Una prueba capaz de detectar el virus del papiloma humano (VPH) a partir de sangre menstrual podría convertirse en una herramienta complementaria para mejorar la participación en el cribado del cáncer de cuello de útero, una enfermedad que sigue causando miles de diagnósticos cada año pese a ser en gran medida prevenible. Así lo sugiere un estudio realizado en China con más de 3.000 mujeres y publicado recientemente en The BMJ, que evalúa el uso de una muestra recogida en casa mediante una minicompresa como alternativa no invasiva a la toma cervical realizada en consulta.
El estudio, que ha sido difundido por Science Media Center España, analiza la capacidad de la sangre menstrual para detectar ADN del VPH, comparando su rendimiento con el cribado convencional realizado por profesionales sanitarios. Los resultados muestran una sensibilidad similar para identificar lesiones precancerosas de alto grado (CIN2+),así como un valor predictivo negativo muy elevado. Esto significa que un resultado negativo reduce de forma significativa la probabilidad de que exista una lesión relevante, aportando tranquilidad clínica a las mujeres participantes.
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Desde la perspectiva de la salud pública, el principal atractivo de esta estrategia es su potencial para ampliar el acceso al cribado. Al tratarse de una prueba no invasiva que puede realizarse en casa, podría beneficiar especialmente a mujeres que actualmente no acuden a las revisiones. Para los colectivos de pacientes, este tipo de avances refuerza la idea de que la innovación debe ir acompañada de la experiencia real de las mujeres y de sus necesidades cotidianas.
Un test domiciliario aún en pruebas
El VPH es el principal responsable del cáncer de cuello uterino, y su detección precoz es clave para identificar lesiones precancerosas y evitar la progresión de la enfermedad. Sin embargo, los programas de cribado no siempre alcanzan a toda la población diana. Factores como la incomodidad de la exploración ginecológica, el miedo, las dificultades de acceso al sistema sanitario o barreras culturales siguen alejando a muchas mujeres de estas revisiones periódicas. Una fórmula de detección de estas características podría convertirse en una buena solución en este contexto.
No obstante, los expertos piden cautela. Xavier Bosch, investigador emérito del Instituto Catalán de Oncología, subraya que se trata de un trabajo pionero aún en fase de investigación. Recuerda que ya existen métodos validados de detección del VPH, como la citología, la automuestra vaginal o la orina, y que será necesario demostrar si la sangre menstrual ofrece un rendimiento comparable o aporta ventajas claras frente a estas opciones. Además, advierte de posibles interferencias técnicas y de la importancia de evaluar la aceptabilidad cultural del procedimiento.
En una línea similar, Marta del Pino, médica de la Unidad de Oncología Ginecológica del Hospital Clínic de Barcelona, valora el estudio como interesante y con potencial para reducir barreras, pero insiste en que no puede considerarse un reemplazo inmediato del cribado actual. Entre las limitaciones, señala que el estudio sólo incluye mujeres con ciclos menstruales regulares, utiliza un dispositivo que aún no está disponible comercialmente y puede introducir sesgos al no confirmarse con biopsia todos los resultados negativos.