El cáncer de ovario continúa siendo uno de los tumores ginecológicos con peor pronóstico. Su diagnóstico suele producirse cuando la enfermedad ya se ha extendido por la cavidad abdominal, lo que dificulta el tratamiento y reduce las posibilidades de curación. Aunque la cirugía y la quimioterapia consiguen controlar inicialmente la enfermedad, alrededor del 70% de las pacientes recaen en los primeros años y desarrollan resistencia a los tratamientos disponibles.

Ante esta realidad, una investigación financiada por la Fundación CRIS Contra el Cáncer abre una nueva vía para desarrollar tratamientos más precisos y menos tóxicos. El trabajo, liderado por el doctor Atanasio Pandiella en el Centro de Investigación del Cáncer (CSIC-Universidad de Salamanca-FICUS), se basa en el desarrollo de anticuerpos conjugados a fármacos (ADCs), una estrategia que permite transportar medicamentos muy potentes directamente hasta las células cancerosas, minimizando el daño sobre los tejidos sanos.

Los llamados anticuerpos conjugados a fármacos (ADCs) representan una de las estrategias más prometedoras de la oncología actual. Su funcionamiento combina tres elementos: un anticuerpo que reconoce una molécula presente en la superficie de las células tumorales, un potente fármaco antitumoral y un enlace químico que mantiene unidos ambos componentes hasta que alcanzan el interior de la célula cancerosa.

De esta forma, el tratamiento actúa como un auténtico «misil dirigido»: identifica el tumor, penetra en él y libera el medicamento únicamente donde debe actuar, reduciendo así la toxicidad sobre el resto del organismo.

Una enfermedad con pocas opciones cuando reaparece

Cada año se diagnostican más de 300.000 nuevos casos de cáncer de ovario en todo el mundo y cerca de 4.000 en España, donde provoca alrededor de 2.000 fallecimientos anuales, según datos de GLOBOCAN y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

En los últimos años se han incorporado terapias dirigidas, como los inhibidores de PARP o los tratamientos antiangiogénicos, que han supuesto un avance para determinadas pacientes. Sin embargo, los especialistas coinciden en que siguen siendo necesarias nuevas alternativas capaces de combatir los tumores que desarrollan resistencia.

El equipo del doctor Pandiella ha desarrollado dos líneas de investigación complementarias. La primera utiliza cetuximab, un anticuerpo ya empleado en la práctica clínica, como vehículo para transportar distintos fármacos antitumorales hasta las células del cáncer de ovario. La segunda apuesta por una nueva diana terapéutica: la proteína CD98hc, muy abundante en este tipo de tumores y para la que, hasta ahora, no existían ADCs desarrollados específicamente en cáncer de ovario.

Los resultados obtenidos tanto en modelos experimentales como en células procedentes de pacientes han sido muy positivos. Los investigadores comprobaron que ambos tratamientos consiguieron frenar de forma significativa el crecimiento tumoral, reducir el tamaño de algunos tumores, limitar la aparición de metástasis y aumentar la supervivencia en los modelos estudiados. Además, los ADCs se concentraron principalmente en el tejido tumoral, con una presencia muy reducida en órganos sanos y sin efectos tóxicos relevantes.

Un cambio de paradigma en las terapias dirigidas

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que demuestra que una molécula no necesita ser responsable del crecimiento del tumor para convertirse en una diana terapéutica útil. Basta con que permita identificar de forma selectiva las células cancerosas para utilizarla como puerta de entrada de un tratamiento altamente eficaz. Este cambio de enfoque amplía considerablemente el número de posibles objetivos terapéuticos en un cáncer donde las opciones de medicina de precisión siguen siendo limitadas.

De hecho, uno de los ADCs desarrollados utiliza como punto de entrada la molécula EGFR, sobre la que ya se habían probado tratamientos con resultados discretos. En lugar de intentar bloquear su función, la nueva estrategia la aprovecha para introducir el fármaco directamente en la célula tumoral.

Por su parte, el ADC dirigido frente a CD98hc abre una nueva línea de investigación que podría ayudar a superar parte de la resistencia que presentan algunos tumores frente a los tratamientos actuales.

Aún en fase preclínica

Los investigadores recuerdan que estos resultados corresponden todavía a una fase preclínica, por lo que será necesario continuar evaluando estos tratamientos antes de que puedan llegar a las pacientes.

Los próximos pasos pasan por validar los hallazgos en modelos experimentales más complejos, identificar qué pacientes podrían beneficiarse más de estas terapias y avanzar hacia ensayos clínicos cuando exista suficiente evidencia científica.Además, el equipo seguirá perfeccionando el diseño de estos anticuerpos para aumentar todavía más su eficacia y seguridad.

Desde la Fundación CRIS Contra el Cáncer destacan que este trabajo demuestra cómo una investigación sostenida y bien financiada puede abrir nuevas oportunidades terapéuticas en enfermedades con pocas alternativas. Si estos resultados se confirman en futuros estudios, los ADCs podrían convertirse en una nueva herramienta para ofrecer tratamientos más eficaces, más selectivos y con menos efectos secundarios a las personas con cáncer de ovario.