El consumo de cigarrillos electrónicos y nuevos dispositivos de nicotina continúa creciendo entre adolescentes y jóvenes, una tendencia que preocupa especialmente a los profesionales de atención primaria. Así lo refleja la última encuesta de la Semana Sin Humo elaborada por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), en la que han participado más de 9.000 personas, y que advierte de la creciente normalización del vapeo entre menores pese al mayor respaldo social a las políticas antitabaco.
Los datos, que se han presentado en el marco del Día Mundial Sin Tabaco, muestran además que existe una percepción errónea muy extendida sobre estos productos: el 84% de las personas encuestadas cree que se consumen porque se consideran menos perjudiciales que el tabaco convencional.
Una cifra fácil de enlazar con las que más preocupan a los clínicos, relacionadas con la elevada presencia de cigarrillos electrónicos entre menores. Según la encuesta, el 13,2% de los adolescentes de entre 14 y 18 años consume actualmente algún producto relacionado con el tabaco o la nicotina.
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Dentro de ese grupo, el 11,9% utiliza cigarrillos electrónicos, una cifra claramente superior al consumo de cigarrillos convencionales, que se sitúa en el 3,8%, y con el uso de cachimbas, reconocido por el 1,9% de los adolescentes encuestados. En el grupo de jóvenes de 19 a 24 años, la prevalencia total de consumo asciende ya al 24,8%, prácticamente uno de cada cuatro.
Moda, sabores y redes sociales
La encuesta profundiza además en los factores que favorecen el uso de vapeadores entre población joven. El 66,6% de las personas participantes considera que la moda es uno de los principales motivos de consumo, mientras que el 56,7% apunta directamente a los sabores atractivos de estos productos.
Entre adolescentes, la influencia de estos elementos resulta todavía más evidente: el 79,2% señala los sabores como factor clave y el 64,5% menciona el peso de las modas y tendencias sociales. Los especialistas alertan además del impacto que tiene la estética de los dispositivos y la publicidad indirecta en redes sociales, especialmente entre menores y jóvenes.

Desde semFYC recuerdan que los cigarrillos electrónicos y otros nuevos dispositivos de nicotina no son inocuos y que la evidencia científica ya relaciona su uso con problemas cardiovasculares, respiratorios y adicción temprana a la nicotina.
En este sentido, aunque el 69,6% de los encuestados identifica los vapeadores como perjudiciales para la salud, la percepción de riesgo sigue siendo inferior a la del tabaco convencional, considerado dañino por el 78% de la población. La situación es todavía más confusa con productos como las cachimbas o las bolsas de nicotina, que muchas personas no identifican claramente como peligrosos.
Apoyo social
Frente a este escenario, la encuesta refleja un amplio consenso social para reforzar las medidas de prevención y control del tabaquismo. El 75,7% de las personas encuestadas apoya ampliar los espacios sin humo y el 72,1% considera necesario intensificar las campañas de prevención.
Además, dos de cada tres participantes respaldan endurecer la regulación sobre la venta de cigarrillos electrónicos y restringir más el acceso por edad. También existe un apoyo importante a limitar la publicidad de estos productos en redes sociales, una medida respaldada por el 60,4% de los encuestados.
Quiero dejarlo, pero…
El estudio muestra además que la mayoría de las personas fumadoras ha intentado abandonar el tabaco en algún momento. En concreto, el 72% reconoce haber intentado dejar de fumar, aunque más de la mitad lo hizo sin apoyo sanitario ni tratamientos específicos, lo que aumenta considerablemente las recaídas (sólo el 17,6% utilizó tratamiento farmacológico durante el proceso de abandono).
Por eso, desde semFYC insisten en reforzar el acompañamiento desde atención primaria y mejorar el acceso a tratamientos financiados para dejar de fumar. Sobre todo porque el tabaco continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública que tenemos en estos momentos.
Aunque las cifras globales de tabaquismo se sitúan por debajo de décadas anteriores, cada año fallecen en España alrededor de 50.000 personas por enfermedades relacionadas con el tabaquismo, incluyendo patologías cardiovasculares, respiratorias y distintos tipos de cáncer.