El cáncer de piel no melanoma se ha consolidado como uno de los tumores más frecuentes en España, con cerca de 14.800 nuevos casos en 2024, lo que supone más del 7% de todos los diagnósticos oncológicos. Sin embargo, su relación con el ámbito laboral sigue siendo una realidad poco reconocida, pese a que la incidencia ha aumentado un 40% en los últimos cuatro años.

Con motivo del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, la Fundación Más Que Ideas ha presentado el informe Cáncer de piel no melanoma: exposición solar y salud laboral, una iniciativa que pone el foco en el impacto de la radiación ultravioleta en trabajadores expuestos al aire libre.

Uno de los datos más relevantes de este documento es que 3 de cada 10 personas trabajadoras están expuestas a la radiación ultravioleta durante su jornada laboral. Sectores como la agricultura, la construcción, la hostelería o la mensajería concentran buena parte de este riesgo, que se acumula de forma progresiva con el paso del tiempo.

A pesar de ello, la exposición prolongada al sol sigue sin integrarse adecuadamente en las evaluaciones de riesgos laborales. Tal y como recoge el informe, “si el riesgo no se identifica, no se evalúa y no se actúa”, lo que deja la protección de los trabajadores en manos de medidas puntuales y no sistemáticas.

Enfermedad profesional

Uno de los principales problemas señalados por expertos y entidades es que el cáncer de piel derivado de la exposición solar no está recogido en el cuadro de enfermedades profesionales en España. Esta situación dificulta su reconocimiento oficial y contribuye a invisibilizar su origen laboral.

Además, la ausencia de registros específicos impide dimensionar con precisión la magnitud del problema, lo que limita la capacidad de las administraciones para diseñar estrategias eficaces de prevención y detección precoz.

El informe también pone de manifiesto que la mayoría de las empresas no implementa medidas adecuadas de prevención. Entre las recomendaciones, los expertos destacan la necesidad de adaptar horarios y tareas según el índice de radiación ultravioleta, instalar zonas de sombra, proporcionar equipos de protección adecuados o facilitar información y formación a los trabajadores.

Sin embargo, la baja percepción del riesgo sigue siendo un obstáculo importante. Esta falta de conciencia reduce la presión social y dificulta que las medidas preventivas se integren de forma sistemática en la organización del trabajo.

Detección precoz

Otro de los aspectos clave es la vigilancia de la salud. Los especialistas subrayan que los reconocimientos médicos deberían incluir exploraciones dermatológicas completas y herramientas como la dermatoscopia, especialmente en colectivos de riesgo.

En la práctica, estas revisiones no siempre se realizan de forma exhaustiva, lo que retrasa la detección de lesiones sospechosas en un tipo de cáncer altamente prevenible si se identifica a tiempo.

El informe concluye que abordar este problema requiere una acción coordinada entre administraciones públicas, empresas, profesionales sanitarios, servicios de prevención, sindicatos y asociaciones de pacientes.