Entrevista a Mireya Sémelas: profesora de yoga para pacientes oncológicos

Antes de nada, quiero daros las gracias por esta oportunidad de hablar de algo que me apasiona. Me llamo Mireya y tengo 32 años. Jamás pensé que el yoga iba a ser tan importante para mi. Lo descubrí, mejor dicho, me descubrió por casualidad. Fue cuando más lo necesitaba. Me enganché de inmediato y desde entonces leo, escribo, practico, vivo, respiro yoga. Adquirí el título, me especialicé en yoga para afectados por cáncer y me sigo formando para poder transmitir a los demás todo aquello que el yoga me proporciona día a día.

En primer lugar, nos gustaría conocer en qué puede beneficiar el yoga a cualquier persona, independientemente de si es paciente o no.

¿Por dónde empezar? El yoga beneficia en tantísimos aspectos que enumerarlos es imposible. Además, cuanto más te adentras en la práctica y más lo aplicas a cada cosa que haces en tu día a día, más beneficios obtienes. En el plano físico, el yoga beneficia a todos los sistemas: fortalece el sistema cardiovascular, el inmunológico, el muscular, el óseo, el digestivo, el circulatorio, el endocrino… Hace que nuestro cuerpo físico funcione mejor y nos haga más fuertes ante posibles lesiones y enfermedades.

En el plano mental o psicológico, el yoga calma la mente, mejorando la concentración y atención, la capacidad de aprendizaje, la memoria, etc. Al activar el sistema parasimpático, reduce la ansiedad y el estrés, ayuda a prevenir el insomnio y las consecuencias que implica la falta de sueño. Existen numerosos estudios científicos que avalan estos beneficios. La universidad de Oxford, por ejemplo, realizó un estudio que demuestra que la gente que practicaba yoga por lo menos una vez a la semana tenía menos estrés, la tensión más baja y dormían mejor. Además, el yoga nos ayuda a conocernos y a aceptarnos, incrementando la confianza en nosotros mismos.

El yoga nos dota de un bienestar físico y mental. Con una mente y un cuerpo más fuertes, nos permite llevar una vida de mejor calidad.

¿ Dónde radica la diferencia entre las clases específicas entre el yoga para pacientes oncológicos y aquellos que no sufren esta enfermedad?
El yoga más extendido en occidente es el yoga físico o Hatha Yoga, es decir, aquel en el que sobre todo se practican posturas (o asanas). Este yoga tiene diversas ramas o estilos que hacen diferente una clase de otra. Por ejemplo, en una clase de yoga Kundalini, se practican ejercicios físicos y de respiración cuyo objetivo es despertar la energía que reside en el la base de la columna vertebral (el chakra muladhara). En una clase de yoga Iyengar, las posturas se practican de manera muy estructurada y con ayuda de bloques, cinturones o/y sillas que ayuden a alinear el cuerpo de una manera determinada.

En mis clases de yoga para afectados por cáncer me centro mucho en ejercicios de respiración y de meditación que doten a los practicantes de herramientas para combatir los efectos secundarios de los tratamientos y cirugías así como el estrés y la ansiedad. Los ejercicios físicos los dirijo a combatir los efectos secundarios más comunes del cáncer y de sus tratamientos como por ejemplo, linfedema, reducción del rango de movimiento, sofocos, etc. Por ejemplo, en el resto de mis clases practicamos posturas, como el perro boca abajo (adho mukha svanasana), que, a pesar de ser de las más comunes en el yoga, jamás incluiría en las clases para pacientes oncológicos, ya que éstos deben evitarlas a toda costa. Si el profesor no tiene una formación específica de yoga oncológico, puede pasar algunas cosas por alto e interferir en el proceso de sanación de la persona, causando alguna fractura o daño grave.

Debemos tener también en cuenta que el papel del profesor es determinante en cualquier clase de yoga y puede acentuar la diferencia entre un estilo de yoga y otro e incluso entre una clase y otra dentro del mismo estilo de yoga. Yo siempre digo que lo más importante es la conexión personal con la persona que te guía en tu práctica. Lo demás son etiquetas banales.

¿Existen ejercicios específicos para los pacientes con cáncer ginecológico?
¡Por supuesto! Es común entre las personas afectadas por un cáncer ginecológico el sufrir tirantez y dolor en la parte baja del tronco. También pueden sufrir linfedema en el abdomen, ingles y pierna(s), sofocos e incontinencia. Ciertas posturas y ejercicios de respiración de yoga son especialmente beneficiosos para estos males. Por ejemplo, la postura de la media luna (Ardha Chandrasana) adaptada, ayuda a estirar las ingles. También lo hace la postura de baddha konasana (postura del zapatero o ángulo ligado), que además ayuda a abrir la zona anterior de la pelvis. La mejor postura en caso de linfedema en una o ambas piernas es la de viparita karani. Esta postura de inversión drena linfa desde los pies y piernas. En cualquier caso, es esencial que estas posturas sean supervisadas por un experto en yoga oncológico.

