El modelo de cuidados ha ido evolucionando con el paso del tiempo. En este marco, la atención domiciliaria ha pasado de ser una solución aislada a convertirse en un brazo más de la asistencia sanitaria. Cuestiones como el envejecimiento, la cronicidad y, sobre todo, la necesidad de las personas de vivir en su entorno la sitúan en el centro de la transformación de la asistencia sanitaria. Por lo tanto, el foco no está en trasladar al domicilio lo que antes se hacía en el centro sanitario, sino en, rediseñar la atención alrededor de cada usuario del servicio.
Este cambio de contexto llega de la mano de integración de la tecnología. La teleasistencia avanzada, los sensores, los dispositivos móviles, la monitorización remota y el análisis de datos permiten tanto a profesionales sanitarios como a los usuarios del servicio un acceso a una atención personalizada y preventiva. Sin embargo, el hogar no es un entorno controlado. Una incidencia o una alerta mal gestionada tienen consecuencias reales. Y aquí, la innovación solo aporta valor cuando es fiable, comprensible y está respaldada por profesionales preparados.
En este punto es cuando la certificación cobra sentido en la práctica. No como un mero sello o la comprobación documental, sino como una evaluación independiente del funcionamiento real del servicio. Certificar conlleva comprobar que las acciones definidas, en cuento a la seguridad, la continuidad y la atención centrada en las personas, se sostienen en un sistema estructurado de procesos, responsabilidad, recursos y resultados medibles.
La familia de normas UNE 158000 constituye una solución integral que permite un sistema de gestión orientado a facilitar el cumplimiento normativo, asegurar la calidad de los servicio sociales y generar confianza en la sociedad.
Por lo tanto, el beneficio impacta en todos los actores del proceso; las personas usuarias del servicio y sus familias ganan confianza; las administraciones disponen de criterios homogéneos para contratar, supervisar y comparar servicios; y las organizaciones encuentran un mecanismo para ordenar procesos, formar equipos, controlar proveedores, actuar y mejorar sobre la opinión del usuario y tomar decisiones en base a los datos. Así pues, la evaluación por un tercero aporta una mirada que ayuda a identificar oportunidades de mejora que muchas veces normalizados por la rutina.
Otro aspecto importante es que la certificación no debe ser una imagen fija. Su mayor valor recae un impulsar una cultura de mejora continua capaz de acompañar la evolución tecnológica, la interoperabilidad de la información y una coordinación sociosanitaria cada vez más necesaria.
En la nueva era de la atención domiciliaria no será suficiente con la instalación de más dispositivos. El verdadero avance estará en conseguir que cada solución contribuya a vivir en su entorno con mayor autonomía, seguridad y bienestar.
Por Carolina Soto Mojica, Manager Sanidad y Salud de AENOR
