La sensación de pesadez después de las comidas, la saciedad precoz, las náuseas o la hinchazón abdominal son molestias que muchas personas atribuyen a una simple mala digestión. Sin embargo, detrás de estos síntomas pueden encontrarse trastornos digestivos diferentes que requieren un diagnóstico preciso y un tratamiento específico. Así lo recuerda la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), que indica lo importante que es distinguir entre la gastroparesia y la dispepsia funcional, dos enfermedades con manifestaciones muy similares, pero con causas, evolución y abordajes distintos.

La especialista en Aparato Digestivo del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona y experta de la SEPD, Carolina Malagelada, abordó esta cuestión durante el 85.º Congreso de la sociedad científica, celebrado recientemente en Sevilla, donde incidió en que un diagnóstico adecuado resulta fundamental para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Dos enfermedades con síntomas parecidos

La gastroparesia es un trastorno de la motilidad gástrica que retrasa el vaciamiento del estómago. Como consecuencia, los alimentos permanecen más tiempo del habitual en este órgano y aparecen síntomas como sensación de plenitud, saciedad precoz, náuseas e incluso vómitos.

Además, esta enfermedad suele estar asociada a otras patologías, como la diabetes, determinadas enfermedades neuromusculares, algunas enfermedades autoinmunes o la enfermedad de Parkinson. Por ello, cuando se diagnostica una gastroparesia es necesario investigar si existe una enfermedad subyacente que explique su aparición.

Por el contrario, en la dispepsia funcional el problema no reside principalmente en el movimiento del estómago, sino en una alteración de su sensibilidad. Según explica la doctora Malagelada, estas personas «perciben la digestión como algo especialmente molesto, pesado o incluso doloroso».

Una de cada diez personas

Mientras que la gastroparesia es una enfermedad poco frecuente, la dispepsia funcional es uno de los trastornos digestivos más habituales y puede afectar hasta al 10% de la población. Forma parte de los denominados trastornos del eje intestino-cerebro, en los que intervienen factores como la sensibilidad digestiva, el estrés, la ansiedad, la alimentación o la calidad del sueño.

La especialista reconoce que distinguir ambas enfermedades no siempre resulta sencillo, ya que algunos pacientes con dispepsia funcional también presentan un enlentecimiento leve del vaciamiento gástrico. Aun así, insiste en que diferenciarlas es esencial porque «tienen causas, tratamientos y pronósticos diferentes«. Y para ello, o para descartar otras enfermedades, una de las mejores herramientas es la endoscopia.

En el caso de la gastroparesia, el diagnóstico debe confirmarse con estudios específicos que demuestren el retraso del vaciamiento gástrico, mientras que la dispepsia funcional se identifica fundamentalmente por los síntomas y tras excluir otras patologías. No obstante, la dispepsia funcional presenta el problema de que que no existe una prueba diagnóstica específica, «y los pacientes no se lo acaban de creer», señala Malagelada, lo cual puede afectar a la adherencia terapéutica.

Alimentación y hábitos saludables

La SEPD recuerda que tanto la alimentación como determinados cambios en el estilo de vida desempeñan un papel fundamental en el manejo de ambas enfermedades. A ello se suman distintos tratamientos farmacológicos que permiten controlar los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes.

La sociedad científica destaca además que el conocimiento sobre los trastornos del eje intestino-cerebro continúa avanzando. Un ejemplo es la reciente publicación de los criterios ROMA V, que actualizan las recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de estas patologías y contribuyen a que tanto los especialistas en aparato digestivo como los médicos de atención primaria las identifiquen con mayor facilidad.