La pérdida de audición continúa siendo un problema infradiagnosticado y, sobre todo, abordado con retraso, lo que limita de forma notable las posibilidades de tratamiento eficaz. Así lo advierte Manuel Manrique, director del Departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Universidad de Navarra, quien subraya que muchas personas llegan a la consulta especializada cuando el deterioro auditivo ya está avanzado y resulta más difícil revertir sus consecuencias.
Con el objetivo de cambiar esta tendencia, la Clínica ha puesto en marcha una consulta pionera y multidisciplinar orientada a la prevención y al tratamiento precoz de la pérdida de audición. Se trata de una iniciativa asistencial que nace de un proyecto de investigación desarrollado durante seis años y cuyos resultados han confirmado que cuanto antes se actúe ante los primeros signos de deterioro auditivo, mejores son los resultados clínicos y funcionales.
“El problema es que muchos pacientes normalizan la dificultad para oír o la atribuyen únicamente a la edad, y retrasan la visita al otorrinolaringólogo”, explica Manrique. “Cuando finalmente acuden, los tratamientos ya no son tan eficaces como lo serían en fases iniciales”. Esta demora afecta a la audición y tiene un impacto directo en otros ámbitos de la salud.
Impacto cognitivo y social
Los especialistas insisten en que la pérdida de audición no debe entenderse como un problema aislado. Dejar de escuchar correctamente se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, problemas de memoria, aislamiento social, dependencia y un aumento de las caídas, especialmente en personas mayores. Por este motivo, el nuevo modelo asistencial incorpora una visión integral de la persona, teniendo en cuenta su situación neurológica, funcional y social.
La consulta especializada se estructura en tres grandes áreas de actuación. En una primera fase, un médico y un audiólogo trabajan de forma conjunta para identificar factores de riesgo en personas mayores de 55 años. En estos casos, se establece una recomendación de vigilancia activa con el objetivo de prevenir la aparición de la pérdida auditiva y de los trastornos del equilibrio.
Cuando la pérdida de audición ya ha comenzado o es evidente, se pasa a una segunda línea de intervención centrada en el tratamiento precoz. En esta etapa se aplican medidas dirigidas a estimular el sistema auditivo y frenar la progresión del problema. Además, si se detectan signos de deterioro cognitivo, el paciente es valorado también por especialistas en neurología, reforzando el carácter multidisciplinar de la atención.
La tercera área está destinada a personas que ya utilizan audífonos o implantes cocleares. En estos casos, el objetivo es optimizar los resultados del tratamiento mediante programas de rehabilitación auditiva y vestibular, ajustando las soluciones técnicas a las necesidades reales del paciente y favoreciendo su autonomía.
Tecnología y seguimiento a distancia
Otro de los elementos innovadores de esta consulta es la incorporación de una herramienta digital que facilita el seguimiento de personas con dificultades de movilidad u otras limitaciones para acudir de forma presencial al hospital. Esta plataforma online permite ofrecer apoyo educativo y sanitario tanto al paciente como a su entorno familiar, ayudándoles a comprender mejor la pérdida de audición y a manejar sus consecuencias en la vida diaria.
Desde el equipo médico destacan que implicar a la familia es importante para mejorar la adherencia a los tratamientos y para detectar de forma temprana cambios en la audición, el equilibrio o la capacidad cognitiva. “La pérdida de audición afecta a la persona, pero también a su entorno, y abordarla de manera compartida mejora los resultados”, señalan.
La puesta en marcha de esta consulta especializada se produce en un contexto de aumento global de los problemas auditivos. Según las previsiones de la Organización Mundial de la Salud, en 2050 cerca de 2.500 millones de personas en el mundo presentarán algún grado de pérdida de audición, y más de 700 millones necesitarán rehabilitación. En los mayores de 60 años, más de una de cada cuatro personas ya padece una pérdida auditiva con carácter discapacitante.
Ante este escenario, los especialistas insisten en la importancia de no resignarse. “El envejecimiento saludable pasa por mantener un buen estado de salud que permita una vida activa y autónoma”, recuerda Manrique. “No hay que asumir la pérdida de audición como algo inevitable y acudir al especialista en cuanto aparezcan los primeros síntomas”.