Las autolesiones no suicidas han dejado de ser una realidad desconocida para convertirse en una experiencia cercana para miles de adolescentes y jóvenes en España. Así lo refleja el informe Toma asiento. Un informe sobre autolesiones y redes sociales desde la perspectiva de adolescentes y jóvenes en España, elaborado por el grupo de investigación ComKids de la Universidad Rey Juan Carlos y presentado con motivo del Día de la Concienciación sobre la Autolesión.
El estudio está basado en 1.303 encuestas realizadas entre 2025 y 2026 a adolescentes de 14 a 17 años y jóvenes universitarios de 18 a 30. Y revela varios datos impactantes: el 52% de los menores asegura conocer a alguien que se ha autolesionado alguna vez, cifra que asciende hasta el 79% entre los universitarios. Lejos de tratarse de casos lejanos, en casi la mitad de las situaciones la persona afectada es un amigo o amiga cercano.
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Una conducta que comienza cada vez antes
La adolescencia sigue siendo el periodo vital de mayor vulnerabilidad. El 71% de los jóvenes que conocen un caso sitúan el inicio de la autolesión entre los 14 y los 17 años, pero casi uno de cada cinco afirma que comenzó antes de los 14. El propio informe advierte de un descenso progresivo en la edad de inicio, en línea con la literatura científica.
Las autolesiones no suicidas consisten en provocarse daño físico como mecanismo para aliviar un malestar psicológico intenso. No implican necesariamente intención suicida, pero sí reflejan dificultades para gestionar emociones como la ansiedad, la tristeza, la rabia o la angustia. El alivio que pueden producir es momentáneo y, sin intervención, la conducta puede repetirse e incluso agravarse.
Redes sociales, exposición y búsqueda activa
El entorno digital es un factor clave. El 20% de los adolescentes reconoce haber buscado activamente contenidos relacionados con autolesiones en redes sociales, el doble que entre los universitarios . Además, uno de cada cinco menores afirma haber recibido imágenes relacionadas con esta práctica en su teléfono móvil.
TikTok se sitúa como la principal plataforma para los adolescentes, mientras que entre los jóvenes adultos el consumo se reparte entre TikTok, X e Instagram.
Aunque la exposición no implica necesariamente promoción, el estudio subraya que las redes se han convertido en espacios donde esta conducta circula, se comenta y, en ocasiones, puede normalizarse. De hecho, el 90% de los adolescentes y el 95% de los universitarios consideran que debería existir una regulación más estricta de estos contenidos.
Códigos que escapan a los adultos
Uno de los hallazgos más llamativos es la existencia de un lenguaje propio que permite hablar de autolesiones sin mencionarlas explícitamente. Expresiones como ?código de barras?, metáfora que alude a los cortes paralelos en la piel, son reconocidas por una parte significativa de los jóvenes.
Estas fórmulas facilitan la comunicación dentro de comunidades digitales, pero dificultan que familias y docentes detecten determinadas conversaciones. El informe insiste en la necesidad de comprender este ecosistema digital para poder intervenir de forma eficaz.
Por otra parte, el fenómeno es ampliamente conocido en las franjas de edad estudiadas: el 91% de los adolescentes y el 99% de los universitarios saben identificar qué son las autolesiones. Sin embargo, el conocimiento no siempre se traduce en capacidad de actuación.
El 45% de los universitarios reconoce que no sabría cómo ayudar a un amigo que se autolesiona. Entre los adolescentes, el 67% afirma que sí podría hacerlo, aunque los investigadores advierten de que la percepción de capacidad no siempre implica disponer de herramientas adecuadas.
Para Esther Martínez Pastor, catedrática de Publicidad de la Universidad Rey Juan Carlos y una de las responsables del estudio, la prevención debe apoyarse en la educación emocional, la formación específica en los centros educativos y la intervención psicosanitaria temprana.