el foco en una realidad todavía invisibilizada”, afirma María López, presidenta de CONFESQ. A su juicio, el impacto resulta especialmente evidente en el ámbito laboral, donde las personas afectadas pueden encontrar dificultades para acceder a un empleo, mantenerlo o conseguir adaptaciones de su puesto de trabajo.

Una guía para adaptar los entornos laborales

CONFESQ y EQSDS presentaron en un seminario en línea la edición internacional del ‘Libro Verde: Adaptación del puesto de trabajo para personas con Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y/o Electrohipersensibilidad (EHS)’. La guía busca ofrecer pautas para avanzar hacia espacios laborales más seguros, accesibles e inclusivos para las personas que conviven con estas condiciones.

El encuentro reunió a expertos y representantes de España, Suecia y Países Bajos para analizar los avances, las dificultades y las diferencias existentes en el reconocimiento de la electrohipersensibilidad.

Según las entidades, Suecia la reconoce como discapacidad funcional desde el año 2000, mientras que Países Bajos la incorporó a finales de 2023 dentro del marco de protección de la Convención de Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad. En España, sin embargo, no existe un reconocimiento oficial específico. CONFESQ y EQSDS recuerdan que sí se han producido resoluciones judiciales que han reconocido incapacidades laborales o contingencias profesionales vinculadas a esta situación, aunque se trata de decisiones adoptadas en casos concretos.

“Adaptar no es conceder privilegios”

Las entidades sostienen que el impacto laboral de la electrohipersensibilidad puede ser especialmente grave y reclaman que las adaptaciones se aborden desde el principio de igualdad de oportunidades. “Hablar de adaptación no es hablar de privilegios, sino de igualdad de oportunidades”, reivindican CONFESQ y EQSDS.

Entre las posibles medidas se encuentran la revisión de los entornos de trabajo, la reducción de determinados factores ambientales, la flexibilización organizativa y la búsqueda de soluciones individualizadas. El documento pretende servir como herramienta para empresas, administraciones, servicios de prevención y profesionales responsables de salud laboral.

El informe ‘Las cifras de SQM y EHS desde un enfoque de derechos humanos y discapacidad’, elaborado por las entidades, refleja un importante impacto social entre las personas encuestadas. Según sus datos, el 73% se encontraba desempleado o en situación de incapacidad, mientras que más del 70% de las solicitudes de ajustes razonables en el entorno laboral habían sido rechazadas. Además, el 72% afirmaba sentirse excluido de la sociedad con frecuencia.

Las dificultades también alcanzan al sistema sanitario. El 67% de las personas participantes consideraba que los profesionales sanitarios desconocen estas condiciones y el 49% aseguraba evitar acudir a hospitales por la ausencia de protocolos adaptados. Las organizaciones consideran que esta situación puede generar retrasos en la atención, abandono de consultas y un aumento del aislamiento de quienes encuentran dificultades para permanecer en determinados espacios.

Montserrat tiene 70 años y acaba de sufrir un infarto. En pocos minutos, se activa el Sistema d’Emergències Mèdiques (SEM), llega al laboratorio de hemodinámica, pasa por la unidad de cuidados críticos cardiológicos e inicia la rehabilitación cardíaca. Sin embargo, Montserrat no existe. Es una paciente ficticia creada mediante inteligencia artificial que permite a los futuros profesionales de la medicina seguir el recorrido completo de una persona con una enfermedad cardiovascular. De este modo, pueden comprender desde dentro cómo funciona un hospital universitario de alta complejidad y cómo trabaja estrechamente con un centro de investigación que da respuesta a las preguntas que surgen durante la atención a los pacientes.

Esta es la esencia de Heart Science 360º, una iniciativa impulsada por el Área del Corazón del Hospital Universitario de Bellvitge, el IDIBELL y la Cátedra Universidad de Barcelona-Hospital de Bellvitge de Simulación Cardiovascular (CardioSimHUB), en el marco del Barcelona International Youth Science Challenge (BIYSC) de la Fundación Catalunya La Pedrera, que reúne a estudiantes de secundaria con talento científico de todo el mundo.

