La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciaba hace unos días que España ha perdido el estatus de país libre de sarampión, una certificación que mantenía desde 2016 tras haber interrumpido la transmisión endémica del virus durante más de tres años. La decisión, de carácter técnico y basada en criterios epidemiológicos, no implica una situación de alarma sanitaria, pero sí confirma que durante 2024 no se ha podido descartar la existencia de cadenas de transmisión continuadas durante más de 12 meses en nuestro país.

Desde el Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III se subraya que este cambio de estatus no supone un retroceso estructural del sistema sanitario español, sino que se enmarca en una tendencia global. El sarampión ha experimentado un aumento significativo de casos en Europa y en el resto del mundo desde el final de la pandemia de covid-19, periodo en el que la circulación del virus fue excepcionalmente baja y en el que se produjeron retrasos en los calendarios vacunales en numerosos países.

Éste podría ser uno de los motivos del aumento registrado. Según datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), en 2024 se notificaron más de 35.000 casos de sarampión en la Unión Europea, casi diez veces más que el año anterior. En este contexto, España no es una excepción. Durante 2024 se confirmaron 227 casos, muchos de ellos importados desde países como Marruecos, Rumanía o Reino Unido.

Tasas altas de vacunación

A pesar de este escenario, España mantiene coberturas de vacunación elevadas. En 2024, el 96,7% de la población infantil recibió la primera dosis de la vacuna triple vírica y el 93,8% completó la pauta con la segunda dosis. Sin embargo, los expertos insisten en que para lograr una inmunidad colectiva efectiva es necesario superar el 95% de cobertura con ambas dosis, especialmente en todos los territorios y grupos de población.

Los datos muestran que la mayoría de los casos confirmados se concentran en personas no vacunadas o con pautas incompletas, lo que pone de relieve la importancia de las decisiones individuales en la protección colectiva. En este sentido, las organizaciones de pacientes y asociaciones comunitarias desempeñan un papel esencial en la divulgación de información veraz, el acompañamiento a familias con dudas y la promoción de la confianza en las vacunas como herramienta de salud pública.

Pacientes informados

Diversos agentes del ámbito de la salud insisten en que la pérdida de este estatus no debe interpretarse como un fracaso, sino como una llamada a reforzar la vigilancia epidemiológica, la equidad en el acceso a la vacunación y las estrategias de información a la ciudadanía. Sobre todo destacando el impacto que puede tener el sarampión, especialmente en lactantes, personas inmunodeprimidas y colectivos vulnerables.

El Ministerio de Sanidad trabaja ya en la actualización del Plan Estratégico para la Eliminación del Sarampión y la Rubéola, con medidas orientadas a mejorar la detección precoz de casos, la respuesta rápida ante brotes y las acciones específicas en poblaciones con menor cobertura vacunal. Entre las recomendaciones figura aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario para revisar el estado vacunal y reforzar la información antes de viajes internacionales.