El varicocele, una dilatación de las venas que rodean al testículo, afecta aproximadamente al 15% de los hombres y, aunque en la mayoría de los casos no provoca síntomas ni supone un riesgo grave para la salud, puede llegar a comprometer la fertilidad masculina cuando altera la producción de espermatozoides. Así lo recuerda la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (Servei).
En concreto, Jaume Sampere, radiólogo vascular e intervencionista del Hospital Germans Trias i Pujol de Barcelona y portavoz de Servei, explica que el varicocele consiste en una dilatación de las venas del escroto que dificulta el retorno normal de la sangre hacia el corazón. Como consecuencia, la sangre se acumula alrededor del testículo y puede provocar sensación de pesadez, dolor sordo o un aumento del volumen escrotal, aunque muchos pacientes no presentan ningún síntoma.
Suele detectarse durante la adolescencia, habitualmente en revisiones realizadas por el pediatra o el cirujano pediátrico. Sin embargo, la ausencia de síntomas hace que muchos casos permanezcan sin diagnosticar hasta la edad adulta. Aunque se trata de un proceso benigno, los especialistas advierten de que, en algunos hombres, el aumento de la temperatura del testículo provocado por la acumulación de sangre puede alterar su funcionamiento.
«De esta manera disminuye la cantidad y la calidad de los espermatozoides que produce el testículo, y puede convertirse en motivo de infertilidad en los hombres», añade Sampere.
Tratamiento
Pese a su posible repercusión sobre la fertilidad, los especialistas recuerdan que el varicocele no debe tratarse de forma sistemática. La recomendación actual es intervenir únicamente cuando produce dolor, ocasiona molestias importantes desde el punto de vista estético o se demuestra que está afectando a la calidad del semen en hombres con problemas de fertilidad. Además, existen distintos grados de varicocele y no todos tienen la misma repercusión sobre el testículo.
Durante años, el tratamiento habitual consistía en una intervención quirúrgica para ligar las venas dilatadas mediante una incisión en la ingle o en el escroto. Sin embargo, la radiología vascular e intervencionista ofrece actualmente una alternativa mínimamente invasiva mediante embolización. Este procedimiento permite ocluir desde el interior las venas que funcionan de forma incorrecta, sin necesidad de realizar incisiones quirúrgicas.
Según destaca Sampere, «el tratamiento es más efectivo, menos agresivo y con una recuperación muy rápida«. Además, se realiza de forma ambulatoria, con un simple pinchaz en el brazo que permite al paciente retomar su actividad habitual en poco tiempo, con un riesgo muy bajo de lesionar estructuras importantes del testículo.