Entre el 8 y el 16 de julio, doce estudiantes de entre 15 y 17 años procedentes de Europa, Asia y Nueva Zelanda han vivido una inmersión en la medicina cardiovascular a través de un modelo docente que les permite descubrir cómo se construye la medicina cardiovascular actual. Los participantes han sido seleccionados para formar parte de este programa de impulso del talento y de las vocaciones científicas de la Fundación por su excelente expediente académico y su gran interés por las ciencias biomédicas.

El programa de la Fundación Catalunya La Pedrera reúne este verano a 173 estudiantes de 40 países, que participan en 16 proyectos de investigación desarrollados conjuntamente con hospitales, universidades y centros de investigación de referencia de Cataluña.

Una paciente como hilo conductor

El hilo conductor de Heart Science 360º es el recorrido asistencial completo de una paciente. A partir de este caso, los estudiantes siguen todas las etapas del proceso: desde la activación del SEM hasta el electrocardiograma, el laboratorio de hemodinámica, las unidades de cuidados intensivos, los quirófanos de cirugía cardíaca y vascular, la imagen cardiovascular, la rehabilitación y el seguimiento mediante telemedicina.

Este recorrido les permite no solo conocer la asistencia clínica, sino también descubrir cómo las preguntas que surgen durante la atención a los pacientes se transforman en proyectos de investigación básica y traslacional, nuevas tecnologías e iniciativas de innovación capaces de transformar la práctica clínica y mejorar la salud de los pacientes.

Representado gráficamente como una red de metro, este recorrido asistencial conecta todas las disciplinas implicadas en la atención cardiovascular. De este modo, los estudiantes comprenden que la medicina es un proceso continuo en el que diferentes especialidades trabajan de forma coordinada en torno a una misma persona.

Asistencia, investigación, datos e innovación

Heart Science 360º muestra a los estudiantes que hoy la medicina ya no separa asistencia, investigación, ciencia de datos e innovación. Durante el itinerario recorren distintas áreas asistenciales de un hospital universitario de alta complejidad, observan cómo trabajan los equipos multidisciplinares y entienden cómo se toman las decisiones en cada fase del proceso. Sin intervenir en la actividad asistencial, pueden conocer de cerca cómo se construye la atención cardiovascular actual.

Esta experiencia se complementa con actividades de simulación clínica avanzada impulsadas por la Cátedra CardioSimHUB, que les permiten vivir situaciones asistenciales de una forma prácticamente idéntica a la práctica clínica, pero en un entorno seguro y sin ningún riesgo para los pacientes.

La inmersión continúa en los laboratorios del grupo BioHeart del IDIBELL, donde descubren cómo la investigación traslacional conecta las necesidades detectadas en la práctica clínica con el desarrollo de nuevas estrategias diagnósticas y terapéuticas. El contacto directo con el equipo investigador les permite conocer las distintas etapas de un proyecto científico, desde la generación de hipótesis hasta la validación de resultados y su eventual aplicación a los pacientes, así como el día a día de la investigación.

Además, trabajan con datos clínicos anonimizados y herramientas de ciencia de datos e inteligencia artificial, y desarrollan un reto de innovación biomédica que presentan al finalizar la estancia. Así, más allá de fomentar las vocaciones científicas, el programa les acerca a la carrera investigadora y les muestra el papel fundamental de las ciencias biomédicas en la transformación de la medicina actual.

“Los profesionales que afrontarán los grandes retos cardiovasculares de las próximas décadas necesitarán mucho más que conocimientos clínicos. Deben comprender que la medicina ya no se hace solo en la consulta o en el quirófano: también se construye en el laboratorio, en el simulador, a partir de los datos y trabajando en equipos multidisciplinares. Ese es el modelo de medicina que queremos enseñar”, explica el Dr. Josep Comín, director de Innovación, Investigación y Universidades de la Gerencia Hospitalaria Bellvitge-Viladecans, director del Área del Corazón del Hospital Universitario de Bellvitge y del grupo BioHeart del IDIBELL, y responsable de Heart Science 360º.

