La oncología española ha entrado de lleno en una nueva era terapéutica. La medicina de precisión, la inmunoterapia y los denominados “misiles inmunológicos” —como los anticuerpos conjugados— están relegando a la quimioterapia convencional a un segundo plano, abriendo la puerta a récords de supervivencia, tratamientos más personalizados y, en determinados tumores invasivos, a evitar la extirpación de órganos y preservar la anatomía del paciente. Este nuevo paradigma ha sido el tema central del XXVIII Simposio de Revisiones en Cáncer, una jornada en la que se ha reunido una representación importante de oncólogos españoles.

«Estamos ante un cambio de era donde el objetivo ya no es solo cronificar la enfermedad, sino alcanzar la curación con la mínima toxicidad posible», explica el Dr. Enrique Grande, coordinador del simposio. «Hoy presentamos datos que demuestran que, gracias a la precisión de los nuevos fármacos, la quimioterapia está dejando de ser la columna vertebral del tratamiento para dar paso a estrategias que respetan la integridad y la calidad de vida del paciente». En esta línea se ha expresado también el Dr. Pedro Pérez Segura: «El futuro del tratamiento oncológico que planeábamos hace años ya es la realidad de 2026».

En las primeras mesas de la jornada, donde se han analizado hitos que hasta hace poco parecían inalcanzables. La mesa dedicada a la oncología urológica, moderada por los doctores Emilio Esteban González (Hospital Universitario de Asturias) y Enrique Grande (MD Anderson Cancer Center Madrid), certificó un cambio de paradigma histórico al constatarse la sustitución progresiva de la quimioterapia basada en platino por nuevas estrategias de inmunoterapia y anticuerpos conjugados.

El Dr. Esteban destacó que la combinación de estos fármacos está logrando resultados «espectaculares», permitiendo atacar proteínas específicas del tumor mediante una tecnología que actúa con precisión quirúrgica: «Es un anticuerpo que tiene capacidad para detectar una proteína muy concreta y seleccionar la población tumoral que queremos atacar… evitando que las combinaciones basadas en platino se piensen ya como una generación antigua». Esta eficacia terapéutica está permitiendo que el objetivo clínico vire hacia la conservación de la anatomía del paciente, especialmente en el cáncer de vejiga, donde la aplicación de tratamientos previos a la cirugía —neoadyuvancia— está logrando respuestas tan elevadas que «se abre un horizonte de intentar la preservación del órgano por las altas tasas de respuestas completas patológicas que se consiguen», señaló el experto.

Para personalizar este camino, el uso de biomarcadores líquidos será fundamental, ya que «el ADN tumoral circulante nos ayudará a seleccionar quién necesita más tratamiento y quién ya ha sido suficientemente tratado con la terapia previa».

Finalmente, en el ámbito del carcinoma de riñón, se consolidó el éxito de las duplas terapéuticas que combinan inmunoterapia y agentes antiangiogénicos, demostrando una eficacia superior al administrarse de forma conjunta tras la cirugía.

Medicina de precisión en cáncer

En la mesa dedicada al cáncer de próstata, los expertos destacaron el papel crítico de la medicina de precisión. El Dr. Joaquín Mateo (Hospital Vall d’Hebron) subrayó el éxito de los nuevos tratamientos dirigidos: «La estrategia de bloquear la proteína PARP ha demostrado un éxito incuestionable; hoy la combinación de talazoparib y enzalutamida nos permite ofrecer una alternativa de precisión atacando la vulnerabilidad molecular del tumor».

La medicina de precisión ha dado un salto cualitativo en el tratamiento del cáncer de pulmón metastásico con mutación EGFR, consolidando estrategias que van mucho más allá de la monoterapia convencional. Durante su intervención, el Dr. Manuel Cobo Dols (Hospital Universitario de Málaga) analizó cómo las nuevas combinaciones en primera línea, como el uso de osimertinib junto a quimioterapia o la dupla de amivantamab y lazertinib, están logrando cifras de supervivencia libre de progresión que ya superan los dos años. «Estamos rompiendo el techo de cristal que teníamos en estos tumores; las combinaciones actuales no solo retrasan la aparición de resistencias, sino que ofrecen un control de la enfermedad mucho más robusto, especialmente en pacientes con afectación cerebral o perfiles genéticos de alto riesgo», explicó el experto.

Este nuevo estándar terapéutico permite personalizar el tratamiento desde el primer día, atacando la heterogeneidad del tumor antes de que este aprenda a escapar a los fármacos, marcando así el camino hacia una supervivencia a largo plazo que hasta hace poco parecía inalcanzable.

Por su parte, el Dr. Daniel Castellano (Hospital 12 de octubre) puso el foco en la llegada de la teragnosis con el uso de radioligandos: «El Lutecio-PSMA nos permite tratar el tumor de forma dirigida, siendo ya una herramienta esencial para pacientes que han progresado a quimioterapia».

Finalmente, el Dr. Álvaro Pinto (Hospital La Paz) defendió el uso de terapias combinadas desde fases tempranas: «Los nuevos datos confirman que el uso de tripletes terapéuticos es el estándar que debemos perseguir para optimizar las expectativas de vida».

Vacuna RNA del COVID y el cáncer

Como colofón de la jornada, el Dr. Mariano Provencio (Hospital Universitario Puerta de Hierro) protagonizó una de las ponencias más disruptivas del simposio al desvelar una conexión inesperada entre la vacuna RNA del COVID y la oncología: como potentes «sensibilizadores» de los tumores ante la inmunoterapia. Provencio presentó datos que sugieren que la vacunación no solo protege contra el virus, sino que actúa como un aliado estratégico que «despierta» al sistema inmunitario para que los tratamientos oncológicos sean más eficaces.

«Nuestros datos revelan que los pacientes vacunados dentro de los primeros 50 días tras iniciar la inmunoterapia presentan una mejora significativa en su supervivencia», afirmó el experto. Este hallazgo, basado en cohortes de pacientes con cáncer de pulmón y melanoma, sugiere que la vacuna actúa como un coadyuvante capaz de reactivar las defensas frente a las células malignas. No obstante, Provencio apeló a la cautela científica, señalando que este fenómeno «subraya la necesidad de estudios aleatorizados para confirmar esta causalidad y, sobre todo, para determinar el ‘timing’ óptimo que nos permita convertir este hallazgo en un beneficio terapéutico directo en la práctica clínica».