La esofagitis eosinofílica se ha convertido en una de las principales causas de atragantamiento y dificultad para tragar en niños y adultos jóvenes, una realidad clínica que hace apenas dos décadas era excepcional. Con el objetivo de visibilizar esta enfermedad crónica, mejorar su detección precoz y dar voz a quienes conviven con ella, el Hospital Universitari i Politècnic La Fe celebró recientemente una jornada que ha reunido a profesionales sanitarios y pacientes en torno a los retos actuales de esta patología emergente.
La esofagitis eosinofílica es una inflamación persistente del esófago mediada por mecanismos inmunológicos que provoca síntomas como dificultad para tragar, sensación de atasco con los alimentos o episodios de atragantamiento. Aunque no se trata de una enfermedad mortal, su carácter crónico y su impacto sobre la alimentación y la vida social afectan de forma notable a la calidad de vida de quienes la padecen.
El incremento de los diagnósticos de esofagitis eosinofílica es uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas. Tal y como se expuso durante la jornada, este aumento se debe, en parte, a una mayor capacidad diagnóstica, pero también a la influencia de factores ambientales y de estilo de vida. ?Todo apunta a que determinados cambios en el entorno podrían favorecer respuestas inmunológicas anómalas frente a alimentos y alérgenos?, explicó Vicente Pons, jefe de la Sección de Endoscopia Digestiva del hospital.
A pesar de esta mayor concienciación, el retraso diagnóstico sigue siendo frecuente. En menores, la enfermedad puede confundirse con trastornos de la conducta alimentaria cuando existen vómitos recurrentes o rechazo a la comida. En adultos, los síntomas se atribuyen a menudo al reflujo gastroesofágico, lo que retrasa la confirmación del diagnóstico y el inicio del tratamiento adecuado.
Un perfil clínico diverso
Aunque afecta a personas de diferentes edades, es más habitual en hombres de mediana edad y existe una clara predominancia masculina, con una proporción aproximada de tres hombres por cada mujer. Además, es frecuente que las personas afectadas presenten antecedentes de enfermedades alérgicas como asma, rinitis o dermatitis atópica, lo que refuerza la hipótesis de su origen inmunológico.
No obstante, durante el encuentro celebrado en La Fe se abordaron las particularidades de la enfermedad en las distintas etapas de la vida. La doctora Mari Ángeles Calzado, médico adjunto de la Sección de Medicina Digestiva Infantil, analizó los retos específicos en pediatría, mientras que Vicente Ortiz, especialista en Aparato Digestivo, repasó las opciones farmacológicas disponibles. La nutricionista Eva María Gascó Santana expuso la aplicación práctica de las dietas de exclusión empírica, una de las herramientas terapéuticas más utilizadas en el manejo de la enfermedad.
Diagnóstico y abordaje terapéutico
El diagnóstico de la esofagitis eosinofílica se basa en la sospecha clínica y se confirma mediante endoscopia con toma de biopsias del esófago. Este procedimiento permite identificar la presencia de eosinófilos, células inflamatorias que se acumulan en la pared esofágica y desencadenan los síntomas.
En cuanto al tratamiento, las opciones incluyen corticoides deglutidos, fármacos para reducir la producción de ácido gástrico y dietas de eliminación de determinados alimentos, con tasas de respuesta positivas en un alto porcentaje de pacientes. En los casos más avanzados, cuando existe un estrechamiento del esófago que dificulta el paso de los alimentos, puede ser necesaria la dilatación esofágica.
En los últimos años se han producido avances relevantes en este campo. Desde su aprobación por la Agencia Española del Medicamento, La Fe ha comenzado a incorporar el uso de terapias biológicas como el dupilumab, el primer fármaco de este tipo indicado para la esofagitis eosinofílica. Este tratamiento actúa bloqueando interleucinas implicadas en la cascada inflamatoria, impidiendo que los eosinófilos se acumulen en el esófago y reduzcan la inflamación.