¿Cuáles son los grandes beneficios del yoga para el paciente oncológico?
El yoga combina movimientos físicos, técnicas de respiración, relajación y meditación que benefician tanto física como mentalmente al paciente oncológico. Como mencionaba al principio, los beneficios son innumerables, pero si tuviera que destacar algunos, enumeraría principalmente cinco:

  1. Fortalece el sistema inmunológico
    El sistema inmunológico comprende todos los sistemas del cuerpo. Nuestras células necesitan una fuente constante de oxígeno para llegar a cada parte del cuerpo y el yoga fortalece nuestro sistema cardiovascular, haciendo que el corazón bombee sangre oxigenada a nuestro organismo. El sistema linfático, va muy unido al cardiovascular, sin embargo, a diferencia de éste, carece de una bomba como el corazón que le ayude. Depende por lo tanto de la gravedad y del movimiento muscular, sobre todo del diafragma. Los ejercicios de respiración por lo tanto son esenciales en este proceso. Además los ejercicios de yoga mueven linfa hacia el conducto torácico desde las piernas, cabeza, brazos para pasar por el hígado, los riñones y finalmente la vejiga para su expulsión. Quiero resaltar que el yoga para afectados por cáncer no es sinónimo de yoga pasivo o restaurativo. Es importante que se realicen ejercicios que ayuden a incrementar el ritmo cardíaco para aumentar el oxígeno en sangre. Esto a su vez ayuda a controlar el aumento de peso que el tratamiento del cáncer haya podido causar.
  2. Fortalece el cuerpo
    Durante el tratamiento contra el cáncer, es común sentir fatiga y cansancio extremo. Si dejamos de movernos, los músculos pueden llegar incluso a atrofiarse. Además, los tratamientos contra el cáncer destruyen células cancerígenas pero también células sanas, lo que provoca un desequilibrio que debilita nuestros músculos y huesos. El yoga trabaja y fortalece los músculos de manera suave y ayuda a la construcción de hueso de manera segura. Por ejemplo, los ejercicios de equilibrio ayudan a crear hueso nuevo donde más lo necesitamos.
  3. Aumenta el rango de movimiento y la flexibilidad
    Decir que no practicas yoga porque no eres flexible es lo mismo que decir que no te lavas porque estás sucio. Con una práctica regular, el cuerpo se va abriendo, liberando de tensiones y volviéndose más flexible, aumentando así el rango de movimiento. Esto es especialmente importante tras una intervención quirúrgica donde se crean cicatrices alrededor de los músculos y articulaciones. Los movimientos suaves de mis clases de yoga ayudan a la cicatrización y al incremento de flexibilidad en los tejidos.
  4. Ayuda a manejar el miedo y la ansiedad
    Cuando estamos ante algo nuevo, cuando tenemos que enfrentarnos a algo que nunca hemos vivido, nos invade la incertidumbre y se genera la ansiedad. Este estado de ansiedad afecta a la calidad de sueño, provocando insomnio e incluso puede conducir a la depresión. La ansiedad debilita el cuerpo y la mente cuando más fuertes tenemos que estar para poder afrontar lo que se nos presenta. El yoga activa el sistema parasimpático, es decir, que calma nuestro sistema nervioso, volviéndonos más lúcidos y fuertes ante situaciones imprevistas o nuevas. Numerosos estudios muestran que el yoga es más efectivo a la hora de calmar la mente que otros ejercicios suaves recomendados contra la ansiedad, como el caminar.
  5. Mejora el bienestar general
    Con un sistema inmunológico más fuerte, un cuerpo fuerte y flexible y una mente serena y relajada, se puede entender como nuestro bienestar físico y mental mejora. Los pensamientos negativos activan la hormona del estrés, lo que nos hace más vulnerables ante enfermedades como el cáncer. El yoga entrena la mente y la vuelve más fuerte, ayudando a disminuir los pensamientos negativos y a aumentar el sentimiento de calma. El yoga nos fortalece mentalmente, nos ayuda para tomar las riendas de nuestras vida, a definir la vida según nuestros propios términos, mejorando nuestra autoestima. Aprendes a aceptar que todo en esta vida es cambio y a estar bien con estos cambios.

¿Está aconsejado para todos los pacientes independientemente de su edad?

Lo hermoso del yoga es que es para todo el mundo, independientemente de la edad o condición física de cada uno. Eso sí, hay que practicarlo junto con un profesional para que cada postura se pueda adaptar convenientemente. Cada asana (postura) tiene infinidad de variantes y alternativas, que permiten obtener los mismos beneficios practicando de manera diferente. Por naturaleza, el ser humano actúa guiado por el ego y se empeña en adaptar el cuerpo a la postura (o a la idea de cómo una postura tiene que ser) y esto conduce a lesiones. Lo que hay que hacer es adaptar el yoga al cuerpo. Solo así se puede avanzar en el camino personal.

¿Se forman ustedes en talleres específicos para poder comprender a nivel emocional mejor a los pacientes oncológicos?
La especialización en yoga para pacientes oncológicos es absolutamente imprescindible para poder ofrecer una clase segura y de provecho. Recomiendo a todos los que practican yoga, o quieran empezar a practicarlo, que se aseguren de que la persona que guía las clases ha realizado una formación específica y tiene el título de Yoga para Pacientes Oncológicos. Yo lo cursé en 2015 y me ha ayudado a comprender mejor los efectos que esta enfermedad puede tener tanto a nivel físico como emocional, algo esencial para poder proporcionar herramientas específicas que ayuden a mejorar la calidad de vida de quienes conviven con un cáncer.
¿Le gustaría añadir alguna cosa más?
El yoga es un viaje personal hacia el mejor conocimiento de uno mismo. Un viaje porque son pasos que vas dando día a día. A veces hacia delante, otras hacia los lados, pero sobre todo hacia dentro. Es personal porque cada uno lo vive de manera diferente. Es personal e intransferible 🙂 Es inútil compararse con otro o querer llegar a un lugar concreto. Lo importante, y lo difícil, es estar abierto a todo lo que ocurra en cada paso que damos, aunque no siempre nos guste lo que encontramos. La recompensa hace que merezca la pena. Solo cuando nuestra mente y nuestro corazón están abiertos podemos encontrar la felicidad en sitios que jamás antes se nos hubieran ocurrido.