Para millones de personas, ponerse las gafas o las lentes de contacto cada mañana forma parte de la rutina. Sin embargo, cada vez son más quienes perciben esta dependencia visual como una limitación que va más allá de corregir un defecto refractivo. Practicar deporte, viajar, disfrutar de la playa o, simplemente, desenvolverse con espontaneidad en el día a día son situaciones en las que muchos usuarios sienten que las gafas o las lentillas condicionan su calidad de vida.
Así lo refleja el informe «La salud visual en España», elaborado por STAAR Surgical y avalado científicamente por la Sociedad Española de Cirugía Ocular Implanto-Refractiva (SECOIR), que analiza cómo viven los españoles su dependencia de sistemas de corrección visual y cuál es su conocimiento sobre las distintas alternativas disponibles.
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El estudio recuerda que casi el 80% de la población española presenta algún defecto refractivo, una cifra que pone de manifiesto la magnitud de un problema que, aunque habitualmente se considera menor, puede tener un impacto significativo en el bienestar diario.
«Los defectos refractivos afectan a millones de personas y, aunque a menudo se perciben como un problema menor, pueden tener un impacto importante en la calidad de vida. Hoy contamos con diferentes alternativas para corregir la visión, por lo que es fundamental que cada persona reciba una valoración individualizada y disponga de información rigurosa junto a su oftalmólogo», señalan desde la SECOIR.
El deporte y la playa, los momentos de mayor incomodidad
La investigación pone de manifiesto que la dependencia de gafas y lentillas condiciona especialmente las actividades relacionadas con el ocio y la vida activa. El 34% de los encuestados identifica la práctica deportiva como la situación en la que experimenta mayores molestias, mientras que el 26% señala la playa y la piscina como los escenarios más incómodos debido a las limitaciones que supone utilizar gafas o lentes de contacto. A ello, se suman otras dificultades cotidianas como el empañamiento de los cristales, la necesidad de transportar líquidos de mantenimiento o recambios para las lentillas y las molestias derivadas de su uso prolongado.
El estudio revela además que el cansancio visual se ha convertido en uno de los principales problemas para quienes utilizan lentes de contacto durante muchas horas al día. La sequedad ocular, la fatiga visual y la sensación de incomodidad al final de la jornada hacen que muchas personas perciban la corrección visual no solo como una necesidad funcional, sino también como un factor que afecta directamente a su bienestar.
Los jóvenes buscan soluciones permanentes
Más allá del uso cotidiano de gafas o lentillas, el informe detecta un creciente interés por las alternativas de corrección permanente, especialmente entre la población más joven. En conjunto, el 37% de los participantes afirma plantearse operarse la vista, una cifra que aumenta hasta el 56% entre las personas de 21 a 30 años. Las principales motivaciones no son estéticas, sino prácticas. Poder levantarse viendo correctamente, practicar deporte sin limitaciones o evitar la dependencia diaria de gafas y lentillas aparecen entre las razones más citadas.
Pese a este interés, la cirugía refractiva continúa generando incertidumbre. El 32% de los encuestados reconoce que su principal temor es que la intervención no salga bien o provoque una pérdida de visión. También preocupan la irreversibilidad de algunos procedimientos, los posibles efectos secundarios o el empeoramiento del ojo seco. No obstante, entre quienes ya han optado por una corrección permanente, la percepción cambia con el tiempo. Muchos consideran que el coste inicial termina compensándose gracias a la mejora en calidad de vida y al ahorro acumulado en gafas, lentillas y productos de mantenimiento.
Persisten las dudas sobre las distintas opciones
El informe también pone de relieve un importante desconocimiento sobre las diferentes alternativas disponibles para corregir la visión. Aunque el 98% de los encuestados afirma conocer la cirugía láser, otras técnicas más recientes, como las lentes implantables, siguen siendo poco conocidas entre la población. Al mismo tiempo, crece el interés por soluciones reversibles, elaboradas con materiales biocompatibles y que respeten la estructura natural del ojo.
En cualquier caso, los participantes tienen claro dónde quieren resolver sus dudas: el 77% prefiere recibir información directamente de un oftalmólogo, priorizando una explicación personalizada sobre riesgos, beneficios y las opciones más adecuadas para cada caso.
Los resultados reflejan un cambio en la forma de entender la salud visual. Para muchas personas ya no se trata únicamente de ver bien, sino de disponer de soluciones que les permitan desarrollar su vida cotidiana con mayor comodidad, autonomía y libertad.