Cada cinco horas, una persona recibe en España un diagnóstico de esclerosis múltiple, una enfermedad crónica, neurodegenerativa y autoinmune que afecta al cerebro y a la médula espinal y que, aún hoy, no tiene cura. Todos los tratamientos actuales se centran en frenar su evolución. Todos los tratamientos actuales se centran en frenar su evolución; por eso, existe un clamor entre los pacientes para invertir en tratamientos de remielinización y neurorreparación, que revertirían las consecuencias de la enfermedad. Ante esta realidad, la Fundación GAEM impulsa un manifiesto para reclamar a las instituciones públicas y a los responsables de las políticas de investigación un compromiso firme, sostenido y urgente con la investigación en esclerosis múltiple.

La esclerosis múltiple afecta a más de 2,9 millones de personas en el mundo y a cerca de 60.000 en España. Es la segunda causa de discapacidad sobrevenida entre personas jóvenes, se diagnostica, cada vez, a edades más tempranas y, aproximadamente, tres de cada cuatro casos afectan a mujeres. “La investigación es el único camino para cambiar la realidad de las personas que convivimos con esclerosis múltiple. Necesitamos más recursos para acelerar la llegada de nuevos tratamientos y avanzar hacia una cura”, señala Vicens Oliver, presidente de GAEM.

La enfermedad tiene un impacto profundo en la salud, la autonomía y la calidad de vida de las personas diagnosticadas, pero también en su entorno familiar, laboral, emocional y social. Además, comporta un coste muy elevado para el sistema sanitario, los servicios públicos y las familias. En pacientes con esclerosis múltiple secundaria progresiva, el coste anual total estimado en España alcanza los 48.547 euros por paciente.

Por este motivo, GAEM reclama que la inversión pública en investigación sobre la esclerosis múltiple se multiplique por diez en los presupuestos destinados al fomento de la investigación científica. Esta inversión debería permitir impulsar proyectos de investigación básica, clínica y traslacional; acelerar el desarrollo de nuevos tratamientos; mejorar la calidad de vida de las personas afectadas; y avanzar hacia el objetivo compartido de poner fin a la esclerosis múltiple. GAEM hace un llamamiento a la ciudadanía, a las instituciones y a todos los agentes implicados para que se sumen a esta demanda y apoyen el manifiesto para reclamar más inversión, más investigación y más compromiso para avanzar hacia un futuro sin esclerosis múltiple.

La Fundación subraya especialmente la importancia de la investigación traslacional, aquella que permite transformar los descubrimientos científicos en soluciones reales para las personas. “La esclerosis múltiple no puede esperar. Las personas afectadas no pueden esperar. La investigación necesita recursos ahora”, defiende el manifiesto.

Mientras millones de personas esperan las vacaciones como un momento de descanso y desconexión, para muchas familias de personas con retos en el neurodesarrollo el verano supone una etapa especialmente exigente. Y es que, durante el curso escolar, estas familias suelen contar con una estructura relativamente estable formada por el colegio, las terapias, las actividades extraescolares, los profesionales de referencia y unas rutinas que proporcionan seguridad y predictibilidad. Sin embargo, cuando llega el verano, gran parte de estos apoyos desaparece durante semanas, obligando a las familias a reorganizar completamente su vida cotidiana.

«Para muchas familias, las vacaciones representan un periodo de enorme exigencia porque pierden buena parte de los recursos y apoyos que facilitan el día a día durante el curso», explica Ana González Navarro, psicóloga sanitaria especializada en neurodesarrollo y fundadora de Busca & Encuentra, la plataforma digital que conecta a familias con profesionales, entidades y recursos especializados en neurodesarrollo, y que nació para facilitar el acceso a apoyos adaptados a necesidades como el autismo, el TDAH, la discapacidad intelectual, la dislexia u otros trastornos del neurodesarollo.

A esta situación se suma otro factor poco visible: la soledad social. Muchos niños, adolescentes y jóvenes con necesidades específicas de apoyo no cuentan con una red estable de amistades fuera de los entornos educativos. Durante el curso existen espacios compartidos que favorecen las relaciones sociales, aunque sea de manera limitada. En verano, esos contactos desaparecen y son las propias familias quienes asumen gran parte de la responsabilidad de generar actividades, acompañar, entretener y sostener emocionalmente a sus hijos.

