Hay experiencias que van más allá de lo físico y se convierten en una forma de entender la vida. El Camino de Santiago ha sido, para nosotras, mucho más que una sucesión de etapas entre Sarria y Santiago de Compostela. Ha reflejado algo que vemos cada día en consulta: que el movimiento, el acompañamiento y la actitud pueden marcar la diferencia en el recorrido de la enfermedad.

Desde hace años, en el ámbito de la cardiooncología, observamos un patrón que se repite: los pacientes que mantienen una actividad física regular y adaptada durante y después de sus tratamientos no solo toleran mejor las terapias, sino que también mejoran su capacidad funcional. La evidencia científica respalda lo que intuíamos: en cánceres como el de colon o el de mama, el ejercicio físico no sólo mejora la calidad de vida, sino también puede influir positivamente en el pronóstico a largo plazo.

Con esta convicción nació el Programa Actívate, un proyecto pensado para acompañar a pacientes oncológicos mediante ejercicio y educación en hábitos saludables. Dos horas semanales de actividad física estructurada y sesiones mensuales en las que abordamos aspectos clave como el bienestar emocional y la alimentación. El Programa Actívate es, en esencia, una forma de rehabilitación cardíaca adaptada a pacientes con cáncer, diseñada para que la recuperación y el cuidado continúen más allá de los tratamientos médicos. Porque sabemos que el tratamiento no termina cuando acaba la quimioterapia o la radioterapia: continúa en la forma en que vivimos después.

Andando hacia Santiago

Dentro de este programa surgió una idea que, en su momento, parecía tan ilusionante como desafiante: realizar el Camino de Santiago. La iniciativa fue obra de nuestra entrenadora, Minerva Naranjo, quien con su energía contagiosa y motivadora supo inspirar y guiar a cada paciente, aportando su experiencia en ejercicio oncológico. Así, del 28 de marzo al 1 de abril, catorce pacientes, acompañadas por familiares y amigas, emprendimos el camino.

Fueron cinco etapas intensas, con jornadas largas, algunas de hasta 28 kilómetros, que pusieron a prueba tanto el cuerpo como la mente. Había molestias en las rodillas, ampollas en los pies, cansancio acumulado y cierta incertidumbre. Pero también había preparación, compromiso y un fuerte espíritu de equipo.

Cada final de etapa se convirtió en un ritual de cuidado: estiramientos guiados por la entrenadora, la misa del peregrino y descanso adecuado. Todo estaba orientado a un objetivo común: poder seguir al día siguiente. Paso a paso, todas lograron completar el camino.

Lo importante no fue sólo llegar, sino cómo se recorrió el camino: compartir los pasos, apoyarse mutuamente, conversar durante la marcha o disfrutar de los silencios y de momentos de introspección, tanto durante las caminatas como en las misas vespertinas. Alcanzar Santiago fue una experiencia de logro compartido y, para muchas, un recordatorio de su propia fortaleza.

Un camino diferente

El paralelismo con el cáncer es evidente. El diagnóstico marca un inicio, como el día que decides empezar el Camino. A partir de ahí, se suceden etapas con días más fáciles y otros más complicados, en los que el cuerpo responde de distinta manera. Y, al igual que en el Camino, llegar a Santiago no significa que todo termine; superar un tratamiento tampoco pone fin al proceso, sino que es sólo una etapa más.

Lo que realmente importa es cómo se recorre ese camino: contar con una red de apoyo, dejarse acompañar, aceptar ayuda y mantener una actitud activa, incluso en los momentos más difíciles. Cuidar de uno mismo (con ejercicio, alimentación y descanso) no es un complemento, sino parte esencial del proceso.

Esta experiencia nos ha confirmado que el ejercicio no sólo fortalece el cuerpo, también ayuda a reconstruir la confianza. Hacerlo en grupo multiplica esos beneficios, porque añade un componente emocional difícil de medir, pero muy valioso. ¿Se repetirá? Sin duda. Más allá del reto físico, el Camino ha sido una herramienta de bienestar, una fuente de motivación y un recordatorio de que, incluso en los momentos complejos, avanzar es posible. Siempre paso a paso. Siempre acompañados.

Artículo elaborado por: Ana Pastor, cardióloga en HM Hospitales