La enfermedad renal crónica (ERC) continúa siendo una patología infradiagnosticada en España, a pesar de su elevada frecuencia y de su impacto clínico y económico sobre el sistema sanitario. Así lo muestra un programa de investigación basado en datos de vida real, que ha estimado que hasta el 30% de las personas con analíticas registradas en los sistemas de salud presentan algún grado de ERC. Una cifra muy superior a la reflejada en estudios previos y que apunta a una magnitud del problema mayor de la que se percibe en la práctica clínica habitual.
Los resultados proceden de un conjunto de estudios desarrollados en España y publicados en la revista Nefrología, además de presentados en el 55º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología. La investigación analizó datos anonimizados de más de 70.000 personas atendidas en atención primaria y hospitales de referencia de siete comunidades autónomas, incluidos en la base de datos BIG-PAC, con al menos una medición de la tasa de filtrado glomerular estimada y de albuminuria.
Según explica el doctor Rafael Santamaría, del servicio de Nefrología del Hospital Universitario Reina Sofía y autor principal de los trabajos, ?alrededor de un 30% de los pacientes con pruebas de sangre y orina registradas tenía enfermedad renal crónica?. Este porcentaje supera claramente las estimaciones anteriores y refuerza la idea de que la ERC podría estar infracodificada y, en consecuencia, infradiagnosticada en los sistemas de salud.
Más riesgo cardiovascular y renal
La clasificación empleada en el estudio se basa en las guías KDIGO, que establecen cinco estadios según la función renal y tres categorías de albuminuria. El análisis muestra que, incluso en fases iniciales, la ERC se asocia ya a un riesgo cardiovascular alto o muy alto, que aumenta de forma progresiva a medida que empeora la función renal o se elevan los niveles de albúmina en orina.
Los datos de vida real confirman que el riesgo de eventos cardiovasculares adversos mayores, como infarto, ictus o muerte cardiovascular, así como de eventos renales graves ?empeoramiento acelerado de la función renal, hospitalización por ERC o progresión a diálisis o trasplante?, se incrementa en todos los estadios de la enfermedad conforme empeoran los parámetros renales.
Entre los eventos cardiovasculares, la insuficiencia cardíaca fue el más frecuente, mientras que, en el ámbito renal, las hospitalizaciones relacionadas con la ERC destacaron como el principal problema clínico. Además, la presencia de comorbilidades como la diabetes o la enfermedad cardiovascular fue mayor en los estadios más avanzados, lo que refleja la complejidad clínica de estos pacientes.
El coste de no intervenir a tiempo
Más allá del impacto en la salud, el estudio también analizó el uso de recursos sanitarios y los costes asociados a la enfermedad renal crónica. Los resultados muestran que el gasto sanitario anual por paciente puede oscilar entre 1.500 y más de 20.000 euros durante el primer año, dependiendo del estadio de la enfermedad y del grado de albuminuria .
Las hospitalizaciones se identifican como el principal impulsor del coste total. En las fases iniciales, el mayor peso recae sobre la farmacia y las urgencias, mientras que en los estadios más avanzados los ingresos hospitalarios superan ampliamente al resto de partidas. ?Cada hospitalización que se evita mediante una detección precoz y un tratamiento adecuado supone un beneficio claro para el sistema y para el paciente?, subraya Santamaría.
Las proyecciones nacionales apuntan a que la ERC podría representar más del 5% del gasto sanitario público en los próximos años, con una parte muy significativa vinculada al tratamiento renal sustitutivo. Estos datos refuerzan la idea de que prevenir la progresión de la enfermedad es más coste-efectivo que afrontar sus fases finales.
Diagnóstico precoz y coordinación asistencial
Uno de los mensajes clave del estudio es la necesidad de mejorar el cribado y el diagnóstico precoz, especialmente en atención primaria. La enfermedad renal crónica puede no dar síntomas en sus primeras fases, por lo que identificarla a tiempo en grupos de riesgo ?personas con diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, obesidad o edad avanzada? resulta fundamental para frenar su progresión.
Los autores también señalan que el manejo de la ERC y la aplicación de las recomendaciones de las guías clínicas no están plenamente optimizados. La infracodificación diagnóstica y la falta de identificación clara de la causa de la enfermedad dificultan la planificación del seguimiento y del tratamiento más adecuado para cada paciente.
