La hepatitis delta (VHD), considerada la forma más grave de hepatitis viral crónica, continúa siendo una patología infradiagnosticada y de evolución rápida, con un alto impacto clínico desde fases tempranas. Un nuevo consenso nacional advierte de que entre el 30% y el 50% de los pacientes ya presenta cirrosis en el momento del diagnóstico, lo que refleja la dificultad para detectarla a tiempo. Este documento, elaborado por siete sociedades científicas, pone el foco en la necesidad urgente de mejorar el abordaje de esta infección, especialmente en lo que respecta al diagnóstico precoz y al acceso equitativo al tratamiento.

La hepatitis delta solo puede desarrollarse en personas previamente infectadas por el virus de la hepatitis B, lo que limita su aparición, pero no su gravedad. En España, aunque la prevalencia de hepatitis B es relativamente baja —entre 90.000 y 190.000 personas afectadas—, el impacto del VHD es especialmente relevante por su agresividad.

Los expertos destacan que un tercio de los pacientes con hepatitis delta crónica desarrolla cirrosis en menos de diez años, lo que confirma su rápida progresión frente a otras hepatitis víricas. Además, la enfermedad se asocia a un mayor riesgo de complicaciones graves, como el carcinoma hepatocelular, incluso en edades más tempranas.

Cribado sistemático: una medida clave

Ante esta situación, las sociedades científicas impulsoras del consenso —entre ellas la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España, la Asociación Española para el Estudio del Hígado o la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica— coinciden en una recomendación clave: realizar cribado sistemático del virus delta en todas las personas con hepatitis B.

Dado que estas son las únicas susceptibles de desarrollar la infección, esta estrategia permitiría detectar casos de forma más temprana y evitar la progresión silenciosa de la enfermedad.

El consenso también pone de relieve la existencia de importantes desigualdades en el abordaje del VHD, tanto en el diagnóstico como en el acceso a tratamientos y en el seguimiento clínico.

Estas diferencias dificultan avanzar hacia los objetivos de eliminación de las hepatitis víricas marcados por la Organización Mundial de la Salud para 2030 y evidencian la necesidad de reforzar la coordinación entre niveles asistenciales.

Avances terapéuticos y nuevo modelo asistencial

A pesar de estos retos, los especialistas destacan los avances recientes en el tratamiento de la hepatitis delta, que abren nuevas oportunidades para mejorar el pronóstico de los pacientes.

En este contexto, el consenso aboga por un modelo asistencial más proactivo e integrado, basado en: el cribado sistemático, la detección precoz y la continuidad asistencial entre Atención Primaria y hospitalaria. El hepatólogo Javier García-Samaniego subraya que este primer consenso supone un paso decisivo, al establecer por primera vez recomendaciones comunes entre todas las especialidades implicadas.

En definitiva, el documento marca un punto de inflexión en el abordaje de la hepatitis delta en España. Aunque se trata de una enfermedad menos frecuente, su elevada gravedad y su diagnóstico tardío la convierten en un desafío prioritario. Mejorar la detección, reducir las desigualdades y garantizar el acceso a los nuevos tratamientos serán claves para avanzar hacia un objetivo compartido: la eliminación de las hepatitis víricas como problema de salud pública en los próximos años.