Las bebidas energéticas se han convertido en una opción habitual para combatir el cansancio, mejorar el rendimiento físico o afrontar largas jornadas, ya sean de estudio, trabajo o de fiestas patronales como las que se están celebrando en estas semanas. Sin embargo, los expertos advierten de que su consumo frecuente no está exento de riesgos.
Además de alterar el sueño o favorecer problemas digestivos, estas bebidas pueden afectar a la salud bucodental debido a su elevada acidez y a su contenido en cafeína.
Según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), uno de cada cuatro españoles consume bebidas energéticas una media de dos veces por semana. Entre quienes las toman, el 49% lo hace al menos una vez al día y casi la mitad, un 47%, las mezcla habitualmente con alcohol.
Efectos sobre la salud bucodental
Uno de los principales riesgos del consumo repetido de estas bebidas es el deterioro del esmalte dental. Su elevada acidez reduce el pH de la boca y favorece la erosión de la superficie de los dientes, especialmente cuando se consumen poco a poco durante varias horas o se utilizan como sustituto del agua para hidratarse. Esta exposición prolongada puede favorecer la aparición de sensibilidad dental y sensación de sequedad bucal.
Antonio Longo, odontólogo del equipo asistencial y de Innovación Clínica de Sanitas Dental, explica que el problema no suele aparecer tras un consumo puntual, sino por la repetición del hábito. Según indica, cada lata inicia un proceso de desmineralización del esmalte y, si la boca no dispone del tiempo suficiente para recuperar su equilibrio antes de una nueva ingesta, se mantiene un ciclo continuo de agresión que muchas personas no detectan hasta que aparecen molestias al beber líquidos fríos o al cepillarse los dientes.
Más allá de la boca
Las consecuencias del abuso de bebidas energéticas no se limitan a la cavidad oral. El director médico del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, Pablo Turrión, señala que, cuando el consumo se convierte en una práctica habitual para estudiar, entrenar, trabajar o salir de fiesta, pueden aparecer síntomas como taquicardias, palpitaciones, nerviosismo o alteraciones del sueño, que no deberían normalizarse.
Entre los efectos más frecuentes asociados a un consumo excesivo figuran la ansiedad, la irritabilidad y el nerviosismo derivados de las altas dosis de cafeína, así como problemas digestivos, entre ellos acidez, náuseas, dolor de estómago o diarrea, especialmente cuando estas bebidas se toman en ayunas o de forma rápida. Asimismo, ingerirlas por la tarde o la noche puede dificultar la conciliación del sueño y reducir la calidad del descanso, incluso cuando la persona consigue dormir.
Los especialistas también llaman la atención sobre el riesgo que supone mezclarlas con alcohol. La cafeína puede disminuir la sensación de cansancio y de embriaguez, favoreciendo que se consuma más alcohol del previsto y que se infravalore el grado real de intoxicación.
Con precaución
Los expertos recuerdan que estos riesgos son especialmente relevantes en adolescentes, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, personas con hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, trastornos del sueño o quienes siguen tratamientos farmacológicos de forma habitual.
Para reducir los posibles efectos adversos, recomiendan reservar las bebidas energéticas para situaciones puntuales y evitar incorporarlas como parte de la rutina diaria. También aconsejan no consumirlas a sorbos durante varias horas, no tomarlas al final del día para no interferir con el descanso y enjuagarse la boca con agua después de ingerirlas, dejando pasar un tiempo antes del cepillado para proteger el esmalte dental.
Si el consumo de bebidas energéticas se convierte en un hábito cotidiano, los especialistas aconsejan consultar con un profesional sanitario para valorar las causas que motivan esa necesidad y buscar alternativas más saludables que permitan mantener la energía sin comprometer la salud a largo plazo.