La salud metabólica de la mujer presenta características específicas que obligan a un abordaje diferenciado en la práctica clínica. Así lo advierten los médicos internistas, que señalan que, además de los factores de riesgo clásicos, existen condicionantes propios —como la historia ginecológica, los cambios hormonales o el contexto social— que influyen de forma directa en el riesgo cardiovascular.
Esta cuestión se ha puesto de relieve en la reunión del Grupo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), donde los especialistas han insistido en la necesidad de mejorar tanto la prevención como la identificación precoz de estos factores.
La salud metabólica se define como el correcto funcionamiento de procesos como el control de la glucosa, el colesterol, la presión arterial o la distribución de la grasa corporal. Tradicionalmente, estos indicadores se han analizado de forma similar en hombres y mujeres, pero los expertos advierten de que este enfoque resulta incompleto.
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En el caso de las mujeres, a los factores clásicos —como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo o la obesidad— se suman otros específicos. Entre ellos, destacan los antecedentes gineco-obstétricos, como la preeclampsia, la diabetes gestacional, el parto prematuro o el síndrome de ovario poliquístico.
Además, existen enfermedades más frecuentes en mujeres, como las patologías autoinmunes, así como trastornos como la ansiedad o la depresión, que también influyen en el riesgo cardiovascular.
El impacto de las etapas vitales
Uno de los elementos clave en la salud metabólica femenina son los cambios hormonales a lo largo de la vida. Durante la adolescencia, pueden aparecer alteraciones como el síndrome de ovario poliquístico, mientras que el embarazo actúa como una “prueba de esfuerzo” que puede revelar problemas metabólicos.
María Dolores García de Lucas, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Regional Universitario de Málaga y moderadora del encuentro, explica que complicaciones como la preeclampsia o la diabetes gestacional, incluso cuando se resuelven tras el parto, deben ser monitorizadas a largo plazo, ya que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro.
La menopausia representa otro punto de inflexión. La disminución de estrógenos —hormonas con efecto protector sobre el sistema vascular— incrementa la vulnerabilidad de la mujer. Según los expertos, este cambio favorece la inflamación y el daño arterial, elevando el riesgo de infarto o ictus.
Factores psicosociales y rol de cuidadora
Junto a los aspectos biológicos, la doctora destaca la influencia de factores psicosociales. El rol de cuidadora, que asumen muchas mujeres, así como la presión por compatibilizar responsabilidades familiares, laborales y personales, pueden generar estrés crónico.
Este contexto favorece la aparición o el empeoramiento de problemas como la ansiedad o la depresión, que a su vez incrementan el riesgo metabólico y cardiovascular. Además, los especialistas señalan que las mujeres tienden a minimizar estos síntomas, lo que retrasa su abordaje.
Otro de los problemas identificados es la falta de representación de las mujeres en estudios clínicos. Aunque la situación está mejorando, su participación aún no alcanza el 50% en comparación con los hombres, y en muchos casos no se tienen en cuenta variables específicas como el ciclo menstrual, la menopausia o los antecedentes obstétricos. Esta falta de evidencia dificulta el desarrollo de estrategias preventivas y terapéuticas adaptadas a la realidad de las mujeres.
La importancia de la prevención y la información
Ante esta situación, García de Lucas insiste en el papel clave de la atención primaria. Los profesionales sanitarios deben incorporar de forma sistemática preguntas sobre la historia gineco-obstétrica, el estilo de vida y los factores psicosociales, además de los indicadores clínicos habituales.
También subraya la necesidad de implicar a las propias pacientes. Mantener hábitos saludables —como seguir una dieta equilibrada, practicar ejercicio regular o evitar el tabaco— resulta fundamental para preservar la salud metabólica. Asimismo, recomiendan realizar revisiones periódicas que incluyan control de la presión arterial, análisis de sangre y seguimiento de posibles factores de riesgo a lo largo de toda la vida.
Según la portavoz de la SEMA, mejorar la salud metabólica de la mujer requiere un enfoque integral que tenga en cuenta tanto los factores biológicos como los sociales. La prevención, la formación de los profesionales y la información a las pacientes son elementos clave para reducir el riesgo cardiovascular.