Desde la perspectiva de la investigación en vida real, estos trabajos aportan una visión complementaria a la de los ensayos clínicos. ?Los datos de vida real nos dicen qué ocurre con nuestros pacientes en la práctica diaria y nos permiten identificar áreas de mejora donde debemos actuar ya?, afirma Santamaría.
La soledad no deseada y los problemas de sueño mantienen una relación estrecha y bidireccional que puede agravar de forma significativa la salud física y mental de quienes la padecen. Así lo advierten especialistas en medicina del sueño, que subrayan que dormir mal es una consecuencia frecuente del aislamiento social, pero también un factor que favorece conductas de retraimiento, ansiedad y dificultades en la regulación emocional, generando un círculo vicioso difícil de romper .
Desde la Sociedad Española de Sueño (SES) recuerdan que el descanso es uno de los pilares de la salud más sensibles a las condiciones emocionales y sociales. La evidencia científica acumulada en los últimos años muestra que las personas que se sienten solas tienden a percibir su sueño como menos reparador, aunque no necesariamente duerman menos horas. Esta peor calidad del descanso se relaciona con un estado de hiperalerta que impide una recuperación adecuada durante la noche.
La relación entre soledad y sueño no funciona en un solo sentido. Diversos estudios han demostrado que la privación de sueño, incluso cuando es leve o mantenida en el tiempo de forma intermitente, favorece comportamientos de aislamiento social y aumenta los niveles de ansiedad. Las personas con falta de descanso pueden mostrarse menos accesibles emocionalmente y con menor capacidad para interactuar, lo que dificulta las relaciones sociales y refuerza el sentimiento de soledad.
Según explica Francesca Cañellas, miembro del grupo de trabajo de Insomnio de la SES, un documento publicado en 2020 ya confirmó que la soledad se asocia de forma clara con una peor calidad subjetiva del sueño. ?La soledad incrementa los niveles de vigilancia y hace que el descanso sea menos profundo y menos reparador?, señala. Este fenómeno podría tener raíces evolutivas, ya que históricamente estar solo fuera del grupo suponía una situación de peligro, activando el sistema del estrés.
Esa activación se traduce en cambios neuroendocrinos, como alteraciones en el eje hipotálamo-hipofisario y en los ritmos de cortisol, que favorecen un sueño fragmentado y poco eficiente. A su vez, dormir mal intensifica las emociones negativas y dificulta la regulación emocional, cerrando un bucle que perjudica tanto al bienestar psicológico como a la salud general.
Múltiples enfermedades
La preocupación de los especialistas no se limita al impacto emocional de esta relación. Soledad no deseada y falta de sueño comparten un papel como factores de riesgo en numerosas enfermedades. Ambas se han vinculado con un mayor deterioro cognitivo, problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión, y un incremento del riesgo cardiovascular. Cuando estos dos factores coinciden, el riesgo de desarrollar distintas patologías y de aumentar la mortalidad se multiplica.
Desde la SES insisten en que esta interacción convierte al sueño en un elemento clave para las estrategias de prevención y promoción de la salud. ?Mejorar el descanso puede contribuir a reducir el estrés y las emociones negativas, y con ello mejorar el bienestar emocional?, afirma Cañellas. En este sentido, intervenir sobre los hábitos de sueño ayudaría a dormir mejor y podría tener un efecto positivo en la forma en que las personas se relacionan con su entorno.
Colectivos especialmente vulnerables
La relación entre soledad y sueño adquiere especial relevancia en determinados grupos de población. En la adolescencia, por ejemplo, aumentan las necesidades de descanso y se trata de una etapa crucial para la socialización. Sin embargo, el uso intensivo de pantallas durante la noche y los horarios irregulares de sueño son cada vez más frecuentes. Numerosos estudios relacionan esta privación de sueño con un deterioro de la salud mental, un mayor riesgo de depresión y un aumento de las conductas suicidas en jóvenes.
