El síndrome de Asperger forma parte de los trastornos del espectro del autismo (TEA) y se caracteriza por dificultades en la interacción social, patrones de comportamiento rígidos y una forma particular de procesar la información. Reconocer estas características desde edades tempranas resulta determinante para favorecer un desarrollo emocional más equilibrado y prevenir dificultades posteriores en el ámbito personal y social.
“Los primeros indicios suelen manifestarse en la infancia, aunque en muchos casos pasan desapercibidos durante años, sobre todo cuando existe una buena adaptación socio-familiar y rendimiento académico. Algunas señales precoces que pueden sugerir este trastorno pueden ser la dificultad para interpretar normas sociales o para comprender los dobles sentidos (como el lenguaje figurado, los dobles sentidos, las metáforas, bromas o chistes…) o la rigidez y dificultad adaptarse a cambios imprevistos; y en ocasiones también las dificultades para establecer vínculos cercanos. Cuando estas características no se identifican de forma precoz, pueden generar incomprensión y un malestar emocional progresivo”, declara Carlos Atef Harkous, jefe de servicio de Salud Mental del Hospital Blua Sanitas Valdebebas.
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El diagnóstico en las primeras etapas de la vida permite la intervención precoz en los servicios de atención temprana o en dispositivos sanitarios especializados lo cual puede prevenir dificultades posteriores en todos los ámbitos. “El objetivo no consiste en etiquetar, sino en ofrecer apoyos ajustados desde el principio para ayudar a un desarrollo óptimo”, añade Carlos Atef Harkous.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la potencial repercusión asociada al síndrome de Asperger no se limita a la infancia. Durante la adolescencia y la edad adulta, las particularidades en la gestión emocional o la interacción social de estas personas pueden convertir determinadas situaciones cotidianas en especialmente complejas y generar un impacto directo sobre la autoestima y la salud mental de estos individuos.
Bajo esta perspectiva, Carlos Atef Harkous indica que “un diagnóstico temprano abre la posibilidad de trabajar de manera progresiva las habilidades sociales y las estrategias de regulación emocional, lo que contribuye a mitigar el malestar asociado a situaciones reiteradas de incomprensión en la relación con otras personas”.
Pautas para mejorar el bienestar emocional.
Se estima que, de las 470.000 personas que hay con TEA en España, entre un 18% y un 25% presentarían síndrome de Asperger, según la Confederación Asperger España. Para mejorar el día a día e impulsar el bienestar emocional los expertos recomiendan a las familias una serie de pautas:
· Favorecer rutinas estables y previsibles, con una adecuada anticipación de cambios y una explicación previa de las situaciones nuevas. Esta organización reduce la ansiedad y aporta una mayor sensación de control.
· Utilizar una comunicación clara y directa, sin ironías, dobles sentidos ni mensajes ambiguos. Explicar las normas sociales de forma explícita ayuda a prevenir malentendidos y frustración.
· Respetar las particularidades sensoriales, con ajustes, cuando sea posible, en estímulos como el ruido, la iluminación o los espacios, principalmente en momentos de mayor sobrecarga emocional.
· Reforzar la autoestima mediante el reconocimiento cotidiano, con atención a los logros diarios, como participar en una actividad social, y a la validación de las emociones, incluso cuando resultan difíciles de expresar.
· Mantener una coordinación continua con profesionales sanitarios, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta, así como con el entorno educativo, con el fin de ajustar las estrategias de apoyo a cada etapa y evitar respuestas desalineadas.