El cáncer gástrico continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes del sistema sanitario en España, tanto por su impacto en la supervivencia como por las desigualdades en el acceso al diagnóstico y a los tratamientos más innovadores. Con el objetivo de situar esta realidad en el centro del debate público y político, la Asociación Contra el Cáncer Gástrico y Gastrectomizados (ACCGG) ha presentado el documento 10 desafíos prioritarios en el abordaje del cáncer gástrico en España, una hoja de ruta que reclama cambios estructurales para mejorar la atención y la calidad de vida de las personas afectadas.
En este evento se han reunido oncólogos y pacientes, que han reclamado que ese establezcan tiempos máximos de espera en atención primaria para la realización de una endoscopia, con un límite de 14 días desde la sospecha de la enfermedad, con el objetivo de mejorar el diagnóstico precoz. «No es aceptable que la demora en la gastroscopia en algunos puntos de España sea de meses», lamenta Fernando Rivera, presidente del Grupo de Tratamiento de los Tumores Digestivos (TTD).
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El cáncer gástrico es responsable de más de 8.000 nuevos diagnósticos y alrededor de 5.000 muertes cada año en España. A pesar de los avances científicos de la última década, la supervivencia a cinco años apenas supera el 28%, una cifra que refleja la agresividad de la enfermedad y la necesidad de detectar antes y tratar mejor. Desde la asociación de pacientes alertan de que se trata de una “crisis sanitaria silenciosa”, poco visible en la agenda pública y con un alto coste humano y social.
Anticipación y equidad
El documento identifica diez desafíos prioritarios, entre ellos el impulso del diagnóstico precoz, la creación de centros de referencia con equipos multidisciplinares operativos, la homogeneización de protocolos en todo el Sistema Nacional de Salud y la integración real de la medicina de precisión en la práctica clínica.
Uno de los puntos clave es la necesidad de garantizar el acceso equitativo a los biomarcadores. La medicina de precisión ya es una realidad en el cáncer gástrico, pero su aplicación depende en gran medida del hospital o la comunidad autónoma en la que sea atendido el paciente. “No podemos permitir que el código postal determine las opciones terapéuticas”, señalan desde la asociación.
Para Pilar Ruiz, presidenta de la asociación, el mensaje es claro: “Hoy existen biomarcadores, tratamientos más precisos y equipos multidisciplinares capaces de mejorar de forma real la supervivencia y la calidad de vida, pero no siempre llegan a tiempo ni a todas las personas”. Desde la perspectiva de los pacientes, la inequidad territorial y los retrasos en el acceso a pruebas diagnósticas y terapias innovadoras siguen marcando la diferencia entre recibir una atención óptima o quedarse atrás.
Medicina de precisión
Durante la presentación del informe, Justo Moreno, director general de Ifarcedis, subrayó que los nuevos biomarcadores y las terapias dirigidas permiten seleccionar tratamientos más eficaces y con menos toxicidad. Sin embargo, advirtió de que uno de los grandes retos sigue siendo la accesibilidad a las pruebas moleculares y a los tratamientos personalizados.
En la misma línea, Sandra Cifuentes, directora General de AstellasPharma, insistió en que el verdadero desafío no es científico, sino organizativo y político: “La evidencia existe, pero hay que trasladarla a la práctica clínica real de forma sistemática y equitativa”. Para ello, defendió un modelo basado en resultados en salud y en la colaboración entre administraciones, profesionales, industria y pacientes.
Por otra parte, los expertos advierten de que el tiempo que transcurre desde que un fármaco innovador se financia hasta que llega realmente al paciente es demasiado largo. Sandra Flores Moreno, del Hospital Universitario Virgen del Rocío, calificó estos plazos de “inasumibles”, especialmente en una enfermedad de mal pronóstico como el cáncer gástrico. Y es que, desde la óptica de los pacientes, cada mes de espera puede ser determinante.
Acompañar más allá del tratamiento
El informe no se limita al abordaje clínico. Uno de los mensajes más reiterados es la necesidad de un acompañamiento integral que contemple la dimensión emocional, social y económica de la enfermedad. La gastrectomía, frecuente en estos pacientes, supone un cambio radical en la forma de alimentarse y vivir, con un impacto que va mucho más allá del tratamiento oncológico.
Para la asociación, mejorar la atención al cáncer gástrico pasa también por escuchar a quienes lo viven en primera persona y por incorporar su experiencia en el diseño de las políticas sanitarias. Además, sus representantes reclaman que todos los puntos recogidos en el documento presentado se traduzcan en legislación, financiación adecuada y cambios organizativos concretos. “Necesitamos más equidad, más rapidez y más transparencia”, concluye Pilar Ruiz.