La incontinencia fecal continúa siendo una de las patologías más invisibilizadas y estigmatizadas. Muchas personas tardan años en consultar con un profesional sanitario. ¿El motivo? Les avergüenza hablar de los síntomas. Sin embargo, este silencio les lleva a convivir durante años con una enfermedad que deteriora profundamente su calidad de vida, limita sus relaciones personales, laborales y sociales y retrasa el acceso a un diagnóstico y a tratamientos que podrían mejorar su situación. «Perdemos trabajos, familias, dejamos de tener vida sexual, no podemos salir a cenar, no podemos ir al cine… La incontinencia te lleva la vida a cero», lamenta Maite Carreras Alberti, vocal de la Asociación por la Incontinencia Anal (ASIA).
En esta píldora de vídeo, reclama romper el tabú que rodea a esta patología y anima a los pacientes a pedir ayuda cuanto antes. Carreras explica que uno de los principales problemas es que muchas personas no hablan de sus síntomas, ni siquiera con su médico. «El propio paciente no lo cuenta por vergüenza o por miedo. Y, además, muchos profesionales de Atención Primaria no saben muy bien cómo actuar cuando una persona consulta por esta patología», lamenta.
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Desde ASIA recuerdan que la incontinencia no es un problema exclusivo de las personas mayores. Puede afectar a niños, jóvenes y adultos, tanto a mujeres como a hombres, y condicionar todos los ámbitos de la vida. La portavoz destaca que el aislamiento social es una de las consecuencias más frecuentes. Muchas personas terminan recluyéndose en casa durante años por miedo a sufrir un episodio de incontinencia fuera del domicilio.
Romper el silencio para acceder a la ayuda
Ante esta situación, ASIA insiste en que el primer paso es dejar de considerar la incontinencia como un tema del que avergonzarse. «Lo principal es hablarlo, que deje de ser un tabú. Si los pacientes no hablan, nadie puede ayudarles», subraya Carreras.
La asociación acompaña a las personas afectadas para orientarlas hacia los especialistas más adecuados, tanto en casos de incontinencia urinaria como fecal, además de ofrecer apoyo emocional a quienes llegan tras años conviviendo en silencio con la enfermedad.