Nuevos resultados del proyecto europeo LiverScreen presentados en el Congreso Europeo de Hepatología revelan que la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) afecta ya a casi un 30% de la
población europea mayor de 40 años, consolidándose como una de las principales amenazas emergentes para la salud pública en Europa.
El estudio, liderado por el Hospital Clínic de Barcelona y publicado por un consorcio internacional de hepatólogos, -entre ellos una decena de expertos de la AEEH-, ha evaluado a más de 30.000 personas mediante técnicas no invasivas de diagnóstico hepático, incluyendo el ‘parámetro de atenuación controlada’ (CAP, en inglés), una técnica no invasiva utilizada para medir la cantidad de grasa acumulada en el hígado en población general. Se realiza con el mismo dispositivo que la elastografía transitoria (FibroScan), que usa ondas de ultrasonido.
Entre los más de 8.400 participantes diagnosticados con MASLD, la presencia de factores de riesgo cardiometabólico fue muy elevada:
Sobrepeso u obesidad: 96%
Hipertensión arterial: 82%
Prediabetes o diabetes: 53%
Hipertrigliceridemia: 53%
Colesterol HDL bajo: 42%
El estudio confirma que cuantos más factores de riesgo acumula una persona, mayor es la severidad de la esteatosis y la fibrosis hepática. Los datos muestran que la diabetes tipo 2 es el único factor de riesgo que más aumenta el riesgo de enfermedad hepática crónica (CLD), multiplicando por 2,6 la probabilidad de presentar daño hepático significativo.
Entre los participantes con MASLD remitidos a hepatología, el 39% tenía enfermedad hepática crónica confirmada, y en el 71% de ellos el diagnóstico se verificó mediante biopsia.
Un problema de salud pública
La AEEH recuerda que la prevalencia de la esteatosis hepática metabólica (conocida como hígado graso) aumenta con la edad, aunque también está creciendo cada vez más en niños y adolescentes en relación con el aumento de la obesidad infantil favorecida por el sedentarismo y una alimentación poco saludable.
Según los investigadores, estos resultados subrayan la necesidad de implementar estrategias de cribado poblacional, especialmente en personas con factores de riesgo metabólico: obesidad o sobrepeso; colesterol alto, diabetes tipo 2, hipertensión… En este sentido, el proyecto LiverScreen demuestra que el uso de herramientas no invasivas, como la elastografía hepática, permite identificar precozmente a personas en riesgo, facilitando intervenciones preventivas y reduciendo la carga futura de enfermedad hepática avanzada.
De ahí que, junto a la anticipación y las nuevas posibilidades terapéuticas para hígado graso que se aprobarán en los próximos meses (Resmetiron y Semaglutide), los hepatólogos incidan en la prevención como el tercer pilar fundamental en una estrategia de país frente al hígado graso. “Es necesario cambiar los hábitos de consumo y los estilos de vida que están detrás de la obesidad y la diabetes, y ese es un reto transversal que implica no sólo a la Sanidad Pública, sino también a todas las instituciones, especialmente las educativas, así como a las familias y a los medios de comunicación”, afirma el Dr. Rafael Bañares, presidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado.