Durante años hemos normalizado vivir cansados, sentir estrés y tener la sensación constante de no llegar a todo. En muchas ocasiones, este malestar se minimiza o se percibe como algo pasajero. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo y comienza a afectar de forma directa a nuestra salud física, emocional y mental, ya no estamos hablando únicamente de estrés, sino del síndrome burnout, algo mucho más profundo.
El burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental provocado por un estrés crónico y prolongado en el ámbito laboral. No aparece de forma repentina, sino que es el resultado de sostener durante demasiado tiempo una presión constante sin contar con los recursos necesarios para gestionarla adecuadamente. El paciente comienza a sentirse exhausto, con falta de energía, bajo rendimiento y una creciente sensación de fracaso y frustración. Con frecuencia, surge también la despersonalización, entendida como una desconexión emocional del trabajo y de aquello que antes resultaba motivador.
En este contexto, una de las confusiones más habituales es equiparar el burnout con el estrés. Aunque están estrechamente relacionados, no son lo mismo. El estrés, por sí solo, no es un trastorno, sino una respuesta natural del organismo ante situaciones exigentes. El problema aparece cuando ese estrés se vuelve persistente y no se gestiona de manera adecuada. Mientras que en el estrés la persona suele implicarse en exceso y vivir las emociones con gran intensidad, en el burnout ocurre lo contrario, disminuye la implicación, aparece el sentimiento de abandono y se pierde la motivación y la esperanza.
Impacto
El impacto del burnout no es únicamente emocional. En los cuadros más prolongados pueden aparecer síntomas como ansiedad (en ocasiones en forma de ataques de pánico), hiperemotividad, depresión, irritabilidad, pérdida del apetito o disminución de la libido. A nivel físico, también pueden manifestarse problemas digestivos, alteraciones del sueño, tensión muscular, sudoración excesiva, caída del cabello, cambios en el peso corporal o dolores musculares y articulares. Todo ello repercute de forma directa en la calidad de vida, en las relaciones personales y en el bienestar general.
La prevención juega un papel fundamental. Para evitar llegar a este punto, es clave aprender a reconocer las señales de alarma y adoptar hábitos que protejan nuestra salud. La práctica regular de ejercicio físico ayuda a descargar tensión; una alimentación equilibrada y un descanso adecuado son pilares básicos del bienestar. Asimismo, dedicar tiempo a actividades de ocio, a la naturaleza y a los hobbies favorece la desconexión y la recuperación emocional.
Otro aspecto esencial es establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal. Definir horarios, respetar los tiempos de descanso y favorecer la desconexión digital no es un lujo, sino una necesidad. Evitar la sobrecarga laboral mediante una adecuada organización del tiempo y buscar un propósito vital actúa además como un potente factor protector frente al desgaste emocional.
Abordaje psicológico
Cuando el burnout ya está presente, el abordaje psicológico resulta fundamental. La intervención terapéutica permite identificar y modificar creencias desadaptativas, aprender a gestionar la ansiedad, mejorar el autoconocimiento y establecer rutinas de vida más saludables. No se trata de aguantar, sino de aprender a cuidarse, priorizar el bienestar y recuperar el equilibrio personal y profesional.
Si convivimos o trabajamos con una persona que atraviesa una situación de burnout, nuestro papel puede marcar la diferencia. En momentos así es fundamental escuchar sin juzgar, validar sus sentimientos y mostrar disponibilidad y cercanía. En muchos casos, lo más valioso no es ofrecer consejos de forma inmediata, sino proporcionar un espacio seguro donde poder expresarse y, cuando sea necesario, facilitar el acceso a apoyo profesional.
Cuidar de la salud mental es una responsabilidad individual y colectiva. El trabajo no debería costarnos la salud. Reconocerlo a tiempo es el primer paso para recuperar el equilibrio.
Autora:
Silvia Morales
Psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del Hospital Hospiten Roca