En las personas mayores, el problema adopta otra forma. Con la edad, la calidad del sueño tiende a deteriorarse y, al mismo tiempo, aumenta el riesgo de aislamiento social. Mantener rutinas saludables y reforzar los ritmos circadianos se vuelve esencial para preservar tanto el descanso como la conexión social y la autonomía personal.
Los expertos coinciden en que pequeñas medidas en el día a día pueden contribuir de forma significativa a mejorar el sueño y, con ello, el bienestar emocional. Entre las recomendaciones más habituales se encuentran reservar un tiempo suficiente para dormir en un entorno seguro y confortable, mantener horarios regulares de acostarse y levantarse y utilizar la cama solo para dormir.
También resulta fundamental exponerse a la luz solar durante el día, especialmente por la mañana, y reducir la exposición a la luz artificial durante la noche, evitando el uso de pantallas al menos un par de horas antes de ir a la cama. La práctica regular de ejercicio físico completa este conjunto de hábitos que ayudan a consolidar un descanso de calidad.
La pérdida de audición continúa siendo un problema infradiagnosticado y, sobre todo, abordado con retraso, lo que limita de forma notable las posibilidades de tratamiento eficaz. Así lo advierte Manuel Manrique, director del Departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Universidad de Navarra, quien subraya que muchas personas llegan a la consulta especializada cuando el deterioro auditivo ya está avanzado y resulta más difícil revertir sus consecuencias.
Con el objetivo de cambiar esta tendencia, la Clínica ha puesto en marcha una consulta pionera y multidisciplinar orientada a la prevención y al tratamiento precoz de la pérdida de audición. Se trata de una iniciativa asistencial que nace de un proyecto de investigación desarrollado durante seis años y cuyos resultados han confirmado que cuanto antes se actúe ante los primeros signos de deterioro auditivo, mejores son los resultados clínicos y funcionales.
?El problema es que muchos pacientes normalizan la dificultad para oír o la atribuyen únicamente a la edad, y retrasan la visita al otorrinolaringólogo?, explica Manrique. ?Cuando finalmente acuden, los tratamientos ya no son tan eficaces como lo serían en fases iniciales?. Esta demora afecta a la audición y tiene un impacto directo en otros ámbitos de la salud.
Impacto cognitivo y social
Los especialistas insisten en que la pérdida de audición no debe entenderse como un problema aislado. Dejar de escuchar correctamente se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, problemas de memoria, aislamiento social, dependencia y un aumento de las caídas, especialmente en personas mayores. Por este motivo, el nuevo modelo asistencial incorpora una visión integral de la persona, teniendo en cuenta su situación neurológica, funcional y social.
La consulta especializada se estructura en tres grandes áreas de actuación. En una primera fase, un médico y un audiólogo trabajan de forma conjunta para identificar factores de riesgo en personas mayores de 55 años. En estos casos, se establece una recomendación de vigilancia activa con el objetivo de prevenir la aparición de la pérdida auditiva y de los trastornos del equilibrio.
Cuando la pérdida de audición ya ha comenzado o es evidente, se pasa a una segunda línea de intervención centrada en el tratamiento precoz. En esta etapa se aplican medidas dirigidas a estimular el sistema auditivo y frenar la progresión del problema. Además, si se detectan signos de deterioro cognitivo, el paciente es valorado también por especialistas en neurología, reforzando el carácter multidisciplinar de la atención.
La tercera área está destinada a personas que ya utilizan audífonos o implantes cocleares. En estos casos, el objetivo es optimizar los resultados del tratamiento mediante programas de rehabilitación auditiva y vestibular, ajustando las soluciones técnicas a las necesidades reales del paciente y favoreciendo su autonomía.
Tecnología y seguimiento a distancia
Otro de los elementos innovadores de esta consulta es la incorporación de una herramienta digital que facilita el seguimiento de personas con dificultades de movilidad u otras limitaciones para acudir de forma presencial al hospital. Esta plataforma online permite ofrecer apoyo educativo y sanitario tanto al paciente como a su entorno familiar, ayudándoles a comprender mejor la pérdida de audición y a manejar sus consecuencias en la vida diaria.