Una sociedad poco preparada

Las familias afectadas por esta problemática consideran que la sociedad todavía está muy lejos de poder atender a sus demandas. En primer lugar, indican que los campamentos especializados son uno de los principales recursos para muchas familias durante el verano. Sin embargo, las plazas son limitadas, la oferta sigue siendo escasa en muchas zonas y la duración de estos programas rara vez cubre todo el periodo vacacional. «La realidad es que el verano es muy largo y los recursos disponibles son insuficientes para responder a las necesidades de todas las familias», señala González.

Viajar también puede convertirse en un reto: La planificación de unas vacaciones familiares tampoco resulta sencilla. Los cambios de entorno, las alteraciones de las rutinas o la falta de espacios adaptados pueden generar situaciones de gran estrés. En los últimos años se han puesto en marcha iniciativas positivas como la asistencia preferente en algunos aeropuertos, el uso del Cordón de Girasoles para visibilizar discapacidades invisibles o determinadas medidas de accesibilidad impulsadas en el transporte ferroviario. Sin embargo, las familias consideran que estos avances siguen siendo insuficientes para garantizar una experiencia realmente inclusiva. Encontrar alojamientos adaptados, restaurantes comprensivos con determinadas necesidades sensoriales o propuestas de ocio adecuadas continúa siendo una tarea compleja que requiere una importante inversión de tiempo y energía.

La seguridad: una problemática añadida

En el caso de personas con autismo, discapacidad intelectual o grandes necesidades de apoyo, factores como las conductas de fuga, la dificultad para comunicar una situación de peligro o la menor percepción del riesgo pueden incrementar la vulnerabilidad en entornos como playas, piscinas, campamentos o espacios muy concurridos.

Además, las olas de calor, los cambios de rutina y los desplazamientos propios de las vacaciones pueden favorecer situaciones de desregulación o aumentar la necesidad de supervisión.

«No se trata de alarmar, sino de entender que existen riesgos específicos y que la prevención puede reducirlos significativamente», añade Ana González. Algunas de las recomendaciones que hacen desde Busca & Encuentra son:

  • Formación específica para monitores, socorristas, personal de campamentos, policías locales y servicios de emergencia.
  • Priorizar planes individualizados con las familias antes que realizar excursiones, actividades acuáticas o viajes en grupo.
  • Primar entornos adaptados en los que se empleen apoyos visuales y comunicación aumentativa para anticipar normas, límites, tiempos de espera y posibles peligros.
  • Promover el aprendizaje de la natación y comprobar que la habilidad se mantiene en distintos entornos, sin asumir que una persona estará segura en cualquier contexto acuático por haber aprendido a nadar. 
  • Prevenir los golpes de calor y la deshidratación, garantizando sombra, hidratación frecuente y detección temprana de signos de malestar.

Cada año, miles de personas sobreviven a un ictus o a un traumatismo craneoencefálico gracias a los avances de la medicina. Sin embargo, para muchas de ellas comienza entonces una carrera de obstáculos. Tras el alta hospitalaria, la falta de recursos de neurorehabilitación y los retrasos para acceder a ellos pueden marcar la diferencia entre recuperar la autonomía o convivir con una discapacidad difícil y permanente. Así lo denuncia Rubén Rodríguez Duarte, presidente de la Plataforma Española por el Daño Cerebral Adquirido (DCA), que reclama un cambio de modelo para aprovechar el periodo en el que el cerebro tiene mayor capacidad de recuperación.

En España viven más de 400.000 personas con discapacidad derivada de un daño cerebral adquirido. La mayoría de los casos se deben a un ictus, aunque también pueden estar provocados por traumatismos craneoencefálicos, anoxias, tumores cerebrales o determinadas infecciones. Según explica Rodríguez, el gran problema no suele encontrarse durante la hospitalización, sino cuando el paciente abandona el hospital y se enfrenta a un sistema que, en demasiadas ocasiones, no garantiza una continuidad asistencial adecuada.

«Dentro de la red hospitalaria sí tienen una atención adecuada. El problema llega cuando salen del hospital y tienen que recurrir a asociaciones, fundaciones o centros privados porque los recursos públicos tardan demasiado en llegar. Ese tiempo es esencial», afirma.

