Hombros desiguales, una escápula más prominente que otra, desviaciones visibles en la espalda, asimetrías en la cintura y caderas o cambios llamativos en la postura en los adolescentes durante la etapa del crecimiento. Son señales de alarma que muchas veces pasan desapercibidas para las familias o se atribuyen simplemente al desarrollo normal de los adolescentes, a su apego por los dispositivos electrónicos o a “malas posturas”. Sin embargo, detrás de estos cambios puede encontrarse una escoliosis, una deformidad de la columna vertebral que aparecen precisamente durante los años de crecimiento.

“Son los propios entrenadores, profesores o familiares quienes primero detectan antes estos cambios porque están más cercanos y ven al adolescente en movimiento y/o con menos ropa”, explica el Dr. Eduardo Hevia, especialista en cirugía de columna y escoliosis.

Aunque no todas las escoliosis requieren tratamiento, el especialista insiste en la importancia de detectarlas cuanto antes. “Hoy existen muchas más opciones y mejores tratamientos que hace años, pero el diagnóstico precoz sigue siendo fundamental”. Esta detección temprana permite realizar un seguimiento adecuado y valorar las distintas alternativas terapéuticas antes de que la deformidad progrese durante el crecimiento.

El gran miedo de muchos padres

Cuando una escoliosis avanza y aparece la posibilidad de necesitar tratamiento, las alternativas actuales son los corsés durante los años de crecimiento o una cirugía, una de las preocupaciones más habituales de las familias es la misma: tener que convivir toda la vida con una columna fijada mediante barras y tornillos.

Durante décadas, el tratamiento quirúrgico estándar ha consistido en corregir la deformidad mediante la fijación permanente de parte importante de la columna vertebral. Sin embargo, esta realidad está empezando a cambiar por el conocimiento que se tiene de los problemas que provocan las fijaciones de la vértebras a largo plazo.

“La cirugía de columna ha evolucionado hacia técnicas que no solo buscan resolver el problema de la deformidad, sino también preservar la movilidad de la columna vertebral del paciente”, indica el doctor. Según explica, en estos jóvenes pacientes es posible utilizar técnicas basadas en la modulación del crecimiento vertebral que permiten corregir la deformidad sin necesidad de mantener implantes durante toda la vida.

Estas técnicas utilizan barras de forma temporal para corregir la curva mientras las vértebras continúan remodelándose de forma guiada durante el crecimiento. Posteriormente, al finalizar el crecimiento, los implantes se retiran y se conserva el movimiento de la columna. “Preservar la movilidad tiene un impacto directo en la calidad de vida desde el primer momento, notándose especial fundamentalmente a medio y largo plazo”.

Para el especialista, el objetivo no es únicamente corregir una deformidad, sino realizar un tratamiento definitivo que consiga una columna vertebral sin desviaciones, sin implantes y con movilidad normal para el futuro de unos adolescentes que tienen toda una vida por delante”