Un equipo internacional de científicos ha logrado descifrar por primera vez la identidad molecular de los llamados “nociceptores durmientes”, un tipo de neurona sensorial del dolor que normalmente permanece inactiva, pero que en determinadas condiciones puede hiperactivarse y provocar dolor crónico persistente, incluso en ausencia de estímulos externos.
Este hallazgo supone un avance decisivo en la comprensión del dolor neuropático, una afección que afecta aproximadamente al 10 % de la población y que se asocia con lesiones o disfunciones del sistema nervioso. En muchos de estos pacientes, el dolor se mantiene de forma continua porque estas neuronas latentes comienzan a activarse de manera espontánea.
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La investigación ha sido desarrollada por científicos del Centro para la Adicción y la Salud Mental (CAMH), en Canadá, y del Instituto de Neurofisiología de la Uniklinik RWTH Aachen, en Alemania, y sus resultados se publicarán en la revista científica Cell.
De neuronas invisibles a dianas terapéuticas
Aunque los nociceptores durmientes —también conocidos como nociceptores latentes— se conocen desde hace décadas por su comportamiento funcional, su identidad genética seguía siendo un misterio. Los investigadores podían reconocerlos por su actividad eléctrica, pero no sabían qué genes los definían, lo que impedía diseñar tratamientos dirigidos específicamente contra ellos.
Ese vacío de conocimiento ha sido ahora cerrado gracias a un enfoque innovador liderado por Angelika Lampert, directora del Instituto de Neurofisiología en Aachen, y Shreejoy Tripathy, científico sénior del CAMH, profesor asociado en la Universidad de Toronto y miembro del Centro Krembil de Neuroinformática. “Por primera vez hemos podido vincular cómo se comportan eléctricamente estas neuronas con los genes que expresan, asignándoles una identidad molecular clara”, explican los autores.
Para lograrlo, el equipo utilizó Patch-Seq, una técnica de vanguardia que permite registrar la actividad eléctrica de neuronas individuales y, al mismo tiempo, analizar su perfil genético completo. Posteriormente, estos datos se integraron mediante análisis bioinformáticos avanzados, creando lo que los investigadores describen como una auténtica “Piedra Rosetta” para la investigación del dolor.
Este enfoque ha permitido conectar la investigación preclínica con la biología humana real, facilitando la identificación precisa de los nociceptores durmientes en tejidos humanos.
Una firma molecular específica
Los análisis revelan que estas neuronas se caracterizan por una firma molecular distintiva, que incluye la expresión del receptor de oncostatina M (OSMR) y del neuropéptido somatostatina (SST). Además, los investigadores identificaron otras posibles dianas terapéuticas clave.
Entre ellas destaca el canal iónico Nav1.9, que se expresa de forma significativa en los nociceptores durmientes y contribuye a sus propiedades eléctricas particulares. “Nav1.9 parece desempeñar un papel central en el control de la facilidad con la que se activan estos nociceptores. Dirigir fármacos contra este canal podría permitir silenciar selectivamente las neuronas responsables del dolor crónico”, señalan los autores.
Confirmación directa en humanos
Aunque los análisis bioinformáticos apuntaban a OSMR como marcador clave, los investigadores fueron un paso más allá. En una serie de experimentos de psicofísica en piel humana, demostraron que la oncostatina M, la molécula que activa este receptor, modula de forma específica los nociceptores durmientes.
Esta validación experimental confirma que la firma molecular identificada no es solo una predicción teórica, sino que tiene una traducción funcional directa en humanos.
Un nuevo marco para entender y tratar el dolor
En conjunto, el estudio establece un nuevo marco conceptual para comprender el origen del dolor neuropático a nivel molecular. Más allá del avance básico, abre perspectivas concretas para el desarrollo de terapias innovadoras, capaces de actuar de forma selectiva sobre las neuronas que generan dolor crónico, sin afectar al resto del sistema nervioso.
Un paso clave hacia tratamientos más eficaces y personalizados para millones de personas que conviven con dolor persistente y, hasta ahora, difícil de tratar.