Actuar durante el primer año

El neuropsicólogo, que lleva más de tres décadas dedicado a la neurorehabilitación, insiste en que la ciencia conoce desde hace años la importancia de actuar durante el primer año tras la lesión cerebral. En ese periodo se producen fenómenos de neurogénesis y neuroplasticidad que permiten recuperar funciones perdidas si existe una intervención intensiva y multidisciplinar.

«La recuperación depende mucho del tiempo en el que se interviene. Si empezamos tarde, la capacidad de recuperación es mucho menor. Pero cuando actuamos pronto, muchas personas vuelven a hacer una vida autónoma e incluso algunas consiguen reincorporarse al trabajo«, explica.

Desde la Plataforma alertan de la existencia de un «vacío asistencial» entre el alta hospitalaria y el acceso efectivo a los servicios de rehabilitación. Según su experiencia, en muchas comunidades autónomas pueden transcurrir varios meses hasta que el paciente inicia un tratamiento público especializado, un retraso que repercute de forma negativa en esa recuperación progresiva.

Circuitos específicos

Por ello, la entidad reclama circuitos específicos para el daño cerebral adquirido en todas las comunidades autónomas, con programas intensivos de entre seis y doce meses que incluyan fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología, además de una mejor coordinación entre los sistemas sanitario y social. También pide acelerar las valoraciones de dependencia, financiar adaptaciones del hogar y ofrecer apoyo a las familias desde el primer momento.

En este sentido, Rodríguez apunta que es especialmente preocupante la escasa presencia de neuropsicólogos en los dispositivos públicos de rehabilitación. «La mayor incapacidad muchas veces no la genera el déficit físico, sino el cognitivo. Hay personas que pueden volver a caminar, pero tienen problemas de memoria, de conducta o para tomar decisiones. La figura del neuropsicólogo es imprescindible y hoy no está incorporada de forma generalizada en el Sistema Nacional de Salud», señala.

Desigualdades

Otro de los aspectos que más preocupa a la Plataforma son las diferencias territoriales. Mientras algunas comunidades cuentan con plazas concertadas específicas para personas con daño cerebral adquirido, como Madrid o Extremadura, otras carecen prácticamente de recursos especializados, obligando a muchas familias a asumir elevados costes para acceder a tratamientos privados, que según Rodríguez suelen rondar los 15.000 euros.

«Hay comunidades que han entendido la importancia de garantizar esa continuidad asistencial y otras donde ese recurso simplemente no existe. El beneficiario siempre debe ser el paciente y no debería depender del código postal donde viva», sostiene. Aunque también reconoce que las comunidades que cuentan con estas plazas no suelen tener recursos suficientes para todos los pacientes que las solicitan.

Rodríguez también incide en el impacto que la lesión cerebral tiene sobre el entorno familiar. El cambio suele producirse de forma repentina, especialmente tras un ictus, y obliga a reorganizar completamente la vida cotidiana. «En otras enfermedades graves existe un proceso de adaptación. En el daño cerebral todo ocurre en un segundo. La familia pasa de tener una vida normal a convertirse en cuidadora prácticamente de un día para otro. El impacto emocional y económico es enorme», afirma.

No solo sobrevivir

Según datos de la Sociedad Española de Neurología, cada año alrededor de 120.000 personas sufren un ictus en España y aproximadamente un tercio queda con secuelas permanentes. El coste económico de esta enfermedad supera los 8.500 millones de euros anuales solo en nuestro país, si se suman los gastos sanitarios y los cuidados asumidos por las familias.

Para Rubén Rodríguez, invertir en neurorehabilitación precoz mejora la calidad de vida de las personas afectadas y también reduce la dependencia y el gasto sanitario y social a largo plazo. «No hablamos únicamente de recuperar un brazo o una pierna. Hablamos de recuperar la posibilidad de salir con los amigos, cuidar de tus hijos, tomar tus propias decisiones o volver a disfrutar de una vida autónoma. Cuando salvamos una vida, también tenemos que darle la oportunidad de vivirla», concluye.