El lenguaje importa. Y en el caso de la obesidad, puede marcar la diferencia entre favorecer el abordaje terapéutico o reforzar la culpa y el aislamiento. Por ejemplo, calificar a alguien por su peso o utilizar términos peyorativos no solo contribuye a la estigmatización, sino que impacta directamente en la autoestima, la salud mental y la adherencia al tratamiento. También influye el hecho de presentar la obesidad como una cuestión de falta de voluntad o se atribuyen estereotipos erróneos como pereza o dejadez. Así lo advierte la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Una de las principales advertencias de la SEEN es que el estigma asociado a esta enfermedad afecta hasta al 88% de las personas con obesidad. Así, los expertos consideran fundamental que la sociedad vincule la obesidad con su verdadera naturaleza: una enfermedad crónica, compleja y multifactorial.

Conscientes del papel clave que desempeñan los medios en la construcción del discurso social, la SEEN ha organizado, junto a la Asociación Nacional de Personas que Viven con Obesidad (ANPO) y el Foro Español de Pacientes (FEP), la jornada formativa ‘Las palabras también pesan: mejorando el abordaje de la obesidad’, celebrada en el marco del Día Mundial de la Obesidad. El objetivo ha sido analizar la prevalencia, la desigualdad y el coste económico de la enfermedad, así como promover estrategias para mejorar su abordaje informativo y sanitario.

El doctor Javier Salvador, profesor emérito de Endocrinología de la Universidad de Navarra y miembro del Área de Obesidad de la SEEN, subraya que adoptar una actitud respetuosa, evitar expresiones como “persona obesa”, emplear imágenes adecuadas y utilizar una narrativa basada en el rigor científico propio de una enfermedad crónica contribuirá a mejorar la comprensión social de lo que realmente es la obesidad. En esta línea, la SEEN está elaborando un documento específico sobre lenguaje respetuoso para referirse a las personas con esta patología y otras enfermedades endocrinológicas, y publicará próximamente la segunda edición de la guía ‘Abordaje de la obesidad en el adulto’, en la que ha participado el nuevo Grupo Desigualdad y Estigma de su Área de Obesidad. Además, la sociedad científica ya cuenta con una guía dirigida a los medios elaborada junto a la Sociedad Española de Obesidad y la Sociedad Española de Medicina Interna para combatir la estigmatización.

El impacto del estigma de la obesidad

Desde la perspectiva de los pacientes, Andoni Lorenzo, presidente del FEP, insiste en que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que continúa siendo una de las más estigmatizadas. Este estigma no es inocuo, ya que impacta directamente en la salud, en la calidad de vida y en el acceso a la atención sanitaria, generando un discurso de culpabilidad que debe ser sustituido por uno basado en la evidencia y el respeto.

Los endocrinólogos alertan también de una doble desigualdad que afecta especialmente a las personas con obesidad en entornos socioeconómicos desfavorecidos. Estas personas no solo presentan mayor prevalencia de la enfermedad, sino que encuentran más barreras para acceder a determinados recursos asistenciales. Las condiciones obesogénicas, como la inseguridad en el entorno, la dificultad para realizar actividad física o el acceso limitado a alimentos saludables, se combinan con un menor acceso a la atención sanitaria especializada, lo que perpetúa la brecha. Los datos reflejan que la prevalencia de obesidad alcanza el 33,1% en los niveles de renta más bajos, frente al 15,5% en los más altos.

En este contexto, Federico Luis Moya, presidente de ANPO, defiende que la obesidad solo puede abordarse con eficacia si se reconoce su complejidad y su carácter transversal, trabajando de forma coordinada con organizaciones de pacientes, asociaciones relacionadas y equipos científicos y clínicos, como ocurre en el proyecto “Alianza por la Obesidad”. Precisamente para afrontar esta doble desigualdad se ha creado el Grupo Desigualdad y Estigma, cuyo objetivo es contribuir a erradicar la estigmatización y atenuar el impacto de los determinantes sociales de la salud, como la soledad, la pertenencia a poblaciones desfavorecidas o determinados factores socioeconómicos y culturales asociados a mayor prevalencia.

Más educación sanitaria

Los expertos insisten en que las políticas sanitarias desempeñan un papel clave en la prevención y el tratamiento. La educación sanitaria dirigida tanto a la población general como a las personas con obesidad y sus entornos resulta fundamental para garantizar la equidad en el acceso a la prevención y al tratamiento. Asimismo, abogan por incrementar el número de nutricionistas y psicólogos en el sistema sanitario, mejorar el acceso a nuevos tratamientos farmacológicos y facilitar la cirugía bariátrica cuando esté indicada, con el fin de ofrecer una asistencia integral y un seguimiento adecuado.

Reconocer la obesidad como una enfermedad crónica implica asumir que sus causas no dependen exclusivamente de la voluntad individual y que requiere un tratamiento a largo plazo, coordinado y basado en la evidencia científica. En este sentido, los especialistas destacan que el altavoz que representan los medios de comunicación, unido a su credibilidad, constituye una oportunidad para trasladar a la sociedad una visión rigurosa, promover un lenguaje adecuado y contribuir a un abordaje más humano y eficaz de las personas que viven con obesidad.