Desde el equipo médico destacan que implicar a la familia es importante para mejorar la adherencia a los tratamientos y para detectar de forma temprana cambios en la audición, el equilibrio o la capacidad cognitiva. ?La pérdida de audición afecta a la persona, pero también a su entorno, y abordarla de manera compartida mejora los resultados?, señalan.
La puesta en marcha de esta consulta especializada se produce en un contexto de aumento global de los problemas auditivos. Según las previsiones de la Organización Mundial de la Salud, en 2050 cerca de 2.500 millones de personas en el mundo presentarán algún grado de pérdida de audición, y más de 700 millones necesitarán rehabilitación. En los mayores de 60 años, más de una de cada cuatro personas ya padece una pérdida auditiva con carácter discapacitante.
Ante este escenario, los especialistas insisten en la importancia de no resignarse. ?El envejecimiento saludable pasa por mantener un buen estado de salud que permita una vida activa y autónoma?, recuerda Manrique. ?No hay que asumir la pérdida de audición como algo inevitable y acudir al especialista en cuanto aparezcan los primeros síntomas?.
Un estudio experimental publicado recientemente en la revista científica Annals of Neurology abre una vía innovadora para el tratamiento de la epilepsia del lóbulo temporal, una de las formas más frecuentes y complejas de esta enfermedad neurológica. La investigación demuestra, en modelos animales, que la eliminación selectiva de células cerebrales envejecidas puede reducir de forma significativa las convulsiones, mejorar la función cognitiva e incluso prevenir el desarrollo de epilepsia en una parte de los casos analizados.
La epilepsia del lóbulo temporal se caracteriza por convulsiones recurrentes y, en muchos casos, por deterioro cognitivo progresivo. Puede tener su origen en lesiones cerebrales, infecciones, tumores, alteraciones vasculares o causas genéticas, y representa alrededor del 40% de los casos de epilepsia farmacorresistente. En los últimos años, diversos estudios han sugerido que esta forma de epilepsia está asociada a un envejecimiento prematuro de determinadas células cerebrales, un fenómeno conocido como senescencia celular.
Las células senescentes no están muertas, pero han perdido su capacidad normal de funcionamiento y secretan sustancias que alteran el entorno cerebral. En el caso del sistema nervioso, este proceso afecta especialmente a las células gliales, encargadas de sostener y proteger a las neuronas. Aunque no generan impulsos eléctricos, su papel es clave para el equilibrio del tejido cerebral.
Evidencias en tejido cerebral humano
Una de las fortalezas del estudio es que combina datos obtenidos en modelos animales con el análisis de tejido cerebral humano. Los investigadores examinaron muestras de lóbulos temporales extraídas quirúrgicamente a personas con epilepsia del lóbulo temporal y las compararon con tejido cerebral de personas sin la enfermedad. En los casos de epilepsia se detectó un aumento de hasta cinco veces en el número de células gliales senescentes.
Este hallazgo reforzó la hipótesis de que la acumulación de células envejecidas no es una consecuencia secundaria, sino un elemento activo en el desarrollo y mantenimiento de la enfermedad. A partir de ahí, el equipo investigador decidió evaluar si la eliminación de estas células podía modificar el curso de la epilepsia.
Para ello, se utilizó un modelo murino que reproduce las características de la epilepsia del lóbulo temporal. Apenas dos semanas después de la lesión inicial que desencadena la enfermedad, los ratones mostraban ya un aumento significativo de los marcadores de senescencia celular en el cerebro, tanto a nivel genético como proteico.
El tratamiento aplicado consiguió reducir en torno a un 50% el número de células senescentes. Esta intervención no sólo tuvo un impacto a nivel biológico, sino que se tradujo en mejoras funcionales relevantes: los animales recuperaron su capacidad para orientarse en laberintos, experimentaron menos convulsiones y, en aproximadamente un tercio de los casos, se evitó por completo el desarrollo de epilepsia.
