Cuando se habla de menopausia, los sofocos suelen ser la primera imagen que viene a la mente. Sin embargo, para muchas mujeres los primeros signos de esta transición hormonal llegan de formas mucho menos evidentes: cansancio persistente, insomnio, cambios de humor, aumento de peso, sequedad o pérdida de libido. Síntomas que, con frecuencia, se atribuyen al estrés, al ritmo de vida o al envejecimiento natural, retrasando la identificación de una causa común.
Según la Radiografía de la Menopausia en España 2026, un estudio propio elaborado por DOMMA, basado en una muestra de más de 100.000 mujeres en España, la menopausia rara vez se manifiesta a través de un único síntoma. De hecho, la mujer media convive con seis síntomas simultáneos, una realidad que evidencia la complejidad de una etapa que sigue rodeada de desconocimiento.
Según los datos recabados por DOMMA, la fatiga, el aumento de peso y el insomnio afectan al 64% de las mujeres analizadas, mientras que la baja libido alcanza al 62% y la hinchazón al 55%. Los sofocos, tradicionalmente considerados el síntoma más característico de la menopausia, aparecen en el 54% de los casos. El estudio pone así de manifiesto que muchas de las molestias más frecuentes durante esta etapa son precisamente las menos asociadas a ella en el imaginario colectivo.
Una realidad invisibilizada
Esta falta de reconocimiento tiene consecuencias en el día a día. Muchas mujeres conviven durante años con síntomas que consideran problemas independientes, sin relacionarlos con los cambios hormonales propios de esta etapa.
Es el caso de Susana, que no identificó sus primeros síntomas con la perimenopausia. «Estaba experimentando fluctuaciones hormonales por inicio de perimenopausia y empezaba a tener sequedad, ojos incluidos», explica. Lejos de los sofocos que habitualmente se asocian a la menopausia, fueron cambios progresivos y aparentemente inconexos los que marcaron el inicio de esta etapa.
Una situación similar vivió Verónica, cuyos primeros síntomas tampoco respondían al estereotipo habitual. «Tenía síntomas como irritación, cansancio y sofocos que me anulaban. Ahora están más que controlados: he vuelto al gimnasio, duermo muy bien y mi día es más productivo», asegura.
Los testimonios reflejan una realidad que también aparece en los datos: la menopausia puede afectar simultáneamente al descanso, a la energía, al estado de ánimo, a la salud sexual y a la percepción del propio bienestar. Sin embargo, muchas de estas alteraciones continúan interpretándose de forma aislada.
Una experiencia diferente para cada mujer
Para Cristina Martínez, cofundadora y co-CEO de DOMMA, uno de los principales hallazgos de la Radiografía de la Menopausia en España 2026 es que no existe una única forma de vivir la menopausia.
«Hay mujeres cuya principal preocupación es el descanso, otras sufren un impacto en su bienestar emocional o en su vida sexual, y muchas afrontan varios síntomas al mismo tiempo. Entender esa diversidad es fundamental para que puedan identificar lo que les ocurre y acceder al apoyo adecuado», señala la experta.
Los datos apuntan a que la menopausia suele manifestarse de forma gradual y mediante síntomas que, considerados de manera aislada, pueden parecer ajenos a los cambios hormonales. Una circunstancia que contribuye a que siga siendo una etapa insuficientemente reconocida pese a afectar a millones de mujeres.