Los bebés que nacen de forma extremadamente prematura se enfrentan a uno de los mayores desafíos de la medicina. Antes de las 24 semanas de gestación, órganos como los pulmones, el intestino o el cerebro todavía no están preparados para funcionar fuera del útero, lo que reduce de forma importante las posibilidades de supervivencia y aumenta el riesgo de secuelas graves para toda la vida. Ahora, un equipo español ha dado un paso decisivo para cambiar este escenario con el desarrollo de una placenta artificial capaz de mantener con vida durante 21 días a prematuros extremos.

El avance corresponde al proyecto fetaLife, liderado por el doctor Eduard Gratacós en BCNatal —centro de medicina fetal y neonatal del Hospital Sant Joan de Déu, el Hospital Clínic de Barcelona y la Universitat de Barcelona— y financiado por la Fundación «la Caixa». Tras más de cinco años de investigación y una inversión de 7,65 millones de euros, el equipo ha desarrollado un prototipo funcional de incubadora líquida que también ha conseguido más de 13 meses de supervivencia posnatal con un neurodesarrollo normal en un modelo experimental.

La denominada incubadora líquida pretende reproducir las condiciones del útero materno para que el desarrollo fetal continúe durante unas semanas más. En lugar de obligar al recién nacido extremadamente prematuro a adaptarse de forma inmediata al medio externo, el sistema mantiene al bebé en un entorno líquido conectado a un circuito extracorpóreo a través del cordón umbilical, simulando el funcionamiento de la placenta.

Según explican los investigadores, el prototipo incorpora un avanzado sistema de oxigenación, monitorización continua y protocolos específicos de nutrición, administración de hormonas y soporte médico que han permitido aumentar progresivamente la supervivencia dentro del dispositivo y completar con éxito la transición posterior a una incubadora convencional.

Un paso más cerca de los ensayos en humanos

Uno de los hitos más relevantes del proyecto ha sido demostrar que los animales pueden completar con éxito la transición desde la placenta artificial hasta la vida extrauterina. El caso más destacado es el de Gaia, una oveja que permaneció en el sistema y que, más de un año después de su nacimiento, presenta un desarrollo neurológico considerado normal por los investigadores.

Tras estos resultados, el equipo ha iniciado una nueva etapa orientada a adaptar la tecnología para su uso clínico. Para ello, en 2025 se creó la empresa derivada fetaLife Technologies, cuyo objetivo es acelerar la transferencia de esta innovación al ámbito asistencial. Si el desarrollo continúa según lo previsto y se obtiene la financiación necesaria, los primeros estudios en humanos podrían comenzar entre 2028 y 2029.

La placenta artificial no pretende sustituir a las unidades de cuidados intensivos neonatales, sino ofrecer unas semanas adicionales de desarrollo fetal en un entorno mucho más parecido al útero materno. De confirmarse su eficacia en humanos, podría transformar el pronóstico de miles de recién nacidos extremadamente prematuros y mejorar tanto su supervivencia como su calidad de vida futura.