Senoterapia
El enfoque utilizado se enmarca dentro de la llamada senoterapia, una estrategia basada en el uso de fármacos para eliminar selectivamente las células envejecidas. En este estudio se empleó una combinación de dasatinib, un medicamento ya aprobado para el tratamiento de ciertos tipos de leucemia, y quercetina, un flavonoide presente en alimentos como frutas, verduras, té o vino, con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
La elección de estos compuestos no es casual. Ambos han sido utilizados previamente en modelos animales de otras enfermedades relacionadas con la senescencia celular y se encuentran en fases iniciales de ensayos clínicos para distintas patologías. El hecho de que uno de ellos tenga ya un perfil de seguridad conocido podría facilitar, en el futuro, su evaluación en personas con epilepsia.
El Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, con el apoyo de Smurfit Westrock Nervión, ha encuestado a 650 personas con discapacidad y en edad laboral con el objetivo de darles voz y conocer sus deseos, reivindicaciones y expectativas de cara a 2026. A partir de esta encuesta, se ha realizado el 6º informe Discapacidad y expectativas para el nuevo año, del que se desprende una clara conclusión: el empleo es su máxima prioridad para el año 2026 y por ello desean encontrar una oportunidad laboral estable y sostenible en el tiempo.
Sin embargo, persisten desafíos relevantes: una parte significativa de las personas encuestadas expresa temor ante el impacto de la inteligencia artificial y, cuando logran incorporarse al mercado laboral, muchos manifiestan desconfianza respecto a su futuro profesional, lo que evidencia que aún existen barreras en los entornos de trabajo que dificultan su plena inclusión y estabilidad.
Una de las asignaturas pendientes es la escasa penetración en la empresa ordinaria, ya que la mayoría de los contratos para personas con discapacidad siguen suscribiéndose en el ámbito protegido (Centros Especiales de Empleo), una modalidad laboral necesaria, pero que no debería ser finalista, sino transitoria hacia la empresa ordinaria. En concreto, según datos del SEPE y a fecha de octubre de 2025, un 74,5% de los trabajadores con discapacidad son contratados en el ámbito protegido y tan solo uno de cada cuatro (25,5%) encuentran un empleo en la empresa ordinaria.
Otro indicador que demuestra el largo camino por recorrer es la escasa participación laboral de las personas con discapacidad. Así, su tasa de actividad se situaba en 2023 en el 35,5% ?es decir, un 65,7% de las personas con discapacidad en edad laboral no tiene empleo ni lo busca?, frente al 78,5% de las personas sin discapacidad.
El ranking de deseos de las personas con discapacidad para 2026 muestra que priorizan las condiciones básicas que hacen posible una vida autónoma y plena: bienestar y salud, empleo, conciliación? A medida que estas necesidades esenciales se cubren, emergen deseos vinculados a la participación plena en la sociedad.
Fuente: Observatorio de la vulnerabilidad y el empleo de la Fundación Adecco
El bienestar y la salud ocupan el lugar más destacado en el ranking de deseos de las personas con discapacidad. Un buen estado de salud y bienestar es la base que les permite desarrollar el resto de sus proyectos vitales: trabajar, relacionarse, independizarse o participar plenamente en la sociedad. La puntuación extraordinariamente alta (87,2% en nivel 5) indica que la salud no es un deseo, sino una necesidad estructural. A continuación, el empleo emerge como el segundo gran deseo para las personas con discapacidad en 2026, ya que trabajar representa una de las principales palancas de autonomía, estabilidad y participación social. Contar con un empleo no solo garantiza ingresos y seguridad económica, sino que también refuerza la autoestima, permite desarrollar un proyecto de vida independiente y favorece el reconocimiento social.
?Aunque la salud aparece como el principal deseo para 2026, en realidad constituye una necesidad estructural para las personas con discapacidad, una condición básica sin la cual no es posible desarrollar el resto de sus proyectos vitales. Por ello, el empleo emerge como el gran deseo transformador: es la palanca que permite fortalecer redes de contacto, ganar autonomía económica, acceder a una vida más plena y disponer de los recursos necesarios para cuidarse y mantenerse en bienestar. Tener un empleo posibilita ejercer una participación social real, consolidando así muchos de los demás deseos expresados en este informe?, explica Begoña Bravo, directora de Inclusión de la Fundación Adecco.
Confianza y anhelos laborales para 2026
Al preguntar a personas con discapacidad, tanto empleadas como en situación de desempleo, por su confianza laboral, observamos que el rango de respuestas es muy similar. Cerca de un tercio de ambos grupos otorga la máxima calificación de confianza en su futuro laboral (5), lo que sugiere cierto optimismo compartido respecto a la evolución del empleo en el corto plazo. También en las valoraciones intermedias (4 y 3) se observa una distribución prácticamente paralela.
Sin embargo, el dato más llamativo es que la desconfianza resulta más acusada entre las personas con empleo que entre aquellas que actualmente no lo tienen: un 14,6% de las personas empleadas opta por la mínima confianza, frente al 11,6% del grupo en sin trabajo. Este resultado puede interpretarse como un reflejo de la inestabilidad percibida dentro del propio puesto de trabajo, denotando la persistencia de barreras como el desconocimiento de la discapacidad por parte de los equipos, la falta de adaptaciones, las dificultades de promoción o la incertidumbre ante posibles cambios organizativos. En definitiva, para quienes ya están trabajando, la experiencia directa en el mercado laboral puede hacer más visibles estos riesgos y mermar el optimismo.
En este contexto, cobra especial relevancia el seguimiento de las contrataciones y de la trayectoria laboral de las personas con discapacidad. ?La inclusión no finaliza cuando la persona con discapacidad firma el contrato. Un acompañamiento posterior y continuado permite no solo evaluar la adecuación del puesto de trabajo y las necesidades formativas, sino también detectar a tiempo posibles desajustes. Este enfoque preventivo contribuye a generar entornos laborales más estables, inclusivos y sostenibles, reforzando así la confianza de las personas con discapacidad en su futuro profesional, y también la de las empresas, que se sienten acompañadas y escuchadas. Este es precisamente el propósito de la Unidad de Apoyo a la Inclusión de la Fundación Adecco?, explica Begoña Bravo, directora de Inclusión de la entidad.
Fuente: Observatorio de la vulnerabilidad y el empleo de la Fundación Adecco
Impacto de la IA: 4 de cada 10 creen que les dejará sin empleo
Para las personas con discapacidad, la IA representa tanto una oportunidad para reducir barreras en su empleabilidad como un desafío que exige adaptación y plantea riesgos. Los resultados arrojan que cuatro de cada diez entrevistados (39,6%) consideran que, con la automatización de puestos de trabajo, las personas con discapacidad se van a quedar sin empleo. Esta percepción responde a varios factores. En primer lugar, existe una preocupación generalizada sobre la automatización de tareas repetitivas o de bajo nivel de cualificación, ámbitos en los que tradicionalmente se han concentrado muchas oportunidades laborales para las personas con discapacidad.
Además, persiste la percepción de que las personas con discapacidad parten de una posición de desventaja en términos de formación digital y acceso a competencias tecnológicas. A ello se suma la incertidumbre sobre si las empresas invertirán en adaptar los nuevos entornos digitales y automatizados a las necesidades de las personas con discapacidad. Por último, la experiencia previa de barreras en el empleo puede hacer que la irrupción de la IA se perciba más como una amenaza que como una oportunidad.
En el lado contrario, casi un 26% cree que, en general, la tecnología está a servicio de las personas con discapacidad y no supondrá un perjuicio para su empleabilidad. Por último, para un 34% esta cuestión no es relevante y nunca se ha planteado cómo la IA podría afectar al empleo de las personas con discapacidad.
Fuente: Observatorio de la vulnerabilidad y el empleo de la Fundación Adecco
?El deseo de encontrar un trabajo estable convive con la inquietud creciente de que la IA pueda poner en riesgo sus oportunidades laborales. Este temor refleja la percepción de vulnerabilidad ante un mercado de trabajo que evoluciona rápidamente y para el que no siempre se sienten suficientemente preparados. Eliminar este temor pasa por la capacitación, dotando a las personas con discapacidad de las competencias digitales necesarias para que puedan aprovechar todo su potencial y participar en igualdad de condiciones en un mercado laboral eminentemente digitalizado, en el que la IA, bien utilizada, tiene un inmenso potencial inclusivo y está a nuestro servicio?, asegura Mesonero.
Fuente: Observatorio de la vulnerabilidad y el empleo de la Fundación Adecco
?El hecho de que el 83,6% de las personas con discapacidad considere que su discapacidad le ha perjudicado en los procesos de selección y en el acceso al empleo debe impulsarnos a trabajar decididamente para que, de cara a 2026, podamos invertir esta tendencia y avanzar hacia procesos de selección verdaderamente justos e inclusivos, donde ninguna persona sienta que sus oportunidades se ven limitadas por el hecho de tener un certificado de discapacidad?, explica Mesonero.
Al preguntar en qué fase de su trayectoria profesional han sentido mayor discriminación, las personas en situación de desempleo destacan, en primer lugar, el envío de currículums. Casi cuatro de cada diez afirman que ni siquiera pasan ese primer filtro porque no reciben llamadas de empleadores como respuesta a su candidatura.
Por ello, lo primero que demandan de un empleo ideal es que sea sostenible y puedan conseguir un contrato indefinido (66,9%). En la misma proporción, reclaman un salario justo y competitivo, reflejo de su aspiración a una estabilidad económica real. En tercer lugar, un 34,4% destaca la importancia de contar con un buen clima laboral y sentido de pertenencia, así como con flexibilidad horaria, elementos clave para garantizar su bienestar y sostenibilidad en el puesto de trabajo.
Fuente: Observatorio de la vulnerabilidad y el empleo de la Fundación Adecco.
Detrás de la elección de estas características más demandadas subyace un anhelo profundo para las personas con discapacidad: el empleo sostenible yla estabilidad profesional, siendo esta la base esencial para su bienestar y autonomía.
?Con este propósito, la Fundación Adecco cuenta con la Unidad de Apoyo a la Inclusión (UAI), que tiene como finalidad lograr una inclusión de calidad y estable en el tiempo. Se trabaja desde una doble vertiente, con las personas contratadas y con las empresas. Con las primeras, para proporcionarles las herramientas necesarias que posibiliten la duración del contrato, más allá del periodo de prueba, y con las segundas, para brindar el apoyo que se necesario para que la contratación continúe después de dicho periodo de prueba?, explica Bravo.
Empatía, humildad y justicia
Como en ediciones anteriores, al preguntar a las personas con discapacidad cómo sería su mánager o responsable ideal, la cualidad más repetida ha sido la empatía (86,6%), una característica que permite a los líderes comunicar con claridad y respeto, ofreciendo apoyo sin paternalismo y promoviendo la autonomía. En segundo lugar, los encuestados señalan la humildad (62%). A bastante distancia, un 44% señala la justicia como característica deseable para un mánager. Un jefe justo aplica criterios claros y equitativos para todo el equipo, evitando favoritismos.
En esta encuesta también hemos querido conocer quiénes serían, concretamente, los jefes o jefas ideales para las personas con discapacidad. La gran mayoría escoge a personas cercanas como familiares, tutores, profesores, amigos, orientadores laborales o, incluso, a alguno de sus compañeros de trabajo actuales.
Entre las respuestas también ha habido espacio para menciones más anecdóticas, que ofrecen una lectura interesante sobre los referentes sociales para las personas con discapacidad. Algunas personas encuestadas señalan a deportistas como Messi, Marc Márquez, Carles Puyol o Carlos Alcaraz; y, un año más, Rafael Nadal vuelve a ser la figura más citada, en concreto, por un 5% de los encuestados. Este porcentaje, aunque puede parecer bajo, adquiere una relevancia notable: que una única figura concentre las respuestas de uno de cada veinte participantes refleja un grado de consenso inusualmente elevado, dibujando una cierta tendencia.
Otros participantes mencionan a cantantes como Aitana, a personalidades del ámbito empresarial o político como Bill Gates, Barack Obama o Amancio Ortega, así como a referentes de la discapacidad, entre ellos el deportista Álex Roca o el exfutbolista y exentrenador Juan Carlos Unzué. Estas respuestas, aunque más anecdóticas, evidencian la diversidad de modelos aspiracionales que inspiran confianza y liderazgo entre las personas con discapacidad.